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| 9/14/2012 12:00:00 AM

"En los procesos de paz también ha habido aciertos"

En entrevista con SEMANA, Álvaro Villarraga, experto en el conflicto colombiano, explicó por qué es urgente el cese al fuego y cuál es el riesgo de que el diálogo entre las Farc y el gobierno no esté arropado de un amplio consenso.

Álvaro Villarraga, presidente de la Fundación Cultura Democrática y actual integrante del Centro de Memoria Histórica, es una de las personas que más ha estudiado los procesos de paz en Colombia. Su investigación más completa se llama ‘Biblioteca de la paz’, un compendio de cinco tomos que rescata la memoria histórica de lo que han sido las negociaciones de los gobiernos con los grupos ilegales entre 1982 y el 2002. El proyecto, sin embargo, no está acabado, por lo que Villarraga aspira a publicar dos nuevos tomos en los próximos meses.
 
Por las páginas de sus investigaciones aparecen exasesores de paz, líderes políticos, exguerrilleros, entre muchas personalidades que tuvieron alguna participación en los procesos de paz. Sus análisis, ahora que el tema nuevamente está en el primer plano de la opinión pública, arrojan luces sobre los aciertos y errores que han cometido el Estado y la sociedad.

A propósito de los diálogos que se avecinan entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, SEMANA habló con Villarraga, quien recordó cómo fue la historia de las negociaciones pasadas, cuáles fueron los aciertos y los errores que se cometieron, y advirtió por qué el cese de hostilidades es un asunto prioritario.

SEMANA: ¿Cómo califica los equipos negociadores nombrados por el gobierno y por las Farc?

Álvaro Villarraga: Me sorprendió muy positivamente el serio trabajo discreto hecho por el Gobierno nacional y las Farc que permitió consolidar un primer acuerdo general muy importante, con agenda realista, compromiso con la finalización del conflicto armado y que incorpora los criterios que fueron muy útiles en el proceso de paz salvadoreño de no pararse de la mesa por ninguna circunstancia y de consolidar el pacto de paz a condición de buscar acuerdo integral sobre todos los asuntos asumidos en la mesa.

A tono con ese positivo avance el gobierno nombró negociadores a personas que estuvieron en anteriores procesos de paz, funcionarios que han sobresalido en el manejo de asuntos de seguridad, el conflicto, la reintegración y la política de paz. Y a ello adiciona, a los empresarios y, de forma hábil, a dos ex generales de la fuerza pública, como mensaje de participación y compromiso de este estamento con el proceso de paz. Fíjese que con esto último se puede supera un escollo existente en algunos de los procesos de diálogo anteriores.

Por su parte las FARC destacan a dos miembros del Secretariado lo que indica prioridad e importancia al proceso y otros miembros del Estado Mayor y de la Comisión Internacional, lo que responde al momento del proceso, pero luego habrán de participar otros de sus integrantes. Es diciente también el pronunciamiento hecho directamente por Timochenko como manifestación de estar al frente del proceso.

SEMANA: ¿Qué opina de la propuesta de las Farc de incluir a Simón Trinidad como negociador?

A.V.: Simón Trinidad es uno de los principales comandantes de las Farc, fue uno de los principales voceros en El Caguán, ya han existido experiencias de voceros y negociadores de las guerrillas en las cárceles que se han resuelto con creatividad, confianza y generosidad a favor del proceso de paz. Pero en este caso sin duda de forma hábil la guerrilla presiona para poner de presente su situación… Este será uno de los múltiples asuntos difíciles a tratar en busca de soluciones posibles, lo que muestra que no será un proceso fácil.

SEMANA: ¿Qué diferencias encuentra usted entre el actual proceso de paz y los que se dieron en el pasado?

A.V.: Primero hay que decir que tiende a haber solo una lectura negativa de los procesos de paz y considero que no debe ser así. Ha habido fracasos, pero también aciertos. Ha habido procesos de mayor o menor alcance o parciales y también algunas frustraciones generales.
Me atrevo a hacer una síntesis muy genérica: durante varias décadas lograron fraguarse cuatro movimientos insurgentes en Colombia, que tuvieron un perfil nacional, presencia militar en regiones notorias del país y que impactaron, desde su origen simultáneo en los sesenta. Aquí ya ha habido soluciones políticas negociadas exitosas con el M-19, el EPL y a otras guerrillas menores. No puede ignorarse como una experiencia muy válida procesos de paz que fueron un factor determinante para la Asamblea Nacional Constituyente que hizo posible la Constitución de 1991.

SEMANA: ¿Y desde el punto de vista internacional?

A.V.: Varios estudios, como el de Vicenç Fisas de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona, ponen en evidencia que la tendencia mayoritaria en los conflictos armados es solución política, especialmente en los conflictos internos. Son casos minoritarios los que se resuelven por vía militar. En el espectro internacional abundan más los ejemplos de pactos de paz, amnistías, reformas políticas, surgimientos de nuevos actores políticos y reformas constitucionales. Desde luego, hay circunstancias del derecho internacional que han evolucionado, por ejemplo: mayores exigencias en la parte humanitaria, en la atención de los derechos de las víctimas, hay una limitación a la posibilidad de amnistía.

SEMANA: ¿Cómo llegan las Farc a la mesa de diálogo?

A.V.: Las circunstancias son bien distintas. En el Caguán hay que reconocer que había notoria debilidad del Estado, veníamos del gobierno Samper que fue un gobierno en crisis. El gobierno Pastrana inicia un pronto proceso de paz, pero no tuvo una estrategia clara, una oferta en el ámbito político institucional que diera sustento a la paz. En esa época estábamos con una guerrilla en desarrollo y fortalecimiento, que a finales de los 90 tuvo un auge que se expresó en ese momento del diálogo. Teníamos a unas Farc prepotentes, que se sentían en capacidad de tomarse el poder y que sintieron la tentación y creyeron en la posibilidad de una victoria militar, por eso no dio resultado lo del Caguán. Ninguna de las dos partes le apostó de manera coherente a la paz. Hubo más un pulso militar y una alta tensión por temas humanitarios.

Han cambiado estas situaciones notoriamente. Ha habido fortalecimiento estatal e institucional. La fuerza pública ha recuperado parte importante del territorio y ha debilitado estructuras guerrilleras causando, inclusive, bajas a mandos importantes. Estamos ante una guerrilla que debe reconocer el cambio en la relación de fuerza. Esto lo digo sin desconocer que el Estado está comprometido con problemáticas de derechos humanos, tiene grandes deudas sociales y un modelo económico que no compagina con las demandas reformistas y de equidad que exige la paz.

SEMANA: Además, el gobierno se la jugó con leyes como la Ley de Víctimas y el Marco legal para la paz. ¿Estos son pasos valiosos para allanar el camino?

A.V.: No soy tan optimista en los pasos que se han dado, yo creo que esos son pasos iniciales. Aunque reconozco como importante que el gobierno actual volvió y puso sobre la mesa la paz. Pero hay una herencia de una política con un énfasis muy marcado en el tema militar y muy débil en el tema de la paz. Claro, es de reconocer que la Ley de Víctimas es un avance en esa perspectiva valioso. Recordemos que Alfonso Cano como comandante de las Farc y a nombre del secretariado, en un pronunciamiento público cuando está en debate este proyecto de ley, lo señala como una posibilidad de construcción de la paz. Sin duda alguna va a ser parte importante hacia una política de paz. Pero hay que advertir que esa ley todavía no tiene los resultados esperados, aún esta por mostrar su eficacia. Hay un gran debate en el sentido de que no se están garantizando las condiciones de no repetición de graves crímenes en algunas regiones y no están totalmente disueltas las estructuras paramilitares.

SEMANA: ¿Cómo ha visto el acuerdo para llegar a la mesa?

A.V.: En el Caguán, en la agenda de los 12 puntos, las Farc buscaban una reforma general del Estado y la sociedad. Eso ya no tiene validez. Ni las Farc ni el ELN representan el conjunto ni la mayoría que justifique esas pretensiones. Se entiende el hecho de que ahora sea una agenda acotada, más realista y discreta. Necesariamente en un proceso de paz tiene que abrirse una margen de entendimiento político, de reformas institucionales y sociales y de regiones afectadas por el conflicto que tienen que ser abordados para que haya coherencia en el proceso de paz.

En términos muy gruesos la agenda de la paz compromete la discusión del tema de las víctimas y sus derechos, la aplicación de un marco jurídico con estándares internacionales, las garantías políticas para los nuevos actores y tratamientos muy importantes a regiones afectadas por el conflicto y algunas reformas institucionales y sociales. Un proceso de paz no puede ser viable sin reforma agraria o sin planes de vida viables para los pueblos indígenas.

SEMANA: Hasta ahora se sabe que el diálogo se va a dar sin cese de hostilidades. ¿Cómo ve ese factor?

A.V.: Es explicable al momento la postura del Presidente por razones políticas y de coyuntura. Le corresponde mostrar la fortaleza del Estado, más cuando el expresidente Uribe encabeza la oposición al proceso de paz. El presidente Santos está enviando un mensaje de que no va a descuidar la seguridad, que el entendimiento y la solución política con las guerrillas no sustituyen la acción militar del Estado. En ese sentido hay un escenario donde el gobierno no puede cesar el fuego de forma apresurada. Sin embargo este se deberá abordar, porque precisamente el fracaso del Caguán fue no haber logrado el cese de hostilidades. Las conversaciones, según las experiencias fallidas, deben llevar a atenuar el conflicto porque violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario podrían deslegitimar el proceso y en el peor de los casos hacerlo fracasar.

SEMANA: ¿Podría hacer un resumen de los procesos de paz que ha tenido Colombia?

A.V.: El conflicto con las guerrillas empieza en los años 60. Por varias décadas existieron cuatro guerrillas: las Farc, el ELN, el EPL y el M-19. Con esas guerrillas después de más de 20 años de enfrentamientos hubo unos primeros acuerdos con el presidente Betancur a mediados de los 80, en situaciones distintas. Las Farc suscribieron un acuerdo de paz definitivo en La Uribe. Paralelamente, de manera conjunta el M-19 y el EPL firmaron un pacto de tregua, para avanzar hacia un proceso de paz. Las Farc pedían era reforma agraria y reforma social y unas garantías para salir de la ilegalidad. El EPL proponía una constituyente para cambiar el régimen político, y el M-19 planteaba un diálogo de todo el país, para hacer una reforma.

No todo el país estaba preparado, el presidente de la época quedó bastante aislado de las elites tradicionales, los partidos solo lo acompañaron en las primeras fases del proceso. Pero además las fuerzas armadas no acataron las treguas, hubo violaciones de los campamentos y eso llevó a que se reanudaran las hostilidades muy pronto con el M19 y el EPL. Con las Farc, la tregua duró tres años, pero finalmente también vinieron incidentes militares de parte y parte y se rompe la tregua. Esa experiencia dejó un primer pacto de paz con las Farc que creó por su iniciativa la Unión Patriótica con lo que buscaban convertirse en partido político. Pero vinieron los asesinatos de miembros de la UP. Cuando ya iban más de tres mil, de un total de cinco mil, se rompe ese proceso.

A finales de los 80 y principios de los 90, cuando las guerrillas han crecido se crea la Coordinadora Guerrillera Simón Bolivar y se intenta un nuevo proceso. Paralelo a las guerrillas surge el narcotráfico y el paramilitarismo. En una ola de violencia a finales de los 80 en medio de una crisis de gobernabilidad, es cuando se da una inflexión histórica. Aunque no negoció toda la coordinadora hubo una negociación del M-19 que optó, dado el panorama de violencia, pasar de la acción armada a la acción política. Ese es el primer paso hacia la paz en 1990. Se se creó un partido político que coincidió con otras vertientes políticas. Luego en la Asamblea Nacional Constituyente entran el EPL y otras guerrillas menores. Lamentablemente no se consiguió que las Farc y el ELN hicieran parte de este proceso. Ellos mantuvieron una dinámica militar con mucha desconfianza. El gobierno se contentó con la paz de las anteriores guerrillas y creyó que con la ofensiva militar las iba a derrotar de manera pronta y fácil. El gobierno incluso habló de acabar en 18 meses las guerrillas que no hicieran la paz.

Entre 1991 y 1992, principalmente en Caracas y muy eventualmente en Tlaxcala hubo una mesa de diálogo importante con las Farc y el ELN. Lamentablemente ese ejercicio no llegó a acuerdos definitivos. Se rompieron luego del secuestro y la muerte del ministro Argelino Durán Quintero a manos de un grupo disidente al pacto de paz del EPL. Ese fue el florero de Llorente. El gobierno endureció su posición.

Entonces llegamos al Caguán, que fue una apuesta de campaña del candidato Andrés Pastrana. En ese clima el gobierno Pastrana empieza, pero no suficientemente armado de estrategias, de claridad y de apuestas programáticas. Sin embargo el proceso del Caguán fue un ejercicio de dialogo político. Hubo algunos acuerdos parciales, un acuerdo humanitario donde se liberaron más de 400 miembros de la fuerza pública por parte de las Farc, hubo un acuerdo con base a un valioso texto de la comisión de notables. Paralelo al Caguán se hace otro diálogo con el ELN que proponía convocar una Convención Nacional para conseguir consensos de paz, que es un llamado a la participación. Pero el gobierno desestimó al ELN y se concentró solo en la paz con las Farc.

En las dos administraciones del presidente Uribe, entre 2005 y 2007 se realizaron siete rondas, casi ocho, de conversaciones con el ELN en la Habana y se estuvo a punto de firmar un acuerdo base convenido. Después de haber construido unos consensos y a punto de firmar el acuerdo base, el gobierno le adicionó dos cosas no pertinentes para ese momento. La exigencia de concentración e identificación a los guerrilleros del ELN cuando apenas iba a iniciar la negociación, obvio que produjo la ruptura. Esa ha sido la historia.

SEMANA: ¿Cómo está el ambiente del país para afrontar este nuevo intento por la paz?

A.V.: Este debe ser un proceso muy mesurado, muy estratégico. Antes que crear expectativas hay que ir preparando respuestas adecuadas. Y aunque hay que verlo con optimismo hay que advertir un riesgo: que el proceso de paz no cuente con un consenso muy amplio que implica la participación de la sociedad y del Estado. Creo que este es el momento de convocar el Consejo Nacional de Paz, que es una figura en la que participa la sociedad civil y está reglamentada. La agenda legislativa va a ser muy importante para hacer factible el proceso de paz. Uribe hizo un proceso con los paramilitares que no tuvo consensos, ni siquiera en las filas del uribismo, y fue un proceso muy traumático que ha demostrado graves problemas.
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