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| 10/30/2011 12:00:00 AM

"Esta es una victoria del deseo de cambio de la ciudad": Petro

El exsenador se convirtió en el mandatario de la capital del país con una campaña respaldada por el movimiento independiente Progresistas. Sobre este dijo que se "transformará en un movimiento nacional para construir una Colombia mucho más democrática".

Gustavo Petro es el nuevo alcalde de Bogotá. En un emotivo discurso, ante cientos de seguidores en la sede de su campaña, agredeció a quienes votaron por su opción.
 
"Indudablemente, esta es una victoria antes de nada del deseo de cambio de la ciudad de Bogotá. Nos demanda unos retos inmensos, los retos del siglo XXI, los retos de superar no solo una crisis administrativa sino una crisis integral que se mide en la administración pública”, dijo el alcalde electo.
 
Petro aseguró que son muchos los restos y resaltó el papel de Progresistas, el movimiento independiente que respaldó su campaña. “Es una construcción colectiva de cuatro meses. Este movimiento ha mostrado su vitalidad, se trata del primer movimiento del siglo XXI en Bogotá. Una red de nuevas ciudadanías en Bogotá”, afirmó.
 
El nuevo alcalde destacó la buena votación en las listas al Concejo de la capital, donde progresistas se consolidó como una importante fuerza política. “Una de las grandes consecuencias del día de hoy es que Progresistas se transforma en un movimiento nacional para construir una Colombia mucho más democrática, el movimiento de la construcción del siglo XXI”.
 
El nuevo alcalde agradeció a sus contrincantes Enrique Peñalosa, Gina Parody, Calos Fernando Galán, David Luna, Aurelio Suárez, Jaime Castro, Gustavo Páez, Carlos Eduardo Guevara, entre otros. “Les damos las gracias”, dijo.
 
Su más cercano contrincante, Enrique Peñalosa, fue el primero en reconocer la derrota. "Los ciudadanos han escogido una opción distinta a la nuestra", dijo Peñalosa.
 
"Felicito a Gustavo Petro por su triunfo. Por el bien de nuestra ciudad le deseo lo mejor en su gestión. Agradezco a las instituciones de la democracia y a las fuerzas del orden público que han hecho posible estas elecciones, a los medios que hicieron posible la comunicación con los ciudadanos", agregó. 
 
El candidato aseguró que seguirá haciendo siempre lo que esté a su alcance para que "los bogotanos avancemos a mejores niveles de bienestar (...) Agradezco a mis compañeros de los Verdes, la U y del Conservador, agradezco a Lucho Garzón y al presidente Álvaro Uribe".
 
"Soy un luchador, bastante terco"
 
Con estas palabras se autodefine Gustavo Petro. Esa persistencia de la que se ufana lo ha llevado a mantenerse vigente en la política a pesar de sus derrotas. En mayo del año pasado perdió la carrera presidencial con 1.330.000 votos, frente a Juan Manuel Santos, quien obtuvo más de nueve millones.
 
Pero en política no hay nada escrito. Hoy conquistó el segundo cargo más importante del Ejecutivo. Y aunque es prematuro hablar de una posible nueva aspiración presidencial, el alcalde electo no ha descartado esa posibilidad.
 
Una vez terminó la carrera por la Presidencia en el 2010, Petro se reunió con el presidente Juan Manuel Santos. La foto motivó las críticas de la izquierda más ortodoxa, que calificó su acto como traición. No parecía tener mucho sentido que después de haber criticado con vehemencia el gobierno de Álvaro Uribe, le diera la mano a su sucesor. Él explicó que su interés era que Santos incluyera algunos de sus banderas de campaña en su Gobierno: el derecho humano al agua, el apoyo a las víctimas del conflicto y la devolución de las tierras a los despojados. En ese momento Santos apenas comenzaba a enviar sus primeras señales de distanciamiento del estilo de Uribe.
 
Pero sus copartidarios le cobraron duramente esa decisión “inconsulta”. Petro insistió en que debía ser el jefe de la organización y que el partido debía llegar a acuerdos programáticos con el Gobierno. La negativa de la dirección de la organización fue tajante y Petro comenzó a distanciarse.
 
Después, el 20 de octubre del 2010, se fue lanza en ristre contra el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, y su hermano Iván. Los denunció por su presunta contribución a la concentración de de la contratación de la ciudad. Caracol Radio ya había revelado una grabación en la que el exrepresentante del Partido Liberal Germán Olano hablaba con uno de los hermanos Nule, uno de los grupos contratistas más importantes de la ciudad, sobre la molestia del contralor distrital, Miguel Ángel Moralesrusi, por la demora en los pagos de unas coimas. El escándalo había llegado a la casa Moreno.
 
Petro, junto al concejal Carlos Vicente de Roux y al senador Carlos Avellaneda, presentó un informe que daba cuenta de cuáles eran los grupos económicos que aglutinaban la contratación. El mensaje sacudió los cimientos del Polo Democrático. La dirección del partido interpretó las denuncias como un intento de dividir a la organización y decidió respaldar a los Moreno, hecho que para los analistas fue un desacierto político.
 
Una vez sin partido, el ex congresista buscó acercamientos con el Partido Verde. A esa organización había llegado Luis Eduardo Garzón, a quien él apoyó en la primera Alcaldía que conquistó el Polo Democrático en el 2003. Pero los arreglos nunca cuajaron. La presencia de Enrique Peñalosa entre los verdes halaba más hacia la derecha y hacia el uribismo.
 
Cuando apenas se comenzaba a calentar la campaña, en marzo de este año, Petro lanzó su movimiento Progresistas, al que poco a poco fueron adhiriendo simpatizantes. Y en mayo sorpresivamente anunció su candidatura a la Alcaldía.
 
Con la seguridad que le ha dado el fogueo en los debates del Congreso y un discurso dirigido a las clases media y baja, rápidamente polarizó la campaña. Peñalosa, apoyado por el expresidente Álvaro Uribe, arrancó con el 28 por ciento de intención de voto, según una encuesta de abril hecha por Gallup Poll. Pero con el paso de los días descendió levemente y fue alcanzado por Petro en una encuesta hecha por Ipsos Napoleón Franco en agosto. Desde entonces, las intenciones de voto de la mayoría de las encuestas se mantuvieron más o menos parejas. En algunas ganaba Petro y en otras Peñalosa, pero por un margen estrecho. Pero en la última semana las encuestas comenzaron a mostrar otra tendencia: Petro le sacaba entre 10 y 14 puntos de diferencia a Peñalosa y a Gina Parody (independiente), mientras que el exalcalde de Bogotá invitaba por los medios de comunicación a los seguidores de los demás candidatos a no botar su voto.
 
La campaña de Petro fue una adaptación a la capital de las banderas que esgrimió en la carrera presidencial: el derecho humano al agua, la necesidad de desmantelar las mafias y la lucha contra la segregación social. Su leitmotiv, para los analistas, fue el más claro. “No es original, pero es concreto, porque los segmentos sociales con necesidades se ven reflejados”, dijo Ángel Becassino, experto en publicidad política.
 
Para algunos se trató de propuestas “populistas”, como se lo dijo en un debate el ex vicepresidente Francisco Santos. Construir 1.000 jardines infantiles y 100 colegios o la gratuidad del agua, según sus contradictores, “no es realista”. Para sus amigos el proyecto es de avanzada. “Petro nos convoca a objetivos ambiciosos, que implican transformaciones profundas y metas colectivas que no se logran de un día para otro”, escribió Daniel García-Peña.
 
Al final se impuso su llamado a hacer de Bogotá una ciudad más humana. En el momento en que se había informado el 84 por ciento de los votos había ganado con 699.994 votos ( el 32,22 por ciento).
 
¿Quién es Gustavo Petro?
 
Nació el 19 de abril de 1960. Estudió los primeros años en Bogotá, en el Gimnasio Canadiense en Fontibón y en la escuela anexa de la normal de Zipaquirá. El bachillerato lo hizo en La Salle.
 
Fue un niño precoz. Siempre fue el primero de la clase. Cuando cumplió diez años fue testigo de un hecho que le cambió la vida: el general Gustavo Rojas Pinilla perdió las elecciones en un conteo confuso. Era apenas un niño, pero ya comenzaba a aclarar sus posturas políticas. En su adolescencia armó un grupo de discusión sobre literatura latinoamericana y política.
 
En 1976 se graduó del colegio y se presentó a la Universidad Nacional para estudiar economía, pero al final terminó estudiando en El Externado. Fue alumno de profesores como Enrique Low Murtra, Manuel Gaona Cruz y Alfonso Reyes Echandía, quienes fueron asesinados años después, algunos de ellos durante el holocausto del Palacio de Justicia.
 
En 1982, siendo personero de Zipaquirá, se graduó como economista y continuó con su carrera política. Fue elegido concejal de esta ciudad entre 1984 y 1986. Petro ya hacía parte del M-19 clandestinamente. Él había entrado al M-19 luego de que un profesor lo invitó. En criterio de Petro, lo que le gustó fueron “sus documentos y sus nuevos planteamientos frente a la sinsalida de la izquierda ortodoxa”, le dijo al periodista Mario López en una entrevista que luego se convirtió en un libro sobre su vida.
 
Adoptó el alias de ‘Aureliano’, el mismo nombre del protagonista de la novela Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez, a quien admira. García Márquez, dice cada vez que puede, estudió en el mismo colegio de él.
 
En 1985, un mes antes de la toma del Palacio, fue capturado por aceptar públicamente su militancia en el M-19. Estuvo preso dos años en una guarnición militar. Cuando salió de la cárcel tuvo que esconderse de nuevo, asumir una identidad distinta y encarar el trabajo político en Santander y Tolima.
 
En 1989 participó en una reunión entre Carlos Pizarro, entonces comandante del M-19, y Rafael Pardo, comisionado de Paz de la época. Y escribió en enero de 1989 uno de los párrafos del comunicado que abrió la puerta para el histórico desarme.
 
Hizo parte de la fundación del AD-M19, que tuvo como candidato a Carlos Pizarro a la Presidencia –fue asesinado mientras hacía campaña– y a Antonio Navarro como senador, mientras Gustavo Petro se convirtió en representante a la Cámara por Cundinamarca en 1991.
 
En 1994 Petro se reunió con el presidente Hugo Chávez, quien viajó a Colombia a conocer la experiencia de la constituyente del 91. Cuando Chávez fue elegido presidente, el senador fue invitado especial a su posesión en Miraflores. En los últimos años, sin embargo, se han distanciado mucho. Desde hace varios años no hablan y el senador colombiano ha criticado duramente al mandatario venezolano por antidemocrático.
 
Por sus denuncias contra la corrupción, Petro se exilió en Bélgica, donde fungió como agregado diplomático para los Derechos Humanos entre 1994 y 1996. Allí estudió una maestría en la Universidad Católica de Lovaina.
 
A su regreso al país, en 1998, volvió a la política y conquistó una curul en la Cámara con el movimiento Vía Alterna. Luego fue senador por dos períodos con el Polo Democrático Alternativo. Sus debates en contra del paramilitarismo en Antioquia y la farcpolítica en Caquetá lo enfrentaron al entonces presidente, Álvaro Uribe, pues los señalados pertenecían a la coalición del gobierno. Pero se destacó por una posición independiente, incluso de su propio partido. Para la histórica marcha contra las FARC, el 4 de febrero del 2008, apoyó la convocatoria mientras que su partido convocó a un mitin alternativo.
 
Pero también hay quienes consideran que cometió errores imperdonables como cuando dio su voto, en una decisión de bancada, para la elección del procurador Alejandro Ordóñez. El procurador está en las antípodas del progresismo que defiende los derechos de las comunidades LGTB o al Estado laico.
 
En septiembre del 2009, sorpresivamente ganó la consulta interna de ese partido para ser el candidato presidencial, pues se enfrentó a Carlos Gaviria Díaz, una figura muy respetada por sus calidades académicas y quien tenía el apoyo de la mayoría de las organizaciones de izquierda. La elección fue abierta, lo cual, en criterio de los analistas, explicó su triunfo. En marzo del 2010, en una campaña en la que afloraron las discrepancias con la dirigencia de la organización, obtuvo la cuarta votación, después de Santos, Antanas Mockus (Partido Verde) y Germán Vargas Lleras (Cambio Radical).
 
Petro ha ganado una nueva batalla. Es un triunfo histórico, ya no de la izquierda, que se había hecho a la Alcaldía de la ciudad en dos oportunidades, sino de un exguerrillero. Ese remoquete no ha sido fácil de quitar, pese a que lleva veinte años en la legalidad.
Pero ahora está frente a un reto enorme: encontrar respuestas urgentes para la movilidad, el desempleo y la seguridad de la ciudad. Ahora tiene la oportunidad de demostrar sus habilidades como administrador –en lo que tiene poca experiencia–, que no solo es útil en la oposición y que los gobiernos de izquierda también pueden ser buenos gobiernos.
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