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| 6/28/2012 12:00:00 AM

Gobierno y Congreso: relaciones rotas

Los pitos y los desplantes que el Congreso le hizo al ministro del Interior son la prueba de que el descalabro de la reforma a la Justicia dejó una profunda herida en la Unidad Nacional. Por primera vez en su mandato, Juan Manuel Santos ve amenazada su gobernabilidad.

Las sesiones extras terminaron como estaba previsto. El Congreso se tragó el sapo y aceptó las objeciones que el presidente Juan Manuel Santos le hizo a una reforma constitucional aprobada por el parlamento, con el argumento de que las nuevas normas serían inconvenientes para el ordenamiento jurídico de la Nación.

En la mañana del jueves, y tras una semana convulsa, 107 representantes a la Cámara y 73 senadores decidieron respaldar al Gobierno en su oposición a la reforma a la Justicia, proyecto que había promovido desde el 2010 y que impulsó en el parlamento de principio a fin durante los últimos 11 meses.

El ministro del Interior, Federico Renjifo, quiso dirigirse a los representantes a la Cámara con el único propósito de calificar de "responsable" la actitud que asumieron los partidos políticos en las sesiones extras. Tan pronto quiso subirse al atril, los silbidos de los representantes impidieron sus intenciones.

Media hora después, cuando el Senado estaba a punto de sepultar la reforma, el veterano senador de 'la U' Aurelio Iragorri pidió que antes de la votación la plenaria escuchara a Renjifo. Juan Manuel Corzo aclaró que darle la palabra era potestad del presidente del Senado y por eso no lo permitió. Tras la votación, los senadores se levantaron de sus curules y se marcharon. Renjifo se quedaba con un discurso que, dicen, se especula, había diseñado durante toda la semana.

Era el punto final de una crisis en la que el parlamento, por primera vez, aceptó que un presidente de la República le objetara una reforma constitucional. Un hecho sin antecedentes que estuvo rodeado por las peores tensiones entre el Ejecutivo y el Legislativo, socios incondicionales durante la primera mitad del mandato de Santos, quien se cansaba de decirle al país que uno de sus mayores activos era la gobernabilidad que le otorgaba la llamada Unidad Nacional.

Todo cambió en la noche del 21 de junio. Tras la indignación que empezaba a crecer en la opinión pública por las gabelas que la reforma a la Justicia les concedía a los parlamentarios y funcionarios aforados, el presidente Santos se dirigió al país y responsabilizó al Congreso, concretamente a la Comisión de Conciliadores, del "engendro de la nueva norma". A la vez, en una fórmula sin antecedentes constitucionales, les pidió hundir la reforma, eso sí con un sugestivo respaldo: "yo respondo", les dijo Santos.

Pero el Congreso, luego de dar por superada esta crisis institucional, dejó entrever que hay una herida profunda y abierta. "El Gobierno nos tiró vivos a los leones", fue una frase que se repitió afuera de la plenaria. "Nos trataron de ratas, de delincuentes", dijo el señalado conciliador Luis Fernando Duque, "y aquí nos tienen votando".

En las sesiones extras los congresistas ocuparon casi 12 horas continuas para intentar decirle al país que el Gobierno lo sabía todo y que la crisis institucional era responsabilidad primordial del Ejecutivo.

Los adjetivos que se lanzaron desde una y otra orilla demuestran que la confianza se ha perdido.

Efraín Cepeda, presidente del Partido Conservador, hizo su propia radiografía. Por lo que concierne a los azules, "seguiremos en la Unidad Nacional, pero otra cosa es cómo serán las relaciones desde el próximo 20 de julio".
 
Es más, Cepeda dijo que la mejor fotografía de la situación por la que atraviesan las relaciones entre el Gobierno y el Congreso era precisamente "la imagen del ministro Federico Renjifo  silbado en la Cámara y el Senado dándole la espalda cuando iba a hablar". Cepeda cuestionó si será Renjifo el interlocutor ideal.

Roy Barreras (La U), virtual presidente del Senado a partir del 20 de julio y quien en las extras hizo una vehemente defensa de la institución del Congreso, dice que las relaciones se reventaron con el "enojoso episodio" de la reforma, pero que venían mal desde tiempo atrás. "La comunicación se rompió", agrega. Y dice que el diálogo entre Santos y los partidos políticos, mediante la figura de la 'Mesa de la Unidad', hace rato que no existe. "Las decisiones del Gobierno en políticas públicas las conocíamos sólo por los titulares de prensa".

Cepeda dice que vendrán tres semanas en las que el Ejecutivo "debe reflexionar, pero sobre todo, reconstruir las relaciones" porque, como dijo otro senador de la coalición a la salida del Capitolio, "hace un año sí valía la pena ser congresistas y hoy generamos horror".
 
No fue suficiente que el presidente Santos, tan pronto conoció la noticia del hundimiento de la reforma, les agradeciera a los congresistas "por haberle evitado un gran daño al país", pues, como se recordó en la propia plenaria, 24 horas antes había dicho que "prefería construir casas en Medellín que cazar 'micos' en el Congreso".

Barreras, el próximo presidente del Congreso, admite que el reto será "convertir la crisis en una oportunidad". Pero no la tendrá fácil. Sobre todo porque en la plenaria se escucharon voces que supusieron una declaración de intenciones para lo que vendrá a partir del 20 de julio.

Juan Manuel Corzo y el propio Barreras insistieron en que es necesaria una reforma que garantice un "requilibrio entre los poderes públicos", pero se diferencian en los caminos. Uno sería que el Gobierno la acompañe, según la razón que Barreras le mandó a  través de Renjifo. El otro, que el Congreso lo haga de forma autónoma ,como dice Corzo, y casi que todo el Partido Conservador.

Los liberales, según el senador Juan Manuel Galán, consideran que este parlamento deberá declararse impedido para tramitar cualquier reforma constitucional, incluida una que de verdad garantice una justicia pronta, eficaz y accesible para los ciudadanos, hasta tanto el "constituyente primario" no le ratifique su voto de confianza al Congreso. Una afirmación que indica que este partido estaría dispuesto a mantener su fidelidad al Gobierno.

De momento, la tan anunciada agenda del Gobierno para la tercera legislatura se verá afectada. "La reforma tributaria, claramente, se ve golpeada", anticipó Efraín Cepeda. La pregunta es si el próximo semestre el Congreso por primera vez en este gobierno dará prioridad a las iniciativas parlamentarias o se mantendrá subrayando las que tengan el visto bueno de la Casa de Nariño.

Renjifo también es consciente de cómo encuentra la situación. Al término de las sesiones extras, y ante los micrófonos de los medios de comunicación, dijo que la circunstancia es "difícil para el Gobierno y para el Congreso", por eso, asegura, "mi tarea de aquí al 20 de julio es fortalecer la Mesa de Unidad Nacional para que siga como tiene que operar, con la crítica y el respeto reflejados especialmente en estos dos días de sesiones extras (...) Vamos a componer las relaciones, el Gobierno va a hacer todo lo posible con la independencia y con la critica que también sabemos recibir"

Vienen tres semanas en las que el Gobierno y el Congreso no se verán las caras. Pero el próximo 20 de julio Juan Manuel Santos deberá ir al Capitolio a instalar la nueva legislatura. Por primera vez llegará al parlamento en condición de visitante.
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