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| 5/7/2012 12:00:00 AM

La influencia de Vivanco en el gobierno Santos

El director de HRW para las Américas fue determinante para que el Gobierno renunciara al fortalecimiento del fuero militar en la reforma a la justicia. Ahora sus observaciones tienen en vilo el marco para la paz que tanto reclama el presidente Santos.

El chileno José Miguel Vivanco se ha convertido en uno de los defensores de derechos humanos más influyentes del continente. Director para las Américas de la Human Rights Watch (HRW), una ONG con peso específico en el Congreso de Estados Unidos, se ha ganado enemistades en los gobiernos de todas las tendencias de América Latina.

Se opuso a la ratificación del TLC entre Colombia y Estados Unidos por el asunto de las garantías sindicales; fue expulsado de Venezuela por cuestionar el régimen de Chávez; en Ecuador fue muy controvertido por el Gobierno por cuestionar los abusos contra la libertad de prensa; Brasil no se escapó de sus críticas, y durante el gobierno de Luiz Inacio Lula Da Silva, calificó a ese país como “una de las fuerzas más obstruccionistas en el avance de los derechos humanos a nivel universal”; Cuba y el régimen de los Castro también ha sido blanco de sus reparos, y hasta George W. Bush no se escapó, sobre todo cuando el tema era la base norteamericana de Guantánamo.

Pero, en general, las relaciones entre Vivanco y los gobiernos de la región se habían reducido al escenario de ataques y contrataques, críticas y respuestas a ellas, pelea dialéctica que no pasaban de eso que muchos llaman coloquialmente ‘rifirrafes’

Un claro ejemplo fue la relación de Vivanco con el gobierno colombiano de Álvaro Uribe.

Además del tema sindical, cuestionó la efectividad del proceso de desmovilización con las autodefensas. En dos informes (¿Herederos de los paramilitares? y ¿Rompiendo el control?), Vivanco afirmó que el paramilitarismo seguía vigente y que podía evadir al poder judicial. También puso su particular lupa en los casos de falsos positivos, o ejecuciones extrajudiciales, de los que ha mantenido su tesis de que no eran cosas del pasado y que seguían ocurriendo en el país.

De incómodo a determinante

Pero esa imagen que Uribe vendió en su relación con Vivanco cambió con el gobierno de Juan Manuel Santos.

Al punto de que las críticas del director de HRW a varias iniciativas a las que el presidente Juan Manuel Santos le había hecho particular énfasis han encontrado una respuesta distinta.

Primero, cambió la forma de interlocución. Vivanco fue recibido en Casa de Nariño por Santos, quien valoró el trabajo de vigilancia de HRW. Luego, el chileno no volvió a aparecer en ruedas de prensa para cuestionar a Colombia, y ahora las relaciones han sido epistolares.

En las cartas que le escribe a Santos Vivanco se refiere al mandatario de "su excelencia". Y las críticas o recomendaciones que consigna en sus cartas parecen tener mayor influencia que antes.

El pasado mes de febrero le envió una carta al presidente colombiano en la que afirmaba que ampliar el fuero militar podría dejar impunes los varios procesos que sobre falsos positivos adelanta la justicia ordinaria colombiana.

La respuesta de Santos fue sorpresiva. Ordenó a sus ministros de Defensa y Justicia a retirar el artículo que ampliaba los alcances del fuero militar y que el Congreso colombiano lo había discutido y aprobado por más de seis meses en el debate de la reforma a la justicia.

Juan Carlos Esguerra, ministro de Justicia, dijo hasta el cansancio que la razón para el retiro del polémico artículo había sido las recomendaciones de una comisión de expertos que sugirió un proyecto más profundo, y no por las sugerencias de Vivanco, que pedía que no se legislara en la materia.

Para muchos esa respuesta oficial no fue tan convincente. Y en el parlamento colombiano hay quienes no se bajan de su tesis de que el presidente Santos renunció al fuero militar tras la presión de Vivanco.

"Para unas cosas sí, para otras no"

El director de la HRW para las Américas ahora ha puesto en vilo la aprobación del llamado marco jurídico para la paz, un proyecto de iniciativa parlamentaria pero al que el gobierno colombiano decidió subirse desde el primer momento. Incluso, el presidente Santos les ha pedido varias veces a los partidos de la Unidad Nacional contar con esa reforma que, eventualmente, se podría traducir en un proceso de paz con las FARC.

Porque Vivanco, que ha aplaudido las intenciones (de momento en el discurso) del presidente colombiano de poner fin al conflicto, cuestionó que el marco legal para la paz sea el camino para ello. Por el contrario, en una carta que le dirigió con copia al Congreso colombiano, consideró que lo consignado en el proyecto sea el camino y consideró que habría interpretaciones de la ley que podrían abrir una “puerta a la impunidad”.

El Gobierno quedó en aprietos. El Congreso colombiano ha decidido dar el debate del proyecto fundamentado en la carta de Vivanco. El ministro Esguerra le respondió al director de la HRW y trató de despejar los temores. Pero de momento, la intención es seguir adelante con el proyecto.

Iván Cepeda (Polo) dice que el Gobierno sabe que los reparos y consideraciones de Vivanco sobre el fuero militar son “serios y profundos. El Congreso colombiano no debe aprobar ese proyecto a la ligera”, pues considera que el proyecto “es incompatible” con el Derecho Internacional y permitiría que autores de crímenes de lesa humanidad podrían quedar fuera de la persecución penal y expondría a Colombia ante la órbita de la Corte Penal Internacional.

Miguel Gómez (la U) considera que las observaciones de Vivanco son “aún más graves” que las que el chileno planteó contra el fuero militar.

“Vivanco tumbó el fuero militar, pero ahora, en la discusión del marco para la paz, el Gobierno la desestima. Parece que la presión de Vivanco fuese selectiva, para unas cosas sí, para otras no”, considera Gómez.

La influencia de Vivanco en el actual gobierno colombiano puede tener otra lectura, que en buena parte pasa por la forma de gobernar del presidente Juan Manuel Santos.

José Obdulio Gaviria, quien fue el asesor más cercano de Álvaro Uribe, dice que la influencia de Vivanco pasa por la intención del presidente Santos de “gobernar para las apariencias, y gobernar para las ONG”.

Porque Gaviria dice que el fondo de la discusión es que Vivanco no quiere que en Colombia haya fuero militar. Por eso el Gobierno decidió retirar el proyecto. Pero con el marco para la paz, la cosa es diferente “porque el presidente Santos, por encima de los principios, está detrás de un Premio Nobel de paz”.

¿Pondrá en riesgo el marco para la paz?

La influencia de Vivanco podría quedar en evidencia esta semana en la Cámara de Representantes donde la discusión del marco para la paz está dilatada, sobre todo, desde cuando la carta de la HRW llegó al parlamento.

El ponente del proyecto, Carlos Edward Osorio (la U), aunque califica de “injustas” las observaciones de Vivanco, dicen que merecen “un profundo debate”. Osorio además confiesa que ya se produjeron algunos ajustes al texto y que podrían ser ratificados por la plenaria de la Cámara.

Según Osorio, los ajustes al proyecto serían dos. Primero, que el beneficio de libertad sólo se aplicará a los líderes e integrantes de grupos ilegales que dejen las armas y que no estén inmersos en investigaciones por delitos cometidos en medio del conflicto armado interno.

Ese privilegio, según el texto que se pondrá a consideración este martes, estaría condicionado a una contribución efectiva al esclarecimiento de la verdad, la reparación de las víctimas y la no repetición de graves violaciones de los derechos humanos.

El segundo ajuste es dejar en cabeza del fiscal general el establecimiento de los criterios de priorización de las investigaciones que se deben realizar tras la desmovilización.

Eso para los actores ilegales. Para los militares que incurran en delitos atroces, y que el proyecto también los cobijaría por llamarlos “actores del conflicto”, de momento no se ha hecho ningún ajuste. Pero el autor de la iniciativa, Roy Barreras, admite que sería un tema que se podría discutir en otro proyecto.

Esos ajustes responderían a las observaciones de Vivanco, que sigue con los temores de que el proyecto, por buscar un mecanismo para la paz, pueda abrir una puerta para la impunidad. El Gobierno está en aprietos porque insiste en tener el mecanismo jurídico. Esta semana se sabrá si Vivanco pudo hacerle los ajustes al proyecto que no se han visto en cinco debates anteriores.
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