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| 9/8/2012 12:00:00 AM

Los 'reencauchados' por la paz

Si para el presidente Juan Manuel Santos la paz es la victoria del segundo tiempo de su gobierno, las negociaciones con las FARC se están convirtiendo en el 'segundo tiempo' para varios personajes de la vida nacional.

Varias figuras públicas, que se hicieron célebres en décadas anteriores, y que parecían en uso de buen retiro de la política o la vida nacional, encontraron en el proceso de paz un nuevo escenario para convertirse en protagonistas.


Humberto de la Calle

Los 90 fueron sus años de gloria. Humberto de la Calle se hizo figura nacional como ministro de Gobierno del presidente César Gaviria. Fue uno de los ‘cerebros’ de la Constitución del 91 y orientó las leyes que sellaron los acuerdos que permitieron la desmovilización y la reinserción del M-19, el PRT, el EPL y el Quintín Lame. Su ascenso a la cima política le dio aires para alimentar una aspiración presidencial, aires que no fueron suficientes porque en la consulta interna del Liberalismo, en 1993, fue derrotado por Ernesto Samper, quien le ofreció ser su fórmula vicepresidencial. De la Calle se desmarcó del proceso 8.000 y renunció a la Vicepresidencia.

Tras un recorrido diplomático como embajador en España y en el Reino Unido, regresó en el 2000 para ocupar la cartera de gobierno en la recta final de la administración de Andrés Pastrana, alcanzó a participar del fallido proceso de paz en el Caguán. Humberto de la Calle se convirtió en un referente en temas constitucionales, incluso aceptó asesorar la reforma constitucional que permitió la reelección presidencial en los años del gobierno de Álvaro Uribe. Siguió opinando, aunque ya sin fuerza política. Se refugió como columnista y académico, y hasta fue asesor en temas de reforma a la Justicia en el pasado gobierno.

El presidente Juan Manuel Santos le dio un nuevo aire al designarlo como el jefe de las negociaciones que adelantará el gobierno con las FARC desde el próximo 8 de octubre.

Jorge Enrique Mora Rangel

Jorge Enrique Mora Rangel, como comandante del Ejército (1998-2002), tuvo que soportar el proceso de paz y tragarse el sapo del despeje de casi 42 mil kilómetros comprendidos en cinco municipios del Meta y Caquetá, que conformaron la zona de distención.

El propio Andrés Pastrana lo calificó como un ‘palo en la rueda’ del proceso de paz, pero en esa época alcanzó un reconocimiento en la tropa a tal punto de convertirse en uno de los militares más emblemáticos. Lideró la reestructuración interna de la institución, que implicó, entre otras cosas, aumentar el pie de fuerza y cambiar la manera de pensar y afrontar el conflicto.

En la comandancia de las fuerzas militares, trazó y ejecutó el Plan Patriota en su primera fase, convirtiéndose en pieza clave de la entonces naciente seguridad democrática. Este cucuteño, nacido en 1945, también se había refugiado en la academia, tras un paso como diplomático en Corea y Filipinas. A finales del 2006 regresó a Colombia, sin mucho ruido. Juan Manuel Santos decidió ‘revivirlo’ con el propósito de que la línea dura de las fuerzas militares tuviera asiento en las negociaciones que se adelantarán con los voceros de las FARC en Cuba.

Óscar Naranjo

Quien fuera declarado el mejor Policía del mundo en el 2010 fue pieza clave en la lucha contra el narcotráfico adelantada por distintos gobiernos colombianos, desde la época de Pablo Escobar hasta los días de las FARC y las bandas criminales.

Después de seis años como director general de la Policía, en los gobiernos de Uribe y Santos, y un cúmulo de resultados que le valieron ser una de las figuras más populares en el país, Naranjo se retiró del servicio y decidió asesorar al gobierno mexicano en su lucha contra los carteles de la droga.

En la misma semana en la que se esperaba su debut como periodista en la naciente emisora del grupo Santodomingo, Blu Radio, Juan Manuel Santos decidió encomendarle otra tarea antes: fijar la posición de la fuerza pública en las negociaciones con las FARC.

Géchem y las comisiones de paz del Congreso

Ni la Constitución del 91 ni el reglamento del Congreso (ley Quinta del 92), establecen la creación de las Comisiones de Paz del parlamento. Por el contrario, los asuntos para la paz han sido una de las tantas funciones de las Comisiones Primeras del Senado y la Cámara, por donde desfilan las principales reformas legales y constitucionales. La primera Comisión de Paz de la que se tiene noticia se instaló en 1981, en el gobierno de Julio César Turbay. Sin embargo, estaba conformada por un grupo de asesores del gobierno y los parlamentarios no tenían representación.

En el gobierno de Belisario Betancur, la Comisión de Paz abrió espacio a los sectores políticos y sociales, y fue la primera vez donde algunos parlamentarios tuvieron voz en las políticas sobre paz.

Pero fue en 1998, y con el furor del proceso de paz en el Caguán, cuando el Congreso decidió crear una célula pero de carácter “accidental”, es decir, transitoria y temporal. En esos años, dicha comisión era presidida por el entonces senador liberal Jorge Eduardo Géchem, congresista secuestrado por las FARC el 20 de febrero del 2001, plagio que precipitó el fin del proceso de paz del gobierno de Andrés Pastrana.

Las comisiones de paz del Senado y la Cámara aparecían y desaparecían. En los ocho años del gobierno de Álvaro Uribe, la entonces senadora Piedad Córdoba era una de sus principales promotoras, mientras intercedió con las FARC para lograr la liberación de los congresistas secuestrados.

En agosto del 2010 volvieron a reactivarse, esta vez con la presidencia del senador Roy Barreras. Organizaron foros y discusiones, y de allí salió el proyecto del Marco legal para la Paz. Fueron los rumores de paz y la confirmación de la puesta en marcha de un proceso de paz con las FARC, los hechos que precipitaron a que las comisiones volvieran a trabajar. Incluso, la Cámara de Representantes decidió que ya no sería una comisión accidental. El objetivo de esta comisión es facilitar y ser garante en situaciones humanitarias ante un eventual proceso de negociación entre el Gobierno y la guerrilla.

Jorge Eduardo Géchem, quien soportó más de ocho años de secuestro, y volvió a la arena política en el 2010, vuelve a figurar como presidente de esta Comisión de Paz.

El comisionado para la paz

El decreto 053 de 1992 creó la figura del alto consejero presidencial para la paz que tenía como principal función “asesorar al presidente de la República en la elaboración de los programas que adelante el Gobierno para la reconciliación nacional”.
 
En el gobierno de César Gaviria ocuparon ese cargo Jesús Bejarano y Horacio Serpa Uribe. En el gobierno de Ernesto Samper, por el decreto 2107 del 6 de septiembre, esta figura alcanzó la denominación de Alto Comisionado para la Paz.
 
El exconstituyente Carlos Holmes Trujillo García fue el primer designado. Víctor G. Ricardo y Camilo Gómez ocuparon el cargo durante el gobierno de Andrés Pastrana; durante el gobierno de Álvaro Uribe, Luis Carlos Restrepo ocupó el cargo durante siete años y Frank Pearl, en el último año, lo hizo sin abandonar sus funciones como consejero para la reintegración.

La oficina del Alto Comisionado para la Paz fue la única que no asignó el presidente Juan Manuel Santos desde que se posesionó en agosto del 2010. Pero dos años después, y con la entrada en marcha del proceso con las FARC, designó en ese cargo a quien venía siendo su consejero en temas de seguridad, Sergio Jaramillo.

Los expresidentes

Álvaro Uribe ha sido quizás el expresidente más activo de la historia reciente. Su opinión se ha concentrado en todos los temas del gobierno de Juan Manuel Santos, y se ha convertido en uno de los mayores críticos del actual mandatario.

A diferencia, los otros expresidentes vigentes, Belisario Betancur, César Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana han vuelto a ser figuras trascendentes con el proceso de paz. No en vano, en sus respectivos gobiernos impulsaron políticas encaminadas a poner fin al conflicto. Pese a la buena voluntad, no lo consiguieron.

En días en que el presidente Juan Manuel Santos ha recibido el apoyo político del país, Betancur, Gaviria, Samper y Pastrana lo rodearon incondicionalmente, y desde los espacios de opinión, se mantendrán como referencia en el proceso.
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