Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/03/10 00:00

Los retos tras la séptima papeleta

Hace 20 años nació el mecanismo que promovió el cambio de la Constitución y que significó la transición de Colombia hacia una democracia moderna. Cuatro lustros después de la iniciativa aún quedan asignaturas pendientes.

Antonio Navarro, César Gaviria, Horacio Serpa y Álvaro Gómez representaron en la asamblea Nacional Constituyente a las diferentes tendencias sociales y de gobierno que se unían en la Constitución Política de 1991

El 11 de marzo de 1990 un movimiento estudiantil decidió movilizar a más de un millón de colombianos que, aprovechando las elecciones legislativas, manifestó su voluntad de cambiar la Constitución a través de la convocatoria de una asamblea nacional constituyente.

La séptima papeleta se convirtió en el único mecanismo acogido por el establecimiento para reformar la carta política, pues los intentos de reforma, vía Congreso y convocatoria de un plebiscito, que había intentado el gobierno del entonces presidente Virgilio Barco, fueron negados por el propio legislativo y el Consejo de Estado.

En medio de una tormenta institucional, marcada por el terror que habían implantado los narcotraficantes debilitando la justicia penal, y tras el asesinato del candidato presidencial, Luis Carlos Galán Sarmiento, un grupo de estudiantes, que se sacudió de una generación marcada por la indiferencia y la apatía, decidió manifestarse, y el mecanismo más efectivo fue el de expresarse en las urnas a través de la séptima papeleta. 
 
Fue la piedra en la que se cimentó la nueva Constitución. En principio, los resultados que obtuvo la papeleta en las urnas no fueron contemplados como legales, pero la llama que había encendido en la sociedad fue contemplada por el gobierno, que gracias a uno de los últimos decretos firmados por Barco, le daría vía libre a la convocatoria de la asamblea constituyente, que tras la oleada de violencia y el proceso de dejación de armas de la guerrilla del M-19, se hacía necesaria.

Por lo menos así lo manifestaron varios de los protagonistas de aquella asamblea, que este miércoles se reunieron en la Universidad del Rosario en el marco del foro 'La Constitución, entre el cambio social y el retroceso político. ¿Qué sigue?', organizado por esta institución educativa, la Revista SEMANA, y la fundación Séptima Papeleta.

Cuando se cumplen veinte de años de aquella movilización, la más importante de los estudiantes, al menos en la historia reciente del país, los protagonistas de la Constitución destacaron los aciertos de la nueva Carta, al subrayar su carácter progresista y garantista, pero fueron muy críticos en señalar las asignaturas pendientes que esta dejó.

No tocar la Constitución
 
César Gaviria, en cuyo gobierno se diseñó la Constitución, señala que, tras cinco lustros de aplicación, la carta aún tiene “algunos vacíos” que se pueden resolver con proyectos de ley, en algunos casos, o de acto legislativo, en los más necesarios.

Dice Gaviria que el país necesita “un modelos mas descentralizado” del que se diseñó en la asamblea Constituyente. Reconoció los abusos de la tutela -uno de los mecanismos más eficaces para garantizar los derechos fundamentales- especialmente en materia de salud, aunque señaló también como causa la crisis del sistema de salud.

El Choque de trenes, entre altas cortes, producto de controles de constitucionalidad, fue una circunstancia que no se previó. Gaviria asegura que los fallos contra sentencias de la Corte Suprema no pueden hacerlos, por ejemplo, el Consejo Superior de la Judicatura. “No tiene la jerarquía para tumbar una sentencia de la Corte Suprema”. El ex presidente señala que debe ser competencia de la Corte Constitucional, pero que a través de un mecanismo de diálogo fluido entre los dos máximos tribunales.

Sistema semi-parlamentario
 
El ex presidente Ernesto Samper, quien cumplió el primer periodo completo de cuatro años, tras la consagración de la Constitución, señaló dos asignaturas pendientes.

La primera, que el sistema de pesos y contrapesos consagrado tiene que fortalecerse. Y por eso plantea la necesidad de trascender a un sistema semi-parlamentarista en el que el presidente sea el jefe de Estado y el primer ministro el jefe del gobierno.

Esa transformación, a su juicio, fortalecería las salidas institucionales a las crisis políticas, vía revocatorias de mandato y anticipo de elecciones. Además señala que en este sistema las relaciones del ejecutivo y el legislativo superarían “las transacciones al dedal que hace el presidente con los congresistas”.

La segunda materia que aún no cumple la Constitución es el reordenamiento territorial. Samper señala que, pese a lo que quedó consagrado en la Constitución, el centralismo fiscal se mantiene. También propone que en una futura reforma se igualen los periodos de gobernadores y alcaldes con el del presidente.

Samper coincide con Gaviria en que estas reformas se pueden hacer vía acto legislativo. “La única opción para convocar una Asamblea constituyente sería tras un pacto de paz y un acuerdo para reincorporar a los grupos alzados en armas”.
 
Despolitizar organismos de control

Para Antonio Navarro, uno de los copresidentes de la Asamblea constituyente, el mayor vacío de la Constitución es el sistema de controles, del cual aseguró que no funciona, debido a la “politización de los organismos de control” especialmente en las regiones. “En los departamentos son escogidos por las asambleas, sobre las que tiene gran incidencia los gobernadores, entonces el gobernador termina imponiendo a quien lo va a vigilar. Hay que despolitizar la elección de los organismos de control”.

Alejandro santos, director de la Revista SEMANA, plantea que tras dos décadas de esa iniciativa estudiantil que dejó una nueva Constitución, hay muchos interrogantes. ¿Cómo cortar los tentáculos de las mafias en la política? ¿Cómo detener los ríos de dinero que circulan en las campañas políticas? ¿Cómo resolver los problemas estructurales que aún padece la justicia? ¿Cómo reducir el abismo entre Bogotá y el resto del país? ¿Cómo reducir la desigualdad, la pobreza, el desplazamiento? Seguramente esos serán los nuevos retos, veinte años después.

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