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| 3/21/2012 12:00:00 AM

Los verdes y la crisis que no cuajó

Las pullas de Jhon Sudarsky contra Lucho Garzón parecieron reabrir las heridas que produjo la salida de Mockus del partido. La dirigencia controló el conato de crisis con un respaldo unánime al vocero de la colectividad.

El Partido Verde, el mismo que sedujo a buena parte del país al ofrecer una nueva forma de hacer política, se vio envuelto el martes en un nuevo episodio propio de los cuestionados partidos políticos tradicionales.

En una de las primeras sesiones del Congreso, la Comisión Sexta del Senado hacía control político al actual estado de las obras de concesión del aeropuerto Eldorado de Bogotá.

Jhon Sudarsky, uno de los senadores más respetados del Partido Verde, que llegó de la academia y del sector privado a su primera experiencia como legislador, aprovechó el tema y cuestionó la presunta "inoperancia" en el avance de la fase 3 de TransMilenio en Bogotá (que comprende la avenida El Dorado y las carreras séptima y décima), de la cual responsabilizó al exalcalde Lucho Garzón, actual vocero y jefe del Partido Verde.

Sobre la administración de Garzón en Bogotá, Sudarsky dijo que "en vez de contratar inmediatamente los diseños para la construcción de la fase 3 de TransMilenio, se gastó dos años sin hacer nada al respecto. Si lo hubiera hecho en el cronograma y en parte con el plan general de construcción del sistema de transporte masivo, habría permitido que para el 2007 estuviera ejecutado y tuviéramos el servicio rodando por la séptima, la décima y la calle 26".

Según Sudarsky, "el desastre" que está viviendo la movilidad en Bogotá "se habría podido evitar" desde la misma administración de Garzón en la capital.

Los dardos de Sudarsky

No pasaban de ser declaraciones críticas de un congresista que en año y medio se ha destacado por la calidad y la altura de sus debates. Pero decidió ir más allá de sus críticas y sugerir la renuncia de Garzón al Partido Verde.

"Hay inmenso descontento con el liderazgo de Lucho Garzón y quisiéramos que él se retirara de la dirección del Partido Verde", dijo Sudarsky en unas declaraciones que sorprendieron a quienes las escucharon, periodistas incluidos.

Sudarsky, quien había calificado en pasadas oportunidades el Partido Verde como una organización donde se respetaban las diversas formas de pensar y donde se reconocía el debate interno de la colectividad, se comportaba como un político tradicional.

Pero decidió sacar más cueros al sol. Le recordó a Garzón que fue quien empezó a gestar el apoyo del expresidente Álvaro Uribe a la candidatura de Enrique Peñalosa (quien aspiró por el Partido Verde a la Alcaldía de Bogotá). Por eso responsabilizó a Garzón de que los verdes "perdiéramos una Alcaldía que teníamos ganada".

Sudarsky también cuestionó que Garzón fuera el primero en promover el ingreso de los verdes a la Unidad Nacional (coalición liderada por Juan Manuel Santos) y que luego "amenazara" con salirse de la coalición (como sucedió el pasado mes de enero). Y hasta le enrostró intereses burocráticos, al insinuar que el exalcalde "busca puesto" en el Gobierno como comisionado para la paz. "Si Lucho Garzón hace con la paz lo mismo que hizo con TransMilenio o con el Partido Verde, imagínese lo que va a hacer con la paz".

Una vieja herida

Las declaraciones de Sudarsky de inmediato motivaron la búsqueda de la reacción de Lucho Garzón quien en todo el día prefirió guardar silencio.

Pero a Garzón no le faltaron defensores. Otro de los congresistas más representativos del partido, Alfonso Prada, fue el primero en respaldar la gestión de Garzón en el partido, e insinuó otro tipo de motivaciones tras las declaraciones de Sudasky.

Esas motivaciones serían un coletazo de la mayor crisis institucional que ha soportado el Partido Verde. Precisamente la que se generó tras el respaldo de Uribe a Peñalosa, situación que motivó la salida de Antanas Mockus (quien disputó la presidencia con Juan Manuel Santos) de la colectividad.

Prada recordó que Sudarsky es "una cuota directa de Antanas Mockus" al tratar de explicar esas declaraciones. Y así como Sudarsky trató de recordar ciertas incoherencias de Lucho Garzón, el representante dijo que tenía que advertir más inconsistencias en Mockus "Hoy no sé en qué partido está, tal vez esté en la ASI o en firmes con Gina o tal vez con Petro, ya que la señora de Mockus (Adriana Córdoba), quien también es jefe política de Sudarsky, está en el gobierno distrital. Ese sí que es un sinsentido".

El respaldo a Garzón

Parecía que el cruce de declaraciones terminaría allí. Pero al final de la tarde la propia Dirección Nacional del Partido Verde dio por cerrada la controversia con un manifiesto respaldo a la vocería que desempeña Lucho Garzón.

"Durante el tiempo en que Lucho Garzón ha sido nuestro vocero sus actuaciones se han caracterizado por ser impecables; condujo al Partido en el proceso electoral que reafirmó nuestra fortaleza municipal, regional y por ende nacional con más de tres millones de votantes en el país representados en 800 concejales; 50 alcaldías, 27 diputados y dos gobernaciones; las relaciones con las regiones han sido fluidas y permanentes; su interacción con el Gobierno Nacional ha sido transparente, siempre de cara al Partido y al país. Ha sido crítico cuando las circunstancias así lo ameritan y ha apoyado al Gobierno Nacional en temas de trascendencia nacional e internacional cuando sus actuaciones así lo merecen", dice el manifiesto de la Dirección Nacional y de la bancada de congresistas.

Además los dirigentes del Partido Verde reconocieron que "el talante social, de respeto a la diversidad y a la diferencia, del diálogo, la concertación y el férreo compromiso" con el partido "han sido la carta de navegación" en la vocería de Lucho Garzón. "Claro que hay debates y diferencias y seguirán siendo bienvenidos como parte de una agenda verde y democrática, en el marco de respeto por las personas y lealtad con el Partido".

Quizá sin ningún tipo de cálculo, Sudarsky había tratado de causar un sisma que la propia dirección del partido verde se encargó de controlar.

Pero la sensación que dejó es que hasta en el partido que se había comprometido con una nueva forma de hacer política, que fue capaz de congregar cuatro liderazgos (o egos) tan diversos como los de Garzón, Peñalosa, Mockus y el propio Sergio Fajardo, se vio envuelto en una nueva controversia propia de partidos políticos tradicionales.
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