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| 1/19/2012 12:00:00 AM

Oposición a Gustavo Petro: ¿revanchismo o prevención?

En menos de tres semanas como alcalde, Gustavo Petro ha coleccionado varios críticos que se han declarado opositores de su gestión, entre los que figuran personalidades como Mockus, Peñalosa y Parody. ¿Cuáles son los motivos de tan temprana resistencia?

La primera en anunciar de forma oficial su desacuerdo con el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, fue la excandidata a la alcaldía de la ciudad Gina Parody, quien dijo que se declaraba su contradictora debido a la “improvisación con la que ha asumido varios temas cruciales para el futuro de Bogotá”.

Días después, el exalcalde Antanas Mockus afirmó que sería también un opositor de la administración, aunque prefirió llamarlo “actitud crítica”. Mockus, quien meses atrás estuvo muy cercano de una alianza con Petro, dijo que a la ciudad le conviene mucho que haya vigilantes para que “no se cometan errores tan graves como en los últimos cuatro años".

El tercero en unirse al bloque es el también exalcalde y excandidato a la alcaldía de Bogotá Enrique Peñalosa. Si bien Peñalosa no hizo un pronunciamiento oficial en ese sentido, ha utilizado Twitter para lanzar numerosas críticas contra su antiguo rival de campaña. “Petro dijo que pondría peajes dentro de la ciudad. En SEMANA ahora dice que más bien va a cobrar parqueo... barrigazo contra realidad”. En otro mensaje se puede leer: “Petro decía que haría 1.000 jardines de altísima calidad... en SEMANA dice ahora que serán señoras que en sus casas cuidarán niños”.

Más allá de los reproches, viejas peleas o diferencias políticas, los motivos que despertaron esta temprana reacción responden, según los expertos, a temas más profundos que el de un posible ánimo revanchista.

“La oposición es sana para cualquier democracia y la prontitud es totalmente entendible porque frente al gobierno de Petro estamos ante un verdadero cambio de modelo de ciudad”, explica María Victoria Duque, subdirectora de Razón Pública.
 
Para la analista, quien conoce muy de cerca tanto el entorno de Petro como el de sus contradictores, el asunto es de fondo. “El tema es bien importante porque se trata de enfrentar al primer gobierno de izquierda que ha tomado algunas decisiones que han cambiado la agenda de las discusiones públicas”.
 
A pesar de que Bogotá estuvo gobernada durante ocho años por alcaldes del Polo Democrático, partido de izquierda, los analistas coinciden en que el gobierno de Petro supone cambios más radicales que los de sus antecesores y que se trata realmente del primer gobierno de la izquierda democrática que habría tenido la capital.
 
La primera transformación de este gobierno es que en Bogotá va a primar lo público sobre lo privado y que tendrá una agenda propia que no tendrá en cuenta la de los gobiernos anteriores cómo lo hicieron ‘Lucho’ Garzón y Samuel Moreno. “Aquí hay un modelo de izquierda que puede gustar o no y que está rompiendo moldes con sus antecesores. Por ejemplo, se ha rodeado de gente democrática de izquierda, a diferencia de Samuel Moreno, que repartió puestos y que realmente no pretendía políticas sociales profundas”, puntualiza Duque.

Por su parte, Humberto Molina, experto en planeación urbana y regional, asegura que “hay una clara intención de Petro, más allá de si lo hace bien o no, de proteger e impulsar la economía popular en detrimento de los grandes sectores económicos”. Esta premisa implica que hay una resistencia por parte de los sectores a los que les ha ido muy bien en los últimos años en la contratación pública, con las reglas y las concesiones. “Y es legítimo, en eso consiste la democracia, vamos a poder practicar la democracia”, concluye Molina.
 
El concejal y académico Juan Carlos Flórez expresa que las voces críticas son necesarias en una democracia, “algo que todavía falta mucho en Colombia”. Pero también alerta que el objetivo de esas voces pueda ser obstaculizar la gestión de Petro, sin que todavía haya despegado su gobierno. “Las voces ciudadanas tienen derecho a mirar hacia el poder, pero hay que recordar que muchas voces influyentes se acomodaron, se quedaron calladas haciendo lo del avestruz, durante los últimos ocho años. Por eso ahora heredamos la mayor crisis de gestión, ética y de funcionamiento de la historia de la ciudad”.

Los expertos coinciden en que la coherencia que ha mantenido Petro con sus ideas le está generando el respaldo de parte de la ciudadanía, tal como lo confirma el sondeo del Centro Nacional de Consultoría. Según la encuesta realizada el pasado miércoles, la imagen positiva del alcalde es del 74 por ciento y el 33 por ciento piensa que Petro ha resultado mejor de lo que pensaba.
 
Oposición, el papel de los derrotados
“El papel natural en cualquier democracia es que quienes pierden se van a la oposición”, asevera Humberto Molina. En este caso, los tres opositores salieron derrotados de la pasada contienda electoral y lo que confirma su conducta es que identificaron que el lenguaje de la administración es definidamente de izquierda.

Respecto a los alcaldes anteriores, la desconfianza que despierta Petro en sus detractores es distinta a la que hubo hace ocho años con Luis Eduardo Garzón o hace cuatro con Samuel Moreno.

“De Garzón se desconfiaba de su capacidad y de la falta de experiencia para continuar los programas banderas de Bogotá, como los colegios concesionados, la continuación de la recuperación d la malla vial, lo que había era desconfianza de si lo podía hacer mejor que Mockus”, dice Molina. En el caso de Samuel Moreno, los argumentos que despertaron la suspicacia eran su populismo y la idea de que se volvieran a la política tradicional.

Más allá de las diferencias ideológicas con el proyecto del alcalde de Bogotá, expertos coinciden en que el verdadero motor de la polémica por parte de diversos sectores de la sociedad es que la ciudad no está acostumbrada a la propuesta de Petro, pues no consiste en continuar la agenda ‘del milagro bogotano’ ni va en beneplácito de la política tradicional bogotana.






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