Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2009/12/22 00:00

Por qué las alianzas entre partidos se darán solo en la segunda vuelta

Estrategia, falta de tiempo o ego son las posibles explicaciones al hecho de que los candidatos presidenciales no quieran aliarse con nadie para la primera vuelta.

La posibilidad de que el Presidente sea candidato, ha hecho que las campañas para las elecciones de 2010 todavía estén en posición de partida.

La renuncia del candidato de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, a la posibilidad de participar en una consulta interpartidista con el liberalismo, da cuenta de la estrategia que la mayoría de los partidos jugarán en las elecciones de 2010: no habrá alianzas antes de la primera vuelta.
 
Claro, esto solo ocurrirá si el presidente Álvaro Uribe no puede ser candidato. Si la Corte Constitucional certifica la constitucionalidad del referendo reeleccionista, y éste es aprobado en las urnas, el escenario sería distinto.

De nada valió que Rafael Pardo, el candidato elegido por el Partido Liberal, dejara claro que todavía no había llegado a un acuerdo con el candidato del Polo Gustavo Petro. Un cruce de cartas entre Petro y Pardo, en el que expresaron mutuamente la necesidad de construir un acuerdo programático, y un titular de prensa que decía “Pardo aceptó la propuesta de Petro”, fueron interpretados por Vargas Lleras como una alianza consumada.

El candidato de Cambio Radical había dicho desde el principio que no participaría nunca en una consulta con el Polo, pues considera que son ideológicamente antagónicos. Y en un arrebato de independencia, (o para otros de soberbia), a pesar de las explicaciones de Pardo, dijo que iría sólo a la primera vuelta.

"Para mí este capítulo queda cerrado, quedan ellos con camino libre para buscar acuerdos", dijo Vargas este lunes. Además vaticinó la derrota del Partido Liberal.
 
Este martes, Pardo dijo que el liberalismo había sido "generoso y abierto", pero que no encontró esa misma generosidad en el Polo ni en Cambio Radical. Advirtió que una alianza con el Polo era prácticamente imposible pues las condiciones que puso ese partido la hacían difícil. La oposición del Polo al TLC y al acuerdo militar del gobierno colombiano con el de Estados Unidos, que son acuerdos suscritos por el Estado, son temas que impiden el acercamiento, según Pardo.

En el fondo de la discrepancia hay un problema que si se lee correctamente se advierte que la posibilidad de las alianzas entre partidos, antes de la primera vuelta, nació muerta.
 
Petro siempre ha dicho que su proyecto es construir un acuerdo nacional para sacar a las mafias de la política, democratizar los recursos, entre otros puntos. El referente al que acude para explicar su propuesta es la Asamblea Constituyente de 1991, en la que personas que representaban diversos sectores, muchos antagónicos, participaron para definir el modelo de democracia que querían.

Pero Petro no ha hablado explícitamente de una consulta interpartidista. Y el tiempo para que pueda hacerse efectiva, ya prácticamente se acabó. Los partidos ya debían haber solicitado al Consejo Nacional Electoral la aprobación de la consulta, para que esta se votara en las elecciones de Congreso de marzo. 
 
Sin embargo la posibilidad de llegar a un acuerdo futuro sigue en pie. La ambigüedad del término “acuerdo” permite que los partidos mantengan abiertas las puertas de las eventuales alianzas. Pero en este momento  todos están pensando en la segunda vuelta, pues hasta ahora no hay ningún candidato que lleve la delantera en la carrera por la Presidencia salvo Uribe, quien no es candidato aún.

A pesar de lo abierto del proyecto de un acuerdo sobre lo fundamental en la democracia que se busca que propone Petro, cada partido con opción de poder anhela que su candidato gane la carrera. Por eso es tan difícil que los partidos consoliden verdaderos pactos. Todos piensan en sus propios votos. Ninguno está dispuesto a renunciar a lo que ha construido.

Pero Vargas cerró de un portazo la posibilidad de acercarse a los liberales, hecho que le podría costar caro en un futuro.

Con su decisión, el candidato de Cambio Radical dejó claro que lo que buscaba era que el liberalismo se subordinara a sus posiciones y aspiraciones. Dentro del liberalismo la mayoría contemplaba la posibilidad de que los desertores, que se fueron para Cambio Radical y al uribismo, volvieran a la casa.

En el fondo, tanto Vargas como Petro y Pardo creen que lo mejor es presentarse solos en la primera vuelta de las elecciones, al igual que los candidatos independientes y los que eventualmente se presenten por el uribismo. El cálculo es el siguiente: apostarle a llegar de primero o de segundo en la primera vuelta, y una vez medidos por el electorado, ver cómo se hacen las alianzas que permitan llevarlos a la Presidencia. 
 

¿Por qué no habrá consultas interpartidistas?

La posibilidad de que los partidos hicieran consultas interpartidistas, había cogido fuerza entre la oposición. Ésta fue una facultad que la Reforma Política de junio dejó abierta. Aunque eventualmente los partidos oficialistas hubieran podido echar mano de este recurso, el fantasma de la reelección les hizo descartarla. Ninguno quería parecer un traidor del Jefe de Estado impulsando una candidatura hasta que no se conociera la decisión de la Corte Constitucional sobre el referendo reeleccionista. Consecuentemente, tampoco han convocado a una alianza uribista. Y el tiempo ya hace inviable esa posibilidad.

La última oportunidad de que los partidos hagan consultas es en marzo, en las elecciones del Congreso. Pero solo hasta esa fecha, el Partido Conservador, que ha dicho que si Uribe no va a las elecciones irá con candidato propio, elegirá su eventual candidato.

La U ya se adelantó. El arribo del ex Ministro Juan Manuel Santos a la dirección es un indicio de que éste será su candidato en caso de que la reelección sucumba.

Pero, además de la falta de tiempo, otra razón por la que los candidatos se lanzarán al agua sin compañía es porque todos calculan que tienen las mismas posibilidades de llegar a la Casa de Nariño. Según las encuestas, las opciones de todos son equiparables.
 
Esta fue una de las razones por las que el ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, quien recogió firmas para inscribir su candidatura, descartó la posibilidad de una alianza con otros políticos como los ex alcaldes de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, Antanas Mockus y Enríque Peñalosa.

Mientras el fantasma de la reelección ha estado presente en las mediciones, la favorabilidad y nivel de conocimiento de la ciudadanía sobre los posibles candidatos pareciera congelado. Eso es interpretado como positivo para todos en la medida que les permite seguir en la pelea hasta el final.

Por ejemplo, el porcentaje de personas que votarían por figuras como el ex ministro Juan Manuel Santos, quien podría considerarse de la entraña del uribismo, es del 13 por ciento, según la última encuesta de Ipsos Napoleón Franco, publicada este diciembre.

En la misma escala le sigue el senador del Polo, Gustavo Petro, quien representa la otra orilla ideológica de Santos, con un 12 por ciento. Y el ex alcalde Fajardo, quien ha hecho campaña con la consigna “ni uribista ni antiurubista” registra el 10 por ciento de intención de voto. Todos están técnicamente empatados, pues el margen de error de esa encuesta es del 3 por ciento. (Vea la encuesta aquí)

En otras palabras, si Uribe no es candidato, cualquiera de izquierda, derecha o centro, que logre captar los votos de las personas que votarían por él, podría ganar la Presidencia. Esta es la razón por la que quienes ya se lanzaron al agua prefieren dejar a un lado las alianzas, por ahora, y ver quien llega primero.

Falta ver si en el momento en el que suene el disparo de partida, Uribe sí esté en la tribuna, de lo contrario es probable que varios desistan de la competencia.





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