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| 10/17/2012 12:00:00 AM

Por qué Noruega enarbola la bandera de la paz

La primera ronda del diálogo entre el Gobierno y las FARC se realizará en Oslo, a casi 10.000 kilómetros de donde se ha gestado el conflicto armado. ¿Qué gana Noruega con ayudar a los colombianos?

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BBC
La solución al conflicto armado más antiguo del Hemisferio Occidental, el de Colombia, se puede comenzar a fraguar a partir de este jueves con la ayuda de un país ubicado a casi 10.000 kilómetros de distancia: Noruega.

El gobierno del presidente Juan Manuel Santos y los líderes de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) le pidieron a esa nación europea que albergue la primera ronda formal de negociaciones.

Noruega, que junto con Cuba facilitó las conversaciones confidenciales que preceden este diálogo, aceptó.

Después de todo, la promoción de la paz internacional es desde hace dos décadas una meta explícita de su política exterior, con la que intenta establecer marcos propicios para la reconciliación y fortalecer la confianza de las partes.

"La experiencia de Noruega ha mostrado que los países pequeños pueden jugar un papel constructivo en la resolución de conflictos armados complejos, incluso sin la participación directa de Naciones Unidas o de los grandes poderes", le explica a BBC Mundo Veslemoy Lothe Salvesen, asesora del Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega.

Pero ¿por qué ayudan los noruegos a países que se encuentran al otro lado del mundo? ¿Y de dónde surgió tal estrategia?

Ideal e instrumental

La respuesta a la primera pregunta es generosidad, por lo menos según Jan Egeland, quien fue subsecretario de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios y asesor especial del Secretario de la ONU para Colombia durante las negociaciones en San Vicente del Caguán (1999-2002).

En diálogo con BBC Mundo desde Oslo, Egeland asegura: "Hay un interés altruista por hacer el bien y podemos permitírnoslo".

"Noruega es un país rico y en ese sentido es un país generoso", añade.

Las cifras apoyan este argumento: Noruega es una de las pocas naciones del mundo que exceden la meta de Naciones Unidas de destinar 0,7% del Producto Interno Bruto a ayuda externa, según las cifras recolectadas por la Fundación de Bill y Melinda Gates.

Pero la visión idealista de Egeland explica sólo una parte del interés noruego por fomentar lo que se conoce como "diplomacia de la paz".

Kristian Berg Harpviken, director del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO, por su sigla en inglés), resalta que también hay una motivación instrumental.

"El compromiso pacífico le da notoriedad a Noruega y lo vuelve interesante para los líderes más influyentes del mundo", le dice a BBC Mundo.

En otras palabras, su diplomacia pacífica es una promoción del país y de algunas de sus características esenciales, que le permite codearse con las potencias más importantes.

La marca noruega a nivel internacional es en gran medida la promoción de la paz, una política que resulta tan importante para Oslo que el Gobierno creó una Unidad de Paz y Reconciliación y destinó un presupuesto específico para sus proyectos.

Esto sin contar que Noruega es la sede del Premio Nobel de la Paz.

Controversias

La decisión del gobierno noruego de participar como facilitador en el diálogo colombiano es el resultado de una política exterior que se comenzó a desarrollar a principios de los años 90, después de que se realizaron en Oslo unas conversaciones secretas para tratar de solucionar el conflicto palestino-israelí.

Desde entonces, Noruega ha puesto en marcha una diplomacia de la paz que lo ha llevado a participar -con diferentes niveles de éxito- en las negociaciones en países tan disímiles como Sri Lanka, Malí, Guatemala, Sudán o Filipinas.

En el caso colombiano, este reino escandinavo fue uno de los países amigos durante los diálogos en San Vicente del Caguán y fue una de las escalas que hicieron en el año 2000 varios líderes del gobierno colombiano y de las FARC durante una gira europea para presentar el proceso de paz.

Tanto en Colombia como en otras negociaciones, una de las prioridades noruegas es fomentar vínculos cercanos con las partes del conflicto.

Pero esta búsqueda de neutralidad no siempre está exenta de críticas.

Harpviken explica que cuando un país como Noruega juega el papel de mediador, inevitablemente les otorga legitimidad a las partes.

Y esto puede resultar polémico, especialmente cuando -como ha ocurrido en el caso de Colombia- algunos sectores califican a uno de los actores de terrorista y argumentan que no es un interlocutor válido.

En este sentido, Noruega se encuentra en una encrucijada, como escribe el ex viceministro de Relaciones Exteriores Vidar Helgesen: el país se debate entre apoyar la cruzada internacional contra el terrorismo y a su vez demostrar neutralidad en negociaciones de paz en las que una de las partes es tildada de terrorista.

Al final, para evitar poner en jaque su política de diplomacia pacífica que le trae tantos réditos a su imagen internacional, Noruega resalta una y otra vez que sus funciones se limitan a establecer un marco propicio para los diálogos y que todo el poder de decisión recae en las manos de los negociadores.

Helgesen, del Ministerio de Relaciones Exteriores, concluye en este sentido: "Los esfuerzos de paz de Noruega siempre dependen de que todas las partes involucradas muestren un deseo genuino de negociar y acepten a Noruega como facilitador".

"La responsabilidad de encontrar una solución al conflicto depende de los actores".
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