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| 6/23/2012 12:00:00 AM

Santos y los reversazos que marcan el ritmo del gobierno

La necesaria marcha atrás, tras el disparate de la reforma a la Justicia, se suma a otras decisiones en las que, luego de los anuncios y el malestar general, Santos ha recogido las banderas para darle gusto a las mayorías.

Uno de los políticos que más ha marcado la vida de Juan Manuel Santos es Winston Churchill, de quien leía con placer todas sus biografías en los años felices de su larga estadía en Londres. Por eso, para él son habituales las máximas del primer ministro como aquella que dice: “La democracia es la necesidad de inclinarse de cuando en cuando ante la opinión de los demás”.

Tal vez por eso no es extraño ver al presidente echar para atrás firmes iniciativas suyas al escuchar las opiniones contrarias. Así lo acaba de hacer con su decisión de objetar una reforma a la Justicia que defendió con vehemencia durante meses y a la que ahora no tiene otro remedio que hundir definitivamente. Durante las horas del vuelo que lo traía de Brasil, donde estaba en la Cumbre de Río+20, Santos fue informado de que las críticas a esta iniciativa gubernamental se había ido convirtiendo en una avalancha que, entre otras cosas, se enfocaba en él. Al llegar a Bogotá, interrumpió la programación de la televisión nacional y a una hora inusual, se dirigió al país para informar sobre el cambio de rumbo.

Aunque argumentó que lo hacía motivado por una cuestión de principios para atajar cuatro gigantescos ‘micos’, en términos concretos, tres de los que mencionó fueron aprobados en el Senado o en la Cámara antes de la conciliación, cuando él tenía el control absoluto de la situación.

De cambio en cambio

A este reversazo hay que sumarle otros. Por ejemplo, recién llegado al cargo, Santos decidió alterar, por medio de un decreto, y en una decisión también sin precedentes, el decreto que había fijado el salario mínimo para el 2011. Con esta jugada, el aumento fue de 4 por ciento y no de 3,4 por ciento, la cifra fijada inicialmente que fue duramente críticada. Con el aumento, Santos recibió un aplauso de la galería, pero produjo inconformidad entre los empresarios, quienes hicieron sus cuentas con el primer porcentaje acordado.

Así mismo, cuando se filtró a los medios el borrador de la Reforma Tributaria, echó para atrás un discutido IVA (impuesto sobre el valor agregado). Resulta que el proyecto planteaba un IVA del 5 por ciento para los productos de la canasta familiar que históricamente había estado excluido. Ante las críticas, se excusó y dijo que él no conocía la propuesta. Su ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, precisó que el asunto era competencia de los técnicos de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN).

Pero, la sensación que quedó en el aire fue otra. ¿La DIAN fija propuestas en borradores de más de 600 artículos de la reforma, sin consultarle al ministro de Hacienda?, ¿Hacienda y la DIAN no le contaron ni una letra a Santos de este proyecto?, ¿Santos, quien estudió Economía y Administración de Empresas, y fue ministro de Hacienda, no fue consultado para incluir un ‘articulito’ de semejante magnitud? Finalmente, tres días después de conocerse esta propuesta, Santos dijo desde China, que no habrá IVA a la canasta familiar ni en esta reforma, ni en ningún proyecto de su administración.

Angelino en el camino

También aplicó el reversazo con el Plan de Desarrollo a propósito de un artículo que ampliaba la edad de jubilación de los colombianos. En esta oportunidad, lo hizo después de la polémica que se desató y el rechazo que expresó, de forma pública, el vicepresidente Angelino Garzón.

Otra reversazo ocurrió cuando el gremio de los camioneros realizó un paro amplio y prolongado para protestar contra el anuncio del ministro de Transporte, Germán Cardona, de eliminar la tabla de fletes que estaba vigente. Con el objeto de normalizar la situación de movilidad en las grandes ciudades, el gobierno retiró los decretos y anunció la apertura de un proceso de concertación con el sector.

Uno más surgió en los territorios del Ministerio de Educación. La ministra, María Fernanda Campo, dijo que por petición del presidente, arrancaba un ambicioso proyecto que reformaría la educación superior. Se trata, explicó, de aumentar los ingresos y mejorar su cobertura y calidad. Los rectores de las principales universidades consideraron que la posibilidad de introducir programas con ánimo de lucro y los instrumentos incluidos para controlar el gasto de los fondos, tenían connotaciones de privatización de la educación y restricción a la autonomía universitaria. Los estudiantes protestaron. Las clases se pararon. Al final, la ministra Campo aceptó retirar la reforma por orden, otra vez, del presidente.

Ministros quemados

En estos casos ha habido un desgaste inmenso de los ministros y de altísimos funcionarios del Estado que dedican horas y horas a defender una idea en representación del presidente, que luego, cuando ya tiene forma, la pasan al horno y la convierten en cenizas que luego se olvidan. Pero, ¿así avanza el país?, ¿se construye una sociedad mejor?

Santos dice que solo los imbéciles no cambian de opinión. Algunos analistas creen que hay un problema de ejecutorias porque el presidente busca dejar conforme a todo mundo. Y que eso fue precisamente lo que le ocurrió con la reforma a la Justicia. Que cuando fue presentada se vendió para beneficio de los ciudadanos de a pie, pero como en el camino había que dejar contento a todo mundo, se convirtió en un Frankenstein al que la gente terminó exigiendo su sepultura.

Otros argumentan que ese estilo es alimentado por el deseo releccionista. Con esa figura, los presidentes buscan complacer a Raimundo y todo el mundo en los primeros cuatro años, para después, en los restantes años, hacer las reformas necesarias para el país. Sí es así, eso solo lo sabe el jefe del Estado en su fuero interno. Claro que a Santos, que tanto le encanta el señor Winston Churchill, había que recordarle otra frase del inglés: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.
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