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| 12/12/2011 3:00:00 PM

Simón Gaviria: ¿de delfín a caudillo?

La reunificación liberal es el principal reto del jefe del liberalismo más joven de su historia, que fue aclamado tras convertirse en el eje de la nueva política del partido, muy cercana a la figura y la obra de Juan Manuel Santos.

Tiene 31 años y menos de ocho en la vida pública. Simón Gaviria se convirtió en el nuevo jefe único del Partido Liberal. El más joven en toda la historia del partido.
 
Es hijo del expresidente César Gaviria, el mismo que se sorprendió cuando los más de 900 integrantes de la Constituyente Liberal aclamaron a Simón como el nuevo jefe.
 
Su nombramiento fue muy sorpresivo. Los liberales tenían que tomar la decisión de relevar formalmente a Rafael Pardo, y dos opciones no generaban los suficientes consensos.
 
Por un lado, quienes defendían la dirección colegiada, que reuniera todas las tendencias del partido y que incluyera las regiones (posición que defendía el propio Simón Gaviria); por el otro, quienes advertían que solo la jefatura única garantiza el fortalecimiento del partido.
 
La primera, tal como se vio en la Constituyente, amagaba con generar una fuerte división. La segunda tenía como obstáculo que no había una persona idónea para el cargo, luego que dos pesos pesados, como el propio César Gaviria y Horacio Serpa, se abstuvieran de esa dignidad.
 
Los liberales decidieron la jefatura única y por aclamación señalaron a Simón.
 
Por varias razones. Sin duda pesó el hecho de ser el hijo del expresidente Gaviria, como lo confesó el representante Guillermo Rivera. A César Gaviria lo señalaron como el gran responsable de la “resurrección” del Partido Liberal; el encargado de mantener vigente al partido pese a estar 12 años ajeno al poder y por el camino de la oposición.
 
Pero también pesó el propio trabajo de Simón. En seis años pasó de ser un delfín a congresista revelación y a mejor congresista del año (2008). Hoy ostenta la dignidad, además, de presidente de la Cámara de Representantes, cuya gestión ha opacado la del Senado.
 
Y además, según explica el representante Orlando Velandia, se necesitaba un jefe liberal que representara “unidad, renovación y profundo santismo”. Simón Gaviria las ostentaba.
 
Con la aclamación de Gaviria se ponía fin al conato de tensión interna por el poder del partido. Y se mantenía la línea política del liberalismo que ha acogido al actual presidente de la República, Juan Manuel Santos, como el “jefe natural”, como lo advierte el senador Luis Fernando Velasco.
 
El reto de la reunificación
 
Simón Gaviria podría pasar a la historia como el jefe liberal de la reunificación del partido. Ese es su principal objetivo. Y su figura demuestra también el regreso de los disidentes a su casa.
 
Porque Simón inició su carrera política al margen de las toldas del liberalismo. Lo hizo en el 2006 con Enrique Peñalosa dentro del movimiento ‘Por el país que soñamos’.
 
Obtuvo una curul en el Congreso, junto a su amigo David Luna. Y aunque habían acompañado la reelección de Álvaro Uribe, como tantos otros disidentes liberales (reunidos en partidos como la U y Cambio Radical), pronto se acercaron a la defensa de la Constitución del 91, que fue la línea del Partido Liberal durante el trasegar por la oposición.
 
Tras la reforma política del 2009, que permitió que durante seis meses los congresistas pudieran cambiar de partido, el primero en hacerlo fue Simón Gaviria, quien junto a David Luna regresó al Partido Liberal.
 
Hoy, tras la decisión del Partido Liberal de sintonizarse con el gobierno de Juan Manuel Santos, la reunificación es un escenario más próximo.
 
Sin embargo, Simón Gaviria considera que él no será el hombre. Advierte que quien tiene “la llave” para la reunificación es Santos. Simón fue el primero en apoyar abiertamente la candidatura de Juan Manuel cuando Rafael Pardo perdió en las lecciones de mayo del 2010.
 
Esa decisión, en principio casi individual, motivó a que de forma institucional todo el Partido Liberal terminara en la mesa de Unidad Nacional que convocó Santos como soporte de su gobierno.
 
Y en esa coalición, de la que hacen parte los disidentes liberales de la U y Cambio Radical, además del Partido Conservador, el Partido Liberal, al menos en el primer año de gobierno, se convirtió de acompañante a líder. Las leyes del primer empleo de reparación a las víctimas son el principal ejemplo. Dos de las principales banderas del gobierno Santos.
 
La consigna de Simón Gaviria es clara y así lo expuso en el discurso que pronunció en la Constituyente Liberal: “Queremos el reagrupamiento con los liberales que están fuera del partido. Queremos que regresen los que comulguen con nuestras ideas, compartan nuestras aspiraciones y se ciñan al comportamiento ético a partir del cual el partido realiza su accionar político. Estamos contentos de que el presidente Santos haya regresado a su casa, y será en torno a su figura que empezarán las coincidencias políticas con militantes de otras corrientes partidistas hacia la reconstrucción del gran partido liberal”.
 
Según Gaviria, el primer paso será mantener la “sintonía” con los otros partidos, “basado en el respeto hacia partidos con ideario liberal como la U y Cambio Radical”. Pero el objetivo es “sanar heridas del pasado y abrir las puertas para que el hijo pródigo regrese a casa”.
 
La reunificación, para el expresidente Ernesto Samper, se tiene que dar bajo el techo del Partido Liberal, y que este proceso tenga sentido: “Si todos tenemos un propósito claro sobre para qué nos vamos a reunificar, estoy de acuerdo. Lo importante no es estar reunidos, sino unidos”.
 
Samper también coincidió con Gaviria en que este proceso, en buena parte, debe pasar por Juan Manuel Santos. “El santismo está haciendo liberalismo, la reunificación liberal se va hacer en la casa roja y no en campamentos por fuera de la casa liberal”.
 
Y cuando el expresidente menciona el propósito de la reunificación, advierte que pasa para la definición de una agenda que debe ser el sustento de la política del pensamiento liberal. Según Samper, esta se debe concentrar en tres ejes paz, modelo social y globalización política. “El partido tiene que estar sintonizado con los temas que hoy le preocupan al mundo, el tema de la seguridad alimentaria, el tema de los Derechos Humanos y el tema del calentamiento global”.
 
Frente al tema de la reunificación liberal, el senador de la U Armando Benedetti, quien asistió como invitado a la Constituyente Liberal, se mostró partidario de dar el debate.
 
Pero en el sentido de la difícil situación de los partidos políticos en general. “El desprestigio de la política y de los partidos nos arrebató hace mucho tiempo la calidad de sujetos de la política, de actores principales de lo político”, dice.
 
Por eso señala que la posible unión de algunos de los sectores que integran la Mesa de Unidad Nacional vayan más allá de un instrumento interpartidista y parlamentario para facilitar la agenda legislativa del Gobierno.
 
“Que esto no sea una jugarreta y un cálculo de ambiciones personales, de candidaturas precoces, de codicias (…) Lo que el país quiere es un elocuente mea culpa de nuestros partidos. Un compromiso para ponerle punto final a esa política que hace de Colombia uno de los tres países más injustos y desiguales del mundo”.
 
Ese será el reto del nuevo jefe del partido frente a la reunificación. Su ascenso político, sin embargo, también lo podría convertir en figura clave del liberalismo. Sin embargo, las opciones de este partido, si se ponen como fecha las elecciones del 2014, no lo tendrán en cuenta.
 
Allí la apuesta será la reelección de Santos, un escenario planteado por los propios liberales, que defiende a capa y espada a quien podría convertirse en el caudillo liberal del futuro: Simón Gaviria.
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