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| 7/19/2011 12:00:00 AM

Simón Gaviria, el más joven

El hijo del expresidente César Gaviria romperá el récord de su padre que había sido el dirigente más joven en presidir la Cámara de Representantes. Ahora, desde esa curul, afrontará las discusiones de una de las reformas a la Constitución que promulgó su padre.

A Simón Gaviria (Pereira, 24 de noviembre de 1980) no lo convence mucho el adjetivo de delfín. Dice que quiere escribir su propia historia así muchos le recuerden que está siguiendo los pasos de su padre, César Gaviria, presidente del gobierno entre 1990 y 1994.
 
Sin embargo, las coincidencias hacen pensar que está por esos pasos. Hace 18 años César Gaviria era una de las promesas del Partido Liberal. Había sido alcalde de Pereira y luego dio el salto a la política nacional al ser elegido representante a la Cámara por Risaralda.
 
Gaviria, el padre, logró perfilarse en el Congreso al punto que fue elegido presidente de la Cámara de Representantes en 1983. Señalaban los registros de prensa de la época que con 32 años se convirtió en el presidente más joven de esa corporación.
 
Dieciocho años después, otro Gaviria, Simón, romperá el registro de su padre y se convertirá en el presidente de la Cámara más joven de la historia con 30 años y 8 meses de edad.
 
Cuando su padre discutía en la Casa de Nariño los pormenores de la Constituyente, pocos imaginaban que su hijo se convirtiera en dirigente político. Su hermana María Paz era la que arrasaba por su personalidad. Simón era más tímido cuando le ponían cámaras y micrófonos por delante.
 
Pero la historia ha cambiado. Luego de estudiar economía en la Universidad de Pennsylvania, Simón Gaviria se inclinó por la política. Aunque dice que pensó mucho la decisión, apostó por la política pero marcando distancia de su padre.
 
Se inclinó por la propuesta de Enrique Peñalosa para integrar la lista de candidatos al Congreso del movimiento ‘Por el País que soñamos’, antes que arroparse por el respaldo del Partido Liberal, que en ese entonces era presidido por su padre.
 
Pero en ese entonces era una paradoja, pues Peñalosa apoyaba la segunda reelección de Uribe, mientras que Gaviria, como jefe del liberalismo, representaba la oposición a ese gobierno.
 
Más allá que facilitarle el camino en la política, Simón dice que de su padre lo que ha heredado son enemigos. Relata que cuando llegó al Congreso llegó a su oficina un dirigente sindical para hablar sobre el proyecto de ley sobre derechos de los pacientes y luego de que le ofreció su apoyo le dio el puntillazo: "con esta norma, doctor Simón, usted va a solucionar muchas de las embarradas que hizo su papá con la Ley 100".
 
Simón Gaviria y su amigo David Luna alcanzaron curul por la lista ‘peñalosista’. Pero se desmarcaron de Uribe e incluso votaron negativamente la segunda reelección.
 
En su primera experiencia como congresista, a Simón le tocó la peor crisis institucional que se recuerde en el Capitolio. Congresistas investigados y detenidos por sus nexos con el paramilitarismo.
 
Quizás en ese ambiente, Gaviria logró destacarse. No sólo sus propios colegas lo escogieron como el mejor representante, sino que lo bautizaron como el congresista ‘Tal Cual’, ese personaje del Boletín del Consumidor, más aún cuando logró convertir en ley el proyecto de portabilidad numérica de la telefonía celular.
 
Pero lo más controvertido de su paso por la Cámara fue como ponente del proyecto que le cambió el nombre al aeropuerto Eldorado de Bogotá por el de Luis Carlos Galán Sarmiento, una idea que buscaba homenajear al asesinado dirigente liberal a quien su padre tuvo que sustituir en la campaña presidencial de 1990.
 
Sin embargo, esa iniciativa fue muy controvertida desde todos los sectores, pues significaba numerosos inconvenientes aeronáuticos el cambio de nombre del Aeropuerto.
 
En 2010, gracias a la Reforma Política, ingresó al Partido Liberal, allí, tras acompañar a Rafael Pardo, fue pieza clave para que el partido, en segunda vuelta adhiriera al proyecto político de Juan Manuel Santos.   
 
El hijo del ex presidente César Gaviria está convencido de que la política es para mostrar resultados, no para hacer promesas. En ese sentido la política, para Simón Gaviria, es un servicio público “para velar por el bien común, el desarrollo y condiciones de vida dignas”. Y desde que llegó al Congreso ha empuñado las banderas de una política que lo identifica con su generación: los temas de la tecnología, el medio ambiente y la educación sexual.
 
Pero ahora, como presidente de la Cámara, Simón volverá a coincidir con la del expresidente Gaviria. Deberá dirigir el debate de la reforma a la justicia, que busca modificar un importante número de artículos de la Constitución de 1991, la misma que promulgó su padre hace 20 años.
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