Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2010/01/06 00:00

“Uribe ha logrado mucho, pero…”: The Economist

En su primera edición del año, la revista británica advirtió a Uribe que si quiere salir por la puerta grande de la historia no busque su reelección. Pero también dice que él no parece querer diferenciarse de Chávez.

La revista The Economist advirtió a la sociedad colombiana que si quiere seguir en la dinámica del fortalecimiento democrático no debería reelegir al Presidente Uribe, a pesar de sus logros

Un mensaje de hondo calado le envió esta semana a la sociedad colombiana, la muy influyente revista británica The Economist en un artículo y un editorial que fueron registrados por los medios colombianos: que si quiere seguir por la senda de estabilización democrática en la que puso al país el presidente Álvaro Uribe, no debe reelegirlo.

El mensaje, por supuesto, también fue para el propio Presidente colombiano: si quiere pasar a la historia como un gobernante extraordinario, no espere a que la Corte se pronuncie sobre si es viable o no el referendo, sino que entre a la historia de los buenos mandatarios e inaugure el año renunciando a su candidatura.

Parece una paradoja, pero no lo es. “Uribe ha logrado mucho. Pero para progresar, Colombia necesita instituciones fuertes, más que al eterno hombre fuerte. El último éxito de las duras políticas de seguridad de Uribe, depende de que otros las continúen y las ajusten”.

Es decir, si hubo progreso bajo Uribe fue porque le restó espacio considerable al imperio del miedo impuesto por las Farc en amplios territorios y carreteras colombianas; convenció a los terroristas del paramilitarismo a desmovilizarse, y aún con todos los problemas que tiene este proceso de Justicia y Paz, se frenaron las masacres; y trajo confianza a los inversionistas y con ello vino el crecimiento económico. Y todo esto se llama mejoría en el Estado de Derecho democrático.

Mantener a la política de rehén de la postergada decisión de si Uribe será o no candidato y someterla a un atropellado proceso electoral, dice la revista, puede hacer que si la candidatura de Uribe falla, su sucesor no alcance a construir un mandato lo suficientemente amplio como el que necesita para enfrentar los múltiples problemas que aún tiene. “Este es un lujo que Colombia no se puede dar”.

La revista reconoce que después de ocho años de gobierno, Uribe deja un país más seguro y más rico, pero que ahora necesita más empleo y políticas socio-económicas más firmes y efectivas.

Así mismo, sostiene que no ha podido resolver los cuellos de botella del transporte, y debe buscar políticas que mejoren el número y la calidad de los empleos. Como buena revista liberal, The Economist, cita como una causa importante del desempleo, lo que considera exceso de impuestos a la nómina de los empresarios (pagos de Bienestar Familiar, Cajas de Compensación, Sena, etc.) y recomienda que Colombia reforme tales normas. En esto, claro está, la posición de la revista es discutible y deja de mencionar que una anterior ley de flexibilización laboral diseñada supuestamente para estimular la creación de empleo formal, fue un fracaso, según varios estudiosos del tema.

También asegura que son dañinos para la democracia el activismo judicial y la parálisis judicial, pero que Uribe, que ha enfrentado a jueces y desestabilizado el balance de poderes diseñado por la Constitución para períodos de cuatro años, sería el último que podría reformar al Poder Judicial de buena fe.

También la revista, que hace gran énfasis en los logros en seguridad del uribismo, quizás incluso sobreestimándolos, asegura sin embargo, que persisten los problemas en ese terreno. La inseguridad urbana, particularmente en Medellín, el retorno de miles de paramilitares a las armas, y los signos de que las Farc se ha reacomodado ante la ofensiva oficial, con la estrategia de francotiradores y minas antipersona, con el propósito de desmoralizar al Ejército. Y que todos estos problemas requieren una nueva visión de cómo enfrentarlos; un recambio en el liderazgo.

Por eso a la postre, la revista lo invita a entrar a la historia como un demócrata y seguir el ejemplo de Lula en Brasil y de Bachelet en Chile, quienes aún gozando de gran popularidad al final de sus períodos, no intentaron quedarse en el poder. Pero The Economist no parece muy optimista y termina asegurando que Uribe “parece más estar inclinado en emular a Hugo Chávez, el Caudillo de Caracas”.

Quien sabe qué le pese más a Uribe. Está el coro de la extrema derecha, de cuyo pozo pando tendrá que sacar al gabinete de un tercer período, según dice la revista, que lo tiene convencido de quedarse en el poder. Y está el temor a terminar pasando a la historia como un caudillo autoritario, que sólo se diferencia de Chávez porque usa sombrero campesino en lugar de boina roja.

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