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| 6/14/2012 12:00:00 AM

"Uribe nunca quiso discutir cara a cara la ley de víctimas": Cristo

El senador revela detalles desconocidos de cómo se aprobó la Ley de víctimas. Confiesa que al principio no tuvo confianza en que el gobierno Santos apoyara la ley.

La Guerra por las Víctimas no sólo es el estreno del senador Juan Fernando Cristo como periodista. Es un libro en el que el autor de la primera ley que se sancionó en el país con la presencia del secretario de las Naciones Unidas revela todos los detalles de cómo el Congreso, por primera vez en la historia, expidió una ley en favor de las víctimas del conflicto.

El libro será presentado en la mañana de este jueves en Bogotá por el presidente Juan Manuel Santos. En entrevista con SEMANA.COM, Cristo revela detalles inéditos de la ley de víctimas.


-¿Por qué le resultó atractivo revelar detalles de cómo fue esa batalla de cuatro años para legislar por las víctimas?


Una vez aprobada la ley, varios amigos me insistieron en que sería valioso para la memoria histórica del país, para las propias víctimas, escribir cómo fue el trámite de una ley tan controversial y con tanto obstáculo. Es una historia periodística que relata cada uno de los episodios que tuvo que enfrentar la ley. Su origen, las discusiones, las diferencias con el gobierno del presidente Álvaro Uribe, la forma cómo la ley se transformó y el Gobierno hizo aprobar una ley que no cumplía los estándares internacionales, y cómo le ganamos para que esa ley transformada no se aprobara. Relata cómo el gobierno de Juan Manuel Santos recoge la iniciativa y cómo se convierte en una bandera de la Unidad Nacional. Es un relato que de principio a fin cuenta paso a paso cómo se convirtió en una ley histórica. No pretendemos señalar vencedores ni vencidos, ni buenos ni malos, no hacemos juicios de valor. El lector va a encontrar mucha anécdota y mucho cuento desconocido.


-¿Fue difícil cambiar de escribir ponencias técnicas y académicas a escribir un relato digerible para cualquier lector?


Yo tengo alma de periodista antes que de legislador. Recopilé toda la documentación, quise ser muy exacto con fechas y documentos, aunque sin entrar en detalles de las sesiones. Pero hay discusiones muy profundas que había que relatar, por ejemplo, cómo terminaron coincidiendo los dos extremos del espectro político colombiano, la línea dogmática y radical de la izquierda del Polo Democrático y el uribismo recalcitrante, en contra de los principales temas de la ley, un tema que no deja de ser una curiosidad política.

-¿Cuánto tiempo dedicó para sacar el libro?

Me senté un mes frente a un computador. Tuve que salir del país porque era la única manera de hacerlo. Me encerré todo el mes de febrero en un apartamento en Estados Unidos, dediqué ocho horas diarias, y después, entre marzo y abril, me ocupé de precisar datos y fechas y mejorar la redacción.


-Dice que el libro no tiene ningún propósito de ser una cuenta de cobro, pero ¿quién lo decepcionó en los cuatro años en los que esta ley caminó por el Congreso?


El libro es un relato objetivo, no hay juicios de valor ni adjetivos frente al papel que asumieron los personajes de la vida política frente a la ley y frente a las víctimas. El libro le da voz a las víctimas, que fueron las que dieron origen a la ley. Pero en cuatro años de lucha uno encuentra sorpresas agradables y desagradables. Personas que uno espera que tuvieran una posición mucho más jugada en favor de la ley, pero también otras que lo sorprendieron a uno por la forma como se comprometieron con la ley y con las víctimas. Esas sorpresas se encontrarán en el libro. Repito, no se trata de un paredón de buenos y malos, es mejor que los lectores saquen sus propias conclusiones.

-¿Por qué cree que Uribe no se la jugó por la ley?


Uribe desaprovechó la oportunidad irrepetible de avanzar en una ley histórica para el país. Creo que fue un poco de celos políticos por haber sido el Partido Liberal el autor y el gran impulsor de la iniciativa. Es inexplicable porque habría podido tener un protagonismo importante. Pero también jugaron posiciones ideológicas de fondo, puntos en los cuales Uribe no quiso ceder y tampoco nosotros, pero hoy creo que el gobierno Uribe hubiera podido ser más flexible. Faltó mucho diálogo. Nunca tuve la oportunidad de hablar con Uribe sobre el proyecto de ley. Le mandé toda clase de razones y mensajes para que nos reuniéramos y poder explicarle la ley. Pero nunca quiso recibirme. Nunca quiso discutir cara a cara las diferencias frente a la ley. Si nos hubiéramos reunido, Uribe podría haber sido protagonista muy importante de la ley.


Entre las decepciones, ¿dónde ubica al Polo Democrático?


En el caso del Polo siempre entendí y consideré legítima la aspiración a tener una mejor ley, más generosa con las víctimas, con unas indemnizaciones más grandes, que la restitución no sólo fuera de tierras, sino de bienes inmuebles, y que el concepto de víctima fuera más amplio. Pero me parece que se equivocaron políticamente por buscar una ley perfecta. Leyes perfectas no existen, el prólogo de Héctor Abad da una buena explicación a esa equivocación: es el maximalismo de los dirigentes de izquierda que quieren hacer todos los cambios de una sociedad de una sola vez y no entienden que hay que ir paso a paso.


-¿Pensó en renunciar a su propósito de legislar en favor de las víctimas?


No niego que cuando en el 2009 se hundió la ley, y al ver esa actitud tan recalcitrante contra la ley, tan avara con las victimas por parte del ministro del Interior de entonces, Fabio Valencia Cossio, alcancé a pensar que sería una lucha que no llegaría a feliz término. Para las elecciones de marzo del 2010 pensé en no aspirar al Congreso. El único motivo que tuve fue volver a la lucha y a la batalla por sacar la ley. Hubo un momento de duda e incertidumbre -no lo digo en el libro- cuando ganó el presidente Santos, porque era supuestamente la línea política del uribismo. Aunque Santos nunca hizo una expresión en contra de la ley y estuvo ausente de las discusiones, realmente pensé que durante este gobierno no habría posibilidades. Pero vi la luz al final del túnel cuando el entonces director del Partido Liberal, Rafael Pardo, le planteó al presidente Santos incorporar como prioridad el proyecto y el presidente asumió el tema de manera inmediata. Lo mismo que su ministro del Interior, Germán Vargas Lleras.


-Pero, a pesar del respaldo de Santos, el debate no fue fácil y hubo muchos momentos en los que la ley pudo fracasar…


Desde el momento en que el presidente acoge en su agenda, y posteriormente presenta personalmente el proyecto, no tuve duda de que la ley iba a ser una realidad. A partir de entonces lo que tratamos fue de hacer la mejor ley posible y vi que el presidente Santos tuvo siempre una actitud en favor de las víctimas en los momentos cruciales de la ley, como en las discusiones sobre el reconocimiento del conflicto armado, la reparación de victimas de agentes del Estado, la misma fecha de reconocimiento las víctimas. Siempre tuvo una actitud beneficiosa con las víctimas. Desde el primer día en que me reuní con el presidente Santos nunca tuve duda que la ley iba a salir, y que saldría bien.


-Incluso, la ley tuvo alcances inesperados. Es la primera ley en Colombia que reconoce el conflicto. ¿Siempre hubo esa intención?


Nunca fue propósito que la ley reconociera el conflicto. Habíamos llegado a la conclusión de que no era necesario hablar del conflicto para reconocer la reparación a las víctimas. Pero por iniciativa del presidente Santos terminamos dando un paso adelante en algo obvio, que era el reconocimiento del conflicto armado, que lo habíamos ocultado y negado de manera terca y medio absurda en los ocho años del gobierno Uribe.


-Más allá de la reparación y el reconocimiento de las víctimas, ¿qué significado tiene la ley de víctimas para la consecución de la paz?


La Ley de víctimas fue la cuota inicial para un proceso de paz y de reconciliación. No fue un elemento aislado. No fue algo que el presidente Santos acogió del Partido Liberal por satisfacer un interés político ni mucho menos para molestar al presidente Uribe. Es parte de un conjunto de normas, como la del fuero militar, el marco legal para la paz, la reforma a la ley de justicia y paz, y la ley de desarrollo rural, que juntas son un compendio de estrategias de gobierno que tienen un propósito muy claro y es buscar el fin del conflicto en el país.


-La ley es muy ambiciosa y está proyectada para 10 años. ¿Cree que el Estado cumplirá las expectativas de las víctimas?


Soy muy optimista. Lo que se ha hecho en estos cinco meses no tiene antecedentes. Montar tres instituciones en cinco meses, tenerlas funcionando con las autoridades locales, incorporar a las víctimas en el plan de desarrollo, haber expedido los documentos que aseguran la financiación de más de 54 billones de pesos, poner en marcha el plan nacional de reparación, tener una política de protección a las víctimas que están siendo amenazadas por los despojadores…Todos esos son hechos que demuestran que vamos por el buen camino. Falta mucho, pero vamos en la dirección correcta.


-¿Por qué escogió a Héctor Abad y María Jimena Duzán para hacer el prólogo del libro?

Siempre pensé en ellos dos. Son periodistas a los que admiro por su independencia, por su valor, por su conocimiento del conflicto armado y porque saben en carne propia lo que son los rigores de la guerra. A Héctor Abad le asesinaron a su padre a finales de los 80 y María Jimena le mataron a su hermana en el Magdalena Medio. Para mí siempre han sido admirables, como personas que han sufrido la guerra, que han sido víctimas del conflicto, y como periodistas que siguen trabajando por una salida negociada en Colombia, solo con el ánimo de la reconciliación, sin ánimo de odios ni venganzas.


-Hace 15 años mataron a su padre, el senador Jorge Cristo. ¿Sus heridas siguen abiertas o ya cicatrizaron?


Quince años después se termina de procesar la etapa del duelo, pero mentiría si digo que las heridas cicatrizan totalmente. Aún quedan abiertas unas heridas, pero este proceso de la Ley de víctimas ha ayudado mucho la cicatrización del dolor personal. Hace unos días me preguntaban si yo ya había perdonado a los asesinos de mi padre. Dije que no porque no me han pedido perdón y no me han dicho la verdad. Si los asesinos de mi padre dijeran la verdad y pidieran perdón, yo creo que con eso quedaría cicatrizado totalmente. Estamos en el proceso.


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