Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

¿A qué juegan?

Álvaro Uribe es un competidor tan fuerte que parece invencible. Pero ningún candidato se retiró después del fallo.

¿A qué juegan?

La primera reacción al fallo de la Corte que le da luz verde a la reelección inmediata fue la del precandidato liberal Horacio Serpa. Tenía listo un comunicado con dos puntos contundentes: al contrario de lo que afirmaban algunos rumores, mantendrá su candidatura y asumirá un radicalizado programa socialdemócrata con énfasis en lo social. Si se tiene en cuenta que el panorama es favorable a la continuidad de Álvaro Uribe, resulta una paradoja que los aspirantes presidenciales que competirán con el actual mandatario hayan recibido con alivio el fallo. Los David que aspiran a derrotar a Goliat sienten que por fin hay pelea. Les soltaron las amarras. ¿Qué pueden lograr en una batalla que en principio es una crónica con final anunciado? ¿Es vulnerable el presidente Uribe? La campaña de 2006, con Presidente-candidato a bordo, será distinta a todas las anteriores. Aunque Uribe goza de envidiables cartas para jugar, también tiene desafíos y corre riesgos que sus rivales pueden convertir en oportunidades. El mayor es el de adelantar una campaña proselitista efectiva para ganar y ejercer la tutela de las elecciones que le corresponde como jefe de Estado. Con una ventaja tan amplia como la que tiene en el punto de partida, el Presidente tiene que cuidar la legitimidad del proceso y blindarse contra la acusación de que la competencia será desigual. En la Casa de Nariño consideran que la mejor forma de enfrentar el dilema entre competitividad y legitimidad es con una campaña breve y discreta, que no dé pie para que los rivales de Uribe lo señalen por abandonar sus funciones o por ser el favorito de los grandes donantes. Al mismo tiempo, tienen que cuidar la percepción negativa de que 'ya ganó' por las ventajas de tener la sartén por el mango. La verdad es que en un país con los problemas de Colombia, estar en el poder más que una ventaja significa un problema. Ninguno de los antecesores de Uribe habría sido reelegido, pues terminaban desgastados, con la excepción de Alberto Lleras en 1962 y, si acaso, de César Gaviria en 1994. El caso de Uribe es excepcional. El otro desafío para el Presidente consiste en mantener la imagen de renovación. Al fin y al cabo, representa la continuidad y la institucionalidad. "Cuando hay reelección, la campaña se vuelve un examen a fondo sobre la gestión del gobierno", dice el precandidato liberal Rafael Pardo. Hasta ahora, la popularidad de Uribe se debe a su simpatía personal y a la percepción de que su gobierno ha mejorado la seguridad. ¿Pasará el examen en otras materias? ¿Mantendrá su simpatía cuando los demás, todos a una, le busquen un talón de Aquiles? El otro gran interrogante para la campaña uribista tiene que ver con el manejo de la clase política. El Presidente quiere mayorías claras en el Congreso para asegurar la gobernabilidad en el segundo cuatrienio y para eso nombró a Juan Manuel Santos como coordinador de las fuerzas que lo apoyan. Los aspirantes a Senado y Cámara en Cambio Radical, de Germán Vargas; el partido de la 'U', de Juan Manuel Santos; el Partido Conservador, y Equipo Colombia, de Luis Alfredo Ramos, buscarán subirse en el bus uribista para empujar sus votaciones. ¿Le conviene a la campaña de Uribe salir en la foto con la clase política que lo acompaña? ¿Arriesgará su imagen de figura fresca y desafiante del establecimiento tradicional? Los problemas de los competidores de Uribe son aun más difíciles. ¿Cómo construir una identidad en un escenario copado por un gobernante popular? Según Antonio Navarro, candidato del Polo Democrático, sí hay oportunidades. "Uribe representaba en 2002 la prioridad más importante, que era la seguridad. Pero no representa la de 2006, que es lo social", dice. Horacio Serpa complementa: "No es posible que en un país con tantas diferencias sobre lo social y el concepto de democracia, no se exprese la inconformidad contra un modelo de gobierno que no ofrece nada en estas materias". La mayoría de competidores del actual Presidente va a luchar por apoderarse de banderas como la defensa de los desfavorecidos, el combate del desempleo y la reducción de la pobreza. Es el campo en el que peor le va a Uribe en las encuestas y fue la clave para el triunfo de Lucho Garzón en Bogotá. La estrategia de la oposición será reconocerle a Uribe los éxitos en combatir a las Farc -y hasta comprometerse con la seguridad democrática-, pero limitar los elogios a ese campo. En palabras de Antanas Mockus, mostrarle al electorado que no se necesita un antiUribe sino un posUribe, que complemente la exitosa gestión en defensa con programas para mejorar las calidad de vida de los ciudadanos. Los precandidatos independientes (Enrique Peñalosa y Mockus) y los aspirantes liberales y de la izquierda, coinciden en que hasta ahora no ha salido a flote el desencanto frente a algunos aspectos del actual gobierno. Y que se harán visibles con el comienzo del debate. La campaña de 2006 no se limitará a una competencia por la Presidencia. Aunque los candidatos distintos a Uribe guardan una recóndita esperanza de convertirse en el Bill Clinton que en 1992, totalmente desconocido, derrotó al presidente George H. Bush, cuya reelección se daba por segura, saben que es muy probable que el final de la historia sea la reelección de Uribe. Pero les apuntan a otros objetivos. Serpa considera que su presencia en la carrera es una contribución para salvar el Partido Liberal y mantener vigente el proyecto socialdemócrata. Su discurso empezó a radicalizarse y lo hará aun más en las semanas que vienen. "Si uno no se diferencia de Uribe, la gente vota por Uribe", dice uno de sus colaboradores. Peñalosa, desde la curiosa figura de uribista que le compite a Uribe, espera superar sus votaciones anteriores y ganarle a Mockus. No sería raro que algunos de los derrotados en la elección de 2006 terminen de candidatos en 2007 a alcaldías y gobernaciones: el propio Peñalosa, por ejemplo, o Rafael Pardo, podrían buscar la alcaldía de Bogotá, y Andrés González, la gobernación de Cundinamarca, que ya ocupó. González, Pardo, Cecilia López y Rivera aspiran a salir del actual debate, no importa cuál sea su final, con un mayor conocimiento por parte de la opinión pública, con imagen de estadistas y con credencial para la fila india del futuro. Más allá de la mecánica de corto plazo, los David tienen en mente empezar a construir "proyectos de largo alcance, que se puedan convertir en opción de poder más adelante", según Carlos Gaviria, candidato de Alternativa Democrática. La realidad es que el fenómeno que representan Uribe y su segunda candidatura implica un realinderamiento de fuerzas políticas cuyos efectos van a perdurar años. Un centroderecha, encabezado por el actual mandatario, y un centroizquierda cuyo liderazgo se disputan el Partido Liberal y el Polo. No hay que olvidar que la reelección no es la única recién llegada a esta campaña. También la reforma política, que reducirá el número de partidos. Lo anterior significa que la elección para Congreso, el 12 de marzo -el mismo día en que se llevarán a cabo las consultas para escoger los candidatos del Partido Liberal y de la izquierda-, adquirirá una importancia mayor. Si la Presidencia parece definida, la pelea será por buscar las mayorías parlamentarias. Esa es la carta del ex presidente César Gaviria, como director nacional del liberalismo. Sus principales rivales serán el Partido de la 'U', Cambio Radical, el Partido Conservador y la lista única que espera construir la izquierda. Una competencia para alquilar balcón.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.