Domingo, 21 de diciembre de 2014

| 2007/07/14 00:00

Alfonso López Michelsen: Una Semblanza

El biógrafo de López, el profesor canadiense Stephen Randall, es el académico que más ha estudiado su vida. Este es el obituario que escribió para SEMANA.

Con el fin del Frente Nacional los liberales llenaron las plazas con la ilusión de elegir, bajo el liderazgo de López Michelsen, un gobierno de centro izquierda

La sociedad colombiana ha sufrido una gran pérdida con el fallecimiento del ex presidente Alfonso López Michelsen. Profesor de derecho constitucional, senador de la República, fundador y líder del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), gobernador de Cesar, ministro de Relaciones Exteriores, Presidente de la República (1974-1978), candidato presidencial en los años 60 y en 1982, líder del Partido Liberal, escritor e intelectual, el ex presidente fue una de las fuerzas más importantes en la política y en la sociedad colombianas de la segunda mitad del siglo XX y en los primeros años del siglo XXI.

Durante su carrera política se relacionó de cerca con muchos de los más prominentes, y en algunos casos controversiales, individuos de su generación. El Premio Nobel Gabriel García Márquez estaba en su círculo de amistades. Trataba a Fidel Castro tanto en el ámbito profesional como en el personal. Conoció y trabajó con tres presidentes de Estados Unidos: Richard Nixon, Gerald Ford y Jimmy Carter, en temas que iban desde el posicionamiento de Cuba en el sistema interamericano y el emergente problema del tráfico ilegal de narcóticos, hasta uno de los asuntos que más lo apasionaban y comprometían: los tratados del Canal de Panamá. Compartía con Henry Kissinger la visión pragmática y amplia de la política exterior, al igual que la pasión por el fútbol. Durante su Presidencia fue un aliado cercano del general panameño Omar Torrijos en sus esfuerzos por resolver las continuas negociaciones con Estados Unidos sobre el Canal de Panamá. Fue Ministro de Relaciones Exteriores durante la visita del Papa Paulo VI a Colombia para el Concilio Ecuménico de 1968 y luego fue condecorado por el Nuncio Apostólico. Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela, fue al mismo tiempo su amigo cercano y su colega durante los esfuerzos para resolver disputas marítimas y territoriales entre las dos naciones.

Como intelectual y escritor, fue prolífico y provocador. Su bibliografía, que incluye libros y artículos académicos y de prensa, comprende cerca de 800 volúmenes escritos entre los años 30 y la actualidad. Sus publicaciones reflejan su mente, increíblemente versátil; el rango de su curiosidad intelectual, así como su deseo de referirse a los temas más importantes que afectaban a la Nación colombiana y a la sociedad en general. Los temas van desde lo estrictamente académico, como su importante tesis de derecho escrita en los años 30 en la Universidad de Chile sobre ‘La posesión inscrita en el Código de Bello’, hasta la novela Los Elegidos, escrita en los años 50, y su significativo análisis de La estirpe calvinista de nuestras instituciones, así como sus más recientes comentarios de los problemas que enfrentaban Colombia y el mundo. En su columna habitual de los domingos en El Tiempo, López Michelsen se refirió a temas tan diversos como la política petrolera mundial, el cambio constitucional, avances en ciencia y tecnología y el impacto de la globalización.

Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, López y algunos colegas percibieron la necesidad de involucrarse más activamente en la expansión de los medios colombianos. Un resultado fue la creación de la Emisora Nuevo Mundo, de la que López era socio mayoritario, junto con Carlos Sanz de Santamaría. Con los eventos trágicos que siguieron al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en abril de 1948, la emisora bogotana Nueva Granada fue cerrada, lo que dejó a quienes controlaban la emisora La Voz de Antioquia, con sede en Medellín, sin un corresponsal en la capital. Esto le dio la oportunidad a la recientemente establecida Nuevo Mundo para darse a conocer. Con la iniciativa de Sanz de Santamaría se llegó a un acuerdo entre La Voz de Antioquia y Coltejer, la principal empresa textilera de Antioquia, para que el último adquiriera la mitad de las acciones de Nuevo Mundo, que posteriormente se convertiría en Caracol C.S. Su vinculación con el mundo de la radio le produjo muchas satisfacciones, una de las cuales sería la amistad entrañable que entabló hace cuatro décadas con Yamid Amat, la cual duró hasta el final de sus días.

En 1957, antes de regresar de México, López fue nombrado editor de un nuevo semanario, La Calle. En este, en un artículo titulado ‘Ensayo Crítico sobre el Frente Nacional’, sentó las bases de su cruzada contra el concepto de la alternación obligatoria entre liberales y conservadores por un período de 16 años, la cual consideraba un club de los privilegiados. Para él, la idea del Frente Nacional violaba el principio fundamental de una oposición política efectiva en una sociedad democrática. El lema del MRL, ‘Salud, Educación, Techo, Tierra’, encerraba su filosofía política básica. Para él, el poder compartido del Frente Nacional, que excluía alternativas políticas, había llevado al Partido Liberal a alejarse de sus principios doctrinarios.

En 1962, López anunció su candidatura para la Presidencia con la bandera del MRL y en las elecciones alcanzó la impresionante cantidad para ese momento de 730.000 votos, al enfrentarse con el candidato oficial, Guillermo León Valencia quien, apoyado por los dos partidos tradicionales, lo duplicó. Aunque los votos de López fueron declarados nulos por el pacto del Frente Nacional, el apoyo electoral que recibió fue un claro indicio de su carisma y del descontento popular con el arreglo reinante. Ese mismo año fue elegido al Senado por el departamento del Valle, y reelegido en 1966.

Gradualmente, López se reincorporó a la corriente principal del Partido Liberal, y en 1967 aceptó el nombramiento que le hizo el presidente Lleras Restrepo como gobernador de Cesar, que en ese entonces se acababa de crear. En años posteriores, el papel desempeñado en este departamento sería su gran orgullo. Para López, Cesar era la región administrativa que mejor capturaba la esencia de Colombia. “El Cesar es la patria”, dijo en varias ocasiones. El tiempo que él y doña Cecilia pasaron en Valledupar fue para ambos un período feliz y productivo. Entre otros grandes logros, está el establecimiento del Festival de la Leyenda Vallenata, creado en colaboración con el compositor Rafael Escalona, Consuelo Araújo y Myriam Pupo, en 1968.

Como canciller estuvo a favor del reingreso de Cuba al sistema Interamericano y de que se le levantaran las sanciones económicas, pero sólo cuando llegó a la Presidencia, en 1975, Colombia restableció sus relaciones diplomáticas con la isla. Apoyó el reconocimiento de la República Popular China. Buscó activamente la expansión de acuerdos comerciales con países del bloque soviético. Una de sus mayores preocupaciones fue la protección de los derechos de Colombia si Panamá llegaba a tener éxito en la renegociación del tratado del Canal de Panamá firmado en 1903 con Estados Unidos, que fue un difícil proceso llevado a cabo durante su propia Presidencia. Las negociaciones de Panamá, en gran parte sui generis, también reflejaron la amplia meta de López de desarrollar una clara posición de Colombia en el frente caribeño. Además del tema de Panamá, mantuvo una negociación permanente con Venezuela sobre la península de La Guajira y el archipiélago de Los Monjes, así como la negociación con Nicaragua sobre la soberanía del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. No todas estas metas se cumplieron durante su período presidencial, pero en todas las instancias contribuyó ampliamente a que se resolvieran.

Entre la controvertida elección presidencial de 1970 y la de 1974, fue construyendo lentamente su base electoral, compuesta no sólo por quienes lo habían seguido durante la época del MRL, sino también por un rango de liberales decepcionados de su partido y por votantes independientes que anhelaban el fin del Frente Nacional y que deseaban iniciativas políticas significativas para enfrentar los retos sociales y económicos de Colombia en el momento. El resultado fue una victoria aplastante sobre el candidato conservador Álvaro Gómez Hurtado, y la candidata de Anapo, María Eugenia Rojas.

De los más de cinco millones de votos que se registraron en esas elecciones, López recibió el 56 por ciento (2.929.719), comparado con el 31 por ciento de Gómez y el 9 por ciento de María Eugenia Rojas. El margen de la victoria de López justificó que su plan de gobierno se llamara ‘El Mandato Claro’. Usando los poderes de emergencia que le otorgaba la reforma constitucional de 1968, se enfocó en reducir la inflación y el gasto público, detuvo el crecimiento de las exportaciones, especialmente de los alimentos esenciales de la canasta familiar, y redujo subsidios al sector exportador. Los esfuerzos de Colombia por alejarse de una política económica proteccionista, promover la libre empresa y el aumento de la inversión extranjera fueron vanguardistas en América Latina, mucho tiempo antes de las ‘aperturas’ de finales de los años 80 en países como México. López tuvo una visión hacia el desarrollo y habló de su deseo de convertir a Colombia en el Japón de América Latina.

Su plan de desarrollo se tituló ‘Para cerrar la brecha’, y algunas de las medidas que se tomaron lograron hacerlo parcialmente. Por ejemplo, establecer que las empresas reconocieran intereses sobre las cesantías de los empleados. Uno de sus logros más desconocidos pero de mayor alcance fue el de igualar el salario mínimo rural con el urbano. Durante los años del Mandato Claro, las medidas que se tomaron incluyeron un esfuerzo para aumentar la productividad agrícola y llevar un mayor porcentaje de la economía rural al mercado abierto a través del Programa de Desarrollo Rural Integrado (DRI). Las reformas tributarias, especialmente las que tenían que ver con impuestos personales y empresariales, fueron las más dramáticas de todas estas iniciativas iniciales.

Otras áreas que fueron prioridad según los compromisos adquiridos durante la campaña electoral fueron: reducción a 18 años de la edad legal para votar; reforma del Código Civil para asegurar la igualdad legal de la mujer; negociación de un nuevo tratado con el Vaticano con el fin de facilitar la legalización del matrimonio civil y el divorcio; reorganización de un sistema de reforma agraria para crear entidades independientes encargadas de la redistribución de la tierra y el uso del agua. Con este fin, sacó una costilla al Incora: el Instituto de Hidrología, Meteorología y Adecuación de Tierra (Himat). También buscó ampliar la oferta de empleo, aumentar el número de niños con acceso a la educación pública y mejorar la cobertura de los servicios de salud en todo el país. Fortaleció el papel del Estado en los sectores petrolero y financiero, donde exigió que los bancos extranjeros tuvieran dueños colombianos. Desafortunadamente, la filosofía de “cerrar la brecha” fue hasta cierto punto frustrada por la estrechez de los créditos y la reducción del gasto público en programas de seguridad social, así como por el persistente problema de la inflación.

De manera memorable, sobre todo para un presidente latinoamericano a mediados de los años 70, empezó su discurso hablando del papel que seis mujeres profesionales interpretaban en su gobierno, y añadió que su gobierno estaba orgulloso de sus iniciativas para hacer posible el matrimonio civil y el divorcio. Muchos años más tarde le contaría a su biógrafo que quería ser recordado ante todo por traer la igualdad legal a las mujeres en Colombia.

Los análisis que se han hecho de sus políticas económicas le trajeron aplausos en los años siguientes (Ver siguiente artículo). Reconoció que muchos de los retos permanecían, incluidos la batalla contra la inflación, la revisión del Código Laboral, el control del terrorismo, una mayor regulación sobre los monopolios económicos, el llamado a una “pequeña constituyente” que reforzara el federalismo dentro del sistema político colombiano y el aumento del nivel de la producción petrolera. Él personalmente consideraba que el mayor logro de su gobierno fue haber garantizado la autosuficiencia energética durante una generación. Esto fue posible gracias a la reactivación de la exploración petrolera que estaba prácticamente extinguida, y que se revivió a través de los contratos de asociación y de la garantía de precios internacionales para los socios extranjeros. En cuanto al carbón, se firmaron los contratos para el desarrollo del Cerrejón que condujeron a exportaciones del mineral que hoy ascienden a 2.500 millones de dólares. Si a esto se suman los más de 4.000 millones de dólares que produce el petróleo en la actualidad, se podría afirmar que esas dos medidas le cambiaron el destino al país al generar alrededor de 7.000 millones de dólares anuales.

En cuanto a su política internacional, la prioridad de López fue Panamá. Con el apoyo del presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, su administración concluyó el Acta de Panamá con el presidente Omar Torrijos. Este documento le garantizó a Colombia la continuación de su derecho al tránsito a través del Canal, enunciado en el tratado Urrutia-Thompson, una vez que Panamá llegara a un nuevo acuerdo con Estados Unidos. En 1977 el presidente López viajó a Washington invitado por el presidente Carter para participar en la firma del tratado Torrijos-Carter sobre la vía marítima.

En 1982 se dejó tentar por la reelección y aceptó de nuevo la candidatura presidencial de su partido. López agitó el trapo rojo con el lema “La paz es liberal”. Sin embargo, esa campaña pareció algo sectaria y no tuvo el dinamismo ni generó el entusiasmo de la primera. El hombre del mandato claro ya no representaba la renovación sino el continuismo. El cambio lo encarnaba más bien su rival conservador, Belisario Betancur, con su imagen de hombre de pueblo y su atractivo eslogan “Sí se puede”. Y las banderas de la renovación las tenía el joven y enérgico Luis Carlos Galán, que contaba con el apoyo de los antilopistas encabezados por los dos ex presidentes Lleras, lo cual dividió al partido y le entregó el triunfo a Betancur.

Después de 1982, López siguió siendo una fuerza en la política colombiana, especialmente en el Partido Liberal. Los Presidentes posteriores buscaban su consejo permanentemente, sin importar su filiación política. Lo mismo hacían otros líderes políticos. Como ex presidente hizo parte de la Comisión Asesora del Ministerio de Relaciones Exteriores. Desde los años 80 y hasta su muerte escribió y comentó sobre prácticamente todos los temas nacionales y globales que surgieron en el mundo. El calentamiento global y el desarrollo de combustibles alternativos; terrorismo y derechos humanos; divorcio y medicinas para todos; Fidel Castro y Hugo Chávez; música y literatura.

Nunca tuvo dudas para expresar su opinión, lo mismo en sus escritos que en sus intervenciones públicas, y sin importar si sus puntos de vista eran políticamente impopulares. Muchas veces lo eran. En un país donde las elites suelen armonizar como mecanismo de autodefensa, López era siempre la nota discordante. A diferencia de la mayoría de los políticos, sus opiniones nunca eran lugares comunes y no se caracterizaban ni por la prudencia ni por la diplomacia. Esa actitud le valió altibajos en sus relaciones tanto con sus antecesores como sucesores en la Presidencia de la República. Y es que López Michelsen fue siempre un provocador, preparado para hacer que sus contemporáneos cuestionaran su curso de acción en temas tan controversiales como el intercambio humanitario entre el gobierno y las Farc, que fue no sólo la ilusión, sino también la obsesión de sus últimos años de vida.

Hace algún tiempo D’artagnan sugirió en El Tiempo que López Michelsen era el colombiano vivo más importante del siglo pasado. Esa conclusión estaba completamente justificada en su momento, y ahora, con su muerte, los colombianos tendrán una oportunidad de reflexionar sobre los extraordinarios logros que Alfonso López Michelsen consiguió para sus vidas, en los ámbitos de la política, la economía y el intelecto.

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