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| 7/24/2005 12:00:00 AM

Cómo fue el negocio

A pesar de la intención de proteger a los accionistas minoritarios, los últimos detalles sobre su suerte aún no se han definido.

El negocio que convirtió a la familia de Julio Mario Santo Domingo en propietaria del 15,1 por ciento de las acciones de la multinacional surafricana SABMiller se podría haber hecho sin tener en cuenta a los accionistas minoritarios. Sin embargo, tanto la Superintendencia de Valores, como la familia Santo Domingo y SABMiller tenían interés en que el proceso no dejara víctimas. La idea era aproximarse más a lo que sucedió con la compra de Coltabaco por parte de Phillip Morris -que dejó a todo el mundo satisfecho- que a la transacción entre el Banco de Colombia y el BIC, que desató un cúmulo de pleitos legales. Por eso, entre las condiciones del negocio se convino que SabMiller convocaría voluntariamente una Oferta Pública de Adquisición (OPA) una vez se aprobara la operación, con el fin de comprarles sus acciones a los 41.000 minoritarios, al mismo precio (19,48 dólares) al que se pactó el intercambio accionario entre SABMiller y BevCo LLC, la holding cervecera de la familia Santo Domingo. Desde el principio se descartó incluir a los accionistas minoritarios dentro del intercambio de acciones con SABMiller. Esa opción les implicaría aceptar la cláusula que prohibía venderlas por un período de cinco años, además de la dificultad práctica que conlleva para un colombiano ser accionista de una sociedad que transa sus acciones en Londres y tiene domicilio en Sudáfrica. A pesar de las buenas intenciones, habría tenido presentación dejar que esa decisión la tomaran los propios minoritarios, en lugar de imponérsela en forma paternalista, como sucedió. En todo caso, el aumento del precio en las acciones de SabMiller en Londres, de alrededor de 10 por ciento, equivalente a 2.200 millones, y la disminución del precio de la acción en Colombia en esa misma proporción, han dejado claro que esa decisión tuvo implicaciones económicas. Los minoritarios no saben cuánto tiempo van a tener que esperar a que se realice la OPA. Y aunque saben el precio al que les van a comprar (19,48 dólares), no tienen certeza sobre cuántos pesos van a recibir por dólar. Existe la posibilidad de que la tasa de cambio se afecte por los 1.400 millones de dólares con que SABMiller espera comprar esa participación, con lo cual el ingreso en pesos de las acciones minoritarias disminuiría. Si bien la compañía ha anunciado que estudia medidas, junto con el gobierno, para que esto no suceda, la incertidumbre no se ha disipado. Fuera de esta situación, en términos generales el negocio es bastante claro. La operación se cerró por 7.800 millones de dólares, de los cuales 3.500 millones de dólares en acciones de SABMiller le corresponden a la familia Santo Domingo; 1.400 millones de dólares irán a la compra de las acciones de los minoritarios en Colombia, y 1.000 millones de dólares, a los minoritarios que tiene la empresa en Panamá, Ecuador y Perú. Los 1.900 millones de dólares restantes corresponden a la deuda de Bavaria. El haber logrado obtener 7.800 millones de dólares por el negocio es resultado de una estrategia fríamente calculada, en la que los Santo Domingo diversificaron el portafolio con la compra de las cervecerías de Panamá (2001) y Perú (2002), y completaron así su presencia en cuatro mercados principales, ya que tenían inversiones en Ecuador desde 1982. El problema que enfrentaba Santo Domingo es que Colombia sola no era suficientemente atractiva para los grandes jugadores internacionales. El país, percibido en el exterior en permanente guerra civil, daba para ofertas de alrededor de siete veces el Ebitda, aun tratándose de la empresa de mayor potencial de crecimiento en el país. Si bien individualmente Perú y Ecuador tenían el mismo riesgo, fue una estrategia genial haberlas empaquetado. Así, Santo Domingo logró que en países del Tercer Mundo y percibidos como de alto riesgo, se pagara un múltiplo de país desarrollado. Eso justifica por sí solo el alto precio que pagó Bavaria por las cervecerías de Perú y Panamá. Aunque vendió por un poco menos de ese precio en esos mercados, la valorización que le dio a Bavaria Colombia compensaba más que ampliamente ese sobreprecio. La búsqueda del socio Para la familia Santo Domingo, el precio, aunque importante, no era el factor decisivo. Era igual de trascendental el cónyuge que la dote. El objetivo siempre fue mantenerse en el negocio cervecero, pero accediendo a una empresa que insertara a Bavaria en las grandes ligas y garantizara su supervivencia en un negocio que se ha caracterizado por las consolidaciones en el nivel mundial. Los tres interesados inicialmente fueron Scottisch & NewCastle, Heineken y SABMiller. El primero en retirarse fue Scottisch & NewCastle, pues consideró que con la fusión, Bavaria podría acabar de dueña de la cervecería inglesa. Heineken estuvo metida a fondo en el negocio hasta último momento. Sin embargo, al final, en forma sorpresiva decidió no presentar oferta. No sólo el precio de su acción estaba muy bajo para efectos del intercambio, sino que la estructura de control de la familia se ponía en peligro con el ingreso de un socio del tamaño del Grupo Santo Domingo. Charlene Heineken, la única heredera familiar de la empresa, con el 25 por ciento de las acciones, controla a través de una holding el 51 por ciento de los votos. Para mantener ese control absoluto después del ingreso de la familia Santo Domingo, se requeriría una inversión de 1.000 millones de dólares. Esa fue la razón por la cual, a último momento, la cervecera holandesa no presentó oferta, a pesar de haber tenido un equipo de alrededor de 50 personas trabajando durante casi un año en el tema. Sólo quedaba el que desde el principio se perfilaba como el mejor socio: SABMiller. Se trata de una compañía sudafricana que combina su experiencia de crecimiento en países del Tercer Mundo (casi el 48 por ciento de su Ebitda se genera en estas regiones), con la sofisticación del mercado financiero londinense, donde tiene inscritas sus acciones. Hasta el momento, la presencia de SabMiller en la región estaba concentrada en Centroamérica, donde tiene plantas en Honduras y El Salvador, y sólo el 4 por ciento de su Ebitda se generaba en esta zona. Pero con la fusión con Bavaria, se estima que América Latina aportará el 21 por ciento del Ebitda del grupo, mientras que Estados Unidos y Europa le generan, cada uno, el 16 por ciento. El bloque de mayor importancia para ellos sigue siendo África. La estrategia de crecimiento de SABMiller es muy clara. Tener presencia en mercados en desarrollo, donde existe todo el potencial de incrementar el consumo per cápita de cerveza. En contraste con la proyección de la industria cervecera, que se calcula crecerá 2 por ciento en los próximos cinco años, el crecimiento que se espera para la región andina es el doble. Esto confirma el valor estratégico que tenía para la multinacional hacerse al mercado andino, y al de Panamá, al fusionar su holding con BevCo, para quedarse con el control de Bavaria. Cambio de liga Si a SabMiller la operación con Bavaria le abre las puertas a uno de los mercados de mayor dinamismo, a Santo Domingo lo convierte en el accionista número dos de la segunda cervecera mundial en volumen, después de InBev, y de la segunda en rentabilidad, después de Anheuser Busch. El 15,1 por ciento de participación del Grupo sólo es superado por Altria (Philip Morris) que, con la emisión de acciones que se hará para concretar el negocio entre las dos cervecerías, reduciría su participación del 36 al 29 por ciento (en acciones con derecho a voto tiene el 24,9 por ciento). Aunque el porcentaje de Altria es casi el doble que el del Grupo Santo Domingo, el hecho de que el primero sea un inversionista institucional le da mucho juego a la familia colombiana. Tendrá dos de los 13 puestos de la junta directiva mundial, representados por Alejandro Santo Domingo y Carlos Alejandro Pérez. Estos serán nombrados vicepresidentes de la junta regional que supervisará las operaciones en América Latina. Obviamente, conservarán sus puestos en la junta directiva de Bavaria. En todo caso, además de oficio, la familia tendrá jugosas utilidades. Las ganancias de SABMiller el año pasado fueron de 2.400 millones de dólares. Con los 1.000 millones de dólares que se espera aporte Bavaria, el total se acercará a los 3.400 millones de dólares. Si las utilidades antes de impuestos el año pasado ascendieron a 2.200 millones de dólares, se podría proyectar que la porción de la familia Santo Domingo superará los 300 millones de dólares. En cuanto a dividendos, el último pago fue de 0,38 dólares por acción. Si se le aplicara este mismo cálculo al número de acciones de los Santo Domingo, recibirían cerca de 90 millones de dólares anuales. El negocio tiene evidentes ventajas para Bavaria. La más importante, tal vez, es el costo de financiación. Por el riesgo país que tiene Colombia, el costo promedio de los créditos ascendía alrededor de 9 por ciento. A una multinacional como SABMiller, los bancos le prestan a una cifra cercana a la mitad de esa tasa de interés. Esa diferencia en costos financieros tiene un peso muy importante en la competencia internacional y hace más rentable la compañía. También hay beneficios grandes por concepto de economías de escala. La compra de materia prima, como la cebada, tiene un costo diferente dependiendo del volumen. Una cosa es comprar 40 toneladas de un producto básico, y otra cosa es comprar 200. Este mismo ahorro se aplica también a la compra de maquinaria y equipos. Aunque los grandes negocios en Colombia siempre despiertan suspicacia, la verdad es que la familia Santo Domingo tuvo la oportunidad de cobrar una prima de control y no lo hizo. Es muy difícil que en un negocio de esta naturaleza existan arreglos por debajo de la mesa. Las normas de transparencia de la bolsa londinense y las sanciones que conlleva violarlas significan que lo que se le ha presentado al público corresponde a la realidad. Como era de esperarse, muchos ya especulan que con la fusión entre Bavaria y SABMiller se podría llegar a repetir la historia de Águila con Bavaria. Es muy poco probable. Una cosa es pasar del 15 por ciento al 75 por ciento de la participación en una empresa en un país subdesarrollado como Colombia en los años 60, con un mercado de valores poco regulado. Otra, muy diferente, es hacerlo en un país desarrollado en el siglo XXI, en uno de los mercados más transparentes y sofisticados del mundo en materia financiera. Basta pensar que para aumentar la participación en 5 por ciento en SABMiller, Santo Domingo tendría que invertir cerca de 1.000 millones de dólares, para darse cuenta de que las dos situaciones no son comparables. Además, con cerca de 4.000 millones de dólares invertidos en una sola empresa, no es seguro que el mejor negocio sea seguir poniendo huevos en esa canasta.
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