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| 4/8/2006 12:00:00 AM

¿Cuándo renunciará?

El delator del escándalo del DAS revela a SEMANA los últimos secretos que tenía guardados. El consulado de Jorge Noguera en Milán es insostenible.

La denuncia hecha ante la Fiscalía por el ex director de informática del DAS Rafael García, es la punta del iceberg del escándalo más grave que ha vivido el país desde los tiempos del Proceso 8.000. Los informes de la semana pasada de las revistas SEMANA y Cambio -que recogían las indagatorias de García ante la Fiscalía- muestran que el DAS no sólo estaba completamente infiltrado por los grupos armados, sino que se había convertido en una patente de corso de poderosos paramilitares y narcotraficantes. Según García, el director del DAS, Jorge Noguera, tenía al organismo de inteligencia más importante del país al servicio de los más buscados criminales de Colombia. Y hay más. SEMANA habló en exclusiva con este testigo clave, y sus acusaciones ponen a cualquiera con los pelos de punta.

Revela cómo se hizo el fraude electoral en la Costa Atlántica en las elecciones del Congreso y en las presidenciales de Álvaro Uribe en 2002. La estrategia consistió en la compra de los registros electorales de cuatro departamentos y la utilización de jurados en cada mesa para suplantar los votos de las personas que no acudieron a las urnas. SEMANA pudo comprobar que esto ocurrió por lo menos en varios municipios del Magdalena y de Bolívar .

Aunque la noticia sobre la escandalosa infiltración de los paramilitares en el DAS no es nueva, el grado de corrupción y control de éstos y sus aliados narcotraficantes supera los límites de la imaginación. García relata cómo funcionarios de esa entidad previnieron al capo del norte de Valle, Diego Montoya, sobre una posible operación policial en su contra. También cuenta cómo se borraban los nombres de extraditables y otros delincuentes de las bases de datos del DAS. Varios de los episodios que narra García fueron confirmados independientemente por SEMANA .

Una de las denuncias más escalofriantes es la existencia de una lista de sindicalistas y académicos que habría sido elaborada por el DAS y entregada a grupos paramilitares. SEMANA pudo confirmar que varias de las personas señaladas en esa lista fueron asesinadas, incluido el profesor Alfredo Correa de Andreis.

Las declaraciones de García no se limitaron a la política colombiana. Habló de conspiraciones de Noguera contra gobiernos de países vecinos y en especial Venezuela. Le otorga credibilidad al testimonio de un paramilitar detenido en Venezuela, quien denunció una presunta participación de funcionarios del DAS en el crimen del fiscal Danilo Anderson. SEMANA conoció que las autoridades judiciales venezolanas han expresado interés a la Fiscalía colombiana sobre la posibilidad de hablar con García sobre este tema.

Fraudes electorales. Narcoparas. Escuadrones de la muerte. Conspiraciones internacionales. Ejércitos privados sin control. La gravedad de estas denuncias debe poner en alerta al país. Estos episodios ya no se reducen a funcionarios que se echan el agua sucia o a simples manzanas podridas. Son abundantes los indicios de una toma criminal del organismo de inteligencia más importante de Colombia.

¿Cómo se llegó a estos extremos? ¿De dónde salió el señor Jorge Noguera para dirigir el DAS? ¿Quién lo recomendó? ¿Cómo es posible que Noguera hubiera durado tres años al frente de la entidad cuando desde hacía cerca de dos años se hablaba de los excesos que se estaban cometiendo? Y, peor aún, ¿cómo es posible que Noguera, después de salir del DAS al conocerse de la penetración de los paramilitares, haya sido nombrado cónsul en Milán?

La reacción del gobierno ha sido emitir un escueto comunicado donde resalta la pulcritud del nuevo director, Andrés Peñate -¿a diferencia de su predecesor - y descalifica a García por estar en la cárcel y por haber sido denunciado por el mismo Noguera. En diálogo con semana, el cónsul de Colombia en Milán negó todas la imputaciones. Acusó a García de "mentir" y de buscar beneficios de la Fiscalía con testimonios falsos. También dice que lo que quiere su ex director de informática y otrora amigo, es venganza.

Es cierto que García no es ninguna pera en dulce. Está siendo investigado por la Fiscalía por modificar las bases de datos del DAS y, como lo revelan sus mismas denuncias, fue testigo y posiblemente partícipe de varios delitos. Pero ese hecho por sí sólo no deslegitima la magnitud de sus acusaciones. Sobre todo cuando varias ya han sido comprobadas. No es gratuito que el nuevo director del DAS haya descabezado a su llegada a cinco directores regionales. Por eso sorprende que no pase nada. Por ejemplo, que el señor Noguera siga representando al gobierno colombiano en el exterior. ¿Quién asumirá la responsabilidad política del peor escándalo del DAS en su historia?

En primer lugar, le cabe una gran responsabilidad al Presidente. Quizás el primer mandatario no estuviera enterado de lo que pasaba. Cosa que también es bastante grave. Pero el DAS es el organismo de inteligencia de la Presidencia y su director debe ser de la absoluta confianza del Presidente. ¿Qué pasó, entonces?

Hasta ahora las cosas se vislumbran como un desatino de Uribe -muy lamentable para el país- a la hora de escoger a la persona para dirigir este organismo. Pero hay también quienes empiezan a elucubrar teorías conspirativas que parecen más cercanas a la ficción que a la realidad. Lo cierto es que estas acusaciones llegan a enrarecer un ambiente cargado de suspicacias y temores en torno al proceso de desmovilización y negociación con los paramilitares y en momentos en que algunos críticos del gobierno ya hablan de la configuración de un Estado mafioso.

Es inverosímil que no haya mayor responsabilidad en las altas esferas del gobierno sobre a quién se nombra en cargos clave en el país en materia de seguridad. Hay demasiado en juego para improvisar en este campo.

Lo del DAS bajo el mando de Noguera no es presentable ni aquí ni en Cafarnaum. La justicia tiene que investigar y esclarecer los hechos lo más rápidamente posible. Y el gobierno debe reconocer la gravedad de la situación y adoptar las medidas necesarias. El país ya atravesó el tortuoso camino del proceso 8.000 y sufrió los nefastos coletazos para su estabilidad institucional. Lo que pasó en política durante Samper no puede ocurrir en seguridad durante Uribe. Y en ambos episodios, los tentáculos siniestros del narcotráfico, siguen conspirando corrompiendo y matando.
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