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| 4/10/2005 12:00:00 AM

EL Eje Fidel Chavez

La influencia de Cuba en Venezuela va mucho mas lejos de lo que los colombianos sospechan.

Hugo Chávez dice que Fidel Castro es su hermano mayor. Pero en realidad el Presidente venezolano es su sucesor; el heredero político que con el petróleo mantiene viva la mecha de la revolución en América Latina.

Una revolución que aunque diferente a la cubana porque es posguerra fría y en un país petrolero, ha sustituido a las élites, aspira a cambiar el modelo económico y tiene rasgos autoritarios. Una revolución del siglo XXI.

Como Fidel, el venezolano es mesiánico, un pastor que derrota enemigos para conducir a su rebaño hacia la tierra prometida. El líder cubano siente que encarna a Martí. Chávez retoma los sueños de integración latinoamericana de Bolívar. Con discursos casi tan largos como los del ex guerrillero, promete refundar a Venezuela como se lo propuso Castro 40 años atrás. Y la retórica antiyanqui -aunque Estado Unidos le compra toda la gasolina y es de lejos su principal cliente petrolero- es cada vez más marcada desde que dijo haber comprobado que Bush estaba detrás del golpe del 11 de abril de 2002, cuando fue sustituido durante un día por el empresario Pedro Carmona.

"Chávez aspira a ser su heredero político y apuesta a representar, adaptado a los tiempos, el papel de pope de la izquierda, cuida su imagen en el continente, en las reuniones presidenciales toma posiciones rebeldes, busca el aplauso popular, quejándose de la ineficacia de los 'summits' latinoamericanos", escribe el analista venezolano nacido en Cuba, Fausto Masó, en su libro Los amantes del tango, un ensayo sobre Castro y Chávez.

Chávez y Fidel se conocieron en La Habana el 14 de diciembre de 1994. El presidente Rafael Caldera acababa de invitar a Caracas a unos líderes del exilio cubano y en desquite, Castro recibió en Cuba, como jefe de Estado, al teniente coronel recién salido de la cárcel tras el fracasado golpe de 1992.

Después de esa visita se mantuvieron en contacto y desde que fue elegido presidente en 1998, Chávez visita al cubano con frecuencia y manifiesta a viva voz su admiración por él. Cuando Fidel cumplió 75 años, Chávez celebró por todo lo alto su cumpleaños en Venezuela. Como símbolo de su "compromiso con la lucha" le obsequió el fusil que portaba a los 17 años y lo condecoró con la Orden de Angostura. "Para que viva la Revolución Cubana tiene que vivir la Revolución Bolivariana", dijo Fidel, agradecido. Tenía por qué estarlo. Desde 2000, Venezuela le vende 53.000 barriles diarios de crudo a Cuba con una financiación muy favorable ( dos años de gracia para amortizar el capital y 15 para pagar los pagarés con un 2 por ciento de intereses) a cambio de bienes y servicios cubanos a bajo costo, como médicos, entrenadores deportivos, asistencia en el campo agrícola, educativo, turístico y tecnológico. El subsidio petrolero venezolano significa tal sostén para la isla, que cuando los cubanos ven el barco petrolero aproximándose al malecón de La Habana comienzan a gritar emocionados: "Llegó el barco de Chávez". Saben que en días circularán de nuevo los buses cada media hora, en vez de cada cuatro, y que los racionamientos de luz se suspenderán por un par de semanas.

En cambio, la llegada de miles de médicos cubanos y entrenadores deportivos a Venezuela causó gran preocupación en el vecino país. Los medios alertaron sobre el peligro de una "cubanización". Sucedió lo contrario: hubo varias deserciones de médicos cubanos que optaron por 'venezolanizarse'. Hasta el momento -según la oposición- unos 100 médicos han abandonado el programa y escapado al control del gobierno cubano.

Lo cierto es que en Venezuela nadie quiere emular a los cubanos. En una encuesta nacional realizada por la firma de consultoría Datanálisis, ante la pregunta de '¿cuál es su posición a que Venezuela tome como ejemplo el régimen de Fidel Castro?', nueve de cada 10 personas dijeron estar en contra o muy en contra.

Chávez ha dicho que el comunismo cubano no funcionaría en Venezuela. Su socialismo del siglo XXI aspira a trascender el modelo capitalista. Pero quizá porque con los recursos del petróleo -que cuando Chávez llegó estaba a ocho dólares y ahora ronda los 58- alcanza a repartir a los pobres sin quitarles a los ricos, el gobierno ha respetado la propiedad privada, salvo por algunas expropiaciones a latifundistas y su vista gorda a ciertas invasiones de fincas y edificios. Tampoco está interesado en desincentivar las inversiones extranjeras, que ya de por sí han caído, según la Cepal. La estatal petrolera ha reservado 10.000 millones de dólares para contratos de explotación de pozos marginales, de extracción de crudo pesado y de reservas de gas que irán a multinacionales de Estados Unidos.

"No hay peligro de que acabemos con la propiedad privada", aclaró a SEMANA el vicepresidente José Vicente Rangel . "El socialismo del presidente Chávez concilia la función planificadora del Estado con el sector privado".

El espíritu de Fidel se refleja es en la política. Chávez llegó al poder en Venezuela encarnando al outsider, al provinciano de Barinas, hijo de maestros pobres, de piel oscura y modales toscos, al don nadie que se enfrenta contra un sistema bipartidista, derrotado y decadente, monopolizado por Copei y Acción Democrática.

Chávez, símbolo de la antipolítica, es el representante de los excluidos. Con Chávez los más pobres -los desharrapados- adquieren un verdadero protagonismo político. Como los indígenas de Evo Morales en Bolivia, los piqueteros en Argentina, los Sin Tierra de Brasil, se sienten con una participación que jamás habían tenido en los destinos del país. Además creen que Chávez, siendo uno de ellos, gobierna para ellos.

Durante sus primeros años, Chávez mantuvo a su electorado cautivo con un carismático estilo de gobierno marcado por el contacto con el pueblo y un discurso cargado de resentimiento contra el poder establecido. Pero con una inflación superior al 27 por ciento en 2003, un creciente desempleo, el bolívar devaluado y una economía que en 2002 cayó 8,9 por ciento y en 2003, 7,6 por ciento, Chávez seguramente habría perdido el poder si no fuera por la asesoría de Fidel.



Las misiones de Fidel

En su momento más crítico, Fidel le dio el consejo que necesitaba: las misiones. Así lo narró el mismo Presidente en un taller de planeación estratégica con sus alcaldes y gobernadores chavistas, recién elegidos en noviembre de 2004: "Un encuestador internacional vino a mitad de 2003 (...) fueron a Palacio y me dieron la noticia bomba: 'Presidente, si el referéndum fuera ahorita usted lo perdería'(...) Entonces fue cuando empezamos a trabajar con las misiones, diseñamos aquí la primera y empecé a pedirle apoyo a Fidel. Le dije: 'Mira, tengo esta idea, atacar por debajo con toda la fuerza', y me dijo: 'Si algo yo sé es de eso, cuenta con todo mi apoyo'. Y empezaron a llegar los médicos por centenares, un puente aéreo, (...) y a buscar recursos, aquí la economía mejoró, organizar los barrios, las comunidades (...) y entonces empezamos a remontar en las encuestas y las encuestas no fallan (...) No hay magia aquí, es política (...)", dice la trascripción.

Las misiones y una miope campaña de la oposición, que no logró articular un mensaje alternativo ni un liderazgo claro, salvo para el nefasto paro que quebró al país, garantizaron el triunfo de Chávez en el referéndum revocatorio y su permanencia en Miraflores durante dos años más. Nadie duda de que también arrasará en 2006.

Las misiones, financiadas por los ingresos superavitarios de la petrolera Pdvsa -que está ganando 10 dólares diarios por barril por encima del presupuesto- son programas de subsidios a los más pobres para garantizar su acceso a vivienda, salud, nutrición, alfabetización y proyectos productivos. Proporcionalmente al aumento del gasto social -que pasó de menos de 40 millones a 1.700 millones de dólares en 2004- ha crecido el amor por Chávez en los barrios populares. Es fervor puro.

El barrio El Cementerio, en el sur de Caracas, está construido sobre la ladera de una montaña. La mayoría de las casas son de material, pero los techos tienen goteras y a las paredes les hace falta el pañete. Varios son inquilinatos y seis casas fueron arrasadas por las inundaciones de febrero. La pobreza es patente. Aun así, los habitantes de El Cementerio están dedicados de tiempo completo a la Revolución Bolivariana.

León Oswaldo Fonseca, el coordinador zonal del Movimiento Quinta República, el partido de Chávez, es el líder de la Unidad de Batalla Electoral (UBE), el nuevo nombre de los Círculos Bolivarianos. Y como tal, trabajó sin descanso antes del referéndum convenciendo a sus vecinos de salir a votar por Chávez. "Se consiguieron muchos votos", dijo. Cuando le pregunté por la votación de la oposición, contestó que fue nula. "Los sacamos a piedra", agregó Xiomara Ñañez, miembro del comité de agua, que decide los recorridos de las cisternas. "Aquí la oligarquía no puede entrar. En cambio, si el Presidente me ordena que vaya gateando, yo voy".

El ejemplo de Ñañez es revelador. Había perdido la vista de joven y Chávez se la devolvió. A través del comité de salud del barrio salió elegida para viajar a Cuba. Allí fue sometida a tres operaciones -gratis- y ahora, después de muchos años, siente que volvió a nacer. "Chávez es lo mejor que Dios nos ha mandado". En este barrio la gente habla del Presidente como si fuera el mismo Mesías. Algunas familias, incluso, tienen altares con su foto.

En la casa de alimentación de El Cementerio unas mujeres preparan con las raciones distribuidas diariamente por el gobierno el almuerzo y la cena para las 150 personas más necesitadas del sector, según el censo elaborado por los controladores sociales, quienes también fueron entrenados en Cuba. Los demás pueden comprar a bajo costo en los supermercados estatales Mercal, donde se vende la canasta familiar a la mitad de precio gracias a que el gobierno eliminó a los intermediarios. Hay más. La mitad del barrio está estudiando y recibiendo un pago por ello. Fonseca y su mujer están en la Misión Robinson en cuarto de primaria. Él, que ronda los 40 años, abandonó la escuela de chico porque su familia no tenía dinero y se dedicó a cargarle los talegos a la gente en Barquisimeto. "Sólo ahora le agarré estímulo al estudio, dice. La historia de Venezuela que nos enseñan es la verdadera historia de Venezuela". Fonseca ha aprendido, por ejemplo, que la oligarquía de su país traicionó al Libertador Bolívar.

Estas misiones han logrado incorporar a dos millones de venezolanos y aspiran a cubrir a otros siete millones. Por eso la ONU declarará a Venezuela territorio libre de analfabetismo en 2005. Sin embargo, las misiones tienen problemas. De los 27 alumnos que empezaron clases con Tania Bandrix, la facilitadora de la Misión Ribas en El Cementario, desertaron 10 en un año. Muchos van a cobrar los 160.000 bolívares (75 dólares) de bonificación y luego no van a clase. Lo mismo sucede con la Misión Vuelvan Caras: a la gente le interesa más el subsidio que la capacitación. La misión más exitosa es la de Barrio Adentro con los médicos cubanos, que funciona como una consulta familiar en cada barrio. "Con Chávez ganamos por 'nocaut", me dijo una joven que esperaba en el consultorio de El Cementerio un control de embarazo. Otras mujeres llevaban a sus niños con gripa y salían agradecidas con la droga gratis.

Los críticos de las misiones dicen que desinstitucionalizan al no depender del ministerio del ramo sino de Pdvsa o del gobierno cubano, en el caso de las misiones médicas; que son un despilfarro de los ingresos petroleros pues no ayudan a superar de manera estructural la pobreza; que las campañas de alfabetización son estrategias soterradas de adoctrinamiento para reescribir la historia nacional, que sólo sirven para conseguir votos, etc. Todo eso puede ser verdad. Pero Chávez cree que la forma de erradicar la pobreza no es ejecutando programas diseñados por tecnócratas sino dándoles poder a los más necesitados, y las misiones empoderan a los pobres. Y mientras más poder tienen ellos, más tiene Chávez. Con su gobierno apuntalado en las misiones en el país, y en el exterior en una política que apunta a la integración suramericana a partir del uso estratégico del petróleo, Chávez ha ganado el tiempo y la legitimidad internacional para consolidar su revolución.

Durante los primeros cinco años acabó de facto con la separación de poderes. En la política venezolana sólo juega su Movimiento V República: sustituyó el Congreso bicameral por una Asamblea Nacional en la que las decisiones se toman por mayoría simple y el chavismo tiene absoluta mayoría. El fiscal es el ex vicepresidente de Chávez y tras ampliar el número de magistrados del Tribunal Supremo, el sistema judicial terminó plenamente al servicio de la 'revolución'. Esta especie de "apartheid' político" -como lo denomina Teodoro Petkoff, director del diario Tal Cual- ya ha cosechado varios casos de persecución judicial contra enemigos políticos del régimen. Al abogado Tulio Álvarez lo condenaron por difamación por denunciar el robo de fondos de la caja de ahorro de la Asamblea Nacional durante la gestión del senador William Lara; lo mismo le sucedió al locutor Napoleón Bravo por "instigación al odio" contra el nieto del vicepresidente. El chavismo también controla el poder electoral y la Contraloría. "No hay poderes de contrapeso", dice la analista Elsa Cardoso.

En estos años, Chávez no sólo ha concentrado el poder sino que también ha sustituido por completo la élite política. "Los viejos partidos quedaron pulverizados", dijo Nicolás Maduro, presidente de la Asamblea Nacional. Maduro es un digno representante del nuevo poder: era un chofer de metro y fue ascendiendo en el movimiento sindical hasta alcanzar el máximo cargo del Legislativo.

"Toda la gente es diferente ahora, explica la politóloga Ana María San Juan. Los nuevos políticos provienen del movimiento social; otros, de las Fuerzas Armadas y los más jóvenes, de la izquierda radical".

Los partidos tradicionales Acción Democrática y Copei habían entrado en una crisis profunda desde los años 80, y en gran parte gracias a ello salió elegido Chávez, quien les dio un entierro de tercera.

Sin embargo, como el mismo Chávez lo admitió en la reunión con los gobernadores, si bien han cambiado las personas, no han cambiado las prácticas.

Venezuela sigue siendo un petroestado, y cada vez más pues las inseguridad que Chávez le ha metido al sistema económico, unida al paro petrolero de tres meses liderado irresponsablemente por la oposición en diciembre de 2002 han debilitado por completo la empresa privada. Sigue siendo una sociedad rentista que vive -cada vez más- de las dádivas del Estado. Y les ha devuelto el poder a los militares, quienes salvo por los últimos 40 años de democracia, gobernaron el país. "Lo nuevo en Venezuela es la democracia. Lo viejo es la autocracia", dijo Ramón J. Velásquez, ex presidente de Venezuela y uno de los mejores historiadores del país.

Unos 60 militares ocupan altos cargos de poder. Además del Presidente, más de la mitad de los gobernadores son militares, la mayoría de embajadores -incluido el de Colombia- y varios de los ministros. Aunque varios ya están retirados, operan bajo una lógica de obediencia debida, y los espacios de disenso en la esfera pública se han ido cerrando. La oposición es vista y tratada como un enemigo y la política, como una guerra. "No es suficiente para nada destruir el viejo régimen en los hechos. No es suficiente que tengamos 21 gobernadores de 23 y la alcaldía mayor y la mayoría de las alcaldías del país. Cualquiera pudiera decir ganamos, ¡gloria! No, para nada. Apenas somos un ejército desplegado en batalla (...) La nueva batalla profunda está comenzando, el enemigo está intacto", dijo Chávez a los gobernadores.

Esa percepción de la oposición como enemigo ha llevado a que, por ejemplo, todos aquellos que firmaron a favor del referendo sean tratados como parias. Desde que el congresista Luis Tascón publicó las listas del Consejo Electoral en Internet, los que firmaron a favor de la revocatoria de Chávez comenzaron a encontrar trabas para comprar dólares, renovar su cédula, sacar pasaporte, obtener un puesto en el Estado o hacer negocios con el gobierno. La discriminación llegó a tal punto que las empresas tuvieron que reemplazar sus juntas directivas con gente de fachada que no hubiera firmado. El vicepresidente Rangel reconoció que esta situación estaba mal. "Si queremos reconciliar a la sociedad no podemos usar ese recurso", dijo a SEMANA.

El problema es que la intención de reconciliar a los venezolanos no es muy clara. Es cierto que después del referendo la polarización ha cedido y que muchos en la oposición se han resignado. Los medios de comunicación de la oposición -beligerantes en contra de Chávez- les han bajado el tono a sus editoriales después de la reciente expedición de la Ley Resorte, que penaliza con varios años de cárcel difamar al Presidente, incluso en privado. Pero el odio social está ahí. Chávez lo instiga en sus discursos con frases como "el que tenga un latifundio es como el que tenga un carro robado", y la gente lo repite en la calle y en los cientos de emisoras chavistas que ahora proliferan en el país. Venezuela es una nación resquebrajada. "Todos tenemos una marca en la frente: revolucionarios o escuálidos", dice Rafael Osío, un periodista que, como muchos otros profesionales, está deprimido con el resentimiento que percibe a su alrededor. "Ya no puedes apostarle tu vida a este país. Lo que construyas te lo pueden quitar".

En la Esquina Caliente, una de las más céntricas y revolucionarias de Caracas, dos hermanas compran un calendario de Chávez y una boina como las que él utiliza. "Somos las mujeres del Presidente", dicen, riéndose. Y denuncian los intentos de la gente del este, "los oligarcas", por sabotear la revolución. Arquímedes Franco, líder de la Fuerza Motorizada Bolivariana, va más allá. Cuenta que muchos de los 1.800 mototaxistas de Caracas forman parte de la red de inteligencia popular, que desde la clandestinidad se prepara para enfrentar a quienes pongan en peligro el proceso revolucionario. "Necesitamos una rebelión popular dentro de la revolución", dijo. Los motorizados y otros grupos radicales abogan para que sea el pueblo directamente -y no los políticos del MVR- el que decidan los destinos de la nación. El protagonismo de las organizaciones de base y de grupos extremos de izquierda es uno de los mayores desafíos que enfrenta Chávez. Los pobres se han tomado en serio la promesa que les hizo el Presidente de una democracia de participación popular y durante las pasadas elecciones regionales exigieron una mayor injerencia en la selección de los aspirantes a cargos de elección popular.



El futuro

Aunque Estados Unidos ha ido endureciendo su posición frente a Venezuela, los millonarios contratos petroleros con las multinacionales estadounidenses siguen pesando a favor de una política de tolerancia. La Unión Europea tampoco ha dado muestras contundentes de rechazar el autoritarismo de Chávez. Por eso muchos piensan que si la revolución bolivariana tiene algún freno, éste vendrá de adentro, de la masa chavista. Implosionará. Posiblemente no sucederá mientras el precio del petróleo siga por las nubes y el dinero siga fluyendo hacia los cerros de Caracas y de las demás ciudades. ¿Pero qué pasará cuando baje?

Hasta ahora los únicos verdaderamente beneficiados por las políticas del Presidente son los del estrato E, el más bajo, cuyos ingresos promedio han pasado de 325.000 bolívares a entre 425.000 y 500.000 bolívares. Todos los demás indicadores, pese al chorro de dinero que ha entrado al país por la bonanza petrolera, han empeorado. Aunque la economía creció un impresionante 18 por ciento el año pasado, es sólo el equivalente de lo que había caído los dos años anteriores. Además -según un análisis de Datanálisis- el crecimiento está montado exclusivamente sobre el gasto público y no sobre la inversión privada. La pobreza bajó hasta 2001, pero después del paro se disparó y hasta hoy ha aumentado 10 puntos desde cuando Chávez asumió el poder. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 1999 el índice de pobreza era de 42,8 por ciento. Ahora, según el mismo INS, es de 53 por ciento. Lo mismo pasa con el desempleo: lo recibió en 11 por ciento y según datos oficiales, está en 15 por ciento. La devaluación acumulada del bolívar en los últimos seis años es cercana al 300 por ciento y la inflación, la más alta de Suramérica. Pero quizás el mayor problema es que -según el último reporte de Datanálisis- "el gobierno central está expandiendo el gasto más allá del límite". En 2004, el gobierno gastó todos los meses -salvo uno- por encima de sus ingresos.

Ante una eventual caída del precio del petróleo, el gobierno tendría dos escenarios: una grave crisis fiscal o una revuelta social. Los pobres estarán armados, pues ya han entrenado en Cuba a más de 15.000 reservistas, escogidos dentro de los líderes de los barrios, y serán ellos quienes reciban parte de los 100.000 fusiles comprados hace poco por el Presidente (ver recuadro).

En este improbable escenario de la caída del petróleo, Chávez tendría que profundizar su revolución no mediante los petrodólares como ha hecho hasta ahora sino a través de la represión. Entonces Venezuela se parecería, ahí sí, a Cuba. Y no sería precisamente "ese mar de felicidad" hacia donde anticipó Chávez que las "dos naciones nadarán juntas".
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