Viernes, 20 de enero de 2017

| 2004/07/04 00:00

El triunfo de la humildad

La hazaña del Once Caldas demuestra cómo la perseverancia permite obtener triunfos que parecían imposibles.

Este instante ya es historia. Juan Carlos Henao acaba de contener el disparo de Cángele. Caldas es campeón de la Copa Libertadores de América. Henao, fundamental en la hazaña del Caldas, fue proclamado el mejor arquero del torneo.

Hace cuatro meses la sola idea parecía una locura. ¿Once Caldas campeón de la Copa Libertadores? Sin embargo, con el paso de los primeros partidos la locura se volvió insensatez (chao Vélez Sarsfield, adiós Barcelona de Guayaquil), luego la insensatez tomó la forma de un "podría ser" (atrás quedaba eliminado nada menos que el Santos de Pelé, subcampeón de la edición anterior de la Copa), el podría ser se volvió "¿y por qué no?", tras el empate sin goles en la primera semifinal ante el flamante Sao Paulo, bicampeón del torneo, en el mítico estadio Morumbí. Entonces, del por qué no se pasó al ferviente deseo después del golazo de Agudelo que eliminó al Sao Paulo y llevó al Once a la final. ¡Once Caldas en la final de la Copa Libertadores!

Una cosa era estar allí y otra pensar en ganarla. Enfrente estaba Boca Juniors, el favorito de todos, el cinco veces campeón que había ganado tres de los últimos cuatro torneos. Pero los hinchas del Once Caldas ya no creían en estadísticas, en historia, en abolengos. Y tras el empate sin goles en el partido de ida en el estadio de La Bombonera volvieron propio el eslogan de la campaña presidencial de Belisario Betancur en 1982. "Sí se puede". De tanto repetirlo vieron con sus propios ojos cómo se hacía realidad aquella locura inimaginable de comienzos de 2004.

El golazo de Viáfara en el minuto siete del primer tiempo, la actitud del equipo ante el embate y el gol del empate de Boca, y la insólita y a la vez electrizante definición con lanzamientos desde el punto penal le permitieron al Once Caldas obtener el título de clubes más importante del continente y por el que le tocará enfrentar, a final de año, al Porto de Portugal en la última edición de la Copa Intercontinental, que se jugará en Yokohama.

Once Caldas, campeón de la Copa Libertadores. El título tiene dueño y nombre propio: el técnico Luis Fernando Montoya, el grupo de jugadores, los dirigentes y seguidores del equipo. Pero también es un triunfo que considera propio un país que se siente muy bien representado por el cuadro de Manizales.

El sentimiento va mucho más allá de una simple simpatía pasajera. Es como si este equipo sencillo, humilde y callado mostrara el camino para encontrar la luz detrás de un túnel. Caldas ganó esta Copa con una nómina modesta, sin estrellas rutilantes. La obtuvo sin sobrarle nada. Con angustia. Con grandes limitaciones ofensivas. Pero también con determinación, con lealtad, sin apelar a trucos ni a tácticas turbias. El técnico sacó el máximo provecho de los recursos limitados de que dispuso y, ladrillo a ladrillo, armó un edificio que hoy enorgullece a Colombia y provoca admiración en todo el continente.

La inmensa mayoría de los colombianos se identifican con el equipo de Manizales por otras razones. Es un club chico que por lo general siempre ha despertado simpatías. Tiene un prestigio histórico (no siempre refrendado en la cancha) de jugar bien al fútbol, de haber sido escuela de grandes futbolistas. Es una escuadra que no polariza al país como sí lo hacen otros clubes poderosos como Nacional, América o Millonarios. Además, tiene el 'plus' de que el equipo lo integran jugadores que provienen de La Guajira, Atlántico, Sucre, Bolívar, Antioquia, Risaralda, Tolima, Valle, Cauca, Nariño... casi todas las regiones de Colombia tienen uno o más representantes en su nómina.

Cuento de hadas

La del Caldas no es una hazaña cualquiera. Por primera vez en la historia del torneo un equipo chico de un país suramericano que no es potencia mundial (léanse Brasil, Argentina y Uruguay) gana la Copa Libertadores de América. Hasta la fecha sólo tres equipos chicos se habían alzado con el trofeo: Estudiantes de La Plata (1968, 1969 y 1970), Argentinos Juniors (1985) y Vélez Sarsfield (1994), todos de Argentina. Y el equipo chico de país 'no histórico' que más cerca estuvo de lograr la hazaña del Once Caldas fue Cobreloa, de Chile, subcampeón en 1981 y 1982.

En sus inicios, a las finales de este torneo, por lo general accedían equipos de las tres potencias históricas y de tarde en tarde se arrimaba algún grande de Paraguay (Olimpia en 1960), Perú (Universitario de Deportes en 1972) y Chile (Colo Colo en 1973 y Unión Española en 1975). El primer equipo no argentino, brasileño o uruguayo en ganar la Copa Libertadores fue Olimpia de Paraguay y esto ocurrió en 1979, casi 20 años después de haber comenzado el torneo. El segundo en lograrlo fue Atlético Nacional, 10 años después, en la primera final de la historia en la que no participaron equipos de las tres citadas potencias, pues su rival fue Olimpia. Esta racha de finales entre equipos de países chicos se prolongó, pues en 1990 el campeón fue Olimpia y en 1991 Colo Colo, de Chile, y los subcampeones fueron Barcelona, de Ecuador, y el propio Olimpia.

Desde entonces los campeones fueron todos argentinos o brasileños, y los demás países, aunque muy activos pues jugaron varias finales, tuvieron que conformarse con los subtítulos de Universidad Católica de Chile en 1992, Nacional de Medellín en 1995, América de Cali en 1996, Sporting Cristal de Perú en 1997, Barcelona de Ecuador en 1998, Deportivo Cali en 1999 y Cruz Azul de México en 2001. Sólo en 2002 volvió a coronarse campeón un equipo no brasileño, uruguayo o argentino: Olimpia de Paraguay, que superó a Sao Caetano, un chico de Brasil. A Once Caldas también le queda la gloria de ser el primer chico en ganarle en la final a un grande de Argentina.

Un largo camino

El Once Caldas tuvo que pasar las duras y las maduras para consagrarse uno de los grandes del continente. Su prehistoria comenzó en 1930, cuando se conformó el Once Deportivo, equipo que participó en el primer campeonato profesional, en el que se clasificó noveno entre 10 participantes, a 12 puntos del campeón Santa Fe. En 1949 también fue noveno, en 1950 fue 15 entre 16 y en 1951, su último año en el profesionalismo, tampoco pudo abandonar los últimos puestos.

Mejor suerte corrió su otro antecesor, el Deportes Caldas, fundado en l940 y que en 1948 ocupó el tercer lugar, fue cuarto en 1949 y un año después, en pleno apogeo de Eldorado, se proclamó campeón. En 1951 cambios en la nómina debilitaron al equipo y, al igual que el Once Deportivo, desapareció. Los dirigentes fusionaron los restos de ambos cuadros y nació el Deportivo Manizales, que jugó intermitentemente en los campeonatos de 1952, 1954 y 1958. Sólo a finales de 1959 renació con fuerza el fútbol profesional en Manizales con una solución salomónica: el nuevo equipo, fusión de sus antecesores, se llamó Once Caldas, que debutó oficialmente en 1961.

Durante los 60 consolidó su prestigio de jugar bien al fútbol, pero esto jamás se tradujo en títulos. En 1971 estuvo a punto de desaparecer por razones financieras y lo salvó el patrocinio de la Industria Licorera de Caldas. Pasó a llamarse Cristal Caldas. En 1979 cambió de patrocinador y su nuevo nombre de pila fue Varta Caldas. Cuatro años más tarde volvió a llamarse Cristal Caldas.

En 1986 llegó Francisco Maturana, quien con un equipo de 'puros criollos', fue sensación y clasificó al octogonal final. En 1987 Maturana se fue al Atlético Nacional y a la Selección Colombia. Problemas administrativos lo llevaron a un estado de anarquía que se resolvió en 1991 con un nuevo patrocinio, y el equipo pasó a llamarse Once Philips hasta que dos años después recuperó su verdadero nombre. En 1998 el Once Caldas participó en la Copa Conmebol, su primera incursión en un torneo internacional, en la que derrotó al Santos de Brasil en Manizales. Un año después debutó en Copa Libertadores y goleó en Manizales a River Plate 4-1, pero no logró superar la primera ronda. En 2001 terminó tercero en una gran campaña y clasificó a la Copa Libertadores de 2002.

En 2003 el nuevo técnico Luis Fernando Montoya empezó con pie derecho. Encontró un equipo base desde la primera fecha y esto le dio contundencia al conjunto y le permitió disputar la final del campeonato, instancia en la que enfrentó al Junior. En Barranquilla consiguió un empate sin goles y el 8 de junio, en el estadio Palogrande, el Once Caldas se coronó campeón, con un gol de Sergio Galván Rey. Había pasado 53 años desde la hazaña de su antecesor el Deportes Caldas. Ahora, la euforia de esta Copa Libertadores con final feliz. (Ver recuadro).

La consagración del Once Caldas, más que un triunfo deportivo, es toda una metáfora que le cae de perlas a un país que se siente condenado a padecer problemas en apariencia imposibles de resolver.

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