Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Habla Santofimio

Desde La Picota, se refiere a Pablo Escobar y a la acusación que lo vincula al magnicidio de Luis Carlos Galán.

Habla Santofimio

Hace tres décadas, cualquiera se habría imaginado que un encuentro con Alberto Santofimio, cuando llegara a los 63 años que tiene hoy, habría sido en el Palacio de Nariño o en calidad de ex presidente. No era fácil prever que la vida de este tolimense que desde muy joven tuvo credencial VIP de presidenciable del Partido Liberal transcurriría, a partir de entonces, más en cárceles que en el Congreso. Desde hace siete meses se encuentra en el pabellón de máxima seguridad de La Picota, al sur de Bogotá. Un lugar de reclusión construido para los más peligrosos delincuentes, que ni siquiera tiene que ver con las casas-cárcel a las que normalmente han enviado a los políticos empapelados por la justicia. Para llegar hasta su fría celda donde no hay teléfono, computador ni televisión, hay que atravesar seis puertas, superar varias requisas, estampar dos veces las huellas dactilares y dejar a la entrada celulares, billeteras y llaves. Adentro, en una pequeña habitación con tonos de hospital, se encuentra un Alberto Santofimio que no es ni sombra del alegre y fogoso dirigente de otras épocas. Su figura es sombría, habla despacio y su rostro refleja el sufrimiento del encierro, de la contingencia de tener que pasar allí el resto de su vida y de los 12 kilos de peso que ha perdido. Se le nota la angustia que le produce la antesala de la decisión que debe producir la Fiscalía antes del 22 de diciembre sobre su llamamiento a juicio como autor intelectual del magnicidio de Luis Carlos Galán. Este es su tercer carcelazo. En 1995 pagó condena por recibir dineros del cartel de Cali, en el proceso 8.000. Y en los 70, por falsificaciones en documentos oficiales de la Cámara de Representantes, cuando ejerció la presidencia de la corporación. Ninguna de las anteriores detenciones tuvo condiciones tan duras como la actual. Los cargos que se conocen contra el ex ministro, y que justificaron su detención por la Fiscalía de Luis Camilo Osorio, se basan fundamentalmente en tres testimonios. El de 'Popeye', que ante la Fiscalía y en un libro recientemente publicado dice que fue testigo de una reunión en la que Santofimio le dijo a Pablo Escobar "matálo", refiriéndose a Galán. Otro del ex congresista del Quindío Carlos Alberto Oviedo, un condenado por homicidio. Y uno más de Pablo Elías Delgadillo, hoy muerto, quien afirma que le escuchó a Orlando Chávez Fajardo -posteriormente también asesinado- que Santofimio había participado en el crimen. El ex ministro basa su defensa en la poca credibilidad de quienes han prestado testimonios, por sus antecedentes o porque están muertos. Desde cuando fue recluido en La Picota, Alberto Santofimio no había dado ninguna declaración. SEMANA lo entrevistó en forma exclusiva. SEMANA: ¿Usted tuvo que ver con el asesinato de Luis Carlos Galán? Alberto Santofimio: Absolutamente nada. Así se ha demostrado plenamente en 16 años de investigación, bajo distintos fiscales. He sido un hombre de paz, ajeno a la violencia y las únicas armas que he esgrimido en mi vida han sido la palabra, las ideas y la pluma. SEMANA: Entonces ¿por qué 'Popeye' lo sindica, después de tantos años, de presionar a Pablo Escobar para que se llevara a cabo dicho magnicidio? A.S.: El testimonio de 'Popeye' no es creíble, no sólo por su personalidad criminal, por haber confesado su participación en más de 700 asesinatos, sino por su práctica permanente de la mentira, en distintos procesos judiciales. Por ejemplo, él confesó ante la Fiscalía que cuando hicieron el intento de asesinar a Galán en Medellín, Escobar le dio la orden de falsificar una cédula a nombre de Pacho Herrera y comprar con esta un carro en Armenia para inculpar a Herrera del atentado. Luego, 'Popeye', además de criminal, es mitómano. SEMANA: ¿Por qué? A.S.: Afirmó en el año 2005, contradiciendo todas sus versiones anteriores durante 16 años, que no me había mencionado antes en lo relacionado con la muerte de Galán porque Escobar no lo dejaba que hablara de ese tema. Resulta que Escobar murió en 1993 y 'Popeye' rindió ante la Fiscalía versiones sobre el asesinato de Galán en 1994, 1996, 1997 y 2001. Entonces, ¿cómo podía un muerto impedirle que hablara? SEMANA: 'Popeye' dice que le tenía miedo al poder suyo... A.S.: Otra enorme mentira. Resulta que en 1996 yo había renunciado a mi curul de senador, estaba privado de la libertad por el proceso 8.000 y carecía por tanto de todo poder político. Pero, además, el fiscal general de la Nación era Alfonso Valdivieso Sarmiento, primo hermano de Galán. ¿Cómo puede decir entonces 'Popeye' que en ese momento no tenía garantías ni protección para decir lo que sólo vino ahora a inventarse? El fiscal Valdivieso, por obvias razones, le hubiese ofrecido garantías, beneficios y protección para que hubiera declarado en mi contra. Esta es otra de las tantas mentiras de 'Popeye', como todas las que trae su libro en relación con muchas personas a las que nadie, sin embargo, ha judicializado. SEMANA: Pero usted tiene que reconocer que en el mundo de la mafia los delatores son de la mafia. No son las señoras de sociedad las que atestiguan en la Fiscalía. A.S.: Una cosa es delatar y otra cosa es inventar versiones para esconder a otros mafiosos. Además, la justicia no depende sólo de informantes, sino de pruebas. Y un testimonio de un informante tiene que ser corroborado por la justicia. En ninguna parte del mundo el testimonio de un informante es considerado una prueba definitiva si no puede ser plenamente demostrada en una investigación. SEMANA: Haciendo caso omiso a los tecnicismos jurídicos, ¿cómo explica que 'Popeye' haya decidido después de tanto tiempo echarle a usted ese muerto? A.S.: En el alma de los criminales natos asustan y suceden los peores imposibles. Pero, según lo dicho por él mismo 'Popeye', él fue presionado por la periodista que le escribió el libro al judicializar sus afirmaciones contra mí para que ella y los editores no corrieran riesgos de demandas. Adicionalmente, tuvo que moverlo el interés económico en vender su libro asociándolo previamente a un escándalo. Y vaya Dios a saber qué clase de ofrecimientos pudo recibir de mis enemigos y del propio fiscal Luis Camilo Osorio. SEMANA: Usted ha salido en varias fotos con Pablo Escobar. ¿Cómo fue exactamente su relación con él? A.S.: Escobar se inició en la política respaldando a Galán en 1982. Luego, éste desautorizó la lista a la Cámara de Jairo Ortega en la cual figuraba Escobar como suplente. Ahí apareció la irreconciliable enemistad entre ellos dos, radicalizada por el tema de la extradición y por la valerosa lucha de Galán contra el narcotráfico y la influencia de los carteles en la sociedad colombiana. A pesar de la expulsión, salieron elegidos al Congreso, y decidieron apoyar la candidatura presidencial de López Michelsen e ingresaron al oficialismo liberal. En esa campaña conocí a Escobar, ya en su condición de representante a la Cámara, como lo conocieron y trataron en esa época los políticos, los congresistas, los periodistas y la clase dirigente, en general. SEMANA: Pero en esa época ya se conocían antecedentes de Escobar... A.S.: No señor, en ese momento era un representante a la Cámara que se movía en los ambientes políticos y sociales hasta el punto de haber asistido como delegado de la Cámara de Representantes a la elección de Felipe González, como jefe del gobierno español en 1982. De este acto son las famosas fotografías donde aparecen también Enrique Santos Calderón y Pepe Dominguín. Ninguno de ellos se sentía con Al Capone. SEMANA: Pero sí era Al Capone y en Medellín mucha gente lo sabía. A.S.: No lo sé. Simplemente era político, parlamentario y presumía de benefactor y líder cívico. Si sus paisanos conocían sus antecedentes, por esos días no lo manifestaban. SEMANA: ¿Pero usted fue amigo de Escobar? A.S.: Amigo personal, jamás. Lo que tuve con él fue una relación política de mayo del 82 a agosto del 83. A raíz de la derrota de la candidatura de López Michelsen, se formó en el Congreso un movimiento independiente que yo lideraba, llamado Alternativa Popular, al cual adhirieron Jairo Ortega y Escobar como representantes a la Cámara por Antioquia. La relación sólo duró un poco más de un año. SEMANA: ¿Por qué? A.S.: Cuando aparecieron en El Espectador las primeras denuncias sobre los vínculos de Escobar con el narcotráfico, y de la existencia de investigaciones judiciales en Colombia y en el exterior contra él, viajé a Medellín y en presencia de Ortega le entregué una carta para que la firmara retirándose del movimiento para enfrentar las investigaciones. Escobar me respondió airado y enfurecido que no aceptaba consejos ni órdenes porque él tomaba sus propias decisiones. Ante su empecinada actitud, procedí a expulsarlo. La revista SEMANA publicó en 1994, hace 11 años, una crónica del periodista Fernando Álvarez en la que se cuenta que a raíz de la expulsión en el círculo más cercano a Escobar discutieron los planes para asesinarme. SEMANA: Sin embargo, en su libro 'Popeye' afirma que usted fue a visitar a Escobar en la clandestinidad, después de esa fecha. A.S.: Eso es totalmente falso. Después de la expulsión en 1983, jamás volví a verle. No hay nadie en Colombia que pueda confirmar esta fantasiosa y mendaz aseveración. Ni una fotografía, ni una grabación, ni una declaración en la investigación que lo haya confirmado. Porque, además, es inverosímil que seis años después de la ruptura y de sus amenazas de muerte, fuera yo a ser tan estúpido de meterme de la mano de un sicario desconocido, a una guarida, burlando el cerco de las autoridades. Esto es inverosímil. Por mi condición de precandidato presidencial, en esa época siempre estuve escoltado por miembros de la Policía. SEMANA: Descartemos, en aras de discusión, lo de 'Popeye'. ¿Cómo explica el otro testimonio en contra suya, del ex parlamentario Oviedo? A.S.: Ese testimonio de oídas de Oviedo, con versiones provenientes también de personas muertas, es tan inverosímil como inexplicable. Seguramente obró así por la coincidencia y la amistad mutua en su trajinar carcelario que lo llevó a querer servirle de soporte a la confabulación de su amigo para decir mentiras. Oviedo y 'Popeye' enviaron un fax conjunto y luego varias comunicaciones firmadas por los dos a la Fiscalía, con el mismo propósito. Se trata entonces de una asociación para mentir y buscar dividendos económicos. El señor Oviedo es experto en falsificar pruebas, tiene incongruencias en su relato propias de un mentiroso y en la actualidad se encuentra purgando una elevada condena por múltiples homicidios. SEMANA: ¿Qué motivo podía tener Oviedo para hacerle daño a usted? A.S.: Lo desconozco. Porque de él no he sido ni amigo, ni enemigo. Lo vi, circunstancialmente, dos veces en el aeropuerto de Armenia y no pasamos de un distante saludo. Todo lo que sé de él lo conoce la opinión nacional por los medios de comunicación. SEMANA: Hay otros testimonios. 'El Espectador' del domingo pasado hizo referencia a un señor Delgadillo, esmeraldero o informante, que habló de Hernando Durán Dussán y de usted relacionándolos con el tema de la muerte de Galán. A.S.: No se trata de ninguna novedad. Las versiones de este sujeto ya habían sido desechadas por la Fiscalía en la época de Valdivieso y Gómez Méndez, porque el propio declarante dijo que no le constaba nada, que todo lo había sabido por los medios de comunicación y por un señor Orlando Chávez, que ya estaba muerto. La versión de este testigo, como todas las otras contra mí, comienza y termina con las palabras de un muerto. Todos parecen discípulos de Juan Rulfo, en su novela Pedro Páramo, donde sólo hablan los muertos. Además, ¿quién puede imaginarse a un hombre tan respetable, probo y serio como Hernando Durán Dussán viajando conmigo a una reunión de asesinos y sicarios para planear el crimen contra Luis Carlos Galán? Esto no lo cree absolutamente nadie. En ese momento, Durán estaba aliado con el grupo de derecha 'Morena' y yo tenía una alianza electoral en el Tolima, con la Unión Patriótica y el Partido Comunista, representantes de la izquierda. Luego no coincidíamos ni siquiera en lo político. Éramos el agua y el aceite. SEMANA: Pero volvamos a una pregunta anterior. ¿No es raro que varias personas quieran hacer daño con la misma acusación? A.S.: Desde 1989 ha existido una especie de aparato parajudicial, pretendiendo presionar a la Fiscalía y tratando de desviar a su antojo la investigación. Por eso, no coinciden en el señalamiento de los protagonistas, ni en las versiones, ni en los sitios, ni en los escenarios, ni en los partícipes. Es la reiteración por 16 años de rumores. Todo nutrido de mentiras, de "me contaron" y "me dijeron" y con el común denominador de tener como fuente personas muertas. A ninguno directamente le consta nada cuando tiene que declarar bajo la gravedad del juramento. 'Popeye' fue el único que tuvo la temeridad de decirlo. Además, con un lenguaje que quienes me conocen saben que yo no utilizo jamás. SEMANA: ¿Se refiere usted al "matálo Pablo"? A.S.: Imagínese usted. Los tolimenses tenemos un modo de expresión tranquilo, lento y opita, muy distante del énfasis sicarial de los violentos, de lamentable uso en otras regiones. Además del lenguaje, ¿a quién se le ocurre pensar que Escobar, un capo de capos que le gustaba mandar y no obedecer a nadie y que odiaba visceralmente a Galán, necesitara insinuaciones de alguien para asesinarlo? Esto es como afirmar que Hitler necesitó consejos para ordenar el exterminio de los judíos, cuando ese odio lo llevaba en su sangre y esa era su obsesión, como la de Escobar era Galán, por cuenta de la extradición y de sus enfrentamientos de vieja data. SEMANA: Reconozca que Santofimio no es una mansa paloma. Usted había estado en la cárcel dos veces más, la primera por los contratos de la Cámara cuando usted fue presidente de la misma. Y luego por el proceso 8.000. A.S.: Lo de la Cámara fue una investigación por los contratos con estudiantes recomendados de los congresistas. En este episodio, el Tribunal Superior de Bogotá me absolvió y declaró mi inocencia, hace más de 25 años. Es cosa juzgada. En cuanto al proceso 8.000, no tiene sentido revivir esa polémica, pero debo anotarle que no sólo dije siempre la verdad, sino que le di la cara a la justicia, cancelé la multa que se me impuso y cumplí la pena de la privación de la libertad. Pagué mi equivocación. Además, con el retiro definitivo del Senado, después de 28 años de presencia ininterrumpida. Fue un costo enorme el que me significó este grave error de mi vida pública. Yo respondo con valor por mis actos, pero lo que no puedo es responder por lo que jamás he hecho. SEMANA: Muchas personas no creen su versión de que nunca volvió a ver a Escobar y consideran posible que usted le hubiera puesto de presente que si Galán llegaba a la Presidencia, lo extraditaría. Puede que usted no lo haya convencido, pero puede haber estado enterado. A.S.: Esta pregunta es absurda por varios factores. Como lo dije en anteriores respuestas y lo publicó varias veces SEMANA desde 1983, expulsé a Escobar y me amenazó de muerte. Obviamente, jamás volví a verlo. En segundo lugar, porque de un hecho que nunca existió, y que por tanto es imposible probar, no puede surgir ninguna realidad. En tercer lugar, porque si el propio Galán reiteraba públicamente que extraditaría a Escobar y a los carteles, era un hecho notorio de conocimiento de todo el mundo, por tanto no requería de ninguna información mía para que lo conociera alguien. Además, desde hace años se estableció la autoría intelectual del magnicidio en cabeza de Escobar y Rodríguez Gacha. Se requiere, entonces, resucitarlos a ellos para que digan que su decisión de realizar el crimen fue por insinuación de alguien. Además, en la ley no existe la figura absurda de determinador de determinadores. SEMANA: ¿Pero usted fue contradictor político de Luis Carlos Galán? A.S.: Sí, como también lo fueron López Michelsen, Durán Dussán, Samper, William Jaramillo, Jaime Castro y muchos jefes regionales del liberalismo, en aquella época. Pero, una cosa es ser rival político de alguien y otra bien distinta tener relación con un plan criminal para asesinarlo. Ahora, por ejemplo, Gaviria, López Michelsen, Serpa, Navarro son enconados enemigos políticos del presidente Uribe, pero por esto nadie puede concebir que estén planeando un magnicidio para sacarlo del camino y evitar así su inatajable reelección. SEMANA: Después de tan largo silencio, ¿quisiera agregar algo más? A.S.: Con la protección de Dios y la seguridad de mi inocencia, espero que exista pronto una justicia independiente, libre de presiones donde prevalezcan, exclusivamente, las pruebas y el derecho. Me resisto a creer que personas que me creen inocente me van a atropellar.

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