Lunes, 1 de septiembre de 2014

UNIFORME y BOTAS Todos los guerrilleros llegaron con uniformes y botas nuevas, algunos con insignias de las Farc y otros con insignias de la VI Brigada del Ejércto.

| 2006/03/11 00:00

¡OTRO OSO!

Exageraciones y una que otra mentira le quitan fuerza a la desmovilización de 70 supuestos guerrilleros de las Farc.

La escena se repitió una vez más. El presidente Álvaro Uribe, con gesto humilde y tono de contrición, les presentó disculpas a los colombianos por haber avalado una información que había recibido de sus subalternos, la cual acabó siendo un ‘embuchado’. La situación era prácticamente idéntica al escándalo que surgió cuando Rafael Pardo fue acusado de conspirar con las Farc para desestabilizar las instituciones del país. La fórmula del ‘embuchado’ al Presidente y la posterior petición de perdón presidencial funciona cuando se practica por primera vez. Sin embargo, cuando se vuelve rutina, como parece estar sucediendo, pasa a la categoría de oso.

Eso ocurrió esta semana cuando en Alvarado, Tolima, se desmovilizaron 70 guerrilleros de las Farc, con comandante y avión incluidos, en lo que ha sido considerado por algunos analistas como el golpe más grande en los últimos 40 años a esa guerrilla Pero lo que empezó como una gran noticia para la historia de la guerra, terminó como un lamentable montaje propagandístico. Esta es la historia de cómo una pequeña verdad terminó disfrazada con una serie de mentiras: un desertor de las Farc dispuesto a entregar un grupo de milicianos terminó convertido en jefe de una poderosa compañía guerrillera, con un sofisticado armamento, y un avión para traficar armas. ¿Cómo se llegó a semejante equívoco?

El ‘comandante’

Raúl Agudelo, conocido con el alias de ‘Olivo Saldaña’, fue presentado por el gobierno y el Ejército como el jefe de la compañía guerrillera ‘Cacica La Gaitana’, que opera en el sur del Tolima y que, se supone, es parte importante de la estructura de Alfonso Cano, miembro destacado del Secretariado de las Farc. Luis Carlos Restrepo, alto comisionado para la Paz, dijo que “el señor Agudelo es un colaborador del Estado y gran impulsor de las políticas de desmovilización”, y el general Mario Montoya, comandante del Ejército, se refirió a él como “un hombre con el que venimos trabajando”.

Lo que no se dijo públicamente en ese momento es que Saldaña, que era jefe de finanzas de las Farc en el sur del Tolima, desertó en 2004, y en agosto de ese mismo año fue detenido por la Policía. Desde esa fecha está preso en una cárcel de máxima seguridad, condenado por rebelión y haciéndoles frente a 19 procesos judiciales por secuestro, homicidio y extorsión.

Al ver que su situación jurídica empeoraba cada vez más y su perspectiva era pasar varias décadas en la cárcel, Saldaña se contactó con el Ejército y se convirtió en informante. Al mismo tiempo, su abogado, Enrique Arango, inició contactos con la oficina del Alto Comisionado para lograr que fuera cobijado por la Ley de Justicia y Paz. Así empezó la historia de la desmovilización.

La avioneta

El otro embuchado es el de la avioneta. El martes la información oficial que expidió la oficina del Alto Comisionado, decía que se entregaban 70 hombres de las Farc y con ellos un avión Aerocommander que estaba en Corozal, Sucre. Versión que fue difundida también por el Presidente de la República. Al día siguiente, la Armada en Sucre aclaró que el avión con matrícula N685AG había sido abandonado en ese aeropuerto, luego inmovilizado e incautado por la Dian. Entonces el Ejército, en cabeza del general Montoya, tuvo que salir a ratificar la versión de la Armada, y decir que todo se debía a un problema de comunicación. Lo propio hizo el presidente Uribe, quien reconoció el viernes que no tuvo la información correcta en el momento de pronunciarse.

Tanto el Ejército como el Alto Comisionado han repetido ante los medios la versión que ‘Olivo Saldaña’ tiene sobre la aeronave y que le relató a SEMANA. Según él, durante la zona de distensión, y siendo jefe de finanzas en el sur del Tolima, le fue encomendada la tarea de comprar este avión a un intermediario. Saldaña dice que pagó 500.000 dólares en efectivo a un hombre que habría llevado el avión a San Vicente del Caguán. En su historia, la aeronave sería utilizada para llevar munición a los frentes de todo el país, durante la ofensiva final que tenía planeada la guerrilla. Pero la munición nunca llegó y el avión se quedó varios meses en un aeropuerto en las selvas de Caquetá. Dos meses antes de acabarse el proceso de paz, el guerrillero asegura que se le solicitó sacar de allí el avión. Saldaña dice que un piloto contratado por las Farc se lo llevó a la costa Caribe, lejos de la guerra, para protegerlo. Y que meses después lo dejó abandonado en el aeropuerto de Corozal.

La versión de Saldaña tiene muchas inconsistencias. El avión tiene matrícula estadounidense y ésta fue actualizada por última vez el 27 de febrero de 2003 en Estados Unidos, un año después de que se terminó la zona de distensión. Oficialmente, la primera vez que la Aeronáutica civil tuvo conocimiento del avión fue en abril de 2003, cuando le fue otorgado un permiso de 30 días para moverse por todo el país en vuelos de demostración. Entró al país el 7 de mayo y ese mismo día viajó a Ibagué y 10 días después hizo demostraciones en Bogotá y Medellín. El 18 de mayo aterrizó en Corozal, de donde nunca más despegó porque su permiso había vencido y no le fue renovado. El piloto que había tramitado el permiso, capitán Héctor Hernández, nunca volvió a presentarse y un año después la aeronave fue incautada por la Dian.

Si bien podría ser cierto que las Farc hayan comprado aviones –sobre lo cual el Ejército no tiene certeza–, es muy remoto que un guerrillero de bajo rango haga una transacción tan importante y estratégica. Y mucho menos que se le encargue a éste su custodia. Más incoherente aun resulta el hecho de que el avión haya sido trasladado a Sucre, región que para la fecha era controlada por las autodefensas y donde las Farc no tienen mayor movilidad. También causa curiosidad que el avión aparezca en los registros de la agencia Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) en 2003.

Lo más increíble de la historia de Saldaña es que el gobierno en pleno, y los militares, la hayan creído y salido a repetir a los cuatro vientos, sin verificación ni beneficio de inventario. A SEMANA le tomó tres horas confirmar con la Aerocivil la historia de la avioneta. Sin embargo, el general Montoya y sus oficiales de inteligencia reconocieron que no verificaron los antecedentes de la aeronave, a pesar de que era la primera vez que oían hablar de que la guerrilla tuviese este tipo de recursos. Y eso que Saldaña es considerado como una ficha clave para la inteligencia que se requiere en futuras operaciones contra las Farc.

¿Cómo pudo una persona de tan alto rango en el gobierno como Luis Carlos Restrepo divulgar una información sin confirmar? ¿Por qué los militares se tragaron entera la versión de un guerrillero? ¿Hubo acaso una mente creativa que manipuló toda la historia y creó todo este cuento? ¿O es que se quiso avalar de manera interesada un testimonio que magnificaba un golpe propagandístico en la lucha contra las Farc?

La compañía ‘Cacica La Gaitana’

Gobierno y militares dijeron el martes que se estaba desmovilizando una importante compañía del Comando Conjunto Central de las Farc llamada ‘Cacica La Gaitana’. Montoya insistió incluso el viernes en que esta deserción masiva se constituía en el más duro golpe a la guerrilla en los últimos años.

La versión de Saldaña es que él empezó a crear en diciembre de 2003 esta compañía como un grupo móvil de finanzas, dedicada al secuestro y la extorsión. Pero según su propio relato, un mes después desertó de las Farc. Durante estos años ni la Policía ni la Gobernación del Tolima tenían información de que existiera dicha estructura. El Ejército, por su parte, admite que este grupo no aparece en el orden de batalla de las Farc, pero acoge la versión de los desmovilizados de que hace tres meses (en diciembre) se empezó a reorganizar. Justamente cuando, según el gobierno, Saldaña empezó a hablar de esta desmovilización.

Quizá lo que más dudas ha generado sobre la existencia real de este grupo son las imágenes que transmitieron los canales de televisión. Aunque todos los protagonistas de la desmovilización aseguran que por lo menos 40 de ellos hicieron una larga marcha por la montaña atravesando de sur a norte el Tolima, los supuestos guerrilleros llegaron con uniformes nuevecitos, y sin ningún signo de fatiga. ‘Biófilo’, un joven que fue presentado como jefe político de la compañía, hizo la entrega de un fusil M4, pero aún no se ha podido recoger una versión única y verdadera sobre él. Saldaña dice que ‘Biófilo’ actuaba en Ibagué como dirigente político y miliciano. En ese caso, no se explica por qué se disfrazó de camuflado y entrega un fusil como si estuviera en el monte. El general Montoya, sin embargo, asegura que ‘Biófilo’ llevaba dos años en el monte, lo cual resulta muy poco creíble (ver gráfico en el comienzo del artículo).

Saldaña tampoco ha podido dar cifras exactas de cuántos combatientes plenos desmovilizó y cuántos milicianos. SEMANA estuvo en el sitio de concentración y pudo constatar que hay un puñado de muchachos que efectivamente pertenecieron a las milicias. Otros no. Al ser interrogada una de las desmovilizadas sobre su papel en la guerrilla, respondió: “Yo soy la hermana de Olivo y le ayudo a él comprando medicinas”. El propio Saldaña admitió que por lo menos uno de los muchachos había sido reclutado por él en la cárcel de La Dorada, en el patio de la delincuencia común. También se comprobó que algunos de los desmovilizados tienen su residencia en Bogotá. Por su parte, el abogado Arango se mostró preocupado porque “muchos de estos muchachos estudian y trabajan, si los retienen allá por más tiempo o los llevan a un albergue, los van a perjudicar mucho”.

A estas incongruencias se suman otras. Esta ha sido una desmovilización atípica. La Fiscalía, que es la encargada de tomar las declaraciones en estos casos, estuvo ausente. Fue el Ejército el que entrevistó a los supuestos combatientes, con el argumento de que la desmovilización fue pactada con ellos. La Policía del Tolima dijo que “no nos han dejado arrimar por allá” y la Fiscalía se quejó de que los hubiesen marginado de este procedimiento.

También resultó extraña la rapidez con la que se hizo la entrega, con el argumento de que había muchos riesgos de seguridad para quienes intentaban desmovilizarse y que decían estaban siendo perseguidos por las Farc. Este argumento resulta insulso cuando se trata de 70 hombres, armados con 24 fusiles, 14 pistolas, siete revólveres, y una subametralladora punto 30, que es un arma de combate feroz. La estructura tampoco entregó granadas ni munición, elementos infaltables para un grupo que ha recorrido a pie todo un departamento donde actúan más de 20 grupos de las Farc.

Pero quizás el asunto que más suspicacias despierta es el momento elegido para hacer esta desmovilización. Justo en la semana en la que las Farc tienen en vilo seis departamentos por paros armados, y ataques contra la población civil. Y cuando de manera oportunista, anunciaron que entregarán con clara intención electoral, a dos policías secuestrados.

¿Fue esta desmovilización un montaje? ¿Una cadena de errores? ¿Cayeron el Ejército y el gobierno ingenuamente en la trampa de un guerrillero imaginativo? Un poco de las tres. Fue un montaje porque a pesar de que Saldaña pudo persuadir a un grupo pequeño de sus ex camaradas que lo siguen como líder de que se desmovilizaran, se le pusieron tantas arandelas a este hecho, que pasó de lo teatral a lo tragicómico. También hubo una cadena de errores porque aunque desde el principio se pudo haber dicho que Saldaña era un reo dispuesto a colaborar con el gobierno, se omitió ese detalle en los comunicados oficiales y sólo se habló al respecto cuando los medios lo pusieron en evidencia. Y porque en el tema del avión toda la información dada por el gobierno y el Ejército fue errática.

Y si el Alto Comisionado y Montoya actuaron de manera ingenua, es más grave aun. Porque si Luis Carlos Restrepo se tragó este ‘embuchado’ con 70 guerrilleros, ¿cómo saber cuántos más se tragó en la desmovilización de 26.000 paramilitares? Y en el caso de Montoya, es también preocupante que los militares no hagan ni siquiera las preguntas que haría cualquier periodista o ciudadano.

Los creativos

Es difícil saber dónde se cocinó este enredo. Pero ha quedado en evidencia que este es un capítulo más de la guerra de información. Como en otras ocasiones, el gobierno y los militares se han preocupado más por crear hechos virtuales que produzcan efectos simbólicos, antes que realidades que cambien la ecuación de la guerra contra las Farc.

En el fondo lo sucedido la semana pasada tiene más de oso que de embuchado. La desmovilización de cualquier número de guerrilleros de las Farc, por más exagerada que sea su presentación, es conveniente para el país. Muchos dolores de cabeza se habría evitado el gobierno si sus creativos no le agregan al capítulo de esta telenovela la entrega del avión. Con esto se pasó de la exageración a la ficción y se le quitó credibilidad a un acto que tenía muchas connotaciones positivas. Lo que Alfredo Rangel llamó “el más duro golpe a la moral de las Farc” definitivamente no lo fue por una sobredosis de mitomanía oficialista. Flaco servicio le prestan al Presidente los subalternos que quieren glorificar cada uno de los actos de su gobierno. Uribe es suficientemente popular como para tener que recurrir a artimañas de esta naturaleza que, en lugar de fortalecerlo, lo dejan como un manipulador y lo exponen a ser manoseado por la opinión pública de manera innecesaria.

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