Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 4/26/2008 12:00:00 AM

Para cambiar el mundo

Las prácticas de buen gobierno corporativo se abren paso para garantizar que las empresas se conviertan en multiplicadoras de la ética en la vida de la gente.

La historia reciente registra hechos que demostraron que la renovación de la cultura empresarial era imprescindible. Uno de los más sonados fue el desastre de la gigante energética Enron, considerada hasta entonces una de las corporaciones más sólidas de Estados Unidos. Cuando los fraudes de la administración quedaron al descubierto, se supo que hasta los fondos de pensiones de los empleados lo habían perdido todo. Su pecado había sido confiar en la solidez de su propia empresa e invertir en ella.

El escándalo destruyó de paso el proyecto de vida de miles de personas. Hoy el presidente de la empresa, Kenneth Lay, está preso, pero el enorme daño que causó su falta dolosa de ética y transparencia puso en guardia al establecimiento industrial y comercial sobre la urgente necesidad no sólo de tener mejores controles en el nivel interno, sino de aplicar unos criterios éticos indispensables, además, para enfrentar la competencia en un mundo globalizado.

Ese desastre es citado con frecuencia como uno de los mayores impulsadores del surgimiento de nuevas prácticas corporativas basadas en la ética y el autocontrol. Los promotores de esa forma de hacer negocios se ven a sí mismos como evangelistas. Están convencidos de que si se generalizara como modo de concebir la actividad, la vida de millones de personas daría un giro hacia un mayor bienestar.

Las nuevas prácticas son muchas, pero confluyen en un concepto que, a pesar de que parece obvio hasta en el nombre, es revolucionario. Se trata del 'buen gobierno corporativo', que es la aplicación de valores a la administración de un negocio capaces, en su conjunto, de asegurar el éxito de la empresa en un entorno de responsabilidad social. Esos valores son decisivos a la hora de articular mejor la iniciativa privada en el engranaje de la economía nacional, pues la suma de empresas manejadas de esa manera da lugar a un clima de negocios favorable para la economía y el bienestar social en su conjunto.

Las empresas basadas en valores de ética y transparencia suelen poner en el centro de las decisiones no solamente el bienestar y la prosperidad de los socios y de los accionistas, sino el de todos aquellos que se ven afectados por sus actividades.

En Estados Unidos esta aproximación si se quiere 'holística', ha sido descrita como aquella en que las empresas no solamente asumen como objetivo enriquecer a los "stockholders", o sea los dueños, accionistas e inversionistas, sino también los "stakeholders", una expresión traducible como "quienes tienen un interés". Ello incluye, por supuesto, a los empleados, pero también a los proveedores, a los usuarios de los servicios y a los clientes de los productos, a los distribuidores, a la comunidad y al medio ambiente en general. Esta teoría contrasta fuertemente con el modelo tradicional, que presume que la única responsabilidad de la empresa es amasar honradamente riqueza para sus dueños.

Pero no se trata de desvirtuar ese objetivo de generar riqueza, pues la idea no es convertir las empresas en entidades de beneficencia. Por el contrario, se ha demostrado que las buenas prácticas de gobierno corporativo son la llave para que las empresas tengan una mayor permanencia en el tiempo y crezcan en forma sostenida. En efecto, cuando en una empresa rigen esos conceptos, el efecto inevitable es que crecen el prestigio y la reputación en el entorno social, lo que se traduce en más armonía entre los socios, mejor acceso al crédito, mejor desempeño laboral, más fidelidad de los clientes y usuarios, y unas excelentes relaciones con los órganos de control del Estado y con la comunidad en general. Hace poco un estudio de la Universidad de Harvard demostró que las compañías que incluyen en las tomas de decisión los requerimientos de accionistas, trabajadores, usuarios o clientes, y el público en general crecieron cuatro veces más que las que se centraron solamente en los primeros.

Los establecimientos que abrazan esta nueva filosofía empresarial de buen gobierno corporativo asumen como valores principales la transparencia y la ética. Pero para que ello se traduzca en los beneficios planteados, el compromiso debe ser total y absoluto, no sólo en el nivel de los órganos de administración y control, sino en la vida personal de todos y cada uno de los integrantes de la organización, desde los dueños y administradores hasta el último empleado.

Lo primero que deben hacer las empresas para lograr un buen gobierno corporativo es diseñar un código que identifique principios como el respeto de los derechos de los accionistas y su tratamiento justo, sin consideración a su porcentaje de participación; definiciones claras acerca de los campos de acción de la junta directiva; funciones y responsabilidades de la gerencia y de cada una de las áreas administrativas; transparencia en la información, que debe ser fluida, e interlocución eficiente con los proveedores, usuarios o clientes de la empresa. Todo ello acompañado del diseño, más allá de las tradicionales conceptos de misión y visión, de cartas de ética y compromiso social y ambiental.

Las empresas éticas, por ejemplo, no sobornan para obtener contratos, pagan salarios adecuados, cancelan en plazos razonables las cuentas de los proveedores, tienen transparencia en el manejo de los balances, asumen el compromiso de no dañar el medio ambiente, tienen una política de desarrollo y educación del personal, al que consideran su mayor activo, y además ponen un énfasis especial en que sus productos o servicios cumplan las expectativas de los clientes o usuarios.

Como dijo a SEMANA Hugo Betancourt, director de la empresa de consultoría Visión, las prácticas de buen gobierno corporativo han dado lugar, además, al surgimiento de estándares de desempeño y autocontrol que se han convertido en los referentes de calidad en diferentes áreas de actividad.

En el sector financiero, por ejemplo, se aplica un sistema llamado Sistema de riesgo operativo de los bancos (Saro, por su sigla en inglés) que busca que las entidades crediticias asuman obligaciones para minimizar la posibilidad de descalabro financiero. En el área de los servicios educativos, se ha impuesto la acreditación académica, que garantiza que la educación brindada por las universidades corresponda con estándares de calidad reconocidos. En el nivel internacional existe entre los exportadores la Coalición de negocios anti-contrabando (Basc), una serie de requisitos de manejo interno que permite acceder a trámites más expeditos en nacionalización y aduana de la mercancía. Otros, ampliamente conocidos, son las certificaciones de calidad ISO, que permiten garantizar que las empresas tienen altos niveles éticos: la certificación ISO 9000, en cuanto a la calidad de los procesos; la ISO 14000, en cuanto al respeto al medio ambiente, y la ISO 18000, también conocida como Oschas, que mide el nivel de seguridad, bienestar y salud ocupacional.

También han surgido normas de carácter obligatorio según la actividad, como la BPM, que certifica las buenas prácticas en los laboratorios farmacéuticos; la Haccp, para la industria alimenticia, y el sello verde, que tiene que ver con el uso y la disposición adecuados del agua en industrias agrícolas como la floricultura.

La ética empresarial no es un tema menor, pues sinceramente aplicada es capaz de cambiar los paradigmas de interacción de los actores sociales. Por ello sus promotores trascienden el campo de los negocios. Uno de ellos es nada menos que el filósofo católico Hans Kung, quien resume en una frase sus bondades urgentes: "La dirección de un negocio fundada en la ética tiene hoy más oportunidades, ya que la opinión pública ha tomado conciencia de la importancia de la moral en la economía y reacciona con alergia a los comportamientos cuestionables".
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.