Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/04/26 00:00

Petróleo popular

Por primera vez, 15.000 nuevos accionistas asistieron a la asamblea de Ecopetrol, la empresa más grande de Colombia. Crónica de un día histórico.

Petróleo popular

Mientras miles y miles de personas tratan de seguir las rápidas palabras con las que el presidente de Ecopetrol, Javier Gutiérrez, busca explicarles a los miles de asistentes todo lo que la empresa hizo en 2007 y los ambiciosos planes de crecimiento y expansión, Ana López, una humilde mujer bogotana, de baja estatura y en camino sin retorno a la tercera edad, se convence cada vez más de que hizo un buen negocio.

Ella aún guarda el luto por la muerte de su esposo, un pensionado de los antiguos Ferrocarriles Nacionales de Colombia que la sacó de la vida miserable que llevaba. Sus ojos rasgados siguen con atención en las pantallas gigantes las imágenes que acompañan la presentación de Gutiérrez y trata de entender qué son crudos livianos y pesados, pozos maduros, exploración, bloques, 25 API, refinación, derivados, regalías, biocombustibles, margen bruto, reservas probadas, contratos de asociación o combustibles limpios.

A decir verdad, ella, como la inmensa mayoría de las 15.000 personas que desde primeras horas de la mañana del 27 de marzo colmaron los tres recintos de Corferias destinados para la reunión, iba más a 'noveleriar' y a saber cuántos dividendos le iban a dar por sus acciones, que a comprender el complejo mundo petrolero. Ellos fueron la muestra representativa de los 482.941 personas, empresas y fondos de pensiones que se convirtieron en accionistas de Ecopetrol el año pasado, cuando el gobierno decidió vender el 10 por ciento de la empresa en el proceso de democratización más grande del país.

Ana López, como muchos de los humildes pensionados, empleados, trabajadores independientes y pequeños empresarios presentes en la asamblea, había comprado un paquete de 1.000 acciones por 1.400.000 pesos y a crédito. Ellos nunca habían asistido a un evento de estos. Gracias al madrugón que se metió, pudo encontrar un buen puesto entre los 5.000 que muy pronto se llenaron en el gran salón, que estaba más adecuado para un concierto de Juanes o Shakira, o para recibir a uno de tantos pastores evangélicos que revientan teatros, que para una reunión de accionistas. Los 10.000 más que no alcanzaron a entrar al salón fueron ubicados en otros dos pabellones, en donde seguían todas las intervenciones a través de varias pantallas gigantes.

A la entrada, cada persona recibía una escarapela que lo identificaba como 'accionista' y una bonita bolsa verde, con el logo de Ecopetrol con los dos libros del balance, un nutritivo refrigerio para aguantar las casi ocho horas que duró la asamblea y una iguana de peluche. A los que llegaron sobre la hora les tocó una bolsa verde plástica, que incluso resultó ser más importante que los mismos dividendos. Tanto, que al final de discursos, explicaciones, cifras y más cifras y una que otra participación veintejuliera, el presidente de Ecopetrol tuvo que calmar los ánimos de los cientos que habían llegado tarde y prometerles que la bolsita, con iguana incluida, se las iban a hacer llegar a sus casas.

Como todas las asambleas y grandes eventos, empezó tarde, con himno nacional y un protocolo aburrido. Como si se tratara de la última cena petrolera, 12 importantes funcionarios del Estado, entre los que estaban el ministro de Minas y Energía, Hernán Martínez; el presidente de Ecopetrol, Javier Gutiérrez, y los miembros de la junta directiva, se sentaron de frente a los asistentes, en una mesa larga sobre una tarima. Ellos determinarían la forma como se repartirían los 5,18 billones de pesos de utilidades que produjo la petrolera el año pasado. Claro que a pesar de la abultada cifra, entre los accionistas sólo se entregarían 470.000 millones de pesos. Otros 4,8 billones de pesos serían las utilidades del gobierno, y el resto, reservas legales.

Como en todo acto oficial, no faltaron los discursos. Al final, la mitad de los asistentes, en su gran mayoría pensionados, quedaron listos para una siesta. Después, el ambiente se animó con la designación de quienes harían el acta y quienes las revisarían. Por arte de magia, ya había ternas listas, a las que lograron colarse un par de los asistentes, quienes, con sus intervenciones, lograron ganarse un aplauso de los presentes.

Detrás de unos y otros procedimientos y trámites, llegó la esperada intervención del presidente de Ecopetrol. Numerosas diapositivas pasaban y pasaban en las pantallas de los tres salones. A Yolanda Ruiz, que fue a la asamblea con su nieta Ashley Sofia, le tocó salirse para darle comida. "Vine a ver cómo era esto y a aprender un poco", dijo mientras la bebé trataba de mantener en sus manos la iguanita de peluche que ahora representa la imagen de Ecopetrol. Ella, dedicada al hogar, junto con su esposo, un taxista, compró el paquete de acciones. "Creo que lo vamos a mantener un tiempo, a ver qué pasa".

Adentro del gran salón Ana López se levantó de su silla para descansar, mientras advertía que la empresa va muy bien, convencida por las palabras del presidente de Ecopetrol que seguían taladrando a los asistentes. "Yo entiendo algunas cosas, porque veo noticieros y oigo al doctor Fernando Londoño en la radio. Sé que el petróleo llegó a 104 dólares, y la empresa va bien, porque tiene muchos crudos pesados, y ese es mejor que el liviano y más valorado, porque es cómo si usted, en vez de vender leche, está vendiendo arequipe. Si no me cree, ¿dígame que cuál se vende más caro de los dos? ¡Pues el arequipe!" (En realidad el crudo liviano se vende más caro).

Cuando por fin se agotaron los 17 puntos de la asamblea, la multitudinaria salida asustó a los transeúntes, que pensaron que ya había empezado la Feria del Libro o la Feria del Hogar. La gran mayoría se fue contenta con los dividendos, con la bolsita verde y felices de pertenecer al boyante mundo petrolero.

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