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| 1/23/2005 12:00:00 AM

¿Se vende Bavaria?

A pesar de las negativas, pocos creen que la familia Santo Domingo no esté vendiendo la joya de la corona. Análisis de SEMANA.

Quién dice la verdad: ¿el diario Financial Times, que afirma que Bavaria está a punto de ser vendida, o el presidente de Bavaria, Ricardo Obregón, que lo niega categóricamente?

La verdad es que ninguno de los dos. Sin embargo corresponde más a la realidad lo que afirma el prestigioso diario británico que los comunicados de la cervecería. Bavaria no está vendida, pero sí está en venta. Por razones estratégicas, este proceso tiene que ser negado hasta que se llegue a un acuerdo. Y a éste aún no se ha llegado.

La única razón por la cual esto no ha sucedido es el precio. Desde hace casi una década la empresa ha tenido contactos con las multinacionales de cerveza para medirles el aceite. Tuvieron lugar discusiones serias con Brahma del Brasil en 1997. En ese momento Julio Mario Santo Domingo pedía entre 4.000 y 5.000 millones de dólares y los brasileños apenas se acercaban a 3.000 millones de dólares. Nada se concretó.

Después de eso colapsó la economía colombiana y Bavaria se embarcó en una estrategia de expansión internacional muy acertada. A pesar de que tenía ya el monopolio del consumo de cerveza en Colombia y en el Ecuador, era percibida como una empresa colombiana. Si lograba adquirir cervecerías líderes de otros países de la región, pasaría a ser considerada una multinacional. Y la carta que se ha estado jugando la familia Santo Domingo es que el precio que se pague por esos mercados unidos sea muy superior al que se pagaría por cada uno de ellos en forma individual.

La compra del control de la cervecería Backus & Johnston del Perú fue la que le dio esa categoría. Sumada a la adquisición de la Nacional de Panamá, el grupo cervecero de la familia Santo Domingo pasó a convertirse en una de las últimas fichas clave del rompecabezas mundial de la industria cervecera.

Bavaria no solo había quedado con presencia en cuatro países sino con un control cuasimonopólico de esos mercados. En Colombia, Perú y Ecuador tiene casi el ciento por ciento del consumo. Y en Panamá pasó del 70 al 80 por ciento. Prácticamente no existen otros países en el mundo donde haya monopolios en la industria de la cerveza. El grupo Santo Domingo no solo ofrece uno sino cuatro. Y esos mercados tienen un potencial de crecimiento superior al de cualquier país del primer mundo.

Las cifras son las siguientes: en esos países el consumo per cápita asciende en promedio a 30 litros por año. En un país como Inglaterra esa cifra en la actualidad es de 100 litros. El margen de crecimiento salta a la vista. Los grandes grupos cerveceros de Estados Unidos y Europa, cuyos mercados no crecen, creen que una de las formas más efectivas para compensar ese estancamiento es entrar a América Latina.

La multinacional belga Interbrew ya dio ese paso fusionándose con la brasileña Ambev, creando de esa unión Inbev, que hoy tiene una posición dominante en Brasil y en Argentina. Esto significa que el mercado latinoamericano tendrá dos grandes jugadores: Inbev y quien compre los cuatro monopolios de Bavaria.

El gran interrogante es cuánto vale ese paquete. La cifra publicada originalmente por el Financial Times de 9.000 millones de dólares parece ser exagerada. Se basa en la premisa de que Bavaria es la última llave para entrar en forma significativa al mercado suramericano.

La familia Santo Domingo considera que esa llave vale mucha plata. Según una fuente del diario The Wall Street Journal, "Santo Domingo tiene unas expectativas de precio que no son realistas". La forma tradicional de valorar una cervecería es calcular su Ebitda (utilidades antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones), aplicarle el múltiplo utilizado en transacciones similares dentro de esa industria y posteriormente deducirle la deuda. En el caso de Bavaria, el Ebitda de este año será de alrededor de 770 millones de dólares y la deuda es de 2.000 millones. La incógnita es cuál es el múltiplo que se debe aplicar.

Las últimas transacciones del continente han tenido los siguientes múltiplos: SABMiller compró Cervecería Hondureña por 11 veces el Ebitda. Bavaria compró la peruana Backus por 10,8 veces y por la Cervecería Nacional de Panamá pagó 10,4 veces. Interbrew pagó 13 veces Ebitda cuando adquirió la brasileña Ambev. Sin embargo esa transacción se pagó en acciones y no en efectivo, y en esos casos el múltiplo aumenta.

El múltiplo promedio para la industria ha sido de 10,3 en los últimos siete años. Si se le aplicara éste a los 770 millones de dólares de Ebitda de Bavaria, la cifra ascendería a 8.000 millones de dólares. Si a esto se le deduce la deuda de 2.000 millones, el valor de la empresa sería de 6.000 millones de dólares.

Para la familia Santo Domingo, esta es una cifra que podría no ser aceptable. Argumentan que si ellos mismos pagaron múltiplos de 10,8 en Perú y 10,4 en Panamá, a quién se le ocurre que van a vender por menos de lo que pagaron. Sin embargo, querer vender más caro de lo que se compró no depende de las expectativas del vendedor sino de las condiciones reales del mercado. Para que Bavaria tenga un valor neto de 9.000 millones de dólares, como dijo en un principio el Financial Times, se requeriría un múltiplo de 14,3 (770 millones de Ebitda multiplicado por 14,3 menos 2.000 millones de deuda = 9.010). Esa cifra hasta ahora despierta mucho escepticismo.

Los conocedores estiman que dada la volatilidad política de esta región del mundo se pueden llegar a pagar múltiplos del orden de 11 veces Ebitda por el paquete ofrecido por la familia Santo Domingo. Esto representaría una valoración de alrededor 6.500 millones de dólares. La familia por su parte ha dejado saber que no tiene ningún problema de liquidez ni urgencia en vender, y que el que quiera quedarse con la joya de la corona latinoamericana tendrá que pagar bastante más que eso.

Una posible forma de sortear este dilema sería que la transacción, en lugar de ser una venta, fuera una fusión. Los compradores, cuando pagan en acciones y no en efectivo, son más generosos. Las 13 veces Ebitda que pagó Interbrew por Ambev en Brasil fueron un cruce de acciones que no exigió desembolso de la empresa belga.

Brasil es un mercado más atractivo que los de la región andina de Bavaria, pero si se calculara una posible fusión de Bavaria con base en una valoración de 13 veces Ebitda, el valor de la empresa podría ascender a 8.000 millones de dólares (770 millones de Ebitda multiplicado por 13 menos 2.000 millones de dólares de deuda = 8.010 millones). Lo seguro es que si aceptan una fusión podrían recibir más que si es un pago en efectivo. Y no es imposible que prefieran esta opción.

Recibir seis, siete u 8.000 millones de dólares en efectivo de la noche a la mañana es un problema más grande de lo que muchos se imaginan. Sacarle una rentabilidad anual del 10 por ciento o más en dólares a esos volúmenes no es nada fácil. Cuando se tiene tanta disponibilidad en efectivo se pueden ganar o perder cientos de millones de dólares de la noche a la mañana. No es sino pensar en lo que perdieron todos los que le apostaron a la nueva economía del Nasdaq (la bolsa de valores tecnológicos de Nueva York) hace apenas cinco años.

Una fusión de Bavaria con una multinacional dejaría a la familia Santo Domingo sin el control, pero con un porcentaje de acciones muy importante. En las grandes multinacionales como SABMiller, Heineken, Anheuser-Busch o Inbev, cualquier accionista individual que tenga el 10 por ciento o más pisa muy duro. Esto le permitiría a los Santo Domingo desentenderse del 'camello' de la administración de la empresa. Además de beneficios tributarios tendrían liquidez inmediata pues las acciones en las bolsas de Estados Unidos o de Europa son de alta bursatilidad. Teniendo en cuenta que la nueva generación de la familia en la práctica no es colombiana, no es descartable una fusión. Queda por verse si una de las implicaciones del relevo generacional es abandonar la obsesión de control que ha caracterizado al grupo durante casi medio siglo.

Otro asunto que no está definido es quién sería el comprador. La noticia del Financial Times diciendo que es SABMiller no es definitiva. La cervecería surafricana, después de comprar Miller en Estados Unidos, puso su cabeza de playa en Latinoamérica con la adquisición de las cervecerías de Honduras y Salvador para competirle a Inbev. Nada mejor para consolidar su posición en la región que las cervecerías de Bavaria. Sin embargo, la sola noticia de los 9.000 millones de dólares hizo bajar la acción de SABMiller en la Bolsa de Londres en cerca del 4 por ciento en un solo día, lo que tiene a sus accionistas tensos.

De otro lado, Heineken, Anheuser-Busch y el propio Inbev han manifestado su interés, aunque consideran que las pretensiones de precio de la familia Santo Domingo son bastante altas. Si bien esta negociación ha estado rodeada de misterios y secretos, el hecho es que en Bogotá la semana pasada había representantes tanto de la holandesa Heineken como de la escocesa Scottish and Newcastle, en reuniones con Bavaria. La presencia de firmas como la escocesa demuestra que los Santo Domingo no están descartando ninguna alternativa.

Por el número de reuniones sostenidas en la sede de Bavaria en Bogotá, lo de Heineken va más en serio. Frente a una con los escoceses hubo tres con los holandeses. Heineken es la cuarta cervecería del mundo y tiene presencia en Chile, Brasil y Panamá. La continuidad geográfica le caería de perlas.

En cuanto a Inbev, que hoy en día es el gran competidor de Bavaria en Latinoamérica, si llega a fusionarse con el grupo Santo Domingo quedaría con el control casi total del mercado en el continente y sin competencia seria.

Todos estos movimientos semisecretos demuestran que lo que hay es una subasta. La situación actual es que hay muchos interesados y se está esperando a ver cuál es el mejor postor. Los Santo Domingo dicen que no venden barato y muchos de los compradores, que no compran caro. Queda por ver quién está cañando más.

Lo que ya no tiene reversa es la filtración de la noticia. A diferencia de ocasiones anteriores, las negativas de Bavaria esta vez no alcanzan a neutralizarla. Esto tiene implicaciones para el precio de las acciones y para los accionistas minoritarios, y no solo en Colombia.

El valor de Bavaria en bolsa, con la acción a 30.000 pesos, es de 3.000 millones de dólares (precio de la acción por número de acciones), una cifra que no refleja el valor de una eventual transacción. Aceptando que los 9.000 millones de dólares pueden ser una ilusión de los dueños, el valor real de una venta sería alrededor del doble del precio actual de la empresa en bolsa. Estos dos valores no necesariamente tienen que coincidir, pues la venta del control de una sociedad tiene una prima sustancial sobre el precio de una transacción individual. Sin embargo, cuando hay una expectativa de venta como la que hay ahora con Bavaria, mantener esos diferenciales es difícil.

Está también por definirse la suerte de los accionistas minoritarios. La familia Santo Domingo tiene alrededor del 75 por ciento de Bavaria y 40.000 personas el otro 25. Estos 40.000 tienen la expectativa de recibir el mismo tratamiento que los mayoritarios. En la eventualidad de una venta en efectivo, a través de la bolsa, el comprador está obligado a hacer una OPA (oferta pública de acciones) que garantiza un trato igualitario para todos los accionistas. Una OPA significa que el comprador tiene que ofrecerles a los minoritarios el mismo precio que pagó por el control.

Lo cierto es que pocos conocen bien la telaraña de sociedades que hoy controla Bavaria. Se rumora que la propiedad final estaría en sociedades extranjeras situadas en diferentes países. Esto implica que la transferencia del control de la empresa podría llegar a hacerse legalmente sin incluir a los accionistas minoritarios en el negocio. Por eso, todos los informes de prensa sobre el tema mencionan la posibilidad de que la transacción se haga por el ciento por ciento o por el 75 por ciento de la familia Santo Domingo.

Las negativas de Bavaria han sido tan categóricas que hacen pensar que el negocio no será inmediato. El propio Financial Times, que divulgó la noticia mundialmente, afirmó en su último artículo que el cierre del negocio no tomaría días sino meses. La filtración de la noticia les ha complicado la vida a todas las partes. Bavaria niega y no le creen, y tiene clavados no solo los ojos del mundo sino de todos los organismos de control. SABMiller, mencionada como la más segura compradora, ha tomado la inusual decisión de abstenerse de hacer cualquier pronunciamiento. Los accionistas minoritarios se sienten ya millonarios ante un negocio que puede que no se haga o que no los incluya.

En todo caso, la decisión final está en las manos de un joven de apenas 28 años del cual se ha oído muy poco hasta ahora y se oirá mucho en el futuro: Alejandro Santo Domingo.

Alejandro: relevo generacional

A pesar de que el nombre que figura en la prensa mundial es el de Julio Mario Santo Domingo, el que ha estado a la cabeza de este negocio desde el principio es su hijo Alejandro. Con la posible venta de Bavaria se protocolizarían dos cosas: el relevo generacional en el grupo y la salida de este conglomerado del país.

Alejandro Santo Domingo Dávila, junto con su primo Carlos Alejandro Pérez Dávila, son la llave de esta trascendental transformación que se inició hace alrededor de cinco años. La mentalidad de estos delfines es más de banqueros de inversión que de cerveceros. Los dos son graduados en Harvard y fueron entrenados por Violy McCausland para moverse en la jungla de los negocios internacionales.

Hace alrededor de un año se independizaron y crearon su propia firma de banca de inversión en Nueva York, Quadrant Capital Investment. Se rumora que esto no debe tener muy feliz a Violy, quien no ha vuelto a figurar mucho en los negocios de Santo Domingo después de la controvertida compra de la cervecería peruana Backus & Johnston.

Alejandro tiene 28 años y es el segundo hijo de Julio Mario Santo Domingo y el primero de Beatrice Dávila, la segunda esposa del industrial. Su hermano mayor, Julio Mario Jr., está marginado de los negocios familiares y es un empresario independiente que maneja fondos de inversión con sede en Ginebra. Su hermano menor, Andrés, tiene una personalidad bohemia y le interesa más el mundo de la música que el del poder. Por lo tanto, las riendas del grupo las tiene hoy Alejandro.

Si bien Alejandro es el que toma las decisiones, su mentor desde que salió de la universidad ha sido Carlos Alejandro, que es 13 años mayor. Inteligente, equilibrado y fogueado en el mundo de los negocios, el primo ha sido no solo un apoyo sino el motor detrás de todo este proceso de transición generacional. Otra ventaja de Pérez Dávila, ahora que la nueva generación Santo Domingo tiene muy pocos vínculos con Colombia, es haber crecido en el país y conocerlo bastante bien.

Alejandro es un banquero de inversión internacional que creció en el exterior y que tiene poco de colombiano. Habla español con propiedad pero con un ligero acento. Sus amigos lo describen como inteligente, cordial pero distante. Ha tenido un poder que pocas personas a su edad han manejado. A los 24 años ya era miembro no solo de la junta de Bavaria, sino de Avianca y de todas las otras compañías importantes del imperio creado por su abuelo y su padre. La dimensión de la fortuna que maneja combinada con su juventud es ya objeto de cábalas en el mundo de las finanzas internacionales. Uno de los artículos del Financial Times la semana pasada terminaba con el interrogante de qué iría a hacer la nueva generación de la familia Santo Domingo con los billones de dólares que recibiría si se llega a vender Bavaria.

Sus contactos con Colombia son estrictamente de negocios, con excepción de sus vacaciones en Barú, donde la familia tiene una casa de recreo. Una vez cada dos meses viene al país, pero solo a trabajar y tiene poca vida social conocida. Sabe al detalle todos los negocios y es muy bueno para los números. Quienes han trabajado con él lo respetan.

Alejandro tiene una muy buena relación con su padre, a quien consulta y mantiene informado de todas las decisiones trascendentales. No menos importante ha sido la influencia de su madre, que en los últimos años ha desempeñado un papel activo en la

orientación del grupo.

A pesar de su corta edad, es una personalidad importante en la alta sociedad de Nueva York. Es un hombre apuesto y elegante que es visto con frecuencia en los banquetes de beneficencia que rigen la vida social de la gran manzana. Su novia es Eugenia Silva, la modelo más famosa de España, quien también reside en Manhattan.

Lo que es un hecho es que la aparición de Alejandro en el escenario del mundo de los negocios coincide con la desvinculación de su familia del país. Después de haber vendido Avianca, Bellsouth, Sofasa, Presto, Caracol Radio, Carrefour, Finca y otras compañías, lo único que le quedaría en Colombia a la tercera generación Santo Domingo son las empresas de Valores Bavaria, El Espectador y Cromos. De las primeras se destacan Caracol Televisión y la participación que tienen en la industria petroquímica a través de las sociedades Propilco y Biofilm, que tiene en compañía del Grupo Sanford. Esto sería mucho para cualquier mortal, pero poco para una familia que llegó a representar hace apenas cinco años el 5 por ciento del Producto Interno Bruto de Colombia.
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