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| 3/26/2011 12:00:00 AM

Toda una dama

El país está de luto con la partida de Gloria Valencia de Castaño, la primera dama de la televisión, quien marcó a varias generaciones de colombianos que crecieron con su voz, su elegancia y su compromiso con la cultura y la naturaleza.

De Gloria Valencia de Castaño no puede decirse que marcó una época, porque en realidad ella marcó todas las épocas de la televisión colombiana. Millones de colombianos podemos decir que nacimos y crecimos con ella. Incluso los que no teníamos televisor en la casa. Quienes fuimos niños en los años sesenta podemos cantar sin equivocarnos la canción del programa Cumpleaños Ramo.

Con sus ojos azules y su sonrisa, su voz más bien grave y siempre pausada, la reconocen al instante millones de colombianos de todas las edades.

Doña Gloria, como la recuerdan las varias generaciones que la recibieron en las salas de sus casas a través de la entonces llamada “pantalla chica”, se desempeñó con éxito en ámbitos muy diversos. No es fácil encontrar una persona que se sienta cómoda cuando entrevista a escritores y pintores, o en un magazín de variedades sobre temas de interés para las mujeres, o como presentadora del Concurso Nacional de la Belleza, o comentando la actualidad nacional con la ayuda de caricaturistas, o en programas infantiles, o en espacios dedicados a alertar sobre las tragedias que le esperan a la humanidad si no cuida el medio ambiente, o en el set donde se desarrolla un concurso destinado a las amas de casa...

Desde que despuntó su carrera aprovechó su carisma para adelantar los dos grandes apostolados de la vida: elevar el nivel cultural de los televidentes y la defensa del medio ambiente.

En este proyecto de vida contó con un aliado permanente, Álvaro Castaño Castillo, su novio desde 1944 y esposo a partir del 14 junio de 1947. Castaño la acompañó en 63 años de matrimonio, del que nacieron sus hijos, Rodrigo y Pilar. Pero, ante todo, fue su gran compañero de batalla.

El solo hecho de haber fundado y mantenido la emisora Hjck contra todos los pronósticos (e incluso la animadversión de ciertos anunciantes) es una hazaña pocas veces vista en la historia de la cultura en el mundo. Y, sin embargo, este fue apenas el comienzo.

Cuando la televisión llegó a Colombia, en 1954, Bernardo Romero Lozano, quien la había dirigido en una versión de Ofelia, de William Shakespeare, para la Radiodifusora Nacional de Colombia, la convenció para que diera el salto a “la Televisora”, como se le decía en aquel entonces a la televisión.

A mediados de la década de los cincuenta no era normal que una mujer hecha y derecha trabajara en la televisión, un lugar donde solo tenían cabida los cómicos. Pero Gloria Valencia ya estaba acostumbrada a los grandes retos. En una época en la que no había telepronter ni productores, ni directores, mucho menos cintas de video ni ninguna posibilidad de repetir tomas si algo salía mal, debutó en la televisión en el programa Conozca los autores, un espacio cultural cuyo objetivo era entrevistar escritores y poetas.

Poco antes de que comenzara la transmisión en directo, Gloria Valencia solo recibió una indicación: cuando se prenda el bombillo rojo, hable. Y enfrente tenía al poeta León de Greiff, un personaje más bien difícil, a ratos huraño. Cuando arrancó la entrevista, a Gloria Valencia le entró un ataque de pánico, que expresó ante las cámaras, y para evitar un silencio embarazoso le pidió al maestro que le mostrara lo que llevaba en los bolsillos.
 
Esto dio lugar a una memorable conversación alrededor de los insólitos objetos que cargaba De Greiff.

Desde entonces presentó diversos programas culturales, como el magazín El mundo en Bogotá y Viaje alrededor del arte, al lado de la crítica Marta Traba. En 1961, cuando realizar programas de televisión en exteriores era toda una proeza, presentó Por los rincones de la patria, un programa que les mostró a los televidentes la riqueza del patrimonio arquitectónico y natural del país. De la larga lista cabe destacar Correo especial, uno de sus programas más queridos. En los diversos magazines en los que trabajó al lado de otros presentadores (entre ellos, Pilar, en Esta noche sí) utilizaba su sección para dar a conocer novedades literarias e invitar artistas para conversar con ellos.

Vale la pena recordar que en 1944, cuando ella trabajaba como secretaria del Departamento Administrativo de la Policía Nacional, conoció a Álvaro Castaño, quien realizaba su tesis de Derecho sobre la Policía, su origen y su destino. Gloria Valencia era la encargada de entregarle los útiles de trabajo, y Castaño Castillo, embelesado por la belleza de Gloria, descubrió que ella tenía sobre el escritorio un libro de Ortega y Gasset. Por esas casualidades del destino, él también llevaba consigo otra obra del mismo autor, lo que le dio un motivo a Castaño para hablar con Gloria y comenzar alrededor de la palabra escrita uno de los romances más bonitos de la historia de Colombia.

En medio de los homenajes y los recuerdos que comienzan a publicarse en estos días, tanto de las figuras públicas como de las personas de a pie que se expresan en foros y redes sociales, resulta muy significativo que de las decenas de programas que ella presentó, el que más se cite sea Naturalia.

El nacimiento del programa no fue nada fácil. Convencer a una programadora de que sacara al aire un espacio sobre ecología era poco menos que utópico. En el primer intento les rechazaron la idea. Sin embargo, ellos no desistieron. Se fueron a las embajadas y consiguieron películas sobre fauna y naturaleza. Dos años más tarde regresaron con las latas de los documentales bajo el brazo. Como las embajadas prestaban sin ningún costo ese material de divulgación, el programa era más que viable y de esa manera nació un espacio que ellos mantuvieron contra viento y marea durante casi treinta años. “Gloria Valencia y Álvaro Castaño fueron los pioneros del periodismo ambiental en Colombia y unos visionarios, puesto que inauguraron su programa de televisión cuando apenas surgía el ambientalismo en el mundo. ‘Naturalia’, en sus más de veinte años de existencia, se constituyó en la mayor aula ecológica que haya tenido el país en su historia”, manifestó Manuel Rodríguez Becerra, exministro de Ambiente.

La pasión por la naturaleza la acompañó toda su vida. Gloria Valencia, que nació en Ibagué el 24 de julio de 1927 en un hogar humilde, creció rodeada de árboles. Su vida no fue fácil y su amor por el estudio la llevó a Bogotá, donde estuvo becada en el Colegio Nacional, antes de entrar a trabajar en la Policía.

Al casarse con Álvaro Castaño Castillo encontró al compañero de causa que necesitaba. Ambos compartieron no solo el amor por la naturaleza, sino la necesidad de defenderla, denunciar los atropellos y, más importante aún, de compartir con los televidentes la pasión que sentían por la vida silvestre. Castaño recuerda a Gloria como una pionera del movimiento ambiental colombiano. “Gloria creó la conciencia ambiental en los niños gracias al carné de Amigos de la Naturaleza”. Castaño recuerda que ellos tomaban muy en serio su membresía. Si veían a alguien talando un árbol, le mostraban el carné al infractor y le preguntaban por qué estaba cortando árboles.

Ella no se limitaba a presentar un programa de televisión. También asistía a los foros ambientales y fue una activista muy comprometida con la causa. Fue cofundadora de Natura, una ONG ambiental en la que ella siempre desempeñó un papel muy activo.
 
Como recuerda Elsa Matilde Escobar, directora de la Fundación, estuvo en la junta directiva casi toda su vida y al final fue miembro honorario. Siempre estuvo pendiente de la Fundación y ayudaba a conseguir recursos para sostenerla. En 1994 reunió a varios artistas para que el 12 de octubre cantaran a beneficio de Natura. Hasta que la salud se lo permitió, asistió a todos los eventos que promovía la Fundación. Cuando comenzaron a producirse documentales sobre la fauna y la flora de Colombia, ella los divulgó a través de Naturalia. “Ella nos enseñó a respetar a los animales. A recordarnos que los humanos no somos los únicos seres vivos. A respetar sus derechos, a admirar su belleza”, señala Elsa Matilde Escobar.

Otro tema no menos importante para ella fue promover a los diseñadores de moda colombianos y la industria textilera del país. En la década de los ochenta impuso la frase “Adelante con la moda”, que identificaba a uno de los espacios en los que apoyó a la industria textil colombiana. Pero ya había desarrollado su interés por el tema desde el comienzo mismo de la Hjck. Gabriel García Márquez manifestó que “Gloria Valencia de Castaño inventó el imposible metafísico de transmitir un desfile de modas por la radio”. En la televisión lo hizo a partir de 1954, con el programa El modo y la moda.

Son días difíciles para la cultura, en particular en los medios masivos de comunicación. También lo son para los ecosistemas. Debates sobre la minería a cielo abierto y a gran escala, el aumento de los índices de deforestación, las graves inundaciones, muchas de ellas consecuencia directa o indirecta de la tala de los bosques andinos y la degradación de los páramos. Durante más de cincuenta años, Gloria Valencia estuvo allí para que la cultura llegara a los hogares colombianos de manera amable y accesible. Estuvo allí para alertarnos de varios de los problemas que hoy afrontamos por haberle dado la espalda a la naturaleza. Qué falta nos hacen su mirada, su sonrisa y su voz, las que nos hacían creer, así fuera durante la media hora que dura un programa de televisión, que vale la pena dedicarles tiempo a los poetas y a los músicos, que es posible un planeta en que el hombre puede convivir con la vida silvestre y disfrutar de su belleza.
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