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| 11/10/2007 12:00:00 AM

Candela en los pies

El conjunto de bailarines de salsa Swing Latino es un campeón mundial colombiano. Y su calidad es tal, que los patrocina Tigo, que usualmente sólo apoya equipos de fútbol.

Las luces se encienden y los ilumina. Sus pieles oscuras resplandecen en la media luz del escenario. Los aplausos llenan el silencio, mientras la música se inicia con un ritmo suave. "Lo bailan en Venezuela, lo bailan en Panamá. Este ritmo es africano y donde quiera va acabar". Son los grandes de la salsa en el mundo. Y no son precisamente Héctor Lavoe, Celia Cruz, Willy Colón, el Gran Combo o la Fania. Son Luis Eduardo Hernández y Martha Lucía Montañez, los primeros colombianos en ser campeones mundiales de salsa y los directores de la escuela Swing Latino. Es tan bueno y contagioso el trabajo de este grupo, que Tigo, que normalmente patrocina equipos de fútbol, apoyará ahora a los bailarines y en diciembre ellos defenderán su título en Orlando, Florida.

La vida de 'El Mulato', como llaman a Hernández, es digna de contarla al estilo Hollywood o como la de los cantantes salidos del Bronx. Surgió de los barrios populares de Cali, de una familia pobre y de ocho hijos. Cuando tenía 5 años, se sentaba en su casa a hacer las tareas del colegio y, mientras tanto, veía a sus hermanos ensayar los pasos con los que descrestarían a sus amigos o impresionarían a las muchachas en los 'agüelulos', las fiestas caleñas que organizan en las calles.

Ganó en cuanto concurso de barrio bailó. Las primeras veces 'azotaba baldosa' con los zapatos de ir al colegio, luego, con los de diciembre. Pero como muchos 'pelaos' de las zonas marginales, a los 14 años lideraba las pandillas de las calles en las que vivía. "Cuando él era muchachito, las cositas te pedía y si tú no se las dabas, como quiera las cogía". Robó y peleó con cuchillo al lado de sus amigos y nadie lo superaba en enfrentamientos cuerpo a cuerpo, sin embargo, nunca 'visitó' una cárcel, ni mató o cayó en las drogas. "En los barrios vale el que más se pare y yo siempre fui líder, pero fue más fuerte el arte que sentía y me alejé de esos grupos. Quería bailar". Y como El Mulato de Richie Ray y Bobby Cruz, 'ponerme mi traje de seda, mis zapatos ya voy a brillar, voy a coger mi sombrero de paja, y pa'l pueblo me voy a vacilar'.

Eso fue en 1982 y aunque fue difícil convencer a los pandilleros, logró abrir su escuela de baile: 'Los pibes de la salsa'. La inició con 60 jóvenes en el barrio el Diamante, después se trasladaron al barrio San Pedro Claver en donde cambiaron su nombre por 'Los inquietos de la salsa'.

Tuvo que alejarse un poco de la escuela para vestir de camuflado durante un año. Pero no dejó su pasión, puso a bailar las tropas del batallón en el que prestó el servicio militar y los comandantes lo llamaban para que organizara a los soldados durante el 'Orden cerrado'. Los uniformados presentaban armas mientras caminaban o se movían al ritmo de salsa. 'El Mulato' aprovechaba sus beneficios para escaparse todos los días. A las 4 de la tarde nada lo paraba, corría a su barrio a entrenar a los niños que integraban su grupo.

Esta rutina habría continuado de no ser porque uno de sus superiores militares lo vio por televisión, en Telepacífico, cuando lo premiaban por ser el ganador del primer concurso de baile que ese canal organizó. Al regresar al batallón, pagó el castigo por su falta, pero no fue suficiente para calmar el ritmo que movía su cuerpo.

Trabajó como mensajero y en cualquier empleo que le resultó. Humberto Rey, médico y maestro de la Universidad del Valle, de quien era chofer, lo alentó para que dedicara toda su energía a bailar: "usted es un artista".

La salsa que corre por sus venas y que impulsa su corazón lo llevó a Puerto Rico, con nueve bailarines de Azúcar, el ballet al que perteneció desde 1993 hasta 1998, allí asistía para aprender y después enseñarles a los niños de su escuela. Organizaron fiestas, rifas y todo tipo de actividades de barrio para reunir los nueve millones de pesos que necesitaban para pagar el viaje. Esa vez no ganaron, pero los aplausos de la gente los entusiasmaron. Aprendió que sus ilusiones y sus ganas de bailar podían llevarlo más lejos de lo que había pensado. "Oye latino, oye hermano, oye amigo, nunca vendas tu destino por el oro ni la comodidad, nunca descanses".

Sus pasos fueron más que un simple baile de aficionado o de los 'agüelulos' caleños. En 1998 ganó, junto a su esposa Martha, el campeonato de baile de parejas en Cali y este título lo repitieron al año siguiente y en 2003. En 2005 logró el título mundial de baile de pareja en la competencia organizada por Espn en Filadelfia, sus pupilos Genner Vásquez y Leydy Díaz quedaron de terceros.

Pero la suerte de 'El Mulato' aún no le había dado todos los regalos que le tenía guardados. En 2006 con su escuela barrió con los títulos de los campeonatos más importantes del mundo. Fueron vencedores como grupo en Cali y se llevaron el segundo y el tercer lugar en parejas. En Miami ganaron como grupo el campeonato mundial y la pareja conformada por Steven Rebolledo y Ángela Caval, unos de los mejores bailarines de la escuela, quedó de segunda. En Las Vegas, Swing Latino se coronó como campeón mundial de baile en grupo y ocupó el segundo lugar en parejas con Genner Vásquez y Yudid Aguilar. Los triunfos que de niño soñó, la gloria que en su infancia en medio de las necesidades y la violencia de su barrio no veía cercana, llegó por partida triple.

En el escenario brillaron por la rapidez y la precisión de sus movimientos. Parecía que la música saliera de sus piernas, se movían al compás de los tambores y de la clave. Los bailarines dieron un espectáculo que los narradores de Espn describieron como "los que traen candela en los pies". Ganaron con los trajes que diseña Martha Lucía y cose su tío, y los zapatos que fabrican unos zapateros amigos del barrio.

Swing Latino es un escudo contra la violencia típica de las zonas populares. "La calle es una selva de cemento y de fieras salvajes cómo no". Y 'El Mulato' sabe bien esto, conoce las calles de su ciudad, como muchos niños y jóvenes que aún viven en ellas. "Yo les pongo a escoger a los pelaos entre el baile o las pandillas. Muchos prefieren viajar y entregarse al arte. Otros no captan el mensaje". Por su escuela han pasado unos 1.000 jóvenes, 12 de ellos viven ahora en Miami, Japón y New Jersey y dirigen las escuelas del grupo en esas ciudades. "Yo me he podido quedar en Inglaterra, en China o Estados Unidos, pero tengo un compromiso con Cali".
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