La revista SEMANA ejerce un gran liderazgo informativo en una coyuntura donde la institucionalidad se ha visto desafiada desde varios flancos.
Por un lado, el cambio en las tendencias del conflicto del país. Se ha pasado de un conflicto armado interno feroz a la contención de la guerrilla, y de la existencia de un ejército ilegal de paramilitares a grupos de criminalidad financiados por el narcotráfico. En este proceso de transición democrática y búsqueda de la verdad se han revelado niveles insospechados de captura del Estado por parte de las mafias.
Por otro lado, la posibilidad de cambiar las reglas del juego para hacer posible un tercer período presidencial ha desatado una serie de desequilibrios entre las instituciones y tensiones entre los poderes que han sido materia de múltiples reportajes y editoriales.
SEMANA ha encarnado en este tiempo el valor esencial del periodismo: asumir su papel de guardián de la democracia y sus libertades. Sobre todo del peligro que representa para el Estado la conjunción de mafias y políticos corruptos que quieren someter al Estado para su propio beneficio. Por eso, desde la prensa libre e independiente se busca recuperar el valor de la ética pública en las altas esferas del poder y del bien común como pilar fundamental de la democracia.
Por otro lado, SEMANA jugó un papel determinante en denunciar la guerra sucia desatada por el DAS que orquestó contra sectores de la justicia y de la oposición, con grabaciones ilegales y seguimientos que aún hoy son materia de investigación y que han comprometido a toda la cúpula de la institución. SEMANA, desde el periodismo, defiende el respeto al equilibrio de poderes, a los derechos políticos y libertades civiles que son parte esencial de la democracia.
En tercer lugar, SEMANA ha asumido un gran compromiso informativo con las víctimas de la violencia y, en particular, para denunciar el despojo de tierras por el que han sido desplazados millones de colombianos, que aún esperan justicia y reparación y que es crucial como parte de la equidad social que requiere todo Estado de derecho.
La revista también ha sido deliberante cuando se han definido cambios institucionales que afectan la democracia, como la segunda reelección, frente a los cuales no sólo ha informado, sino que ha cumplido una función orientadora de la opinión pública respecto a los riesgos que estos cambios entrañan para la democracia.
En este esfuerzo periodístico SEMANA ha sido confrontada por sectores radicales del régimen político. En un ambiente de polarización política algunos sectores afines al gobierno caen en la visión maniqueísta y confunden el ejercicio libre de la prensa crítica como un bastión informativo de la oposición política. En realidad, SEMANA no ha hecho más que periodismo de investigación y ha mantenido su independencia en momentos difíciles y resistiendo amenazas de los violentos, y presiones de los no violentos, incluidas demandas judiciales muchas veces entabladas para silenciar las denuncias.
Pero, así mismo, nunca como ahora, SEMANA ha tenido el reconocimiento de sus lectores y de la sociedad en su conjunto. En estos años la revista ha ganado la mayoría de los premios más importantes a los que puede aspirar la prensa, y ha sido reconocida por los diarios y las revistas más prestigiosos del mundo como la mejor revista de América Latina y es considerada una publicación de referencia obligada para sectores influyentes de América Latina, Europa y Estados Unidos.
“No solamente está en jaque la gobernabilidad, pero el público no se ha alarmado, quizá porque el gobierno ha manejado la opinión con singular destreza y la tiene atemorizada. El papel que deben cumplir los medios de comunicación en esas circunstancias es brindar un punto de vista independiente y crítico para alertar a la opinión. En esto ha fallado la mayoría de ellos. Ello le ha permitido a SEMANA diferenciarse y orientar a la porción del público que no desea tragar entero”.
— Rudolf Hommes —