MEDIO AMBIENTE

¿Pueden recuperarse las especies al borde de la extinción?

Dos científicos del Instituto Humboldt explican qué tiene que pasar para que una especie que está desapareciendo pueda volver a la naturaleza. El cocodrilo o caimán del Orinoco es uno de los casos que permite entenderlo.

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17 de septiembre de 2026 a las 6:44 a. m.
(Fotografía Oficial Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible / Iván Felipe Orozco Ardila).
(Fotografía Oficial Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible / Iván Felipe Orozco Ardila). Foto: (Fotografía Oficial Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible / Iván Felipe Orozco Ardila).

Un millón de especies de animales y plantas del planeta están en amenaza de extinción. La cifra de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) muestra la urgencia con que el mundo intenta resolver el futuro de la biodiversidad. Una especie puede desaparecer porque destruyen el bosque donde vive, porque cambia el ecosistema del que depende o porque la cacería reduce sus poblaciones a contados individuos. Pero llegar al borde de la extinción no necesariamente significa que todo esté perdido.

En algunos casos, la ciencia plantea soluciones tan sencillas como proteger el hábitat. En otras, cuando la situación es más crítica, hay que intervenir directamente: incubar huevos, “criar” individuos en condiciones controladas, propagar semillas y, llegado el momento, devolverlos a la naturaleza.

La pregunta es hasta dónde puede llegar ese esfuerzo y qué significa realmente recuperar una especie.

Hernando García, biólogo, con maestría en ecología y director del Instituto Humboldt, y Carlos A. Lasso, biólogo, investigador senior del Instituto y experto en recursos hidrobiológicos, trabajan en distintos frentes relacionados con la conservación de la biodiversidad. Ambos explican qué señales indican que una especie está desapareciendo, qué puede hacer el ser humano para evitarlo y por qué el caimán del Orinoco constituye uno de los retos más interesantes de conservación en Colombia.

¿Cómo saber que una especie está desapareciendo?

SEMANA: Empecemos por lo básico. ¿Cómo se da cuenta la ciencia de que una especie está empezando a desaparecer?

Carlos A. Lasso: Hay varias señales. Miramos, entre otras cosas, cuántos individuos quedan, si hay adultos y juveniles, y por ende si las poblaciones se están reproduciendo, dónde están, qué tan grande es el territorio que ocupan y qué está pasando con los ecosistemas de los que dependen. Cuando todos esos indicadores muestran que una especie está en riesgo, llega el momento de tomar medidas para evitar que desaparezca. Hay señales de alarma como la caza indiscriminada, la sobrepesca, el tráfico de especies y una disminución casi que inmediata de las poblaciones.

SEMANA: ¿Y qué se puede hacer cuando todavía queda tiempo para actuar?

Carlos A. Lasso: Lo primero es conservar el ambiente donde vive la especie. Si se protege y cuida el hábitat, se protege también la posibilidad de que la población se mantenga.

Pero hay situaciones en las que eso ya no es suficiente. Cuando la destrucción del hábitat y la caza principalmente desborda las medidas de protección, aparece otra posibilidad: la conservación fuera de su hábitat natural, lo que los científicos llamamos conservación ex situ.

SEMANA: ¿Qué significa eso en términos sencillos?

Hernando García: Significa reforzar temporalmente parte de ese proceso de conservación de la naturaleza y mantener a los animales o plantas en condiciones controladas fuera de su ambiente. Puede hacerse en acuarios, zoológicos, jardines botánicos, reservas privadas, estaciones de investigación u otros lugares adecuados. Allí se busca reproducir la especie y mantener las condiciones necesarias para que sobreviva y, posteriormente tras los estudios de rigor, devolver los individuos al medio natural.

La idea no es que la especie viva para siempre bajo el cuidado o la dependencia del ser humano, sino utilizar ese tiempo para fortalecer la población y regresar a la naturaleza los nuevos animales o plantas.

Cuando la especie vuelve a la naturaleza

SEMANA: ¿Eso realmente ha funcionado en Colombia?

Carlos A. Lasso: Sí. Hay varias experiencias interesantes. Con las tortugas icotea, galápago, terecay y charapa, por ejemplo, se recolectan huevos del medio natural, se incuban en cautiverio y, cuando las crías alcanzan un tamaño apropiado, se vuelven a liberar en el lugar de origen.

Hernando García: También está el caso del cóndor andino. Es un programa que existe desde hace por lo menos 30 años y que le ha permitido al país tener poblaciones liberadas en páramos donde estas aves habían desaparecido por la cacería o por problemas de hábitat.

Y hay experiencias con plantas como los programas de conservación de magnolias colombianas. Los jardines botánicos han tenido un papel fundamental en el rescate de semillas de árboles que estaban a punto de desaparecer. Han logrado reproducirlos y establecer poblaciones viables en áreas protegidas o en reservas de la sociedad civil, entre otros lugares.

SEMANA: Entonces, ¿criar animales y soltarlos es suficiente para recuperar una especie?

Hernando García: No. Y el cocodrilo del Orinoco es un buen ejemplo de por qué no es tan sencillo.

Caimanes o cocodrilos: no basta con criar y liberar

SEMANA: ¿Qué pasó con el cocodrilo del Orinoco? ¿Cómo llegó a estar en una situación tan delicada?

Hernando García: Es una especie endémica de la cuenca del Orinoco, que comparten Colombia y Venezuela. Ha sufrido presiones históricas, no solamente por la pérdida de su hábitat sino también por la cacería dirigida, que llevaron a la especie a un estado crítico.

Hace varios años, expertos del Humboldt y de otras organizaciones alertaron sobre el estado de sus poblaciones. Entonces se empezó a movilizar un programa para integrar esfuerzos con un propósito común: rescatarlo.

Desapareció de la mayor parte de su área de distribución. A hoy, algunos expertos calculan que quedan 250 individuos en el medio natural.

SEMANA: ¿Qué tuvieron que hacer primero?

Hernando García: Identificar cómo estaban las poblaciones, cuáles eran sus hábitats, en qué territorios habían desaparecido y cuáles podrían ser sitios adecuados para repoblar.

Después se inició su reproducción controlada. La Universidad Nacional asumió un gran liderazgo con la Estación de Biología Tropical Roberto Franco, el bioparque Wisirare en Casanare y organizaciones como Palmarito, también comenzaron procesos de reproducción fuera del medio natural.

Pero había una condición fundamental: conocer la procedencia genética de los animales.

¿Por qué no sirve cualquier caimán?SEMANA: Ahí aparece una pregunta que puede parecer extraña para alguien que no es científico: si todos son cocodrilos del Orinoco, ¿por qué no se puede criar cualquiera y soltarlo donde haga falta?

Hernando García: Porque necesitamos que los individuos que reintroducimos sean genéticamente acordes con la localidad donde los estamos introduciendo.

La reproducción fuera del medio natural puede hacerse a partir de individuos que ocupaban originalmente esos espacios de la Orinoquía colombiana. De esa manera, si posteriormente liberamos animales que se han reproducido y/o criado en cautiverio, y luego hay intercambio genético con los individuos que permanecían en estado silvestre, no estamos generando un problema genético en las poblaciones que ya existen.

Estudios de la Universidad Nacional, liderados por el profesor Mario Vargas, nos dicen, por ejemplo, que los caimanes que están en cautiverio en la actualidad se pueden liberar, en efecto, en la Orinoquía colombiana, pero siguiendo unos criterios genéticos básicos de acuerdo a la regiones de procedencia de ese acervo genético en particular.

SEMANA: Dicho de otra manera, ¿el lugar de donde viene un caimán importa tanto como el lugar donde lo vamos a liberar?

Hernando García: Exactamente. La procedencia genética es un criterio fundamental para una reintroducción responsable. Porque si se mezclan poblaciones genéticamente diferentes sucede un detrimento en las poblaciones “adaptadas” a ciertas condiciones específicas del medio natural tras millones de años de evolución.

Venezuela ya hizo el experimento

SEMANA: ¿Colombia está empezando desde cero o hay experiencias que permitan saber qué funciona?

Carlos A. Lasso: Estuve en Venezuela como administrador e investigador durante varios años en la Estación Biológica El Frío (Llanos de Apure) a finales de los 80 y principios de los 90, en la construcción de las primeras tanquillas, granjas o zoocriaderos y en las primeras liberaciones, que fueron exitosas.

Participaron predios privados, reservas de la sociedad civil (hatos), fundaciones, cooperación internacional y el mismo Estado de aquel entonces. Eso permitió que los individuos liberados alcanzaran tallas reproductivas gracias a la vigilancia y el control que se hacía sobre el territorio. Una lección aprendida que bien podríamos replicar en Colombia.

En esas áreas “vigiladas” la reintroducción fue exitosa y según el experto venezolano en crocodílidos Alvaro Velasco, hay poblaciones viables actualmente en los hatos de El Frío, El Cedral, Garza y Santa Rosa.

En el Hato Frío, por ejemplo, desde finales de los 80 hasta el 2017 se habían liberado más de 3200 individuos.

Pero la naturaleza también mata

SEMANA: Hay algo que puede resultar paradójico. Si liberan caimanes pequeños, otros animales pueden comérselos. ¿No termina eso poniendo en riesgo el esfuerzo de recuperación?

Carlos A. Lasso: Los depredadores naturales existen desde siempre. Que una garza o una babilla se coma a un cocodrilo o caimán pequeño es algo que ha ocurrido históricamente y hace parte del ciclo de la evolución desde hace millones de años.

Que un animal se coma a otro en condiciones naturales nunca ha llevado a la extinción. El problema es que el ser humano intervenga para depredar la especie. Por eso se priorizan territorios poco poblados para las liberaciones.

Obviamente, lo que no hay que hacer es liberar animales muy pequeños o neonatos en lugares con muchos depredadores naturales y en épocas climáticas inadecuadas. Esto es un fundamento básico de cualquier Programa de Conservación.

El verdadero reto: después de la liberación

SEMANA: Entonces, ¿qué tiene que pasar para que una liberación sea realmente exitosa?

Hernando García: Hay varias condiciones. Primero, la coherencia genética. Segundo, promover acciones de seguimiento y control en el territorio donde se liberan los animales: la institucionalidad ambiental debe asegurar que el hábitat se mantenga en condiciones adecuadas, por ejemplo mediante Parques Nacionales o reservas de la sociedad civil.

También está el trabajo de pedagogía y participación con las comunidades locales, el marcaje y seguimiento de los individuos, como ya lo hacen la Universidad Nacional, Palmarito y Wildlife Conservation Society (WCS), que encabezan esfuerzos muy valiosos.

En realidad, todos tienen que sumar. Este es un trabajo de décadas. Se trata de poder decir que hoy estamos mejor que hace 30 años y seguir avanzando. Por eso hoy es muy importante un trabajo articulado, con el liderazgo de las entidades del SINA y con la participación de la academia y la sociedad civil. Valorar positivamente todos los esfuerzos que ya se están haciendo, y fortalecernos desde lo ya hecho. Es la oportunidad para salvar de su extinción al Cocodrilo del Orinoco.

Carlos A. Lasso: También hay que garantizar la incubación de los huevos, el levante de los neonatos y la cría con la alimentación adecuada. Y donde se liberen tienen que existir las condiciones naturales para mantener a un gran carnívoro que se alimenta de otros mamíferos acuáticos, aves y peces de gran tamaño.

Eso tiene mucho que ver con la riqueza de nutrientes del agua esos ambientes y las sabanas o bosques circundantes.

SEMANA: ¿Y cómo se sabe, después de una liberación, si el esfuerzo funcionó?

Carlos A. Lasso: Lo que todos los investigadores y conservacionistas añoramos: que haya reproducción in situ y veamos los juveniles ocupando este nuevo hábitat.

SEMANA: ¿Qué tendría que ocurrir para que ustedes pudieran decir algún día: “el cocodrilo del Orinoco está recuperado”?

Hernando García: Lo primero: reproducción en condiciones totalmente naturales. Luego contar con una proporción adecuada de machos y hembras, clases de tamaño que muestran un crecimiento poblacional, etc.

Hay que recordar que el crecimiento de la especie depende de varios factores, entre ellos una alimentación adecuada. Al menos tendríamos que esperar que el cocodrilo alcanzara la talla de madurez sexual (2 metros de longitud total) y eso toma varios años. Luego que encuentre su pareja, anide, proteja la prole y que algunos juveniles alcancen la talla adulta.

¿Qué ha hecho el Humboldt?

SEMANA: En todo este proceso participan universidades, organizaciones, comunidades y entidades públicas. ¿Cuál ha sido concretamente el papel del Instituto Humboldt?

Carlos A. Lasso: El Plan de Acción Nacional data del 2002 y su construcción fue liderada en ese momento por el Instituto. Por supuesto se elaboró de la mano del Ministerio del Ambiente y de la Estación de Biología Tropical Roberto Franco de la Nacional.

Desde el 2013 trabajamos dentro del Programa de Biología de la Conservación con el cocodrilo del Orinoco y a hoy se han publicado libros como Biología y conservación de los Crocodylia de Colombia, Conservación de grandes reptiles acuáticos continentales en áreas no protegidas de Colombia, y el Libro rojo de reptiles de Colombia, donde se categorizó la especie y luego fue incluida en la Resolución del Ministerio.

En el 2019 lideramos la Identificación de las áreas y estrategias para la conservación del caimán llanero (Crocodylus intermedius) en la Orinoquia Colombiana. En ella trabajamos con la UNAL, la Estación Roberto Franco, la Fundación Palmarito, la Fundación Omacha y otros investigadores independientes. Esa publicación es hoy en día parte fundamental de la hoja de ruta del Plan de Acción que lidera en Ministerio bajo la coordinación de WCS.

Lo más reciente: una Guía Biomédica relativa a la exposición con animales acuáticos en el norte de Sudamérica y El Caribe (Grupo SOUL), un trabajo hecho junto con médicos y veterinarios de en el que se abordan los incidentes y el tratamiento médico por ataques o accidentes con cocodrilidos.

SEMANA: Si tuviera que explicar en una frase qué cambió gracias a ese trabajo, ¿qué diría?

Carlos A. Lasso: Pues que las decisiones deben basarse en la ciencia con datos y la experiencia de los investigadores colombianos e internacionales en la materia. Eso obviamente se construyó no solo desde el Instituto sino gracias a varias universidades, ONG´s y muchas personas que están tras bambalinas cuidando los cocodrilos. Por ello, el liderazgo que muestra el actual Ministerio del Ambiente es fundamental para el éxito del Plan de Acción.

SEMANA: Hemos hablado de reproducción, genética, hábitat, comunidades, seguimiento. Entonces volvamos a la pregunta del principio: ¿se puede realmente recuperar una especie que estuvo al borde de desaparecer?

Hernando García: Sí.