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| 4/1/2016 3:30:00 PM

Aguachica y Urabá: las dos caras de Whatsapp y las redes sociales

En una semana ambas plataformas digitales mostraron sus dos rostros: ayudaron a visibilizar la infamia contra niños en Aguachica y también fueron usadas para aumentar el terror del paro armado.

Los desarrolladores de Whatsapp, Twitter o Facebook insisten en que sus plataformas son neutrales, que quienes las hacen buenas o malas son los usuarios. Es cierto. En los últimos días, nuestro país fue testigo de cómo las redes sociales pueden servir para visibilizar actos de extrema maldad y corrupción, pero también pueden ser el frío puente para que el terror se propague entre miles de personas con el menor esfuerzo.

Primero lo positivo. Una profesora del colegio Sagrado Corazón en municipio de Aguachica (Cesar), grabó un video en el que se ve cómo los niños hacen fila para que les tomen fotos con los supuestos alimentos que reciben.

Lo indignante fue que las fotografías que les toman a los pequeños las hacen con un mismo plato de comida y un mismo vaso de jugo. El video llegó primero a Twitter y luego se propagó como una mecha en Facebook. Miles de usuarios mostraron su reprobación ante la secuencia.

Las imágenes del video difundido el miércoles pasado corresponderían a las raciones que entrega uno de los operadores en este colegio llamado Fundación Provenir, que obtuvo un millonario contrato con la Alcaldía de Aguachica.

Todo esto se supo en cuestión de horas, precisamente por la presión que ejercieron los propios usuarios. Gracias a la viralidad y las interacciones en tiempo real, la ministra Gina Parody y su equipo se apersonó del caso y buscó a los responsables de lo ocurrido.

En este caso, la efervescencia de las redes sociales fue un factor clave para que las autoridades tomaran cartas en un asunto tan sensible como la alimentación de los niños en un centro educativo.

En menos de doce horas el ministerio de Educación, el ICBF, la Contraloría y la Fiscalía se pronunciaron sobre el caso de corrupción. Hace unas décadas, para que esto ocurriera, podían pasar doce meses.

El caso Urabá

Para ‘Clan Úsuga’ (también conocidos como ‘Urabeños’), Whatsapp y las redes sociales han sido la herramienta más económica para propagar el terror en los últimos días. El propio ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, tuvo que reconocer el poder que han tenido las cadenas de Whatsapp en las que hacen circular audios que amenazan la tranquilidad de los ciudadanos en los pueblos del gran Urabá en Antioquia y Córdoba.

Pero la plataforma de mensajería no ha sido el único medio para generar zozobra. En Facebook los propios usuarios han compartido fotos de los panfletos que informaban los detalles del paro armado decretado por el llamado ‘Estado Mayor de las Autodefensas Gaitanista de Colombia’.

En Twitter, las imágenes de los pueblos sin gente en las calles han retratado el impacto de esta alteración al orden público.

Estas publicaciones lejos de alertar a las autoridades lo que han hecho es sembrar una sensación desprotección entre los habitantes.

El ministro Villegas aseguró que los delincuentes seguirán usando estas plataformas ya que les permite mantener el anonimato y tiene mucho más impacto que el método de los panfletos. “Las comunidades no se deben dejar amedrentar por estas cadenas o publicaciones”, instó el ministro.

Lo más grave es que estas comunicaciones son prácticamente imposibles de rastrear. Las cadenas de Whatsapp, por ejemplo, se propagan de forma tal que las autoridades no pueden llegar hasta el criminal que originalmente envío el audio.

Ante esto, las plataformas se han convertido en un nuevo campo de batalla entre organismos de control y delincuentes y esta guerra, por ahora, la están perdiendo los buenos.

En su momento, Miguel Ángel Bastenier, uno de los periodistas más importantes de Iberoamérica opinó sobre lo bueno y lo malo de las redes sociales. El experto español utilizó una vieja frase de un viejo western para interpretar lo que pasa en Colombia con Whatsapp y las redes: “Un revólver no es bueno ni malo, depende de la mano que lo empuñe”. Es cierto. Las redes, per sé, no son ni buenas ni malas, son neutrales. Eso quedó demostrado esta semana.

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