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| 2/21/2015 10:00:00 PM

Llegaron los drones

Ya los hay para proteger el medioambiente, hacer películas, cazar huracanes; en el futuro entregarán domicilios y hasta transportarán personas.

La palabra dron se asocia casi siempre a operaciones militares y antiterroristas en países lejanos como Yemen y Afganistán. Lo que muchos no saben es que los usos de estos aparatos, cuya principal característica es que son piloteados a control remoto, van más allá de la guerra. En países como Japón, Australia, Francia y Reino Unido se usan en actividades que van desde ubicar personas perdidas hasta tomar selfis. Se estima que más de un millón de drones se han vendido en el mundo, de los cuales 500.000 solo en Estados Unidos.

Esta cifra aumentará debido a que la FAA, la autoridad que controla el espacio aéreo en Estados Unidos, propuso una regulación para estas aeronaves con fines comerciales. Hasta el momento, el que quisiera volarlos debía tener un permiso, pero con la nueva reglamentación la  FAA calcula que habrá más de 7.500 compañías que podrán empezar a volar sus drones  en los próximos tres años. Para Alberto Maya, analista de aviación comercial, la decisión es importante para la seguridad aérea. “Y si la Organización de Aviación Civil Internacional acoge la medida, se adoptaría inmediatamente en 180 países, incluido Colombia”, dice.

La proliferación de los drones también se va a disparar por su bajo precio y la relativa facilidad para volarlos. Según Ricardo Ramírez, líder del Grupo de investigación de Plataformas Robóticas de la Universidad Nacional, en Colombia los modelos más sencillos para fines recreativos se consiguen a 200.000 pesos en almacenes de cadena. Los  sofisticados oscilan entre 4 y 10  millones.

Ante este panorama, algunos creen que el mundo se encuentra ad portas de una revolución similar a la que produjo el Modelo T de la Ford a principios del siglo XX, o incluso frente a la serie de cambios transformadores que generó internet. “En países desarrollados cada persona tendrá uno”, dijo a la revista The Atlantic Jordi Muñoz, socio de 3D Robotics, una compañía que produce y vende drones comerciales en Estados Unidos. El solo impacto en la economía será enorme, pues el negocio de los drones comerciales creará solo en Estados Unidos 100.000 empleos nuevos y generará ganancias del orden de 13.600 millones de dólares, según la Association for Unmanned Vehicle Systems International.

La mayoría de drones comerciales parecen helicópteros o aviones a escala equipados con cámaras, GPS, motores y baterías. Otros son aún más pequeños como el Dragonfly, del tamaño de un teléfono inteligente, que será de gran ayuda para buscar heridos en terremotos o para seguir a sospechosos criminales. Hay una versión llamada Nixie, un dron de pulsera, y el Pocket Drone, del tamaño de una tableta, que se promociona como “su robot volador personal”. Con una cámara permite grabar videos y fotos.

Estos modelos son usados para múltiples propósitos. Con algunos de ellos los agricultores vigilan el progreso de sus cosechas. “Se programan incluso para el riego y el suministro de pesticidas y fertilizantes en una parcela”, dice Ramírez. Los vendedores de finca raíz los usan para mostrar inmuebles. También se emplean para proteger animales salvajes en peligro de extinción mediante el mapeo de sus comunidades. En el cine han sido ampliamente usados y gracias a su tamaño  logran tomas que antes eran muy peligrosas o imposibles de hacer. Los meteorólogos los encuentran ideales para cazar huracanes porque captan datos que los expertos estudian para ver la evolución de una tormenta.

Han resultado de gran utilidad en la búsqueda y el rescate de personas, como sucedió en Canadá, donde en mayo de 2013 cuando un conductor extraviado en medio de un parque natural fue ubicado por un  dron en temperaturas bajo cero con un aparato sensible al calor. En Australia ayudan a supervisar el mantenimiento de líneas eléctricas en sitios aislados. En Suecia los han usado para enviar desfibriladores a donde se necesitan más rápido que en ambulancia. En Brasil, durante el Carnaval de Río, decenas de drones se lanzaron para tomar fotos de las comparsas y celebrar el aniversario 450 de estas fiestas.

Los adeptos a estos aparatos señalan que en un futuro no muy lejano podrán seguir a un pequeño de la casa al colegio o “acompañar a ancianos con demencia a dar un paseo por la calle”, agrega Ramírez. Incluso algunos creen que llegará el día en que los drones transporten a las personas de un sitio a otro.  Una versión limitada ya se vio cuando Lady Gaga mandó construir Volantis, un dron con el que ella se movilizó en el puerto naval en Nueva York donde se realizaba el lanzamiento de su disco a finales de 2013.

También transformarán el concepto de domicilio como pretende Amazon con su proyecto de entregas por medio de drones. Ramírez considera que eventualmente “todo puede ser entregado en la ciudad, desde ‘pizzas’ hasta periódicos”. Otros van más allá y le ven gran potencial en el transporte de carga. “Una bandada de drones se podría programar para volar como los pájaros, en una formación en V, y así emplear corrientes aerodinámicas”, dice Chris Anderson, fundador de 3D Robotics. El año pasado Mark Zuckerberg anunció que Facebook está desarrollando el proyecto de llevar Wi-fi gratuito a países en vías de desarrollo, con una flota de drones que volarán con energía solar para dar conectividad a internet de forma gratuita.

Aunque la regulación propuesta por la FAA deja por fuera los proyectos de entregas a domicilio –porque los drones no podrían volar fuera de la vista de quien los controla–, hay plena confianza en el medio de que esto en el futuro cambiará. La norma también contempla mayor transparencia de los drones del gobierno para evitar violaciones de la privacidad, y la necesidad de tener certificado para manejarlos.

Esto es apenas necesario, pues así como se vislumbran muchos usos positivos, como sucede con cualquier herramienta tecnológica, otros ya han visto oportunidad para hacer con ellos cosas ilícitas. En México los carteles los usan para transportar droga en la frontera con Estados Unidos. Los drones paparazzi también amenazan la privacidad de los famosos y ya han sido invitados indeseados en las bodas de Tina Turner y Anne Hathaway. Así mismo, han estado volando en los jardines de las casas de Miley Cyrus, Rihanna, Jennifer Garner y, quién iba a creerlo, el propio Barack Obama.

A la invasión de la privacidad se une el temor a la seguridad, pues ya se han reportado casos de accidentes debido a la falta de habilidad de quienes los controlan en tierra. Pero para los promotores de esta nueva tecnología, como Anderson, cofundador de 3D Robotics, estos problemas no deben generar miedo, pues son un obstáculo menor ante las grandes posibilidades de uso, “aun cosas que hoy no se pueden imaginar. Porque eso es lo que sucede cuando se le añade la palabra personal a una tecnología: evoluciona en algo nuevo y se vuelve algo más poderoso en manos de la mayoría que cuando estaba bajo el control de algunos pocos”, dice.  Eso es lo que pretende la comunidad adepta a ellos: desmilitarizarlos y democratizarlos para que encuentren su potencial, tal como sucedió con internet.
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