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| 6/15/2014 8:00:00 PM

La imparable ola de la economía ‘peer-to-peer’

Las primeras experiencias de consumo colaborativo apoyadas en tecnologías de la información retan a la economía mundial.

La industria hotelera de Nueva York llevó a juicio el mes pasado a Airbnb, una plataforma para conseguir alojamiento en otra ciudad sin acudir a hoteles, sino negociando directamente con el propietario de una casa o apartamento; el sistema es rápido, fácil y seguro, y a través de él se ponen de acuerdo directamente el viajero y el anfitrión. Por supuesto, los hoteles saltaron iracundos, porque quedan fuera de este círculo directo entre consumidores, pero Airbnb ya está valorada en 10.000 millones de dólares. La semana pasada los taxistas europeos la emprendieron literalmente a patadas contra Uber, la app que pone en contacto directo a pasajeros con propietarios de vehículos particulares. Pero Uber, a pesar de las protestas, está valorada hoy en 17.000 millones de dólares. Y un par de meses atrás, las autoridades monetarias de varias naciones – incluida la nuestra – emitieron sendos comunicados advirtiendo sobre los “peligros” de Bitcoin (la moneda virtual con la que se pueden hacer transacciones en línea) y atemorizando a los usuarios que se atrevan a explorar la posibilidad que Bitcoin ofrece de hacer negocios sin que los bancos metan sus narices allí. No obstante, su cotización se multiplica sin parar y alcanza hoy los 600 dólares por Bitcoin.

¿Qué tienen en común Airbnb, Uber y Bitcoin? Son ejemplos de la incipiente economía ‘peer- to-peer’ (P2P), o ‘sharing economy’, un modelo de transacciones y negocios directos entre ciudadanos, sin la presencia de los intermediarios tradicionales; sin monopolios y sin especuladores quedándose con la mitad de la torta. Las tecnologías de la información hacen posible la emergencia de formas de consumo colaborativo nunca antes vistas.  RelayRides es una app de gran popularidad en Estados Unidos, que permite a los usuarios rentar un auto por horas, directamente con el dueño, el cual podría ser un vecino. TaskRabbit es un mercado virtual en el que se ofrece y se encuentra mano de obra rápida, sin pasar por las agencias de empleo. BlaBlaCar es un sistema para compartir automóviles en Europa que ya entró en la mira de las autoridades, al igual que Airbnb, fundada en 2008 por el emprendedor Brian Chesky, y que por su presencia en 190 países y más de 500.000 propiedades disponibles para alojamiento, tiene con los nervios de punta a la industria hotelera mundial. 

Esta ola de consumo colaborativo puso a morderse las uñas a las empresas tradicionales de taxis, a las compañías de renta de autos, a los bancos y a aquellos negocios basados en modelos tradicionales. Todo gracias a redes sociales y tecnologías P2P, como la que utilizó Napster diez años atrás para masificar el intercambio de música y forzar la reinvención de esa industria. Hay que recordar que en su cruzada contra la piratería en internet en los noventa, la industria musical hizo encarcelar niñas y abuelitas antes de comprender que lo mejor era apoyarse en la web para crear nuevos modelos de negocio, en lugar de repartir garrotazos contra la raza humana por compartir archivos digitales. Hoy se venden menos discos en CD pero se vende más música en línea y todos felices. 

En El capital, Marx señalaba la inocencia de los obreros británicos, en los orígenes de la revolución industrial, que quemaban las máquinas de vapor a las que consideraban sus enemigas en la lucha por conservar el empleo. Marx, pensador de la tecnología, pudo ver que esta se abriría paso a como diera lugar y recomendó a los obreros incorporarla en su utopía social en lugar de oponerse a ella de un modo ciego y pueril. 

La economía P2P parece por ahora una locura utópica. Bitcoin propone que la gente haga negocios y transfiera dinero sin utilizar el sistema financiero tradicional, sino a través de una red P2P. ¿Tendrá futuro? Pues Amazon, la primera y más importante empresa de la nueva economía ya se interesó en el modelo; en tanto que Google Finanzas y Yahoo Finanzas ya incluyen la cotización del Bitcoin en sus servicios y hasta el gobierno de Estados Unidos compra y vende bitcoins. 
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