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| 6/18/2015 12:10:00 PM

Cinco minutos de fama en redes que cambian la vida

El caso de Melisa Bermúdez se suma a otros, donde videos viralizados se convierten en el reflejo de una sociedad hiperconectada.

Se necesitan pocos elementos para convertirse en una tendencia viral en redes sociales. En cuestión de horas en la agenda pública del país, un evento confuso, una actuación inadecuada, un celular con cámara con la suficiente resolución o una publicación en internet pueden ser suficientes para hacerse tristemente célebre o llegar a la gloria. Una imagen se sube a la web y del resto se encargan los usuarios y los medios.

No se requiere mucho esfuerzo. El caso de Melisa Bermúdez es el más reciente. Ella fue la protagonista de un bochornoso acto cuando en aparente estado de embriaguez irrespetó a las autoridades de tránsito de Medellín cuando le solicitaron a su padre que se practicara una prueba de alcoholemia.

Este escándalo, que creció como la espuma en las redes sociales y tuvo mucho espacio en los medios, retrata la forma como un ciudadano del común sale del anonimato y se convierte en figura (negativa en este caso) por cuenta de una actuación errática que fue grabada y publicada.

Antes fue Juan Sebastián Pedroza, el joven que mordió a su exnovia y le dejó una profunda herida en la cara. Y más atrás, Nicolás Gaviria (que irrespetó a la Policía en Bogotá haciéndose pasar por agente de la CIA) y Juan Sebastián Toro (que mató a un perro en un sector exclusivo en Bogotá) desfilaron por el escarnio después de ser expuestos en el gigantesco espectro de la web.

Los casos tienen denominadores comunes. Alguien graba el incidente, que casi siempre tiene frases infortunadas como ‘usted no sabe quién soy yo’ o imágenes dicientes que captan la atención de los usuarios de las redes sociales. El contenido en redes se vuelve ‘chisme en pueblo chico’ y el voz a voz se convierte en tendencia, la tendencia en burla y la burla en juicio público: todo en cuestión de minutos.

La explosión llega a su punto álgido cuando el video del episodio llega a los medios. En ese momento los usuarios pasan de las burlas a la “investigación especializada”. Hasta los expertos se sorprenden con la efectividad y la rapidez con que los propios usuarios encuentran datos de los implicados en las redes sociales: Facebook, Instagram, Twitter y hasta Linked In. Todo está allí.  

15 minutos de destierro


Los involucrados en los incidentes deben enfrentar la tormenta perfecta por sus acciones (de ningún modo justificables). En cuestión de horas miles de personas opinan sobre su comportamiento y no sólo eso: el episodio se convierte indignación y todo termina en consecuencias que marcan por mucho tiempo a los implicados. Aparecen también los organismos de investigación que ponen su grano de arena anunciando aperturas de expedientes.

La revista Carrusel hizo un interesante recuento de las consecuencias que tuvieron que afrontar personajes como Juan Sebastián Toro, Nicolás Gaviria y Camila Cortés –que se hizo famosa por bloquear una puerta anticolados en Transmilenio– y July Paola Salas. Todos ellos afrontaron cambios drásticos en sus vidas. Perdieron patrocinios, empleos y tuvieron que borrar sus perfiles en redes sociales después de recibir desde insultos hasta amenazas de muerte.

Para Carlos Correa, experto en comunicación digital, los episodios que se amplifican tienen una cara negativa y otra positiva. “Por una lado, es bueno que las personas encuentren en las redes una forma de comunicar hechos que afectan negativamente su entorno. Pero la otra cara de la moneda es que los insultos, las burlas y el irrespeto les pueden cambiar la vida a los involucrados”.

En el mismo sentido opina el director ejecutivo de Colombia Digital, Alberto Pradilla, quien considera que el uso desmedido de las redes sociales para atacar a individuos que se equivocan nace usualmente de la falta de contexto. “Lo común es que los usuarios no vean la foto completa y lancen juicios y burlas sin conocer todos los detalles de los eventos. Todo termina en escarnio”, explica.

La abogada Heydi Balanta, especialista en derecho informático y nuevas tecnologías, señala que “muchos usuarios consideran que la libertad de expresión les da la facultad de atropellar, despedazar y acabar con otro ser humano igual a ellos, lleno de errores y de defectos. Hoy en día a la luz de las redes sociales, las personas no se pueden equivocar porque estos errores salen a relucir y a enlodar su hoja de vida”. Y es que precisamente las equivocaciones en la vía pública no sólo cuestan unos días de burla, sino que también implican nuevas dificultades para conseguir empleo o para cualquier interacción social cercana.

Las implicaciones no se quedan a nivel individual. “Los familiares también quedan marcados por los cinco minutos de fama en redes y medios de comunicación. Hasta los compañeros de trabajo cambian con estos personajes”.

Nicolás Gaviria, por ejemplo, siempre será recordado como el joven de la frase “usted no sabe quién soy yo”; Juan Sebastián Toro será recordado por matar a un perro indefenso; Melissa Bermúdez pasó a ser una ‘grosera mujer de Medellín’. “Esa marca nunca se la podrán quitar”,  señala la psicóloga Yeny González.

¿Filtro de comportamiento?

Pero la amplificación de episodios bochornosos en redes sociales no sólo tiene aristas negativas. “Hay un aspecto que no se puede desconocer y es que muchas personas van a pensar dos veces antes de irrespetar a la autoridad o hacer espectáculo en la vía pública”, asegura Carlos Correa.

Precisamente, las plataformas sociales han convertido en un tipo de filtro social para mejorar comportamientos, así sea a fuerza de insultos y burlas.

Las redes también se han especializado en ser plataformas de denuncias sociales que hace menos de ocho años no tenían cabida en la agenda social. Esa modalidad de herramienta no se puede reducir al irrespeto y al matoneo. “Todo depende la regulación de los propios  usuarios”, explica Alberto Pradilla. 

Al final, todo queda supeditado al uso responsable de las redes sociales. Su uso no apropiado puede violar algunos derechos como el de buen nombre, la intimidad o el habeas data, y en ocasiones quien mal la utilice puede terminar con problemas judiciales de grandes proporciones.
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