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| 2/17/2016 9:25:00 AM

Llegó la era del 'tú me grabas, yo te grabo'

El episodio del ahora ex viceministro del Interior Carlos Ferro deja claro cómo las nuevas tecnologías se han tomado la vida íntima de las personas.

“La tecnología nos arrebata nuestra privacidad e intimidad así como nuestra capacidad para estar solos”. La frase aparece en un ensayo del escritor William Deresiewicz titulado ‘El fin de la soledad’ publicado en la revista El Malpensante. Es un diagnóstico acertado de cómo la era digital está transformando la forma como muchos viven y se relacionan.

La publicación, el martes 16 de febrero, de un video de una charla íntima del ahora ex viceministro del Interior Carlos Ferro configura un ejemplo perfecto de esta tendencia.

Más allá de cualquier implicación legal y procesal que pueda llegar a tener el material difundido por La FM, los ocho minutos en los que se ve a Ferro hablar abiertamente sobre sus gustos sexuales encarna perfectamente el cambio de paradigma: sin que él lo sepa, su interlocutor lo graba mediante la diminuta cámara integrada a su celular.

Hoy, años después del episodio, cuando un escándalo de una presunta red de abuso sexual acosa a la Policia, el video sale a flote y lo que el funcionario hasta ahora consideraba un secreto de su vida privada ha quedado a la vista de millones de personas que pueden ver la grabación desde sus propios celulares.

Hechos como este son cada vez más comunes en el mundo hiperconectado del siglo XXI y Colombia, por supuesto, no es la excepción. Basta pensar en el chat que un fotógrafo de El Espectador le descubrió al exministro Andrés Felipe Arias hace algunos años en el Senado, o en los episodios del ya famoso ‘Usted no sabe quién soy yo‘, que marcaron todo el 2015, o, para no ir muy lejos, el escándalo de acoso laboral que llevó al defensor del Pueblo Armando Otálora a renunciar a su cargo luego de que se conocieron unas fotos íntimas que él le hizo llegar a una funcionaria de la Defensoría.

Heidy Balanta, abogada especialista en Derecho Informático y Nuevas Tecnologías, explica que “las grabaciones sin consentimiento son ilegales, a menos que el material haga parte de un proceso judicial”. Desde el punto de vista de las tecnologías, para ella, lo ocurrido con Carlos Ferro “presenta de cuerpo entero el conflicto que hay entre el derecho a la privacidad y la facilidad para crear material fílmico”.

Los hechos recientes, sin embargo, muestran que una cosa es lo que dicen los expertos y otra lo que sucede en realidad cuando se hace una grabación sin consentimiento.

Por ejemplo, la supuesta "ilegalidad" de estos registros puede ser rápidamente relativizada si lo que se graba es un delito. A esto se suma que la legislación colombiana, que todavía no logra comprender las complejidades que ha traído consigo la innovación tecnológica, tiene zonas grises y estas hacen difícil juzgar cuándo hubo o no consentimiento, cuándo un material obtenido de esa forma es o no relevante para un proceso judicial y, lo que es más frecuente, cuándo es de interés público y cuándo no.

La Corte Constitucional se pronunció tangencialmente sobre el tema. En el 2012 estableció que las grabaciones son ilegales siempre y cuando no sean realizadas como parte del esclarecimiento de un proceso judicial. Expertos consultados por Semana.com señalan que “la jurisprudencia actual avala las grabaciones secretas en caso de que este material ayude en procesos judiciales”.

En un artículo publicado en febrero de este año, SEMANA planteó que, hoy por hoy, quien está dispuesto a usar las nuevas tecnologías prácticamente debe resignarse a perder su derecho a la intimidad. Y esto aplica no sólo a quienes tradicionalmente han debido vivir con el peso de ser personajes públicos, como las celebridades, sino a cualquiera. “Todos somos vulnerables”, dice Andrés Guzmán, abogado experto en el tema.

Según las nuevas reglas del juego. Cada cual debe aceptar que las interacciones sociales, financieras y comerciales por la red son susceptibles de que alguien las vea, ya sea un amigo, el jefe, el Estado, la prensa o una multinacional como Google o Facebook, en cualquier lado y en cualquier momento.

Para completar el panorama, en las tiendas de aplicaciones de Google y Apple existe al menos una centena de apps que permiten grabar de forma secreta. De hecho, en Android se puede descargar la aplicación Secret Eye, que funciona aunque la pantalla del dispositivo este apagada. La tendencia es tan compleja, que en Youtube existen sendos tutoriales para que los usuarios aprendan a grabar a escondidas en menos de tres minutos.

Pero eso no es lo más grave. Hoy en día, los piratas informáticos tienen la capacidad de hackear casi cualquier teléfono para manipular a su antojo la cámara principal o frontal. Todo sin que el usuario tenga la mínima sospecha. Se estima que el año pasado, los ataques a celulares aumentaron 163 %. De esta cifra, los equipos con sistema operativo iOS recibieron el 30 % de los ataques.

En medio de esta ola de innovación disruptiva, la sociedad no parece estar preparada para sus desafíos. “Este nuevo panorama requiere que comprendamos mejor las tecnologías que surgen y que utilizamos a diario”, dice Amalia Toledo, de la Fundación Karisma.

El episodio de Carlos Ferro plantea varios interrogantes. ¿Debemos resignarnos a que graben cualquier interacción social? ¿Se puede regular el tema de las grabaciones secretas? ¿Hasta qué punto se diluye el derecho al buen nombre en internet? Todo queda en manos de las autoridades. Por ahora, los usuarios tendrán que aceptar que una de las desventajas de la tecnología, como escribió William Deresiewicz, nos robó el derecho a ser anónimos.

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