Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/08/03 20:34

“Uber y Airbnb son buenos hasta que tocan su negocio”

Las plataformas disruptivas están cambiando el mundo empresarial. Las industrias están siendo empujadas a cambiar o desaparecer.

Las plataformas tecnológicas pasaron de ser un caso de estudio de los académicos a ser un fuerte dolor de cabeza para los empresarios. Foto: Fotomontaje SEMANA

Durante el foro Digital Next que organizó SEMANA resonó una frase que está marcando las economías mundial y nacional por estos días. Alberto Pardo, fundador y CEO de AdsMóvil, dijo con desparpajo: “Los Uber, Facebook, Airbnb y demás son excelentes, hasta que tocan nuestro negocio”. La lapidaria sentencia retrata la realidad empresarial que atraviesan la industria de la hotelería, el transporte y los propios medios de comunicación.

Ya es usual oír en las reuniones de negocio la pegajosa frase: “Uber es el mayor transportador del mundo sin tener carros” o “Airbnb es el gigante hotelero sin tener ni una sola habitación”. Fue así como las plataformas tecnológicas pasaron de ser un caso de estudio de los académicos a ser un fuerte dolor de cabeza para los empresarios que ven cómo sus ingresos disminuyen paulatinamente.

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Un fantasma recorre el mundo entero. Se trata de la llamada economía colaborativa que, según estimaciones, moverá 235.000 millones de dólares en el año 2025. La idea de ese fantasma, que se define como un sistema económico en el que se comparten e intercambian bienes y servicios a través de plataformas digitales, es bien simple.

Todo suena muy bien en las diapositivas de los profesores, pero en la práctica la llamada “cuarta revolución industrial” está dejando a miles de personas sin empleo, al tiempo que está mejorando la calidad de vida de millones de usuarios móviles alrededor del mundo.

El exministro de las TIC Diego Molano Vega lo había anticipado en una entrevista con SEMANA. “En Colombia, Uber es sólo la punta del iceberg. Todos los sectores de la economía tendrán que cambiar sus reglas”. Molano afirmó que la empresa privada en Colombia se está quedando atrás en este tema. Hace sólo dos semanas, el Banco Mundial presentó un informe que muestra cómo el sector empresarial nacional está relegado al no ajustarse a la nueva economía. “Lo que pasa en Colombia es que los gerentes ven con buenos ojos los Uber y Netflix hasta que llega un tiburón que afecta el negocio que supo manejar por décadas”, aseguró Alberto Pardo.

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Sin reglas de juego

El tema es que las industrias colombianas comienzan a verse afectadas por esta revolución industrial que pasó de las diapositivas al día a día. De acuerdo con cifras de Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco), Airbnb ya tiene acaparado el 17 % de la oferta hotelera en Bogotá. Uber, de acuerdo con cifras extraoficiales, tiene más un millón de usuarios en Colombia. Ni hablar de las cifras de usuarios de Facebook, que afectan a los medios masivos de comunicación.

El quid del asunto es que las industrias tradicionales no tienen, al menos hoy en día, cómo competir en igualdad de condiciones con las plataformas disruptivas. Mientras los hoteles afiliados a Cotelco pagan un sinfín de impuestos, los usuarios de Airbnb (y la propia aplicación) prestan un servicio similar a costo cero. Ocurre lo mismo con Netflix que produce y vende contenidos a nivel global sin necesidad de pagar tributos como lo hacen los canales de televisión.

Para que la mirada apocalíptica no se quede en Colombia, vale recordar que los hoteles de Nueva York lograron el año pasado que un juez prohibiera el funcionamiento de la plataforma Airbnb, al demostrar que ha lesionado significativamente el negocio de los hoteles neoyorquinos. Y Yellow Cab, la mayor empresa de taxis de San Francisco, se declaró en bancarrota en diciembre último y señala a Uber –que nació en esa ciudad– como responsable de su quiebra.

Las entidades financieras también se quejan. Hace un par de años los bancos centrales de varios países –y la Superintendencia Financiera en Colombia– emitieron circulares descalificando el bitcoin como medio de pago legítimo. Bitcoin es una moneda virtual, utilizada por comunidades de internet, que permite transacciones directas entre personas sin mediación de los bancos y que se cotiza actualmente en 418 dólares por unidad.

¿Qué hacer?

Cada industria batalla por su cuenta ante el enemigo común. Mientras el gremio de los taxistas promete “bloqueos y batalla”, los hoteleros se inclinan por promover proyectos de ley que pongan en cintura a su novel competidor. A su vez, los operadores de telecomunicaciones y canales apostaron por competir de frente con plataformas propias que buscan quitarle usuarios a Netflix.

Sin embargo, otras industrias todavía no se dan por enteradas del huracán que está en las costas. Los almacenes de retail todavía no conciben el e-commerce (encabezado por los argentinos de OLX) como su enemigo íntimo. Los medios de comunicación siguen regalándoles sus contenidos a Facebook y Twitter. Hasta la industria de seguridad todavía no se siente amenazada por la tecnología de los drones y las cámaras por IP.

Analistas que han escrito en las revistas más reputadas de economía coinciden en una máxima sencilla: Si las industrias tradicionales no se pellizcan ahora cuando pueden cambiar, en menos de cinco años tendrán que enfrentar las pérdidas y la bancarrota. Lo que viene para el mundo empresarial es más que complejo y todo apunta que Colombia no está preparada para el aluvión de la cuarta revolución industrial.

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