Jueves, 27 de noviembre de 2014

| 1990/12/31 00:00

2001 ODISEA DEL SEXO

En el siglo XXI el arrunche y la ternura le ganarán la partida a la lujuria.

2001 ODISEA DEL SEXO

De todos los revolcones que se estan dando en el mundo en este final del milenio, ninguno afectará tanto a la raza humana como la revolución sexual que sicólogos, sexólogos y sociólogos vaticinan. Los especialistas han resumido la esencia de este nuevo "revolción", sexual en una frase: es un viaje hacia el fondo del ser humano.
Esta nueva tendencia sexual que según los especialistas está empezando a imponerse y será filosofía en el próximo siglo, contrasta los hasta ahora imperantes conceptos de eficiencia en la cama, producción de multiorgamos y erotismo, con otros conceptos que andaban a la sombra de la "apertura" que sufrió el sexo en las últimas décadas: la complicidad, la sensualidad y la satisfacción personal. Inclusive la palabra amor, tan de moda en los últimos tiempos, vuelve a ocupar un lugar en el escenario de las relaciones sexuales.
Especialistas en diferentes disciplinas relacionadas con el tema, llegaron a esa conclusión luego de estudiar el proceso que ha sufrido la generación de la postguerra (los baby boomers) que hoy, no sólo han entrado ya a los cuarenta años -la edad de la estabilidad y el compromiso sino que estan educando a una nueva generación de adolescentes que dan los primeros pasos en el vasto terreno del sexo.
Según Michael Gordon, profesor de sociología de la universidad de Connecticut, nunca una generación -la que nació después del 45 había visto tan profundos y radicales cambios relacionados con el sexo en tan corto tiempo. Desde la aparición de la píldora que detonó la revolución sexual hasta el reciente descubrimiento del sida, han transcurrido apenas cuatro décadas en las que el mundo pasó de una larga historia de oscurantismo sexual, para entrar en la era del "amaos los unos sobre los otros". Pero, según Gordon, "los sexólogos y sicólogos de los 70 enfatizaron tanto la idea de que no había nada malo en el sexo, que con el tiempo la ola de aceptación fue tocando el otro extremo, haciendo que el sexo perdiera todo lo que tiene de sagrado".
Para los especialistas esta afirmación no tiene ninguna connotación religiosa. Es, segun ellos, la reivindicación del derecho al placer que tiene el ser humano y que lejos de alcanzarlo con "la apertura" de las últimas décadas, ha quedado atrapado bajo todo tipo de presiones. La doctora Sheila Jackman, sexóloga y obstetra del colegio de medicina de Nueva York lo explica así: "Si bien durante los 70 se logro eliminar de las relaciones sexuales una cantidad de tabues que mantenían reprimido el deseo también es cierto que por la forma en que la teoría evolucionó, tanto hombres como mujeres sintieron caer sobre sus hombros la obligación de ser técnicamente perfectos en la cama. Esto fue creando una gran ansiedad en cuanto a lo que se consideraba un "correcto, desempeño sexual".
De esa manera, la cama se convirtió en una especie de cuadrilatero en la que ambos tenían que probarse a sí mismos y demostrar no sólo habilidades sino conocimiento de técnicas.
Con ese enfoque, la búsqueda del placer personal y ajeno quedaba supeditada a la conquista de una medalla de oro en cada "olimpíada", sexual.
Además, lo que ya era una tendencia propiciada por los mismos terapistas, vino a ser reforzada por los medios de comunicación, el cine y la televisión, que crearon una imagen irreal de un sexo "estandarizado". Así, el acto sexual -único e individual para cada persona terminó encostalado para el público en un cuadro de situaciones forzadas, secuencias obligadas y clímax volcanicos. Lo que es peor, todo el que no lograba reproducir esa imagen en su vida privada, quedaba convencido de que "algo no iba bien".
Así las cosas, los terapistas vieron irrumpir en sus consultorios multitud de hombres convencidos de que tenían que complacer a su pareja pero no estaban seguros de estar haciendolo y no se atrevían a preguntar, y de mujeres que se sentían merecedoras de obtener placer pero no sabían cómo pedirlo.
Incapaces de solucionar los cada vez más numerosos y variados problemas derivados del boom de las técnicas sexuales, los especialistas llegaron a una conclusión que la doctora Judy Kuriansky sicóloga y terapista sexual, explica así: ~ "Anteriormente empujabamos a la persona a que se saliera de sí misma y descubriera emociones en relación con su pareja. Pero lo que vinimos a descubrir es que el comportamiento sexual no se puede "arreglar" si la persona .es incapaz de escuchar sus propias voces internas e identificar qué esto que a ella, como individuo le produce placer".
Como consecuencia, la nueva tendencia sexual que los especialistas aseguran se está imponiendo, está orientada a sacar del cajón los momentos tranquilos, las miradas y las caricias, la complicidad, !a ternura y una actitud dirigida a lograr un acercamiento sexual que satisfaga la trinidad que todo el mundo lleva adentro: cuerpo, alma y espíritu. Para conseguirlo, dicen los especialistas citados, es necesario identificar los ciclos propios y únicos del deseo, respetar la variedad de estilos y apagar el televisor.
Toda esta teoría ha encontrado terreno de cultivo en el pánico al sida. Cada vez más la gente busca el retorno a la monogamia que, si bien reduce los riesgos de enfermedad, en muchos casos de relaciones deterioradas aumenta las posibilidades de aburrición y frustración sexual. La antropóloga Hellen Fisher cree tener una fórmula para el problema: "Todas mis estadísticas indican que alrededor de los 44 años ya se ha producido el 80 por ciento de los divorcios y la gente está más dispuesta a tener una pareja única para el resto de su vida. Por lo tanto, la variedad -que es fundamental en la sexualidad humana- será buscada en el contexto de una relación formada".
De esta manera la variedad antes entendida como estadística de conquistas, deja paso a la imaginación, a la creatividad y a la búsqueda de las claves que hacen feliz a un ser humano. Por esa razón, dice la doctora Fisher, muchas parejas no sólo están buscando separar más tiempo y mas tranquilidad para hacer el amor, sino que están forzando un cambio en las costumbres. Ya se dan casos de matrimonios que se separan por períodos largos para mantener viva la sensación de renovación, o de parejas que se casan pero no viven juntas.
Sea cual fuere la solución que cada uno dé a su problema, lo que parece resultar de todo este estudio es que la generación que vivió el Abrete Sésamo de la revolución sexual y que hoy se encuentra en sus cuarenta, no está conforme con los resultados y quiere devolverle a las caricias y a las miradas el poder de mantener vivas las emociones. "En la medida en que nos hemos convertido en una sociedad sicológicamente orientada y altamente informada, dice la doctora Ficher, estamos más dispuestos a responsabilizarnos por nuestra salud emocional".
Finalmente, un dato curioso que arroja la investigación adelantada por estos especialistas norteamericanos, es que dentro de veinte años habra dos veces más hombres que mujeres, razón por la cual estas últimas van a tener que preocuparse menos de las teorías sexuales que pintan las revistas.






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