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| 1/12/2003 12:00:00 AM

2004: Odisea a Marte

El robot Espíritu espera hacer hallazgos espectaculares en la superficie del planeta rojo.

El viajero que mas ha llamado la atención durante esta temporada de vacaciones es Espíritu, un robot que salió de la Tierra hace siete meses y que el sábado pasado, a las 2 y 27 minutos, hora solar, tocó la superficie marciana. Como buen turista, tres horas más tarde ya se encontraba enviando postales desde el cráter Gusev, en donde se concentrarán sus exploraciones durante los próximos tres meses. En cuestión de 20 días llegará su compañero de aventuras, el robot Oportunidad, que descenderá en el lado opuesto del planeta rojo. Un tercer explorador debía estar con ellos. Se trata del Beagle 2, la versión europea de estos aparatos, equipado con un brazo mecánico capaz de recoger muestras y tomar fotografías. Desafortunadamente el Beagle sigue aún sin enviar señales de vida. A unos pocos kilómetros de la superficie se encuentran otras tres naves orbitando el planeta: el Mars Express, en donde viajaba el Beagle 2 y que fue lanzado en 2003; el Mars Odyssey, un apoyo para las comunicaciones de los otros robots con la Tierra que llegó en 2001, y el Mars Global Surveyor, lanzado en 1996 y responsable de una gran cantidad de fotografías de la superficie marciana: un paisaje que solo ofrece rocas y arena. La razón que lleva a tantas naves a semejante desierto es simple: confirmar la posibilidad de vida en Marte. Marte siempre ha estado en el imaginario colectivo gracias a los relatos de ciencia ficción y a las películas de Hollywood. En 1976 las naves Viking 1 y 2 descendieron a la superficie marciana. Como estas primeras misiones no encontraron señales de vida se perdió el interés de explorar en forma más profunda el planeta. Sin embargo en 1996 el hallazgo en la Antártida de un meteorito que resultó ser una roca marciana despertó la curiosidad por conocer si había existido vida en ese planeta. El interés resurgió. En 1997 se enviaron varias sondas con vehículos como el Sojourner, un robot que hizo parte de la misión Pathfinder y que anduvo por este planeta tomando fotos y recogiendo muestras del suelo marciano. Más tarde, otras dos misiones, el Mars Climate Orbiter y el Mars Polar Lander no lograron entrar en la atmósfera del planeta. Pero estos fracasos no detuvieron las investigaciones. En 2001 fue enviada Mars Odyssey, una nave encargada de tomar fotos de la superficie desde la órbita. Gracias a esta misión y a las otras que fueron exitosas hoy se sabe que hay hielo en los polos, que hay agua subterránea y se puede tener una visión mucho más clara de la geografía marciana. Lo que hace diferente esta nueva misión es que el Espíritu es un jeep más grande que su antecesor, el Sojourner, y ha sido dotado de mejor tecnología, lo que permitirá conocer mejor el planeta. "Puede hacer mejores experimentos, tiene sistemas de seguridad y de navegación más sofisticados y todo eso llevará a saber si en el pasado Marte tuvo condiciones más benignas que las que muestra ahora", dice Gregorio Portilla, profesor de astronomía del Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional. Marte habría sido en épocas remotas un planeta más cálido por el que corría agua en forma líquida y tenía una atmósfera más gruesa, como sucede hoy en la Tierra. Un gran interrogante de los científicos es saber por qué se convirtió en el desierto rojo que es hoy. La teoría más probable es que al ser Marte un planeta más pequeño que la Tierra, su menor fuerza de gravedad no le permitió retener su atmósfera y esto a su vez provocó que toda el agua en la superficie se evaporara. Y donde hubo agua es probable que haya habido alguna forma de vida, no tanto seres como ET pero sí microorganismos. Encontrar esta evidencia, ya sea pasada o presente, ayudaría a conocer mejor cuáles son las condiciones que generan la química necesaria para formar organismos en un planeta. Si estos procesos se dieron en Marte y en la Tierra en forma independiente, sería la primera pista concreta de la prevalencia de vida en el universo. Sin embargo esa información no se conocerá de inmediato. El Rover sólo saldrá de su caparazón en los primeros días de esta semana, después de que sus celdas solares hayan tomado la energía necesaria para cargar baterías. Luego explorará el cráter, que es el fondo de un antiguo lago donde hay mucho sedimento. Su misión será recolectar esas rocas, cortarlas por la mitad y analizar su composición. Los datos se enviarán a la Tierra para que los científicos los analicen. Muchos le apuestan a la idea de que a final del siglo XXI no habrá ningún impedimento tecnológico para vivir en el planeta rojo. Los expertos confían en poder realizar la terraformación, un concepto que estableció el astrónomo Carl Sagan y que significa modificar a los planetas para que sean como la Tierra. "Consiste en lanzar dióxido de carbono a la atmósfera para forzar un efecto invernadero que mejore las condiciones climáticas, aumente la temperatura y se sostenga el agua líquida en la superficie", dice Germán Puerta, director del Planetario Distrital. Pero eso es a largo plazo. En forma más inmediata, los resultados que arroje esta misión podrían ser de una importancia no tanto práctica como filosófica. Pues de encontrarse vida se confirmaría uno de los misterios más profundos: la posibilidad de que el hombre no esté solo en el universo.
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