Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/09/01 00:00

Acosado sin salida

El suicidio de un ejecutivo que aparentemente no resistió un supuesto maltrato laboral prende las alarmas sobre el tema.

En colombia, de cada 100 trabajadores 10 son acosados por sus jefes

Antes de irse a dormir, Juan Carlos Forero le dijo a Mónica Murra, su esposa: "Ya no aguanto más, esta situación es insostenible", y se puso a llorar. Se refería al trabajo. Ella nunca lo había visto tan desesperado. Desde hacía cuatro años era el director de logística de una compañía multinacional. Sobre él caía la responsabilidad de que las materias primas estuvieran a tiempo para cumplir con los pedidos de los clientes. Era un cargo para el cual no sólo tenía los títulos adecuados, ingeniero industrial de la Javeriana, MBA de Los Andes y diplomados en alta gerencia, sino también una amplia experiencia laboral en el sector farmacéutico. En la evaluación gerencial que hizo la firma Aristos para su ingreso a la compañía, se referían a él como un líder que reconocía el potencial de los demás, con habilidades para trabajar en grupo, con capacidad de análisis y flexibilidad y "motivado con su posición y con la posibilidad de desarrollarse en la compañía".

Esa noche, en medio del frío de La Calera, donde vivían con sus dos hijas, Juan Carlos sudaba y lloraba. Mónica lo consolaba hablándole de un posible puesto que saldría en Ecuador. También le hacía ver las cosas positivas en su vida pero él le contestaba: "Yo no veo la luz y quiero descansar". A las 4 de la mañana, sin haber dormido, se empezó a alistar para otra jornada de trabajo. Mónica lo escuchaba, entre dormida y despierta, salir y entrar del cuarto. Le preguntó que si estaba bien y el respondió "no". Entonces le aseguró que lo primero que haría al levantarse sería llamar a un siquiatra para que lo ayudara a solucionar su problema. El accedió. Mónica volvió a dormirse pero un ruido seco la sacó de su cama. No sabía qué hora era ni cuánto había pasado desde que se había despedido de su esposo. Salió a la calle y vio que el carro aún estaba en el garaje. Las niñas seguían durmiendo en sus habitaciones. Sólo cuando entró al estudio y encontró a Juan Carlos tirado en el piso se dio cuenta de lo que quiso decir cuando dijo que quería descansar. Inmediatamente llamó a su madre. "A las 6:10 sonó el teléfono y era Mónica llorando y gritando. No le entendí lo que me decía. Le pregunté ¿les pasó algo a las niñas? Y me dijo no, mami, Juan Carlos se suicidó", relata Isabel de Murra.

Aunque su muerte fue una sorpresa para todos, ninguno de sus familiares duda de que el motivo fue su trabajo. Por ello, su esposa ha decidido demandar a la empresa donde Juan Carlos trabajaba, con el argumento de que hubo acoso laboral, conducta castigada por la ley 1010 de 2006. Este tipo de maltrato no sucede cuando un jefe trata mal a todos en la oficina, sino cuando se ensaña con una persona y busca perjudicarla. "El victimario quiere que se vaya", dice María Claudia Peralta, experta en el tema (ver recuadro). Eso es lo que creen los Murra que sucedió con Juan Carlos. Ese maltrato lo llevó al suicidio que, en cierta forma, fue otra manera de irse.

Muchos piensan que están locos. Al fin de cuentas fue Juan Carlos quien tomó la decisión y probablemente, creerán algunos, tenía una depresión de base. Otros opinan que fue un cobarde y que le faltó carácter pues muchos en su situación simplemente renunciarían. Sin embargo, para los expertos en el tema, la conexión entre acoso laboral y el suicidio es una realidad. "Un 5 por ciento de las víctimas de 'mobbing' (acoso laboral) piensan a diario en el suicidio como forma de escapar a su problema", afirmó a SEMANA el sicólogo español Iñaki Piñuel, pionero en ese país sobre el tema. Agregó que se calcula que un 15 por ciento de los suicidios son causados por una situación de acoso o en las secuelas que le deja a la víctima. Aunque el que aprieta el gatillo es la víctima, dice Iñaki Piñuel, "el que primero acosa y destruye la resistencia sicológica es el victimario". Pero una cosa es la teoría y otra un caso judicial. Según Javier Zapata, abogado y sicólogo especializado en el acoso laboral, el suicidio está documentado pero probar la responsabilidad de un tercero es difícil. "De hecho nunca nadie ha sido condenado por el suicidio de otra persona", enfatiza.

Juan Carlos se comenzó a sentir acosado al poco tiempo de ingresar a ese trabajo. Su jefe no era una persona hostil en el trato pero ejercía mucha presión en sus subalternos, según testimonios de personas que trabajaron con él, y que fueron recogidos por la doctora Marta Elena Ardila para una autopsia sicológica. Este procedimiento se hace cuando un fallecimiento no es claro y busca ver qué tipo de evento empujó a la persona a tomar la decisión. Para ello se reconstruye el estado sicológico y mental del fallecido a través de un equipo de profesionales y con la participación de los sobrevivientes. "Nunca hubo un reconocimiento ni para Juan Carlos ni para el equipo", dijo a la experta una compañera de trabajo que ya había renunciado a esa compañía. Añadió que el jefe le pedía a Juan Carlos cosas intrascendentes. "Que la rayita, que la comita, que la más azulita... era muy cositero", agrega. Otra manera de ejercer su presión era asignándole reportes para enviar a la casa matriz en los que debía hacer "el análisis del análisis", dice otra colega de Forero. Otros lo definen como una persona adicta al trabajo, sin límites, que podía citarlo a reuniones en sábados y domingos para cancelarlas luego de que Juan Carlos llegara a la cita; que llamaba por celular en las noches y le enviaba e mails en festivos. "Cuando la gente salía a las 5 de la tarde le preguntaban si iba por las onces pues la hora promedio de salida, según la costumbre laboral, eran las 11 de la noche", afirma una amiga de la pareja.

Cuando Forero entró a trabajar se le veía de muy buen humor pero poco a poco empezó a notarse callado, preocupado y serio. Su horario de trabajo comenzó a extenderse y muchas veces llegaba a la oficina a las 8 de la mañana, cuando la noche anterior había salido a la una. Una día una compañera que lo vio muy temprano y le preguntó "¿madrugaste?", y él le respondió: "No me he ido". Una compañera notó su cambio porque había trabajado con él en otra empresa. "Me decía que no podía dormir y cuando no lo hacía tampoco almorzaba. El gran estrés se producía al cierre del mes porque era el momento de saber si se cumplían las metas", sostiene.

A pesar de esto Juan Carlos no se quejaba ni le llevaba la contraria a su jefe. Sus familiares analizan esta actitud como una muestra del gran respeto que Juan Carlos le tenía por su jerarquía, así como de su responsabilidad como jefe de hogar pues sabía que no podía arriesgar su puesto y dejar a su familia desamparada. Pero entre sus amigos y familiares su inconformismo en la empresa era evidente. "Él me pedía que lo ayudara con la Virgen de Santa Marta de quien yo soy muy devota, decía que estaba muy cansado y desesperado en el trabajo, que lo presionaban mucho, que el jefe lo tenía aburrido porque no le daba tiempo para compartir con Mónica y las niñas", afirma María Consuelo León, la mensajera de la oficina de Mónica. Su jefe no era gritón, dice Mónica y en dos años sólo tuvieron dos agarrones. Ella lo llama "de guantes blancos", porque lo presionaba sutilmente. "Le mandaba una cantidad de ideas al día, lo metía en reuniones eternas, y le ponía a hacer tareas de una minucia increíble. Llegaba a trabajar a la casa porque en la oficina no podía", comenta.

Uno de los episodios que más lo atormentó fue que le negaran las vacaciones de diciembre de 2006, cuando se cumpliría una reunión familiar en Estados Unidos. Aunque este período había sido solicitado seis meses antes, un par de semanas previas al viaje le dijeron que era mejor que no lo hiciera. "Si hay algún problema mientras usted no está es su responsabilidad y no respondo", comenta Mónica que le dijo el jefe a Juan Carlos. Finalmente el 30 lo dejaron ir y él tuvo que saltar matones para poder encontrar un cupo en un avión y poder reunirse con su familia. "Sintió que era una marranada pues tenía todo arreglado desde agosto", afirma Mónica. En cuatro años sólo había tomado 22 días de vacaciones, pero nunca un período completo. Para su suegra Isabel de Murra, el momento en que vio a Juan Carlos más angustiado fue tres días antes de morir, cuando llegó a su casa diciendo que le habían tirado todo el trabajo que había hecho en vacaciones para el cual se había dedicado mucho. Para entonces su situación era desesperada y constantemente le hacía saber a su familia que se sentía acorralado, fracasado y con una angustia horrible. Sus hijas le dejaban pinturas en las que le decían "papito, anímate que estoy muy segura de que un trabajo mucho pero muchísimo mejor está muy cerca".

La noticia de su fallecimiento fue muy dolorosa para los directivos de la empresa, quienes le dijeron a SEMANA que prefieren no hablar sobre el asunto. Algunos de sus compañeros fueron al entierro pero no su jefe.

Aunque nunca se sabrá con exactitud qué pasó por su mente, la sicóloga Martha Elena Ardila encontró que Juan Carlos no tenía ninguna perturbación mental y padecía el síndrome de Burn out, el cual aparece como consecuencia de la exposición al estrés durante mucho tiempo y cuyos síntomas son agotamiento, baja realización personal y despersonalización. Además, está segura de que Juan Carlos "tuvo que vivir un infierno" y que eso "fue un disparador de su decisión".

Las críticas y el desprestigio permanentes hacen que el trabajador se sienta culpable. Luego a este sentimiento se une un gran temor a equivocarse y por ello se aísla y se siente estigmatizado. A los seis meses suelen aparecer los primeros daños sicológicos, asegura Piñuel, es decir, ansiedad y estrés postraumático. Los daños pueden ser mayores si el maltrato es sostenido por un tiempo prolongado.

Ardila explica que una persona en esas circunstancias de presión y maltrato siente mucha ansiedad y esto no le deja ver soluciones. "Todo lo demás se minimiza y poco a poco se va encerrando socialmente", dice. Es lo que los expertos llaman visión de túnel, la cual no le permite ver la vida de otra manera ni imaginarse salidas. En su reporte también afirma que el agotamiento crónico se está extendiendo en la sociedad debido a las condiciones laborales desventajosas para los trabajadores, que imperan en el momento: contratos por prestación de servicio, poco aumento del sueldo, pagos por comisión, cumplimiento de metas muy altas, etc. Para Martha Elena Ardila el colombiano además es mucho más tolerante ya que no puede darse el lujo de dejar su trabajo. "Lo insultan delante de los demás y aguanta, le corrigen los errores en la cartelera como si fuera un delincuente y las horas extras son perversas. A nivel empresarial veo injusticias duras", dice.

Lo anterior crea mucha presión y por ello no es de extrañar que los casos estén aumentando no sólo en Colombia sino en todo el mundo. Según el Ministerio de la Protección Social, en los primeros seis meses de 2007 se han presentado 213 querellas, la mayoría por persecución y discriminación laborales, lo que implica un incremento si se compara con el mismo período en el año anterior (ver recuadro). Este aumento se debe, según le dijo a SEMANA la Unidad Especial de inspección y vigilancia en el trabajo del Ministerio, a que la gente ha logrado vencer el temor a denunciar ante el incumplimiento de la ley.

Por el contrario, una investigación realizada por la sicóloga María Claudia Peralta, de la Universidad de la Sabana, encontró que de 100 trabajadores 10 son acosados, lo cual demuestra que es una problemática mayor de la que se denuncia pero muy parecida a la de España, donde, según Piñuel, la cifra oscila entre el 9 y el 15 por ciento. La investigadora también encontró una relación entre el acoso y el estrés postraumático. Las víctimas "tienen 'flashbacks', pesadillas, insomnio y viven hipervigilantes. Cuando relatan su caso lloran como si aún estuviera pasando". Peralta dice que la sobrecarga de trabajo es una de las formas de acoso más usadas en Colombia. Los jóvenes son los más acosados por su edad y sobre todo cuando hacen un buen trabajo, pero las personas más susceptibles son las mayores de 35 años pues sienten que hay más tendencia a despedirlas a esta edad. Las diferencias entre género no fueron significativas. En el mismo estudio hallaron que el 2 por ciento había intentado suicidarse. Los especialistas consultados creen que el acoso es un abuso de poder y en muchos casos se ocasiona por ignorancia. En las empresas no capacitan a sus directivos para que manejen personal, asignan en puestos a personas que no son idóneas, no hay una clara delimitación de las funciones y falla la comunicación, lo cual genera roces. "El acoso laboral surge por un conflicto mal resuelto, dice Peralta. No hablan, quedan resentidos y el que tiene más poder empieza a atacar al otro", agrega.

La ley fue de gran ayuda en un principio porque aparte de exigir una capacitación y la firma de una cláusula, puso a todo el mundo a hablar del tema. Pero muchos de los expertos piensan que hoy está en el olvido. "La ley no tiene dientes", dice Olano, abogado que representa a la familia de Juan Carlos, porque la gente no quiere hablar del tema y prefiere proteger su puesto. También es difícil tener evidencia porque el maltrato en la oficina es mucho más sutil que el que ocurre en las aulas entre compañeros, según Olga Hoyos, sicóloga de la Universidad del Norte.

Mónica recuerda que una vez le preguntó a Juan Carlos por qué no tenía muchas cosas en su oficina. Él le había contestado que no, porque "yo ahí estoy de paso". Cuando murió sólo le entregaron un cepillo de dientes y una agenda. Seis meses después de su muerte, Mónica piensa a diario en por qué Juan Carlos la dejó. "Creo que fue por su responsabilidad, y por lo cuadriculado que era...era ingeniero. Creo que él perdió la conciencia en un minuto, se disoció y dijo 'ya no más'. En ese sentido sí fue una manera de descansar para él. Si hubiera sido planeado me hubiera dejado organizada pero nada quedó bien", señala. Su hija Gaby hizo la primera comunión hace poco y su padre no la acompañó, como tampoco lo hará en sus 15 o su matrimonio. Ahora, los Murra buscan que la justicia resuelva su caso. Sea el fallo que fuere lo importante de la historia de Juan Carlos es que sirva para develar el tema y lograr que las empresas consideren los riesgos y tomen las medidas necesarias para evitar que nuevos casos se presenten.

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