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| 6/18/2016 12:00:00 AM

Mucho Netflix, poco sexo

Antes, los hijos eran el obstáculo para la sexualidad de las parejas. Ahora, además de eso, está la adicción a las series.

Hasta hace poco el mayor obstáculo para los ratos de pasión entre la pareja era el temor a que los hijos se pasaran a la cama o simplemente a que se despertaran. Pero ahora ha surgido un nuevo obstáculo: las series televisivas. Los teleadictos, sin darse cuenta, hoy prefieren sumergirse en las luchas de poder en Westeros, las conspiraciones políticas de House of Cards o la mente compleja del químico Walter White, sin darse cuenta de que el reloj no detiene su marcha. Según el profesor David Spiegelhalter, profesor de estadística de la Universidad de Cambridge y autor del libro Sex by Numbers, este hábito aparentemente inocuo está arruinando la vida sexual de muchos.

Según el experto, en las últimas décadas la frecuencia de encuentros sexuales ha disminuido 40 por ciento, de acuerdo con una investigación hecha en Gran Bretaña. El trabajo, realizado con una muestra de parejas sexualmente activas de entre 16 y 64 años, mostró que si bien en 1990 la gente tenía en promedio seis faenas bajo las sábanas al mes, hoy dichos encuentros se han limitado a apenas tres. El principal matapasiones, dice él, es la televisión.

Pero no la caja mágica de antes, que terminaba de emitir a las diez y media de la noche, sino su más moderna versión, en la que plataformas como Netflix permiten consumir sin parar los episodios de una serie altamente adictiva. Bajo este influjo, la gente llega a su casa con la mente enfocada en “terminar esta noche la segunda temporada de ‘Juego de Tronos’”, dice el experto.

Netflix es solo parte del problema. “El punto es la conectividad masiva, el constante chequeo de los teléfonos y la facilidad para ver películas desde un iPad, comparado con la televisión tradicional”, explica Spiegelhalter. Un estudio de 2015 hecho en la Universidad de Durham, Inglaterra, encontró que el 40 por ciento de los participantes posponían el sexo por contestar una llamada, mandar un texto o simplemente navegar en internet. Un tercio incluso admitió que respondían el celular en medio de una relación sexual. Otro trabajo, hecho con 523 parejas italianas, concluyó que aquellas con televisión en su alcoba tenían menos actividad sexual.

Según Spiegelhalter, en el mundo de internet, donde la gente odia aburrirse, ver un episodio de Orange is the New Black puede ser más excitante que cualquier otra cosa. Esa atracción va consumiendo el tiempo que tienen para vivir su propia pasión mientras se engañan a sí mismos con la frase “este es el último episodio que veo”. Para mostrar su teoría, el experto señala estudios donde se observa un incremento de la sexualidad cuando se producen racionamientos de luz. “Simplemente no tener nada mejor que hacer puede ser el más poderoso afrodisiaco”. Pero con la distracción que encuentran en actividades mediadas por la tecnología, la gente está desplazando muchas actividades necesarias y placenteras como hacer el amor y dormir.

Y es que estas series quitan tiempo. Basta ver los datos que Netflix reveló la semana pasada al diario The New York Times. Al estudiar los hábitos de consumo de sus series, la compañía encontró que la mayoría consume una temporada en solo una semana, con un promedio diario de dos horas por sesión. Algunas, como Breaking Bad y The Walking Dead, tienen una capacidad mayor de atraer y eso se refleja en que es posible ver una temporada de estas en apenas cuatro días, en dosis de cuatro capítulos diarios.

Por lo general estas series se consumen de noche, cuando la gente tiene más tiempo libre. Y hay evidencia de que la falta de sueño tiene consecuencias en la libido. Un estudio hecho por científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan, publicado en 2015, encontró una gran correlación entre la falta de sueño y el bajo deseo sexual. Una hora adicional en brazos de Morfeo fue asociada en dicha investigación con un incremento del 14 por ciento en la posibilidad de tener relaciones con su pareja. También encontró que mientras más se dormía, mayor era el deseo. Al parecer, el sueño reparador es crucial para mantener la testosterona –la hormona de la pasión– en un nivel saludable.

Los expertos recomiendan poner pausa pues, a pesar de sonar exagerado, Spiegelhalter dice que “al paso que vamos, en 2030 nadie tendrá sexo”.

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