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| 12/3/2011 12:00:00 AM

Adictos al sexo

Aunque algunos lo consideran un mito o una excusa para justificar infidelidades, cada vez hay más casos de personas que no pueden controlar su apetito sexual y deben someterse a tratamiento.

Uno de los temas más comentados en los últimos años en la prensa sensacionalista es la adicción al sexo. Los casos de celebridades como Michael Douglas, Charlie Sheen o Tiger Woods, quienes afirmaron en varias ocasiones que sufren de esta conducta compulsiva, lo pusieron de moda. Aunque muchos lo consideran un pretexto de los promiscuos para tapar su infidelidad, cada vez son más los casos de pacientes que asisten a psicoterapia por esta enfermedad. Quienes la padecen destruyen sus relaciones de pareja, sufren de baja autoestima y tienen problemas para rendir en su trabajo. Sin embargo, no es claro el límite entre un apetito sexual sano y un comportamiento compulsivo.

Una adicción es definida como un trastorno obsesivo compulsivo que afecta la capacidad de una persona para llevar una vida normal y la hace perder el control de sus acciones. Aunque los manuales de psiquiatría reconocen una adicción si existe de por medio una sustancia como el alcohol o el cigarrillo que produce dependencia en el adicto y trae efectos negativos sobre su vida, la adicción al sexo no ha sido reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni aparece en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés), una publicación reconocida por psiquiatras de todo el mundo. "A nivel clínico se puede hablar de adicción al sexo, pero desde la perspectiva científica es prematuro considerarlo así. Hay que esperar unos años para que se realicen más investigaciones", le dijo a SEMANA Martin Kafka, miembro del Grupo de Trabajo de Desórdenes Sexuales y de Identidad de Género del DSM-5, en Estados Unidos. Sin embargo, la APA está considerando la posibilidad de añadir a su manual el 'desorden hipersexual', un diagnóstico que sería bastante similar al de la llamada adicción al sexo.

Los adictos al sexo pueden ser movidos a nivel emocional con la misma energía que los drogadictos y los alcohólicos. De hecho, quienes la padecen tienden a ser proclives a otras adicciones. Esto es lógico si se tiene en cuenta la última publicación de la Sociedad Estadounidense de Medicina en Adicciones (Asam, por sus siglas en inglés), en la que se afirma que la adicción es una enfermedad originada en el cerebro y determinada en un 50 por ciento por factores genéticos, por lo cual hay quienes tienen mayor propensión a caer en ellas. En el caso de la adicción al sexo, un término mencionado por primera vez en la década de los sesenta, quien la padece "tiene una sexualidad exuberante y se obsesiona con tener relaciones sexuales en todo momento. El problema es que su calidad de vida se ve seriamente afectada", le explicó a SEMANA Otto Held, director del centro de adicciones Siquem, quien afirma que en promedio recibe al año en su consultorio a cuatro o cinco personas que dicen ser adictas al sexo.

A pesar de que existen numerosos casos y especialistas en el tema, no hay mucha claridad sobre cómo definir la adicción al sexo ni tampoco sobre cuántas personas la sufren. La sexóloga Martha Lucía Palacio afirma que la gran diferencia con otras adicciones es que "las demás pueden suprimirse, pero el sexo es una necesidad básica del ser humano". Hasta ahora la ciencia no ha estudiado a profundidad el tema y aunque algunos científicos afirman que la dependencia se produce en el centro neurotransmisor del placer del cerebro por la hormona de la dopamina, la sexualidad de una persona es muy compleja. Por esa razón, establecer si alguien sufre de este mal es muy difícil. Según la definición propuesta por la APA, la hipersexualidad incluiría no solamente mantener relaciones sexuales, sino también masturbarse compulsivamente. Así mismo, podría hablarse de otras conductas como el exhibicionismo, el voyerismo y el consumo excesivo de pornografía. Sin embargo, eso no quiere decir que dichas conductas sean propias de esta condición, pues son variantes del comportamiento sexual. "Una adicción involucra insatisfacción y poco autocontrol. Por eso, una persona que tenga un deseo sexual muy intenso no necesariamente es adicta al sexo", le explicó Palacio a SEMANA.

Según un estudio publicado en 2009 en la revista Archives of Sexual Behavior, el deseo hipersexual sería un mal que padecen los hombres que tienen en promedio más de siete orgasmos semanales después de dejar la pubertad, esto es, a los 15 años. De acuerdo con algunos expertos, entre el 3 y el 10 por ciento de la población mundial puede tener este trastorno, y uno de cada cinco casos involucra a una mujer. A pesar de que la estadística muestra que alrededor del 90 por ciento de los casos afecta al género masculino, hay situaciones de mujeres que padecen este trastorno y perjudican su vida por la falta de autocontrol. Sin embargo, la diferencia puede ser menor. El problema es que las mujeres son más estigmatizadas que los hombres en este tipo de situaciones.

Los expertos coinciden en que internet y las nuevas tecnologías han contribuido a que más personas desarrollen esta conducta, pues facilitan ver pornografía, lo que en principio no es malo, pero puede conducir a la compulsión. En Estados Unidos, por ejemplo, hace una década solo unos 100 psicoterapeutas atendían este tipo de casos, pero ahora se estima que son 1.500. De hecho, existe una organización llamada Sexo Adictos Anónimos (SAA), en la cual se ofrece un tratamiento basado en 12 pasos para recuperarse. "Estos tratamientos se hacen con base en los mismos principios de los grupos de alcohólicos anónimos. Lo más importante es que la persona acepte su problema", le dijo Palacio a SEMANA.

Una vez el adicto ha aceptado su problema, se somete al tratamiento, que incluye, en primer lugar, un diagnóstico para establecer si padece la enfermedad. De ser así, recibe psicoterapia y asiste a talleres grupales para compartir su caso con otros y darse apoyo mutuamente. De igual forma, recibe asesoría de un sexólogo que lo ayuda a evitar entrar en contacto con alguna fuente de deseo. Además, "se les suministra medicamentos relacionados con desórdenes psiquiátricos. Estos ayudan a mejorar la resiliencia emocional", le señaló Kafka a SEMANA.

Aunque algunos expertos afirman que la adicción al sexo puede curarse con un tratamiento adecuado, el problema en algunos casos es que muchos de los pacientes no vuelven a terapia por pena o vergüenza. "La deserción terapéutica en estos casos es muy alta", le dijo Palacio a SEMANA. Por eso, más allá del debate sobre si es o no una adicción, lo más importante es que "el paciente acepte su problema y tenga la voluntad de someterse a un tratamiento hecho por profesionales para autosuperarse", concluyó Held.
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