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| 12/24/1990 12:00:00 AM

Al que madruga...

Se impone la moda de los desayunos de trabajo y tres hoteles de Bogotá compiten por la clientela aficionada a esta nueva moda.

Ultimamente los altos ejecutivos están llegando un poco más tarde a su oficina, pero también más tranquilos. La razón es que a eso de las nueve de la mañana, ya han cumplido con la cita más importante del día o han adelantado el negocio más urgente, a la hora del desayuno. Bien sea por razones prácticas de cercanía a sus casas, por aprovechar la frescura mental de las siete de la mañana o por salir de lo más importante a temprana hora del día, la moda de los desayunos ejecutivos se impuso.
Por cuenta de eso, los restaurantes de tres hoteles de Bogotá -el Charleston, la Casa Medina y el Bogotá Royal- han sido ungidos por el público ejecutivo, para ser testigos mudos de complejas transacciones económicas, elaboradas estrategias políticas, ofrecimientos de altos cargos, proyectos de gobierno, creación de nuevas empresas, crónicas sociales, planes maquiavélicos y hasta disputas maritales. Una cada vez más voluminosa masa de políticos, funcionarios de gobierno y empresarios de todas las pelambres, han optado por encender diariamente su optimismo profesional con un jugo de naranja.
El pionero de esta modalidad fue el hotel Charleston, que hace ya algunos años desarrolló un servicio especial de desayunos para personalidades urgidas de hacer reuniones rápidas y tempraneras. El resultado fue bueno y la infalible fórmula de la publicidad boca a boca, llenó tanto el restaurante del hotel, que todo aquel que pretendiera tener desayunos de trabajo, se vio obligado a buscar otras opciones. La Casa Medina siguió el mismo camino con éxito y el Bogota Royal apareció como una opción para quienes gustan de un estilo de hotel más standard.
Además del motor natural que significa el movimiento urbanístico de la ciudad hacia el norte -ya son pocas las oficinas que operan en el centro-, existen varios motivos que han llevado a los ejecutivos a inclinarse por las juntas de tostadas y huevos pericos en los hoteles del norte. Una de ellas tiene que ver con el licor. Anteriormente, la mayoría de negocios que por su delicada naturaleza necesitaban, además de una buena idea, altas dosis de relaciones públicas, se hacían a la hora del almuerzo. Este, sin embargo, siempre empieza con un aperitivo que se convierte en dos o tres, si el pedido se demora o si la conversación está tensa. Aquellos ejecutivos que tienen que realizar una "operación" diaria por esta vía, no sólo se estaban convirtiendo en serios candidatos para el alcoholismo, sino que sus procesos mentales perdían la agudeza que se tiene cuando se acaba de salir de la ducha. El caso es aun peor cuando se trata de cocteles, pues éstos están diseñados para tomar trago. El desayuno tiene la ventaja de que un pedido de huevos tibios con vodka tonic a las siete de la manana produce, por lo menos, vergüenza. Tulio Angel, gerente de la programadora de televisión Intervisión, es un aficionado a los desayunos de trabajo porque "aprovecha uno las horas más lúcidas del día".
Así mismo existen razones de bolsillo. Los gastos de representación de las compañías se estaban convirtiendo en un rubro importante en el balance anual. Un promedio de tres almuerzos semanales para cinco personas, a razón de mínimo setenta mil pesos cada uno, da una cifra que producía un permanente ceño fruncido en los auditores.
El caso es que los aficionados a este sistema de citas de trabajo -que hace posibles las reuniones sin lagartos y sin teléfono- se han repartido entre los tres hoteles de moda para esos efectos, con una ligera tendencia a especializarse: la Casa Medina ve desfilar en sus dos turnos (siete a ocho y ocho a nueve) principalmente banqueros y políticos. El Charleston ve mucho embajador y también políticos. Y el Bogotá Royal atiende más emprasarios que políticos, pero ve políticos de todas maneras. De todos los aficionados a los desayunos, estos últimos lideran grito de la moda. Miguel Silva, uno de los asesores de la Presidencia, decidió adoptar la fórmula de los desayunos de trabajo "porque es la única manera de no quedarse profundo por la tarde, que es lo que normalmente sucede con los almuerzos".
Aunque los tres hoteles ofrecen un desayuno común y corriente, hay algunas diferencias. El Bogota Royal cree en el principio del buffet con opciones para todos los gustos. El Charleston, por su parte, intenta acomodar su menú a las nuevas tendencias e incluye algunos productos dietéticos. Y la Casa Medina ofrece lo cuatro tipos de desayuno de un hotel. Hay, sin embargo, quienes piensan, como el ministro de Comunicaciones, Alberto Casas, que "aunque el menú es muy bueno y el servicio excelente, nunca es lo mismo que un desayuno en casa. Por eso yo, cuando pongo este tipo de citas, desayuno en mi casa y allí solo me tomo un cafe".
Sin embargo, todas las modas en algún momento tocan un extremo inconveniente. En este caso la complicación vino por el lado de los comensales que resolvían darse una capa de popularidad y se instalaban con un sencillo té desde las siete de la mañana hasta las 11. Por razones obligadas de consumo, el hotel Charleston, por ejemplo, estableció una tarifa mínima de cinco mil pesos por el sólo derecho a un puesto en la mesa. Los otros dos hoteles no tienen este sistema, pero ya están considerando subir los 3.500 pesos que cuesta hoy un desayuno en su restaurante.
De todas maneras, los altos precios no parecen haber asustado a los aficionados a empezar el día con una cita de trabajo. Al contrario, estos hoteles, aunque de lunes a viernes siempre están repletos, experimentan "temporadas" que por lo general corresponden a los grandes temas candentes del momento en el país. Hoy en día la Constituyente manda la parada. Pequeños, pero numerosos corrillos de políticos en campaña, pueden verse todas las mañanas en cualquiera de estos sitios. Lo mismo sucede cuando se trata, por ejemplo, de medidas de gobierno que afecten el sector bancario, el industrial o el comercial. De inmediato se tienden manteles y se calientan cafeteras para los afanados representantes del sector en cuestión. Es por eso, tambien, que otros asiduos y numerosos clientes de los restaurantes de los hoteles del norte de Bogotá para los desayunos matutinos son los periodistas. Este sistema no sólo agiliza las entrevistas con las personalidades que no cuentan con mucho tiempo, sino que los encuentros con el variado elenco que acude al lugar, permite a los reporteros y analistas de la prensa y de los noticieros, mantener fresca su información. María Isabel Rueda, directora del noticiero 24 Horas, es asidua visitante de los tres restaurantes. Según ella, "se aprovechan para trabajar esas horas del día que por lo general se desperdician en boberías y además se come rico". Hay, claro, también algunos como Javier Ayala, director del Noticiero Nacional, que sigue defendiendo los almuerzos de trabajo en detrimento de los desayunos, con el argumento de que "la gente al desayuno esta más dispuesta a hablar que recién levantada".
Finalmente, según afirma un funcionario de Casa Medina, no son sólo motivos empresariales los que llenan el comedor de su restaurante. Muchas parejas de ejecutivos que "nunca tienen tiempo para nada", han encontrado un buen momento a primera hora de la mañana para hablar todo lo que sus trabajos no les permiten, a la luz de un café.-
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