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| 7/1/2017 10:15:00 PM

El pueblo de los centenarios

La mayoría de los habitantes de una pequeña aldea en Italia alcanzan a vivir 100 años. Un cardiólogo viajó al lugar para descubrir el secreto de su longevidad y elaboró una guía práctica basada en sus costumbres.

Pioppi. Así se llama una pequeña población italiana situada a la orilla del mar Tirreno en la provincia de Salerno, a unas dos horas por carretera desde Nápoles, que esconde el secreto para vivir hasta los 100 años. Este lugar, al igual que otros de la península de Cilento en la costa Amalfitana, fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1997 debido a su belleza natural. Pero además de ser un paraíso terrenal, dicha región ha sido el foco de investigación de científicos internacionales intrigados por la longevidad de sus residentes.

El cardiólogo británico Aseem Malhotra hizo el trabajo más reciente: visitó el lugar junto al cineasta irlandés Donal O’Neill para realizar un documental y examinar más de cerca las costumbres de sus pobladores. La semana pasada, el experto lanzó su primer libro (La dieta Pioppi) donde recapitula su travesía por el lugar y explica las razones por las cuales estas personas son centenarias. Además, creó una guía práctica de 21 días basada en su estilo de vida y alimentación. “Los ‘pioppianos’ no solo viven muchos años, sino que los viven bien porque no contraen enfermedades crónicas propias de la vejez como la diabetes tipo 2 y la demencia, algo que para el resto del mundo resulta inevitable”, señala el autor en un artículo que escribió para el diario británico The Daily Telegraph.

Tras pasar las primeras 24 horas en Pioppi, Malhotra y O’Neill concluyeron que la ausencia total de estrés tal y como se conoce en el mundo moderno, especialmente en los entornos urbanos, era una de las claves para que estas personas no sufrieran enfermedades que disminuyeran su expectativa de vida. Al entrevistarlos se enteraron de que duermen siete horas diarias, tienen el tiempo necesario para almorzar con tranquilidad y echar una siesta, y se mantienen activos pese a no tener un gimnasio disponible. Adicionalmente, ellos mismos cultivan, pescan o recogen la mayoría de los alimentos que consumen. “Comen pasta y pan, pero en muy pocas cantidades. Su dieta es rica en verduras, pescado y aceite de oliva, y muy baja en azúcar, lácteos, carnes rojas y carbohidratos refinados”, afirma Malhotra.

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Aunque es evidente que la mayoría de personas del planeta no pueden tener un ritmo de vida tan tranquilo, Malhotra aprendió varias lecciones de los habitantes de Pioppi que pueden ponerse en práctica en la vida diaria. En primer lugar está la dieta, pues contribuye más a las enfermedades crónicas y la muerte prematura que la inactividad física, el tabaquismo y el alcohol. “La comida es la medicina y los pequeños cambios en la dieta que consumimos pueden ser más poderosos que cualquier medicamento que un médico nos prescriba”, explica el autor.

Ancel Keys, fisiólogo estadounidense, divulgó por primera vez la dieta mediterránea tras unos viajes que hizo a esta región en los años cincuenta. Sin embargo, Keys demonizó las grasas y el colesterol malo como las principales culpables de la obstrucción de las arterias y las enfermedades coronarias. Paradójicamente, Malhotra descubrió en su visita a Pioppi que la clave de su dieta saludable no radica en comer pocos alimentos ricos en grasas, sino limitar el azúcar y los carbohidratos refinados. “Estos deben ser considerados los enemigos públicos número uno, pues causan las epidemias de diabetes tipo 2 y obesidad que afectan a millones de personas”, dice el experto.

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La grasa de los alimentos no procesados no solo provee al organismo de ácidos esenciales para la salud, sino que ayuda a las personas a sentirse llenas durante más horas y, por ende, a controlar mejor su peso corporal. A diferencia de las proteínas y los carbohidratos, la grasa tiene menor impacto en el aumento de los niveles de azúcar en la sangre y en que se dispare la insulina. Y la resistencia a esta hormona es el factor de riesgo más importante para desarrollar diabetes tipo 2 y sufrir ataques cardiacos. Sin embargo, dice Malhotra, la idea equivocada sobre los daños que pueden provocar las grasas saturadas persiste y esto hace que en el supermercado las personas encuentren decenas de productos que en su etiqueta dicen “bajos en grasa”, pero están llenos de azúcar. “Esta es la única sustancia, además del alcohol, que no tiene ningún valor nutricional. Sin embargo, muchos de nosotros comemos postres dos o tres veces al día, lo que equivale a ingerir 40 cucharaditas de azúcar. Lo peor de todo es que la sensación de hambre no desaparece y cada dos horas queremos comer algo más”, asevera Malhotra.

Por eso este cardiólogo afirma que la gente debe quitarse de la cabeza el falso paradigma de que las grasas saturadas son lo peor y mejor concentrarse en evitar el azúcar y los carbohidratos refinados como las papas fritas, el pan blanco, las galletas y los pasteles. También es importante obtener el equilibrio adecuado de omega-3 y omega-6, dos tipos de ácidos grasos poliinsaturados muy importantes para el organismo. El aceite de oliva, por ejemplo, aumenta la absorción del omega-3 en la membrana celular y se encuentra en los pescados grasos, en el aceite de linaza, las semillas de chía, las nueces y la soya, mientras que los aceites vegetales son la principal fuente de omega-6, esencial para que el sistema inmune responda ante cualquier tipo de infección. Los habitantes de Pioppi y otras poblaciones de la región mediterránea, dice el autor, tienen la ventaja de consumir varios de estos productos de forma conjunta, lo que genera una sinergia entre los alimentos que aumentan los beneficios para la salud. “El problema de la dieta occidental es el exceso de omega-6 que traen los alimentos procesados y la cantidad insuficiente de omega-3”, dice el experto.

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Dentro del plan de 21 días que Malhotra elaboró con base en sus hallazgos en Pioppi está el de hacer un ayuno intermitente. En ocasiones los habitantes de la población cenan y al siguiente día solo vuelven a comer a la hora de la cena. Durante ese periodo lo único recomendable es el té, el café y agua con gas. Adicionalmente, hay que procurar no tomar más de una copa de vino al día, pues el alcohol tiene el mismo efecto metabólico del azúcar. También es importante mover el cuerpo y no sentarse más de 45 minutos en un mismo lugar, caminar media hora diaria de forma enérgica y pasar la mayor cantidad de tiempo posible al aire libre. Esto sumado a no pasar más de dos horas expuestos a la luz azul de los celulares y computadores, y dormir mínimo siete horas cada noche.

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Aunque cambiar el estilo de vida y la dieta no es algo que ocurra de la noche a la mañana, Malhotra dice que vale la pena intentarlo y comenzar por pequeñas cosas como “evitar ir a la máquina expendedora de barritas de chocolate y dejar la comida chatarra”. De igual forma, el estrés es una causa directa del sobrepeso y la obesidad, pues muchas veces las personas comen en exceso por razones emocionales. Para ello se puede practicar yoga o pilates y no hay que dejar de lado la interacción social por fuera de internet. El autor está convencido de que si la gente adopta poco a poco el estilo de vida de los habitantes de Pioppi, la cifra de 20 millones de muertes anuales a causa de enfermedades cardiovasculares se reduciría ostensiblemente en el mundo. “Podríamos detener la epidemia global de obesidad y ayudaríamos a sostener los servicios de salud de cada nación”, concluye el autor.

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