Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1990/10/08 00:00

¿ ALO ?... ¡ ARAÑAME GATITA !

El sexo telefónico, una nueva adicción de los norteamericanos que deja ganancias millonarias.

¿ ALO ?... ¡ ARAÑAME GATITA !

La comodidad, el pánico a contraer el SIDA, las neurosis, las aberraciones modernas o todo esto y mucho más han convertido al teléfono en un instrumento de satisfacción sexual y han propiciado el nacimiento de una floreciente industria en los Estados Unidos.
A media noche, ella es una mujer de pelo corto, gafas, crema en la cara... Está en piyama como cualquier parroquiano, viendo televisión. Una mujer que no inspira ni un mal pensamiento. Entonces suena el teléfono y, como por arte de magia, el patito feo se convierte en una hembra lujuriosa, de voz sensual. Al otro lado de la bocina, el interlocutor visualiza a una mujer de ojos verdes, labios carnosos, piernas largas, cabello sedoso y largo, y movimientos felinos. ¿Qué ha operado el milagro? La profesión: operadora de sexo telefónico. Un tecnicismo para las "prostitutas del auricular".
Estas modernas "doctoras corazón", dicen, pueden tranquilizar al nervioso, consolar la triste, aconsejar al desubicado. Pero, sobre todo, satisfacer al alborotado sexual.
Para muchos, es la mujer ideal, porque no molesta, no cantaletea, no marca tarjeta, no refunfuña y, lo mejor de todo, ni queda embarazada, ni contagia el SIDA.
Nunca se queja y es todo oídos, siempre y cuando el que requiere sus servicios tenga un teléfono verificable y, mejor aún, una tarjeta de crédito. Después de confirmar algunos datos, ella lo acompañará a todas partes con su voz de gatita mimada.
Para ser operadora profesional los requisitos son una buena dosis de imaginación, dotes histriónicas, facilidad de expresión, capacidad de improvisación y, sobre todo, fantasía. En la vida real, no son necesariamente ni las mujeres más bonitas, ni las más sexys. Son mujeres comunes y corrientes, secretarias, universitarias, madres solteras, a veces cuarentonas con unos kilos de más, muy lejos de las imágenes que proyectan a sus interlocutores. Pero, en general, todas sueñán con ser algún día actrices , modelos, cantantes o bailarinas.
La industria del sexo telefónico está pasando por su época de oro. Sólo en Nueva York, considerada una de las Mecas del sexo, hay más de 200 líneas reservadas para sexo telefónico, las cuales tienen un indicativo especial que permite que la llamada quede incluida en la cuenta telefónica o en una tarjeta de crédito. Los neoyorkinos gastaron en 1988 la suma de 9.6 millones de dólares en sexo telefónico y la cifra ascendió a 11 millones el año pasado, de acuerdo con el reporte financiero de la compañía de teléfonos de Nueva York.
Las mayores ganancias las obtienen, como es obvio, la compañía de teléfonos y los empresarios que ofrecen el servicio. El salario promedio por hora de una operadora de sexo telefónico es de 7.25 dólares (cerca de 3.600 pesos), que se gana sin salir de la casa, y sin tener que cumplir un horario. Las operadoras trabajan mientras adelantan las labores domésticas o descansan. Un conmutador central recibe las llamadas y las despacha directamente a los teléfonos privados de las operadoras disponibles.
Para garantizar el éxito del servicio, los empresarios han escrito y diseñado manuales prácticos que las operadoras deben seguir al pie de la letra. Algunas de las recomendaciones son: "Primero: mantenga la atención del cliente. Dígale fantasías y hágale creer que lo que que usted le dice está sucediendo. Segundo: cree diferentes personajes. Sea varias mujeres a la vez: ninfómana, esclava, lesbiana, virgen, extranjera o masoquista. Si el cliente quiere hablar con alguien más, cree un nuevo personaje. Tercero: nunra inicie el sexo, deje al cliente tomar la iniciativa. Cuarto: nunca cuelgue el teléfono a no ser que reciba la llamada de un menor de edad. Quinto: tenga en cuenta que los clientes pueden abusar de usted como ellos quieran... Trate siempre de ser sexy, amable, complaciente, interesante e interesada en las necesidades especificas de quien está al otro lado de la línea".
Mucho de la fantasía en el teléfono se basa en los sonidos. Las operadores de sexo telefónico son profesionales en el ramo. Usando los dedos y la boca, las operadoras pueden producir todos los sonidos imaginables para ambientar sus historias.
Los teléfonos no dejan de sonar. A cualquier hora del día o de la noche, cualquier día de la semana hay un usuario ansioso de aventuras sexuales de ficción: El mercado ofrece sexo telefónico para todos los gustos (heterosexuales, homosexuales, sado-masoquistas y clientes con fantasías específicas), a través de operadoras orientales, suecas, latinas o negras. Hay para todos los presupuestos: desde 40 centavos de dólar el primer minuto y 10 centavos el minuto adicional con grabaciones de mala calidad, hasta el más sofisticado servicio sexo-telefónico en vivo y en directo con la "mujer ideal" a 5 dólares el minuto.
Pero no todas las llamadas son con fines sexuales. Erika, una de las veteranas del negocio, cuenta que una vez recibió la llamada de un hombre que le pidió que representara el papel de esposa y que le dijera que lo extrañaba. Otros llaman a pedir que los complazcan con los placeres que, por pudor, sus esposas les niegan. "De alguna manera, nosotras somos amantes, confidentes y amigas para ellos", explica Erika. Barbie, otra operadora, dice que mantuvo una relación telefónica durante más de un año con un hombre que la llamaba para que le repitiera la misma fantasía. Con el tiempo se hicieron amigos y él le contaba intimidades de su vida todos los sábados por la tarde.
El sexo telefónico se ha convertido en una nueva adicción para miles de norteamericanos. Lo más grave es que muchos de ellos son menores de edad. Han sido numerosos los casos de padres de familia que han hecho público el uso y abuso que sus hijos han hecho de esas líneas. Inclusive, una señora de Nueva Jersey fue hasta Washington para denunciar que tuvo que pagar 4 mil dólares por las llamadas sexuales que sus dos hijos adolescentes habían hecho en un mes.
Todo esto ha llevado a que un grupo de congresistas se haya puesto en la tarea de estudiar la legislación, para obligar a las compañías de sexo telefónico a usar códigos de acceso con el fin de restringir el uso de estas líneas. Mientras tanto, las voces dulces y sensuales de las complacientes prostitutas de la bocina siguen contestando las llamadas de clientes que buscan aliviar sus tensiones sexuales a través del cable telefónico. ¿Avances de la tecnología o decadencia de la sociedad? De todo un poco.

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