Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/07/31 00:00

a.m. vs. p.m.

Un reciente estudio, en el que se concluye que quienes madrugan son más proactivos, ha generado polémica porque afianza el estereotipo de que los diurnos son eficientes y los nocturnos, perezosos.

Aunque los nocturnos tienen muchas ventajas, viven desincronizados del horario corporativo típico.

Algunos observadores están convencidos de que el éxito de David Cameron para alcanzar el cargo de primer ministro se debió en parte a sus matutinos trotes deportivos y paseos en bicicleta, lo que le ayudó a consolidar la imagen de líder, trabajador y competente. Muy diferente habría sido su situación si en lugar de esto hubiera optado por hacer lo mismo que otro dirigente británico, Winston Churchill, quien no se levantaba de su cama a trabajar antes del mediodía.

Y aunque a Churchill no le fue nada mal despachando a partir de esa hora, hoy se sigue premiando a los que madrugan, quienes se perciben como más productivos y trabajadores, mientras que a los nocturnos se les asocia con holgazanería. Y los estudios siguen reforzando esa idea. Recientemente, en Alemania, Christoph Randler, un biólogo de la Universidad de Heidelberg que se ha dedicado a estudiar el fenómeno, encontró que la gente madrugadora era más proactiva que la trasnochadora. El trabajo se hizo con 367 estudiantes de ambos sexos de la Universidad de Leipzig y midió el deseo y la habilidad de los participantes de tomar acciones para cambiar una situación a su favor, así como su capacidad para aprender, anticipar y minimizar los efectos de problemas futuros. Un alto porcentaje de los mañaneros coincidieron con las ideas que indican proactividad, una cualidad asociada a éxito y a salarios más altos.

El trabajo de Randler ha causado polémica entre quienes aseguran que estos resultados se dan porque la sociedad tiende a favorecerlos. Por ejemplo, los madrugadores encajan perfectamente en el horario de los colegios, cuya mayoría empieza clases temprano en la mañana, por lo tanto, tienen mejores notas académicas, lo que a su vez les da acceso a las mejores universidades. Por esto mismo son los que reciben las mejores oportunidades de trabajo. Para Randler, sin embargo, el hecho de que los madrugadores tengan en sus manos las cartas importantes se debe a dos cosas: "Ellos encajan mejor en las exigencias de la sociedad, pero también tienen factores genéticos que los ayudan", le dijo el experto a SEMANA. Los estudios han establecido que la gente diurna es más estable, satisfecha con la vida y optimista que los nocturnos, quienes son más pesimistas, neuróticos y depresivos.

Así las cosas, cualquiera podría pensar que lo mejor es que los nocturnos traten de convertirse en madrugadores. Pero eso no es tan fácil. Aunque se puede educar el organismo, los resultados no son permanentes ni totales. Esto se debe a que el cronotipo de las personas depende en el 50 por ciento de factores genéticos. En un estudio de Randler, la mitad de los alumnos de un colegio fueron capaces de cambiar el momento en que se dormían o se despertaban, pero solo por una hora. Además, otras investigaciones han comprobado que lo más sano es tratar de no vivir contra el propio ciclo circadiano, el que regula los horarios del cuerpo. "Cuando alguien tiene que cumplir un ritmo por la fuerza, va a estar mal -señala Chris Schreuders, coach que dicta seminarios sobre manejo de tiempo-. Muchos no pueden explotar todo su potencial porque trabajan a las horas en que no rinden", agrega.

Gabriel Gómez, un individuo nocturno por naturaleza, que se acuesta a diario a la una de la mañana, ya sufría en el colegio con las madrugadas. Pero el primer golpe duro con la vida lo tuvo cuando empezó a estudiar Ciencia Política y tenía que estar en el aula de clase a las 7 de la mañana. "Era una desgracia. Sentía desasosiego, me daban náuseas, no entendía nada". Su situación era tan insoportable que decidió cambiar de carrera y escogió Literatura, entre otras cosas, porque las clases comenzaban a partir de las 10 de la mañana. "En ese momento fui feliz y sentí que ese era mi horario y también mi ritmo", recuerda. Pero recientemente tuvo que dar clases a primera hora y revivió esa tragedia. "Definitivamente mis neuronas no hacen sinapsis a las 7 de la mañana".

Según Schreuders, la noción de que al que madruga Dios lo ayuda se instauró a partir de la industrialización, cuando el horario de llegada de los trabajadores lo definían las máquinas. "Una vez encendidas, los operarios debían estar prestos a accionarlas", relata. Pero hoy la tecnología ha permitido más libertad a las personas, y la administración se está enfocando hacia resultados y no tanto hacia el control presencial. A pesar de esto, se sigue mirando bien a quien llega temprano, y con cierta desconfianza al que lo hace tarde. "En Alemania, las creencias calvinistas acerca del valor de madrugar están muy vigentes y el resultado es que los horarios de trabajo y oficina se establecen para ellos", admite Randler, lo cual resulta paradójico si se tiene en cuenta que la mayoría de adultos mayores de 30 años pertenece al tipo trasnochador. Los niños y los viejos son más del tipo madrugador.

Gracias al poco interés en el tema de los ritmos circadianos individuales, existe un choque en las empresas. Gloria Rodríguez, una seria madrugadora, dice que a las 6 de la tarde está fundida, pero su jefe, una persona que está activa en la noche, no ve con buenos ojos que ella salga tan temprano de la oficina. La misma historia sucede con los jefes madrugadores que les imponen a los subalternos trasnochadores que produzcan en el día y no en la noche. Incluso, en la pubertad, cuando los niños se vuelven más nocturnos, algunos estudios señalan que las madrugadas pueden ser perjudiciales para su crecimiento y su rendimiento académico.

Para el médico Marco Venegas, experto en sueño, ningún estilo es mejor. La única diferencia es que unos se van a dormir más tarde que los otros. Aún más, señala que quienes se levantan temprano también tienen inconvenientes sociales, pues "nunca salen de noche y se quedan dormidos en las fiestas". El que es trasnochador y trabaja desde muy temprano también tiene el problema de vivir con un déficit de sueño. Es lo que se conoce como el jet lag social y se evidencia cuando la persona que por fuerza debe madrugar entre semana, duerme dos horas más los sábados y los domingos para compensar.

Para Randler lo importante de estas investigaciones es que están ayudando a entender que las empresas deben tener horarios más flexibles porque los trasnochadores pueden generar sus mejores ideas en la noche y no en la mañana. Esto lo constató Schreuders cuando estuvo a cargo de un grupo de diseñadores en una compañía en Asia. Algunos trabajadores se presentaban a la oficina a las 9 de la mañana, pero "siempre tenían cara de gruñones o estaban medio dormidos", dice. Para solucionar la situación les dio las llaves para que trabajaran a la hora que quisieran, y "desde entonces fueron mucho más productivos que antes", señala Schreuders.

Los expertos consultados están de acuerdo en que la gente debe conocer su cronotipo. Esto se puede lograr con un cuestionario en el que se hacen preguntas como a qué horas prefiere levantarse en un día libre, o cómo se siente si se para de la cama a las 6 de la mañana. Esta información es importante porque, según ellos, el cronotipo hay que respetarlo. No es una tarea fácil si se tiene en cuenta que la cultura empresarial privilegia madrugar. Pero ya se ven vientos de cambio. En algunas empresas colombianas, especialmente en call centers y supermercados, se ofrecen tres horarios diferentes para cubrir las 24 horas, y con ello, se les está dando la posibilidad a los empleados de que ajusten su reloj circadiano al trabajo. "Espero que las organizaciones busquen salidas para sacar lo mejor de sus búhos", dice Randler. Schreuders aconseja mirar cómo funciona el reino animal, en donde hay actividad las 24 horas con especímenes equipados tanto para el día como para la noche. Y dice: "La naturaleza no juzga a los búhos y murciélagos por trabajar de noche. Los necesita a todos de la misma forma en que la sociedad se beneficia de las personas diurnas y de las noctámbulas".

 
Cómo saber su cronotipo
 
Los madrugadores: Se levantan a la misma hora entre semana y en fines de semana.
 
Los trasnochadores: Se levantan los fines de semana en promedio dos horas más tarde que entre semana, para compensar el déficit de sueño.

 
La gente diurna
 
Los estudios han encontrado que quienes se sienten más cómodos empezando a trabajar temprano en la mañana son: optimistas, estables, proactivos, satisfechos con la vida, agradables y conscientes.
 
La gente nocturna
 
Las investigaciones han relacionado a quienes son más productivos en las horas de la tarde y la noche con estos rasgos: creatividad, inteligencia, sentido del humor, extroversión, pesimismo, depresión.

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