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| 10/15/1984 12:00:00 AM

AMOR SIN CADENAS

Según el sicoanálisis pronto llegará el día de archivar el famoso refrán "porque te quiero, te aporreo".

Estuvo la semana pasada en Bogotá la sicoanalista belga Marie Claire Boons, profesora de la Universidad de París, discípula del célebre Jacques Lacan, muerto hace dos años y colega, en el departamento de filosofía de la misma universidad, de Michel Foucault, también recientemente fallecido. En sus conferencias y seminarios ante sicoanalistas y sicólogos colombianos la doctora Boons expuso sus hallazgos y los de Lacan en torno a las relaciones entre el amor y el sicoanálisis, lo mismo que las particularidades del movimiento feminista francés, del cual ella es líder, desde que en mayo de 1968 participó en las asambleas y en las manifestaciones callejeras de la explosión juvenil francesa. Enrolada a partir de entonces en una organización revolucionaria maoista, cercana a la de Sartre, rompió estruendosamente ocho años después con la militancia política, publicando con otras cuatro mujeres, un libro que se convirtió en best-seller y cuyo título habla por sí solo: "C'est terrible quand'on y pense " ("Es terrible cuando uno piensa").
SEMANA: ¿Después de tanta literatura sobre el tema, qué se puede decir todavía sobre el amor?
M.C.B.: No es sencillo hablar del amor, porque el amor no existe solo. Históricamente siempre ha habido discursos destinados a encuadrar y a limitar las conductas amorosas. Piensese en el amor romántico, en el amor cortesano, etc. Yo intento llegar a las estructuras precoces en que tiene sus raíces el amor. Para comenzar, hay que decir que el amor implica una dependencia. El amor libera, pero al mismo tiempo esclaviza y no hay amor sin dependencia. Se pregunta entonces uno, si es posible ser a la vez enamorado y no totalmente esclavizado. Freud dice que el estado amoroso no tiene en cuenta la realidad, y compara la pasión amorosa con una especie de estado hipnótico. En realidad, el amor es la experiencia humana que tiene la mayor potencialidad de dependencia y de esclavitud. Pero hay dependencias destructivas y dependencias buenas. La dependencia buena es la infinita y espontánea atención que tenemos sobre el otro, porque lo amamos, estando vigilantes para no convertir al otro en un objeto de nuestro propio placer, para no destruirlo porque el otro es una persona y nosotros respetamos ese sentido de la diferencia. Esto es todo lo contrario de la relación narcisista en la que yo creo que el otro es yo. Así, la dependencia destructiva consiste en la supresión del otro para poseer a este otro, negando su propia existencia.
S.: ¿Pero este tipo de dependencia destructiva es exclusiva de la experiencia del amor?
M.C.B.: No. La esclavitud amorosa está en el mismo campo de las perversiones religiosas o políticas, propias de todos los sistemas totalitarios donde un jefe o amo, ocupando el lugar del ideal, exige todo y por él se hace todo. Piénsese en el fanatismo de Khomeini en Irán o en lo que fue la dictadura de Stalin. Estos sistemas despiertan una culpabilidad infinita sobre la base de la cual se obtienen la sumisión y los sacrificios más insensatos. La televisión francesa presentó recientemente un reportaje sobre la guerra Irán-Irak, en el que adolescentes de 15 a 20 años declaraban: "Vamos a morir por Khomeini". Después mostraban a estos mismos jóvenes prisioneros de guerra en Irak, tristes por no haber muerto en combate, como era el deseo del jefe. Este es un caso de traslación a lo social de la dependencia destructiva del amor, en el que al amor se le asigna un significado redentor. Se goza al entregarse al deseo del otro, al que Lacan llama el dios oscuro. Es contra esta dimensión sacrificial, de holocausto, del amor, contra la que se están levantando muchas mujeres en Francia.
S.: ¿Se puede afirmar que este concepto de "amor-sacrificio " es la base de la vivencia sadomasoquista del amor?
M.C.B.: Sin duda. La perversión más corriente en el amor es el sadomasoquismo. Y esto no sólo en la época moderna, sino a lo largo de la historia. El caso de la mujer en la Grecia antigua es ejemplificante. Hay hombres que convierten a su mujer en un super yo, en un tirano doméstico. Uno de ellos me decía un día: "cuando mi mujer habla es como si hablara un tribunal". Conozco una pareja donde ella está siempre pidiéndole dinero a él y él siempre dándoselo. Y nunca es suficiente. Ella le insiste: "dáme más y más para probar "tu amor". Al final, el hombre termina completamente cansado y resuelve irse. En el fondo, la actuación de ella revela una respuesta destructiva en relación con el lugar donde está colocada. Pero yo nunca acuso a la mujer, sino al sistema, llamado patriarcal, que impide ver que el amor no es un sacrificio del otro.
S.: Usted habla de las mujeres francesas que se han rebelado contra esta dimensión sacrificial del amor. ¿Es el feminismo moderno el primer intento histórico de abolirla?
M.C.B.: El movimiento de las mujeres tiene sus antecedentes. En Grecia hubo revueltas de mujeres contra la guerra, que amenazaban con no hacer más el amor si los hombres iban a la guerra. En la Revolución Francesa hubo muchas mujeres líderes. Pero hoy es la primera vez que tratamos de pensar sobre esto de manera colectiva y que tratamos de cambiar el discurso dominante. Antes había batallas colectivas, pero las mujeres luego volvian a lo tradicional. Eran batallas situadas siempre en momentos de ruptura histórica, como la Comuna de París o la revolución de Argelia. Hoy estamos tratando de inscribir nuestra lucha en una perspectiva de tiempo largo. En este sentido el historiador francés George Duby planteó en el editorial de una reciente revista de historia, que, en el futuro, nuestro siglo no irá a ser recordado por la revolución rusa ni por la china, sino por haber sido el comienzo de la transformación de las relaciones hombre-mujer, a causa del movimiento de las mujeres.
S.:¿En esta transformación de relaciones resulta ganadora únicamente la mujer, o también el hombre tendrá beneficios?
M.C.B.: Habrá, naturalmente, beneficios para los hombres. No es fácil para éstos ser siempre viriles, potentes y prontos para la erección, como lo exige el actual sistema patriarcal. Los hombres, además, están hoy cortados de muchas emociones y sentimientos. Les queda difícil ser tiernos. Se les impide todo el goce con los hijos pequeños, se les prohibe tener placer con un bebé, porque en el sistema patriarcal se considera al hombre inhábil para esto. Conozco a muchas jóvenes parejas que viven de otra forma y donde los padres reconocen que han descubierto muchísimas cosas.
S.: ¿Cómo sería, entonces, el nuevo modelo de las relaciones hombre-mujer?
M.C.B.: Quiero simplemente citar una frase de Rainer María Rilke, el poeta que escribió sobre el futuro del amor. Es de su libro "Cartas a un joven poeta": "El amor no será más el comercio de un hombre y una mujer, sino el de una humanidad con otra. Más cerca de lo humano, será infinitamente delicado y lleno de atenciones, bueno y claro en todas las cosas que anude o desanude. Este amor que preparamos luchando duramente será el de dos soledades protegiéndose, completándose, limitándose e inclinándose una delante de la otra".
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