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| 6/9/2003 12:00:00 AM

'Animal trance'

Un nuevo libro demuestra cómo el hombre no ha estado solo en el uso y abuso del alcohol y las drogas. Lo han acompañado desde hormigas y elefantes borrachos hasta cabras y mandriles drogadictos, entre otros.

Para nadie es desconocida la similitud que hay entre ciertos comportamientos humanos con los de los animales. Pero lo que pocos se imaginan es que algo tan evolucionado como el uso del alcohol y las drogas, que tantos inconvenientes ha generado al hombre moderno, puede ser un vestigio de la Edad de Piedra.

Por lo menos este es sólo uno de los interesantes hallazgos revelados por Giorgio Samorini en su libro Animales que se drogan. Este italiano, de 45 años, doctor en botánica y especializado en etnobotánica y etnomicología, comenzó hace 20 años un viaje del que aún no ha regresado: investigar el uso religioso de las plantas sicoactivas en las culturas humanas.

Samorini fue a varios continentes, donde no sólo observó y estudió conductas humanas y animales sino que hizo partes de rituales. De hecho, ha sido el único blanco occidental iniciado en el culto Bwite, ritual sincrético que practica la etnia fang, en Gabón, Africa occidental.

En sus viajes Samorini demostró científicamente que desde tiempos ancestrales los hombres y muchos animales usan de manera voluntaria sustancias sicoactivas para modificar su estado. En otras palabras, al ver la conducta de renos micófilos, cabras cefetómanas, elefantes y hormigas borrachas y pájaros y gorilas 'drogadictos', demostró que los hombres y los animales probablemente han sido invitados a la misma 'fiesta'.

De hecho, el hombre descubrió el uso de ciertas plantas a través de la observación de animales que se drogaban, como el café y del khat, utilizadas por las cabras, o del hongo Amanita utilizado por los renos.

Precisamente el caso de los renos de Siberia muestra esta relación entre animales y humanos. En entrevista con SEMANA el investigador dijo cómo a estos animales les gusta embriagarse con la Amanita muscaria y también les gusta beber la orina de los otros renos que han comido este hongo, ya que también es sicoactiva. Los chamanes siberianos aprendieron de esta observación y hoy en día no sólo se caracterizan por consumir hongos sino por beber orina humana.

Nueva ciencia

A pesar de que estas costumbres son milenarias en los hombres, sólo hasta hace unos 200 años se planteó de manera científica la probabilidad de que algunas especies también usaban drogas y alcohol. Charles Darwin lo ratificaría en el comportamiento de cabras, monos y aves, pero esto terminó en unos simples apuntes pues antes, y más en la era victoriana, parecía inimaginable el concepto de animales drogados y ciertos comportamientos eran explicables.

En los 70 del siglo XX la lista empezó a crecer y hoy ya se conocen unas 400 especies de animales que consumen intencionalmente sustancias sicoactivas'.

Como lo advierte Samorini, la búsqueda de estas drogas también está demostrada en los insectos y otros animales inferiores. Por ejemplo, un caso muy interesante es el de una pequeña mariposa nocturna (Manduca quinquemaculata), que en el estado de Arizona (Estados Unidos) entra a la flor de la planta alucinógena Datura meteloides, que se abre de noche, y chupa el néctar embriagante. Después sale y en un vuelo anómalo, zigzagueante, cae al piso como si estuviera muerta. Minutos después, al despertar, regresa a la flor para beber de nuevo, y así una y otra vez durante todas las noches por unos 15 días.

El hecho sorprendente es que este comportamiento tiene un alto costo para la especie porque ciertos lagartos han aprendido que en este período del año, bajo la Datura, pueden encontrar alimento fácil. Lo que aún está en estudio es si estos reptiles las consumen para alimentarse o también para drogarse, como lo hace una variedad de sapos en Europa. Allí, ciertas moscas lamen el ácido iboténico que supura la roja caperuza de la seta y caen embriagadas, catatónicas (no muertas). A éstas, a su vez, las ingiere una especie de sapo, aparentemente para drogarse.

Incluso en animales más pequeños se puede ver la búsqueda de estos estados. "Es bien conocido el caso de las hormigas 'ganaderas', que capturan en su hormiguero a cierta especie de decoleóptero, que alimentan, limpian y cuidan, y cuyo vientre exuda gotas de una sustancia que las hormigas chupan por turnos para emborracharse".

Al igual que en los humanos, las razones de por qué los animales se emborrachan o se drogan aún es tema de investigaciones. Mientras que para Samorini los humanos consumen estas sustancias, probablemente con el fin de buscar placer, adquirir valor para la lucha, evadirse de sí mismos y la realidad, o para buscar un conocimiento más profundo, en los animales esta conducta aún es incierta.

"Lo que sí conocemos hasta ahora es que generalmente los animales que se drogan no se vuelven dependientes. Utilizan ocasionalmente las sustancias o, mejor dicho, estacionalmente, como por ejemplo los gatos, que utilizan plantas sicoactivas como afrodisíacos durante la primavera, pero no en otros períodos del año. Además, durante esta época no padecen los síntomas de abstinencia que sí desarrollaría un adicto", advirtió Samorini.

Otros al club

En las investigaciones de Samorini también hay espacio para animales de gran tamaño. Los elefantes africanos y asiáticos se emborrachan con frutos caídos de ciertas palmas que se fermentan y se convierten en alcohol. En países de estas regiones se conoce hace muchos siglos este comportamiento. En 1985, en la región india de Bengala, un enorme laboratorio clandestino de alcohol fue descubierto, no por la policía sino por una manada de 150 elefantes que al acercarse al laboratorio pasó literalmente sobre las casas y mató involuntariamente a cinco personas.

"En mis estudios de campo en el Gabón (Africa), hallé el caso de los mandriles, que viven en grupos numerosos bajo una fuerte jerarquía. Cuando un macho intenta luchar con otro para conseguir una hembra o un grado más arriba lanza un desafío, que curiosamente no termina inmediatamente en la lucha. Antes, cada uno va a la selva a buscar la planta de la iboga, la desentierra y come la raíz. Espera entre una y dos horas hasta que aparecen los efectos y comienzan a pelear. Cuando a los pigmeos de la selva se les pregunta cómo descubrieron la iboga, un potente alucinógeno utilizado en un culto religioso llamado Buiti, simplemente señalan a los mandriles", dijo Samorini a SEMANA.

Los casos podrían seguir pero, como en el libro, las conclusiones sobre el uso de estas sustancias deben llegar. La hipótesis más interesante que plantea sobre por qué los animales se drogan es que esta conducta cumpliría una función evolutiva de las especies, es decir, que salirse de comportamientos básicos como alimentarse o reproducirse les abriría nuevas posibilidades de adaptación.

"Debemos estudiar más -dice Samorini-, pero ahora los estudiosos están admitiendo que los animales están dotados de al menos una conciencia perceptiva, es decir, que pueden elaborar formas simples de pensamiento, y el fenómeno de los animales que se drogan confirma esta hipótesis. Como, por ejemplo, la borrachera colectiva que se presenta en los petirrojos americanos, que al llegar a California en migración comen los frutos del árbol llamado California holly. Durante casi tres semanas es posible observar en la región una auténtica juerga, en la que los pájaros desorientados y confundidos se entregan a juegos entre ellos o a revolotear entrando en los coches y las casas".

Frente a estas conductas, "por el momento no nos queda más que reconocer humildemente nuestra ignorancia, intentar ser lo más abiertos posible y estar libres de las presunciones que afligen a nuestra especie. El hecho de que un comportamiento humano, como el de consumir drogas, insistentemente negado y prohibido por considerarse antinatural e inmoral, se encuentre entre los animales, tendría que enseñarnos a ser más cautos sobre nuestras valoraciones y convicciones. Creo que antes de legalizar o prohibir las drogas, tenemos que estudiarlas y conocerlas de manera científica dentro de las variables que regulan este fenómeno en el contexto de la íntima relación entre naturaleza y cultura humana. Si drogarse tiene una 'función' -que si bien aún no la conocemos- desde los animales hasta el hombre, entonces esta función debe tener su sentido", puntualiza Samorini.
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