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| 4/7/1997 12:00:00 AM

ANTOLOGIA DEL INSULTO

Se publica en Colombia un libro que recopila todas las expresiones ofensivas del idioma español.

Robert Gelbard todavía se debe estar preguntando qué quiso decir Horacio Serpa cuando aseguró que él era un funcionario de "media panela" porque esa es una expresión que sólo entienden los coterráneos del Ministrodel Interior de Colombia. Aunque para un santandereano el vocablo significa mediocridad, el término no aparece en el Inventario general de insultos que acaba de aparecer en Colombia. En cambio las palabras zoquete, gagá y pingo y la expresión 'ni chicha ni limoná' sí aparecen en el amplio volumen (ver recuadro). Escrito por el español Pancracio Celdrán, el libro recoge más de 800 voces de la lengua castellana que tienen o tuvieron alguna vez un ánimo ofensivo.El texto, que pertenece a una colección de obras sobre el idioma español, ha llamado la atención por su inusitado propósito de servir de diccionario exclusivo de las expresiones agraviantes del idioma de Cervantes. En 370 páginas el autor recopila todos los términos que se usan o se han usado en la historia de la lengua española como insulto, desde las más leves, como alcornoque o pendejo, hasta aquellas palabras impublicables que conforman el summum de la ofensa verbal entre los hispanohablantes.En su obra, Celdrán cuenta la historia de cada vocablo y reseña aquellos que han sido usados por las grandes plumas de la literatura española. Contrario a lo que pudiera pensarse, el autor no es ningún cafre, atarbán, malhablado o lenguaraz. El autor, Pancracio Celdrán Gomariz, es una autoridad en literatura hispánica, doctor en filosofía y letras de la Universidad de Madrid, máster en historia comparada y actualmente ejerce en la península ibérica como catedrático, historiador, biógrafo de personajes, escritor, periodista, guionista y experto en tertulias.Luego de una ojeada a la extensa recopilación lo que queda claro es que las palabras que se utilizan en Colombia como insultos son muy pocas -en relación con el inventario del idioma- pero suelen ser las de mayor calibre. Por eso las expresiones coloquiales utilizadas por el ministro Serpa en sus acaloradas intervenciones llaman la atención. "Eso de que hablamos el mejor español de América es algo que correspondió a la época en que Bogotá era también la Atenas Suramericana -dice Siervo Custodio Mora, investigador y jefe del departamento de dialectología del Instituto Caro y Cuervo-. En cambio, el ministro Serpa utiliza formas regionales de hablar que no sólo son un arma espectacular sino que muestran la riqueza de nuestro idioma". En opinión del académico, los colombianos deberían seguir el ejemplo del ministro Serpa y utilizar más las expresiones autóctonas y no aquellas pocas groserías con que siempre se enfrentan al contrincante, a la adversidad o al más insignificante contratiempo. "Lo mismo sucede con el halago -dice Mora-; en nuestro país todo lo bueno y atractivo se volvió chévere, que no quiere decir nada". En cuanto a la propuesta del autor español también hay mucho de dónde elegir. Por ejemplo, en lugar de la vulgar expresión HP se puede decir mindundis o goliardo. Para referirse a alguien muy ignorante se pueden usar términos como analfabestia, alcornoque, batueco, cenutrio, estólido o zafio. Igualmente, esa ordinaria expresión para designar a los afeminados puede ser reemplazada por otras más rebuscadas como bujendí o fodidencul... Y las cuatro letras con que siempre se designa a las mujeres de mala vida podrían ser reemplazadas por otras más sonoras como ambladora, barragana, cantonera, colipoterra, furcia o zangarilleja. Otra de las sorpresas con que se encuentra el lector de esta indiscreta antología es que muchas expresiones que hoy significan halago han sido o son utilizadas como insulto. Una de ellas es la expresión As, que se utiliza como sinónimo de campeón o número uno y que en el Siglo de Oro se le decía a la gente para tacharla de asno. Hasta comienzos de este siglo la palabra Fino se anteponía a otro término para acentuar el insulto al estilo que hoy se usa "So gran...". La palabra capullo, recogida hoy en día por la mayoría de los boleristas y poetas románticos, fue en otras épocas una expresión obscena. Francisco José Cela en su Diccionario del erotismo publica la siguiente copla: Porque una vez no atiné lo proclamas con orgullo otra vez me colgaré un farol en el capullo y en cada huevo un quinqué. El repertorio de injurias, improperios, insolencias y demás expresiones agraviantes del castellano, recogido por Celdrán, incluye un minucioso estudio del origen y evolución de cada término. Aunque el lujoso volumen editado por Educar Editores ha tenido gran acogida en las bibliotecas de los puristas del idioma, también podría servir de texto de consulta a los conductores bogotanos para que, si no mejoran su léxico, al menos lo amplíen. Porque luego de repasar este excepcional inventario es claro que el reducido vocabulario de términos que se escuchan en la iracundia del trancón capitalino no se compadece con la riqueza del idioma español.
El diccionario serpiano
En los últimos meses el ministro del Interior, Horacio Serpa, ha sacado a colación en sus acaloradas intervenciones una serie de términos y expresiones, algunos de los cuales están consignados en el Inventario general de insultos con el siguiente significado:
Gaga: Personas cuyas opiniones e ideas se han quedado muy anticuadas. Voz onomatopéyica que imita la voz de la persona anciana que arrastra las consonantes guturales o velares. Se da en castellano medieval, con valor adjetivo: gago = persona tartamuda. Como tal es vocablo empleado como apodo en documentos del siglo XIII.
Lenguaraz: En sentido figurado, persona que tiene la lengua muy larga, impertinente que dice necedades; desvergonzado que no mide el alcance de sus palabras ni es consciente de la gravedad que a menudo supone la incontinencia verbal.
Majadero: Suele ser, además de tonto, porfiado y enredador. Hoy su acepción sigue en vigor, aunque se oye más en los ámbitos de la familia y la amistad que en la calle.
Ni chicha ni limonada: Se dice de la persona inútil, que no vale para cosa alguna. La frase funciona con valor adjetivo para definir el no ser nada.
Pingo: 'Poner el pingo' se usaba para expresar ponerse en ridículo, darse alguien a conocer en forma desvergonzada y grosera.
Zoquete:Es de procedencia árabe, lengua en la que suqat significa desecho o cosa sin valor. En la acepción física se llama así al hombre feo y bajo de estatura, con tendencia a la rechonchez, por asemejarse a un tarugo corto de madera sin desbastar. En la acepción espiritual, se dice a la persona necia y poco habilidosa. Hay además otra acepción que enlaza al zoquete con el mendrugo de pan duro y seco, y en este aspecto se refiere a la dureza de mollera y significa tonto.
* Los términos 'Mamola', 'Media panela', 'Toche' y 'Manguala' no están registrados en el extenso repertorio de injurias, improperios e insolencias del escritor Pancracio Celdrán
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