Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/10/22 00:00

APAGA Y VAMONOS...

En materia de incendios en bosques naturales, no basta apagar el fuego. Hay que controlar el hacha que tala.

APAGA Y VAMONOS...

Poco o nada pueden hacer las autoridades para evitar los incendios en los parques naturales del país. Tan poco como lo que pueden hacer para detener la voladura de oleoductos y el derrame de crudo.
En ambos casos la única solución "imposible" sería tener un policía cada cien metros.

Esto ha quedado en evidencia tras el incendio que la semana pasada arrazó 500 hectareas de bosque nativo en el Santuario de Flora y Fauna de Iguaque, en Boyacá.

Pero ante la magnitud del desastre ecológico permanente en todos los parques naturales del país, estos hechos son nimios. Si año tras año, debido a la tala de los bosques, desaparecen 600 mil hectareas, el hecho de que no existan bomberos forestales de que sea imposible apagar estos incendios accidentales poco importa como tampoco que muchas veces apenas dos guardias del Inderena tengar que vigilar hasta un millón de hectáreas de bosques.

El problema es otro. Colombia tiene 114 millones de hectareas y entre ellas 53 millones de bosques naturales. A punta de hacha o fuego, los colonos acaban con 600 mil al año. Si esto sigue, en el año 2005 simplemente no habra bosques o apenas quedaran unos aislados puntos verdes, coma precaria memoria de lo que hubo.

Sin embargo, los colonos tienen que sobrevivir. Por eso los biólogos colombianos cada día se concentran más en la teoria del "desarrollo sostenible", que no es otra cosa que la explotación racional de los bosques, el avance de las zonas agrícolas y el desarrollo social, pero en armonía con los recursos no renovables y, sobre todo, sin perjuicio para las generaciones futuras. Aunque hoy por hoy la teoría apenas esta en el papel, ante los impredecibles de las migraciones causadas por la violencia, se ha consolidado la tesis de las areas de amortiguación", franjas en torno a los parques naturales en las cuales el Estado debería desarrollar campañas didacticas modelos paralelos de desarrollo y vigilancia, para "acolchonar" el impacto de los colonos sobre las áreas reservadas.

Se trata, pues, de instruir a las gentes sobre el uso de los recursos de los parques, su flora, sus aguas, para que aprovechen las tierras y sirvan simultáneamente como una barrera de conciencia ante la destruccion sistematica. Esto ha comenzado a operar de modo experimental en la zona del parque de la Sierra Nevada de Santa Marta. En los otros 38 parques y reservas nacionales, el Estado apenas cumple una labor de administración.
No hay dinero para la investigación y muchas veces se tienen datos apenas fragmentarios sobre lo que contienen los parques, sus posibles usos y la dinámica misma de su naturaleza. Son, entonces, apenas zonas verdes marcadas en el mapa desde los escritorios.

Los biólogos, enfrascados en dar soluciones, consideran que un parque real debe permitirle al colono alternativas de cultivos que sean, al mismo tiempo, estímulos para preservar el bosque. Que este no sea solamente una fuente de leña, sino que produzca recursos para los campesinos, sin ser agredido, sin perecer. En este medio se encuentra la total reserva genetica del país, de sus plantas y sus animales.
Pero las zonas de reserva deben corresponder al area territorial indispensable para la vida de cada planta y de cada animal que, ademas, es móvil.
Y según los expertos, esta garantía debe ser asumida a perpetuidad. Por ello se ha propuesto, como fórmula alternativa, ligar estos puntos verdes aislados que son los parques, a través de corredores ecológicos, con las zonas de reserva a todo el país, en un marco global de racionalidad en la explotación y en la preservación. Los parques y reservas ocupan 5 millones de hectáreas y el Estado reconoce 53 millones de bosques naturales. Apenas el 10% de los bosques naturales o sea el 4.3% del área total del país está teóricamente protegido.

Ante este reto, los biólogos y ecologistas se queman las pestañas. Hace algún tiempo sostuvieron la tesis de la "riqueza estratégica" o sea el inapreciable valor de estos recursos en el ámbito internacional, pero inmediatamente se preguntaron: ¿ Si le damos un valor en dólares a nuestros bosques, por alto que éste sea, no será. un arma de doble filo? ¿ No habrá multinacionales que puedan pagar por nuestro mayor patrimonio?
Según datos de investigadores norteamericanos, el 4356 de los medicamentos del mundo tiene principios activos de plantas tropicales. Colombia posee el mayor número de especies en el mundo, conocido con el término de megadiversidad. En la zona del bajo Calima se han encontrado hasta 264 especies en un área de 0,1 hectáreas.
Con no poca frecuencia, investigadores extranjeros van a los parques naturales y recogen muestras de plantas suceptibles de convertirse en principios activos para la cura del cáncer y otras enfermedades. En manos de grandes laboratorios extranjeros, los recursos naturales colombianos podrían convertirse en una mina de dólares.

Por otro lado, los investigadores no se muestran muy amigos de la reforestación: rehacer un bosque destruido, en el mejor de los casos, toma 30 años y en el peor hasta 700, amén del dinero que se debe invertir. Muchas veces donde había 100 especies, sólo se logran revivir tres o cuatro. "Restaurar bosques es como reconstruir después de la guerra, prácticamente un imposible en países subdesarrollados", le dijo a SEMANA una experta de la Universidad de los Andes.
"Hay que controlar el hacha y no hacerle monumentos como en el caso de Armenia", agregó.

El incendio de Iguaque de la semana pasada, meramente accidental, ha tenido mucha prensa. Pero en el fondo, no revela nada nuevo. Como en las faldas de la cordillera oriental, cerca a Villa de Leyva, en otros lugares del país desaparecen día a día robles, laureles, encenillas, arrayanes, pinos, mortiños, pajonales, fraylejones; y también conejos de monte, micos nocturnos, venados blancos, tinajos, curíes, zorros, tigrillos, comadrejas, perdices, alondras, chirlobirlos, pavas, currucutús, carpinteros, azulejos y tominejas.

De un modo mas simplista, no sólo se estan acabando los recursos, sino también la belleza.

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