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| 9/7/2015 9:20:00 AM

“Nuestro objetivo es transformar la mente”

El médico colombiano Armando Solarte asegura curar graves enfermedades con un novedoso método llamado psicoinmunoterapia. Este mes John Grinder, su mentor, estará en Colombia.

Decenas de pacientes postrados, con enfermedades terminales o con dolencias insoportables aseguran haberse curado con esta técnica. Se dice que en algunos casos en menos de 20 segundos lograron recuperar la movilidad de partes que habían estado inmovilizadas durante años.

El nombre es técnico es psiconeuroinmunoterapia o ‘técnica Solarte’, pues la creó el médico colombiano Armando Solarte.

El Dr. Solarte es discípulo de John Grinder, una eminencia en esta materia que ha asesorado a presidentes y empresarios de distintos países, y que estará en Colombia dictando primera vez el Seminario internacional en coaching con programación neurolingüística del 25 al 28 de septiembre. 

Según los coaches de los métodos PNIT y PNL Médica, estas técnicas brindan las herramientas que permiten fusionar medicina y piscología para generar nuevos patrones de comportamiento tanto del terapeuta como del paciente, con lo que se logra interferir en el circuito neuronal inicial y así modificar las respuestas fisiológicas que generan o perpetúan enfermedades.

Los términos suenan complejos, por lo que resulta mejor que lo diga el Dr. Armando Solarte. El Dr. Solarte estudió medicina en la Universidad de Caldas y se especializó en cirugía. Luego hizo un máster en PNL y se convirtió en “trainer” avalado por John Grinder. Desde entonces se ha desempeñado como entrenador de equipos médicos en el manejo de pacientes con enfermedades de difícil diagnóstico y tratamiento, como enfermedades terminales, crónicas, de alto dolor y de difícil manejo y rehabilitación.

Semana.com: Antes que nada y en términos simples, ¿qué es la psiconeuroinmunoterapia (PNIT)?

Armando Solarte:
En pocas palabras, es otro ángulo de aproximación de la medicina, y se basa en la utilización inteligente de la fisiología del cuerpo humano.

Semana.com: ¿Cómo logra tratar una enfermedad crónica o terminal con este método?

A. S.:
Se utilizan diferentes técnicas para manejar dolor crónico y situaciones emocionales asociadas a la enfermedad. Buscamos comprender cómo funciona la mente consciente e inconsciente y cómo borrar de la ella ideas, emociones y reflejos que promueven errores de conducta, miedos y fobias.

En los entrenamientos aprendemos a observar características emergentes y secuencias de activación. Esas órdenes están guardadas de manera automática e inconsciente en el sistema nervioso y pequeños activadores las disparan. Esos activadores pueden ser ambientales, personas, palabras, imágenes, sonidos, movimientos. Pero lo más importante es que se pueden modificar.

Semana.com: Aún suena un poco difícil de entender. ¿Cuál es el problema con esos activadores?

A. S.:
Que seguimos soñando sueños ajenos, repetimos historias una y otra vez, y como el sistema nervioso anticipa sobre lo que conoce, uno tiene la razón en creer que esa es la realidad, y luego, como uno tiene la razón, eso es lo único que existe: “es que el dinero no alcanza”, “es que es difícil”, “es que no me gusta”, “es que me canso”, “es que yo soy así”, “es que tengo rabia”, “es que tengo miedo”, “es que no se puede”. Nuestro objetivo es transformar la mente.

Tenemos múltiples mandatos de pobreza, de enfermedad, de soledad que se convierten en nuestra verdad, pero si eso no es verdad para todos, debe ser que no es tan cierta esa verdad. De nuevo, la realidad que hemos vivido durante años puede cambiar en un instante.

Semana.com: ¿Cómo persuadir a los escépticos y a quienes aún solo creen en la medicina tradicional?

A. S.:
Mi trabajo es romper paradigmas. Pero yo soy médico de profesión, entonces más tradicional para dónde. Pero también hay algo importante en los escépticos que se llama ego y orgullo: ‘si yo no lo conozco es que no existe, si no lo he leído es que no se ha escrito, si yo no puedo Dios no puede, etc.’.

Tengo una estrategia de percepción e invito a que las personas vean las cosas de una manera diferente. Eso es todo. El que quiere lo puede hacer.

John Grinder, quien estará este mes dictando el seminario internacional de coaching con programación neurolingüística, alguna vez me dijo ‘todo tiene estructura’, de ahí entendimos que las enfermedades también tienen una estructura. Y ahí nace todo.

Semana.com: ¿Cómo se explican las enfermedades desde esta teoría?

A. S.:
Yo creo que muchas enfermedades son nombres que uno le pone a las adaptaciones. Lo que no se ve es que el significado que se le da es tan grave que puede matar. Un paciente oye la palabra ‘cáncer’ y ese nombre genera lo que yo llamo la moridera.

He visto pacientes con un tumor gigante que no les duele hasta que les dicen que es un cáncer y les empieza un dolor insoportable; he visto gente con la columna dañada que no les duele y otros con la columna perfecta pero adoloridos, y así cientos de casos.

Lo que me di cuenta es que había una secuencia de sinapsis, de neuronas conectadas, como una estación de navidad. Y que al encenderse activaban secuencias de conductas, movimientos, emociones o adaptaciones fisiológicas.

Conozco el caso de una persona con trastorno de múltiples personalidades que en algunas de sus personalidades era diabética y en otras no. Tenía ciertas dolencias con una y con otras no, ¡todo en el mismo cuerpo! Entonces, cuando cambiaba el patrón de personalidad provocaba otras secuencias de activación neuronal.

Usualmente la gente le hace caso al médico: le dicen a un paciente que le quedan tres meses de vida y es tan obediente que se muere en ese lapso.

Semana.com: Denos un ejemplo de eso que usted llama anticipación…

A. S.:
Digamos, existe la anticipación en el sistema nervioso. Por ejemplo, a la una, a las dos y... La anticipación es un patrón de memoria. Esas anticipaciones de cómo entiende la vida modifican las anticipaciones a nivel molecular, a nivel de los neurotransmisores, en todos los niveles.

La gran pregunta entonces es si la persona está enferma o si su cuerpo tuvo algún tipo de adaptación.

Semana.com: ¿Cuál fue su experiencia para que le creyera en todo esto?

A. S.:
Yo sufrí de hipertensión, según algunos expertos me hubiera muerto hace 17 años, porque era maligna. Además, me las daba de inteligente y, aunque tenía una forma de ser simpática, juzgaba a todo el mundo y me anticipaba a los problemas que podían venir.

Empecé a cuestionarme si lo que sabía de medicina no servía, porque no lograba curarme. Y no estoy diciendo que fuera malo haber estudiado esa carrera y tener esos conocimientos, pero faltaba algo. Sabía fisionomía pero no había tenido en cuenta la percepción.

Cuando supe eso y empecé a aprender de PNL, a cambiar secuencias, fui capaz de hacer más deporte, comer menos, bajar de peso y burlarme de mí mismo. Ahí paré de anticiparme. Y me curé.

Yo soy observador y veo secuencias, lo que pasa es que algunos de esos signos no están escritos en los libros de medicina.

Por ejemplo, los exámenes médicos no son más que el epifenómeno, es decir, de cómo el cuerpo se está adaptando a algo. Solo muestran que algo está funcionando mal pero no son el diagnóstico, son la foto de un momento. Lo que hacemos es enseñarle a los médicos, a los pacientes, a ver la persona, no la foto, porque esta puede cambiar un segundo después.

Semana.com: ¿Cómo integrar este método a la medicina tradicional?

A. S.:
Sería muy tonto decir que la medicina tradicional no sirve. Todo sirve: la acupuntura, el yoga, la meditación, todo eso también sirve. Lo que pasa es que vemos el mundo fragmentado, si se ve desde un solo área y desde ahí se dice que las cosas no se pueden hacer eso genera una anticipación y efectivamente no se van a poder hacer.

Todo tiene muchos niveles. Hay quienes dicen no son pesimistas sino realistas. Ahí están viendo un pedazo de la ecuación, el del sufrimiento. Eso es real y yo con la realidad no discuto. Simplemente digo que esa realidad puede cambiar un minuto después.

Semana.com: ¿Ha habido experiencias fracasadas?

A. S.:
Yo sólo sé que fracaso es intentar y parar. El paciente tiene una parte del proceso, pero el paciente no sabe cómo mejorarse, si no ya lo habría hecho. Si uno dice que no puede cambiar pues no va a cambiar, porque esa es su verdad.

Entonces le enseñamos a la persona a cambiar su fisiología, con pequeños movimientos, muy sutiles. La secuencia del parpadeo, los ángulos en que está el cuerpo, la simetría, los micromovimientos, el patrón de marcha, etc., etc. Todo eso da información de cómo el paciente procesa.

Algunas enfermedades son sólo anticipaciones o recuerdos. Lo que hago es ‘remapear’ el cerebro jugando con las percepciones y los reflejos fisiológicos.

Lo pongo así: la vida es como y un juego de ajedrez. PNL ayuda a salirse de ser una parte de ese juego para tener una mirada global y volver al juego.

Semana.com: ¿Entonces esto no tiene nada de místico ni sobrenatural?

A. S.:
No, hay gente que dice: ¡es imposible, es un milagro! Y se estresa o duda. Uno hace algo para enfermarse y algo para sanarse. Algo, consciente o inconsciente, sutil o evidente.

Semana.com: ¿Qué podría mejorarse de la medicina tradicional?

A. S.:
La ley nos pide a los médicos que les contemos a los pacientes la historia de la enfermedad, pero eso no necesariamente tiene que ser lo que tiene el paciente. Por el contrario, muchas veces le anticipamos algo que no tiene. Le creamos un futuro que él no ve, como si todos tuvieran que vivir la misma historia.

Semana.com: ¿Cuál es la relación de la hipnosis con todo esto?

A. S.:
La palabra hipnosis viene de Hipnos, el dios griego del sueño, por eso hemos relacionado la hipnosis con dormir. Sin embargo, desde nuestra perspectiva, utilizamos la hipnosis para despertar, pues nos pasamos la vida dormidos. Caemos constante e inconscientemente en trances creados por otros. La entrada de órdenes dadas por alguien con ‘alguna jerarquía’ sobre nosotros nos muestra la vida de una cierta manera y nuestro sistema la acepta.

El proceso es entender qué es lo que hacen para enfermarse. Ahí es dónde hay que trabajar pero no hay ningún misterio, es solo lograr ver cosas que parecen normales, pero en esas pequeñeces hay secuencias y todo el sentido está en encontrar cuáles de ellas son las que enferman.

Semana.com: ¿Cuáles son los límites de este método?

A. S.:
No hay tanto ego para decir que uno puede evitar la muerte. Eso lo hace el señor Jesús y San Ferrer, San Patricio, en fin, el que quieran. Pero en ocasiones, algunos reflejos que están enfermando al cuerpo se pueden interrumpir. Los límites van a estar en la imaginación. La PNIT pretende ser una técnica para complementar el mundo médico y facilita ver el mundo.

Para más información sobre el seminario de John Grinder ingrese aquí.
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